 |
|
Vida
de S.M.I.
el Emperador y Rey NAPOLEÓN
I |
|
|
|
|
|
|
|
|
|
Instituto
Napoleónico México-Francia -
Institut Napoléonien Mexique-France
Eduardo Garzón-Sobrado, fundador.
S.A.I. Jean-Christophe Napoléon, Prince
Impérial. |
|
|
El
Instituto Napoleónico México-Francia
orgullosamente presenta:
CRÓNICAS
DEL CONSULADO
Primera
Parte |
|
Una
mirada a la historia
verdadera del Emperador
Napoleón I, de
su obra y de su legado
 |
La
victoria
de
Valmy,
el
20
de
Septiembre
de
1792,
por
Jean-Baptiste
Mauzaisse,
1835 |
El
20
de
septiembre
de
1792
el
ejército
invasor
prusiano
es
derrotado
en
Valmy,
al
este
de
París,
por
los
soldados
de
la
Nación
del
general
Dumouriez
(1739-1823).
Hambrientos,
mal
entrenados
y
a
veces
sin
armas,
pero
defendiendo
a
su
patria
y
su
«
libertad
».
Este
terrible
descalabro
marca
para
los
ejércitos
coaligados
a
sueldo
de
Inglaterra
la
primera
de
una
serie
de
punzantes
derrotas
que
se
prolongará
por
cerca
de
veinte
años.
Presente
en
el
campo
de
batalla,
el
poeta
inmortal
Goethe
dijo,
tras
la
refriega,
en
una
reunión
de
oficiales:
«
Aquí,
y
el
día
de
hoy,
comienza
una
nueva
época
de
la
Historia
Universal,
y
siempre
podréis
decir
que
estuvisteis
presentes
». |
|
|
|
| LA
SED DE REVANCHA
DE LOS VENCIDOS |
| |
«
[Debemos]
aplastar
a
Francia
por
el
terror,
exterminando
a
una
gran
porción
de
la
parte
activa
y
la
casi
totalidad
de
la
parte
dirigente
de
la
nación
». |
Conde
de
Mercy-Argenteau,
representante
de
la
corte
de
Viena. |
|
|
Los
reveses militares
a repetición
sufridos durante
años
ante los ejércitos
franceses dejaron
en el espíritu
de los vencidos
un vivo sentimiento
de humillación,
principalmente
en Austria.
Las derrotas
fueron sancionadas
por importantes
amputaciones
territoriales.
Está
en la naturaleza
de las cosas
el que una irreprimible
sed de venganza
anime a los
vencidos, que
no esperan más
que una ocasión
propicia para
lavar el ultraje
de sus crueles
derrotas y recobrar
sus posesiones
de antaño.
Para
Austria, las
pérdidas
territoriales
son considerables.
Por el tratado
de Lunéville,
firmado en su
propio nombre
pero igualmente
en calidad de
mandatario del
Imperio germánico,
ésta
paga muy caramente
las derrotas
de sus guerras
incesantes contra
Francia en Italia
y en Alemania.
El Santo Imperio
debe reconocer
el Rin como
frontera natural
de la nueva
Francia. Francia
ve por fin realizarse
un viejo sueño
vanamente perseguido
desde hacía
siglos. ¿No
se decía
acaso: «
Quand la
France boira
le Rhin, la
Gaule aura sa
fin »?
(Cuando Francia
beba el Rin,
Galia tendrá
su fin). El
Santo Imperio
confirma
el abandono
de las «
provincias bélgicas
» y reconoce
las repúblicas
Batava (Holanda)
y Suiza. Por
añadidura,
Francia obtiene
un derecho de
fiscalización
en los asuntos
alemanes, en
la perspectiva
de alejar la
amenaza al Este.
Pero en prenda
de paz, abandona
sus plazas fuertes
de la orilla
derecha del
Rin.
En Italia, Lunéville
ratifica las
pérdidas
austriacas del
congreso de
Rastadt
del 30 de noviembre
de 1797. Su
frontera se
fija en el Adigio.
Debe reconocer
las repúblicas
Cisalpina y
Ligurina y consentir
el intercambio
del gran ducado
de Toscana contra
el arzobispado
de Salzburgo.
En
dos palabras,
moralmente herida
y considerablemente
amputada, Austria
sale de la guerra
llena de un
rencor vengativo.
|
|
Bonaparte
Primer
Cónsul
vuelve
a
enfundar
la
espada
tras
la
paz
general,
de
Alexis
Chataignier.
Estampa
de
1801-1802
que
celebra
la
pasmosa
obra
de
«
Bonaparte
Pacificador
»
desde
el
tratado
de
Lunéville
(9
de
febrero
de
1801)
hasta
la
Paz
de
Amiens
(25
de
marzo
de
1802).
|
|
|
| |
|
|
|
| Los
cambios geográficos
en Europa.
A la izquierda,
el continente en
1772, antes del
despedazamiento
de Polonia y la
desaparición
del Santo Imperio
Romano Germánico.
A la derecha, Europa
tras el tratado
de Amiens. A pesar
de la nueva frontera
francesa del Rin,
el equilibrio europeo
no ha sido alterado.
(Mapas del Sr. Jean-François
Krause). |
El
tratado de Amiens
pone fin por su parte
a la guerra entre Francia
e Inglaterra.
España y Holanda
se han asociado a él.
Inglaterra devuelve
a Francia las Antillas
y los establecimientos
de la India. Conserva
Trinidad, sustraída
a España, y Ceilán,
arrebatada a Holanda.
Restituye el Cabo a
ésta última.
Y sobre todo, se
compromete a evacuar
Egipto y a restituir
Malta a su Orden dentro
de los tres meses.
Esta última cláusula
va a constituir una
manzana de discordia
voluntariamente fatal
para la paz.
Inglaterra no acepta
la paz más que
porque está momentáneamente
aislada en Europa, y
sobre todo, bajo presión
de los hombres de negocios
de la City,
quienes temen una grave
crisis económica.
Pero es seguro que al
primer giro de la coyuntura
va a buscar redorar
su blasón deslustrado,
máxime que todavía
no perdona a Francia
su apoyo decisivo a
los « insurgentes
» de la guerra
de Independencia estadounidense.
En
cuanto a las demás
potencias Europeas,
Prusia y Rusia principalmente,
aún no están
concernidas por un diferendo
territorial. Pero se
unen en grados variables
a las otras monarquías
en su hostilidad hacia
la Francia republicana
resultante de la Revolución.

|
|
|