
En
Farnborough, para el bicentenario
del nacimiento de Napoleón
III |
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BICENTENARIO
DEL NACIMIENTO DE NAPOLEÓN
III |
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Tumba
del emperador Napoleón
III
Representación del sepulcro
en su antigua cripta de la iglesia
de Chislehurst. |
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Por
el Señor |
Christian
Lallement |
Artículo presentado con la amable
autorización del autor y de la Fundación
Napoleón.
Traducción,
ilustraciones y comentarios establecidos
por el INMF |
El
20 de abril de 2008, en ocasión
del bicentenario del nacimiento
del emperador Napoleón
III, la abadía
San Miguel de Farnborough,
en Hampshire, Inglaterra,
se llevó a cabo una
ceremonia única como
no se había visto desde
los funerales de la emperatriz
Eugenia, en 1920. El Instituto
Napoleónico México-Francia
tuvo el orgullo de estar presente
en este importante evento
a través de sus delegados
y representantes especiales,
los señores Georges
y Marie-Claude Danthu.
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RELACIÓN
DE LA JORNADA
El
muy Reverendo Padre-abate, Monseñor
Cuthbert Brogan y los monjes benedictinos
que animan la iglesia abacial y cuidan las tumbas
imperiales habían, si se puede decir así,
« tirado la casa por la ventana ».
Fue primero una
inmensa bandera tricolor que acogía a los
visitantes (entre los cuales una fuerte delegación
del Souvenir Napoléonien) y los
invitados del PRÍNCIPE
NAPOLEÓN.
Los monjes se habían vestido con los hábitos
eclesiásticos confeccionados con preciosas
telas obsequiadas en su tiempo por la emperatriz
Eugenia. El alcalde de Farnborough portando las
impresionantes insignias de su función
también estaba presente cuando, hacia las
nueve horas, llegaron el Príncipe Napoleón
y los miembros de la Familia Imperial, la princesa
Napoleón, el príncipe Jerónimo
Napoleón y la princesa Carolina Napoleón,
rodeados por una prestigiosa delegación
en especial compuesta por la Sra. Hélène
Carrère d’Encausse, secretaria perpetua
de la Academia francesa, el Sr. Alain Decaux,
de la Academia francesa, el general Gobillard,
gobernador de Los
Inválidos, el Sr. general jefe de gabinete
del Gran Canciller de la Legión de Honor,
la Sra. Superintendente de las Casas de Educación
de la Legión de Honor acompañada
por la directora de la Casa de Saint-Germain y
del maestro de cantos de la institución,
el Sr. Alain
Boumier, presidente de la Academia del Segundo
Imperio, el Sr. Presidente de los recipiendarios
de medallas militares y de dos de sus vicepresidentes,
el Sr. Director de la Fundación Napoleón,
representando al príncipe de Essling, presidente,
etc.
Estos invitados de marca fueron pronto alcanzados
por el príncipe Murat, el conde Walewski
y múltiples miembros de su familia, el
marqués de Albufera, numerosos miembros
de las familias del duque de Magenta y del conde
Rouher. El embajador de España, representante
personal de S.A. el rey Don Juan Carlos I también
estaba presente, así como el embajador
de Rumania. Finalmente, el embajador de Francia,
representante personal del presidente de la república
francesa se unió al grupo. Por vez primera
desde 1873, Francia estaba oficialmente representada
en el recinto de la abadía y, más
tarde, a los pies de la tumba de Napoleón
III.
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El
Príncipe Napoleón
durante la lectura
de su discurso en la cripta
imperial. |
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El
Príncipe Napoleón
Acompañado
por la princesa Napoleón
y las jóvenes de
la Legión de Honor. |
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Para la gran misa
dicha en latín, según el rito de
San Pío V, el Príncipe Napoleón,
los embajadores y los miembros de la Familia Imperial
habían sido colocados en el coro. La solemnidad
de la liturgia fue aun realzada por los cantos
de una coral de las Damiselas de la Legión
de Honor y las intervenciones notables del organista.
Durante su juramento, el muy reverendo Padre Brogan
recordó que el tiempo de la historia había
llegado para Napoleón III y su reino. Subrayó
y se regocijó de la presencia oficial de
un representante de la República francesa
y de la intervención personal del Sr. Nicolás
Sarkozy para que así fuera, así
como había pedido al ministro de la Defensa
facilitar el desplazamiento del Príncipe
Napoleón.
