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Vida
de S.M.I.
el Emperador y Rey NAPOLEÓN
I |
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Instituto
Napoleónico México-Francia -
Institut Napoléonien Mexique-France
Eduardo Garzón-Sobrado, fundador.
S.A.I. Jean-Christophe Napoléon, Prince
Impérial. |
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El
Instituto Napoleónico México-Francia
orgullosamente presenta:
CRÓNICAS
DEL CONSULADO
Segunda
Parte |
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Una
mirada a la historia verdadera
del Emperador Napoleón
I, de su obra y de su legado
EL
ARQUITECTO DE LA FRANCIA
MODERNA |
(Introducción)
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Bonaparte
indicando la abertura
del Canal de Saint-Quentin
Litografía
de la época,
obra de E. Charpentier. |
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«
No
se gobierna
con metafísica
sino con
los resultados
de la experiencia
de los siglos
». |
Napoleón
I. |
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«
En
lo que se refiere a la gran obra
de reconstrucción de Francia,
Napoleón es ensalzado casi
unánimemente. Así
pues, nos limitaremos a recordar
lo esencial con algunas precisiones
que se imponen.
Por razones de claridad, la exposición
no será cronológica
sino funcional, en seis capítulos:
Administración General,
Derecho y Justicia, Enseñanza
y Cultura, Economía y Finanzas,
Grandes Trabajos y Sociedad. Lo
esencial del trabajo de reorganización
del país se desarrolla
durante los cuatro años
del Consulado de 1800 a 1804.
Pero para agotar el tema, incluiremos
la obra del Imperio.
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El
Conde de
Las Cases
Litografía
de Nargeot. |
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«El
lustre de la patria
se elevaba a una
altura desconocida
en la historia de
ningún pueblo:
era una administración
sin ejemplo por
su energía
y por sus felices
resultados, un impulso
simultáneo
que, impreso de
repente a todos
los géneros
de industria, excitaba
todas las emulaciones
a la vez; era un
ejército
sin igual y sin
modelo, asombrando
de terror en el
exterior y creando
un justo orgullo
en el interior.
En cada instante,
nuestro país
se llenaba de trofeos;
numerosos monumentos
proclamaban nuestras
hazañas;
las victorias de
Austerlitz, de Jena,
de Friedland, los
tratados de Presburgo,
de Tilsit, constituían
a Francia como la
primera de las naciones
y el árbitro
de los destinos
universales: ¡era
verdaderamente un
honor insigne el
hallarse ser francés!
Y sin embargo, todos
esos prodigios eran
la obra de un solo
hombre». |
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ADMINISTRACIÓN
GENERAL
En
el momento en que explota la Revolución,
la Francia capeta todavía
no había alcanzado su unidad
perfecta. Los disturbios que siguieron
despertaron fuerzas centrífugas
latentes, que condujeron al país
al borde del estallido. El alzamiento
de la Vendea constituyó
su más sangrienta y más
peligrosa manifestación.
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Bonaparte
Primer Cónsul
(1803)
J.A. Dominique
Ingres. Museo
de Bellas Artes
de Lieja |
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Así
pues, después de
Brumario, lo más
urgente es reforzar
la unidad del país
por medio de la centralización
administrativa. Pero la
eficacia requiere también
que la administración
actúe lo más
próximamente posible
a los ciudadanos. Luego
será desconcentrada
hasta la comuna.
Estos dos principios, centralización
y desconcentración,
inspiran la Ley
fundamental de la administración
del país de
Pluvioso año VIII
(febrero de 1800). ¡No
se perdió tiempo!
Los representantes locales
electos, muy afectos todavía
a los parloteos estériles
e inclinados a la demagogia
y al favoritismo, son relegados
a la botica de los accesorios
de la Revolución.
El Prefecto de departamento
se convierte en el representante
privilegiado y todopoderoso
del Gobierno, investido
de localmente de toda su
autoridad, bajo las órdenes
directas del Ministro del
Interior. Anima bajo su
tutela la acción
de los niveles subordinados,
distritos y comunas, cuyos
alcaldes son nombrados.
Se rodea de las opiniones
de un Consejo de distrito,
compuesto de notables elegidos
por él en una «
lista de notabilidades
».
A falta de una descentralización
de las competencias, inconcebible
en las circunstancias del
momento, estas disposiciones
inventan nada menos que
la administración
de proximidad,
que corresponde a las necesidades
reales de la población.
Los ciudadanos están
concretamente asociados
a su propia administración.
Aquí
no hay nada de una dictadura
militar, como se
ha tenido tendencia a reprochárselo
a Napoleón. Puso
mucha atención, al
contrario, en subordinar
al ejército a la
autoridad civil,
lo que le valió el
calificativo de «
el más civil
de los militares ».
De
la misma forma se le ha
reprochado el haber dotado
de un uniforme a los diferentes
cuerpos del Estado. Pero
eso fue hecho esencialmente
con la voluntad de elevar
su autoridad y su prestigio,
y de ninguna forma con un
fin de militarización.
Todos los cuerpos lo solicitaron.
Olvidado de tal medida,
el Instituto de Francia
se agitó como un
condenado para hacerse atribuir
un soberbio atuendo de aparato
que hoy conserva todavía.
A propósito, Napoleón
no hizo más que seguir
una antigua tradición,
a la cual se ha tenido mucho
cuidado de no renunciar
después de él...
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