« Tout pour l'Empire » - Instituto Napoleónico México-Francia.

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México.
Francia.
Instituto Napoleónico México-Francia - Institut Napoléonien Mexique-France
Eduardo Garzón-Sobrado, fundador.
BICENTENARIO DEL ENCUENTRO DE ERFURT (27 DE SEPTIEMBRE DE 1808)
DISCURSO PRONUNCIADO POR S.A.I. EL PRÍNCIPE DON CARLOS NAPOLÉON
El Príncipe Don Carlos Napoleón en la ciudad de Erfurt
De izquierda a derecha: el Sr. Albert Schrotter, alcalde de Jena, S.A.I. el Príncipe Carlos Napoleón, el Sr. Andreas Bausewein, alcalde de Erfurt
Traducción del Instituto Napoleónico México-Francia ©

Queridos amigos,

Estamos aquí reunidos en su ciudad para recordar un momento importante para la historia de su ciudad, de nuestros países y Europa.

Este día, 27 de septiembre de 1808, la mayoría de los soberanos alemanes se reunieron en torno a los emperadores de Francia y de Rusia: Napoleón y Alejandro. Conformaban una platea de reyes – que Talleyrand llamará una « platabanda » de reyes – destinada a hacer valer el poderío de ambos emperadores, que se habían repartido Europa en Tilsit.

En julio de 1807, en Tilsit, habían hecho la paz. Pero Napoleón desconfiaba de su aliado, al que temía ver recaer en una alianza hostil a Francia a propósito de dos cuestiones vitales para su país: el bloqueo continental contra Inglaterra que estrangulaba su economía, y la creación de un estado polaco en una parte de Europa que éste consideraba rusa.

Napoleón estaba comprometido en la guerra de España y buscaba asegurarse de que su homólogo ruso no le obligaría a mantener tropas en el este. Acababa de perder la batalla de Bailén y sabía también que Austria, expulsada de Italia y bajo el efecto de sus derrotas de 1800 y de 1805, buscaba aprovechar la menor de sus debilidades.

La cuestión de Turquía estaba igualmente en el centro de su encuentro. Como precio de la ruptura con Inglaterra, el zar, que había participado en todas las precedentes coaliciones contra Francia, deseaba agrandar su reino hacia Turquía. Ahora, Napoleón no podía aceptar verlo extenderse de tal forma hacia el sur del continente.

Las dos cuestiones que desde hacía un siglo habían impedido todo acercamiento durable entre Francia y Rusia: las del Oriente y de Polonia, se hallan nuevamente planteadas entre los nuevos amigos.

Para salirse de la dificultad, Napoleón abre al zar perspectivas grandiosas: le propone una vasta operación franco-rusa en dirección de la India que permita al zar tener acceso al Bósforo y, a él, Napoleón, abrirse el camino de la India, colonia celosamente guardada por la corona inglesa a la que no había alcanzado en la campaña de Egipto.

 
- Para reunirnos, poned el compás sobre el mapa y elegid un punto equidistante entre nuestras dos capitales, escribió Napoleón al zar.
- He aquí el estilo de Tilsit, el Emperador puede contar conmigo, respondió Alejandro, proponiendo Weimar o Erfurt.
Napoleón y Alejandro en Erfurt, en octubre de 1808
Grabado de Philippoteaux (fragmento).

Felizmente para nuestra reunión, su ciudad fue escogida. Nada fue demasiado hermoso para impresionar al zar y a los reyes de Alemania: « Me hará falta todos los días un espectáculo nuevo, quiero asombrar a Alemania por mi magnificencia. »

Napoleón le tuvo confianza a la habilidad y a la experiencia de Talleyrand, cuya traición en favor de Austria no obstante conocía, para guiar la negociación. Talleyrand llevar a cabo un juego contrario a los intereses de Francia e hizo fracasar la prosecución de la paz entre Francia y Rusia. Conocen ustedes la continuación: el encuentro de Erfurt bastó para acabar con los malentendidos. Enseguida vendrán las campañas catastróficas de España y de Rusia y aura que precipitarán el fin de Napoleón.

Pero quisiera situar esta página de historia en un marco más global.

Es importante que conservemos en la memoria nuestra historia. Nos permite estar ligados a la gran cadena de las causas y de las consecuencias que hacen lo que somos: ciudadanos de estados democráticos viviendo en la paz con el deseo de avanzar en la construcción de Europa. La memoria del pasado es un elemento importante de la cultura democrática.

El refuerzo de este lazo es particularmente importante en una época en la que la globalización ha hecho volar las referencias. Por la historia sabemos al menos de dónde venimos y cómo nuestros predecesores han construido el mundo: la historia nos refuerza en nuestro presente.

Nos enseña que los grandes hombres siempre han sabido innovar: responder a preguntas nuevas con conceptos nuevos. La historia es una lección de optimismo y de progreso: nos incita a anticipar y a innovar.

Si cada uno tiene el derecho de emitir juicios sobre la historia, ésta puede difícilmente ser juzgada con conceptos políticos y morales que antes no existían. ¡Cuidémonos de juzgar demasiado rápido, de miedo de ser juzgados un día por los valores de nuestros hijos!

Napoleón tuvo que resolver las dificultades entre las naciones por medio del principal medio de la gente de su tiempo: la guerra. Yo soy un hombre de paz y condeno la guerra como medio para resolver las cuestiones políticas del día de hoy. ¿Pero qué significa esta condena relacionada con las costumbres de hace dos siglos?

Si estamos reunidos dos siglos después, es porque la obra de Napoleón no se limita a la guerra. Sabemos que sus reformas, inspiradas del siglo de las Luces y directamente surgidas de la revolución francesa derrocaron a los reyes, crearon gobiernos modernos, aportaron ideas de igualdad y de libertad para Francia y Europa.

En este lugar, no puedo evitar concluir recordando que él dio la libertad a los judíos de Francia y de Europa. Es un profundo motivo de orgullo para mi familia y para mí mismo que lava las comparaciones insultantes con un dictador sanguinario del siglo pasado. ¡Uno redactó y puso en obra el Código Civil y el Concordato, el otro redactó y puso en obra Mein Kampf!

Terminaré deseando que su ciudad pueda un día incorporarse a nuestra federación de las ciudades europeas de historia napoleónica que se esfuerza por poner de relieve su patrimonio común a fin de que éste continúe a servir el bien de sus conciudadanos.

Charles NAPOLÉON
Erfurt, el 25 de septiembre de 2008