La misa fue seguida por la colocación de
ramos florales en las tumbas, en una cripta imperial
atestada. Ahí el Príncipe Napoleón
pronunció, en inglés y en francés,
un discurso de homenaje al segundo emperador antes
de prestarse de buena gracia al juego de entrevistas
solicitadas por la prensa escrita y audiovisual
británica, brillando por su ausencia la
prensa francesa (con la excepción de un
periodista y de una fotógrafa de Point
de vue).
La jornada prosiguió con un almuerzo y,
en la tarde, un concierto de órgano «Segundo
Imperio».
Christian Lallement.

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DE
LAS TULLERÍAS A FARNBOROUGH
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Tras
la desastrosa batalla de Sedán
y la caída del Segundo Imperio
de Francia en 1870, el emperador Napoleón
III quedó preso de los prusianos.
Su esposa la emperatriz doña
Eugenia de Montijo y el Príncipe
Imperial se dirigieron a Inglaterra,
donde se les permitió residir
en Camden Place. Napoleón III
sería liberado ulteriormente,
llegando el 20 de marzo de 1871 a
Chislehurst (hoy Bromley). Padeciendo
de mala salud, Luis-Napoleón
moriría el 9 de enero de 1873,
siendo inhumado con gran pompa en
la iglesia de Saint-Mary (Santa María),
en Chislehurst; pronto sería
alcanzado por los restos del Príncipe
Imperial tras su muerte trágica
en África del Sur, en 1879.
Desolada, la emperatriz decidió
brindar a sus difuntos un mausoleo
más importante, mudándose
en 1881 a Farnborough, Hampshire,
donde supervisaría personalmente
la construcción de la Abadía
de Saint-Michael (San Miguel). Así,
en 1888, los restos de su difunto
esposo serían transferidos
a dicho recinto, donde hasta el día
de hoy reposan. La emperatriz Eugenia
falleció el 11 de julio de
1921 y yace junto a sus seres amados
en la mencionada abadía de
San Miguel, aunque hoy se realizan
esfuerzos para restituir
sus restos a Francia. |
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| La
Familia Imperial en el
exilio |
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| Vistas
de la mansión de Camden
Place, primera residencia
de Napoleón III en el exilio.
A la izquierda su fachada; enseguida,
la delegada del INMF la Sra. Marie-Claude
Danthu posa frente a un retrato
de la emperatriz Eugenia y el Príncipe
Imperial. Fotos del Sr. Georges Danthu. |
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HOMELIA |
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PRONUNCIADA
DURANTE LA CEREMONIA DE FARNBOROUGH
POR EL PADRE CUTHBERT BROGAN OSB,
ABATE DE LA ABADÍA |
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| El
Padre-abate Monseñor
Cuthbert Brogan |
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Debo
confesarles, que esta magnífica jornada es
para nosotros ingleses un poco desconcertante. La
bandera tricolor flota frente a la iglesia, una
gran cantidad de franceses, con un Napoleón
a su cabeza, en un condado de Inglaterra. Uno puede
preguntarse qué pasa.
Nosotros, Benedictinos, tenemos
una expresión: « La paz se encuentra
en una corona de espinas », es que cuando
ven a una vieja pareja feliz y contenta en su matrimonio,
o bien a un monje en paz en su vocación,
los admiramos no por los años de dicha sin
problemas, sin querellas, sin contradicciones sin
incomprensiones, sin pequeñas batallas etc.
Pero no, los loamos porque han guardado en sus corazones
el amor de su primera elección. Y llegan
a caer, se levantan y se vuelven a poner en el buen
camino con la fidelidad que se prometieron.
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El
sufrimiento y la fortaleza son los dos pilares
sobre los cuales esta abadía de Farnborough
fue fundada. Aniquilada por la pérdida
de su marido y de su hijo único, la
emperatriz Eugenia hizo construir este conjunto
entre las espinas de un dolor profundo. Durante
cuarenta años vivió en Farnborough
Hill y desde sus ventanas miraba esta abadía,
y así viviendo con las espinas de su
sufrimiento comenzaba a hallar la paz. Pero
Eugenia no tenía necesidad de los benedictinos
para aprender que la paz se encuentra entre
las espinas de la vida; muchos años
antes de la llegada de nuestros monjes en
1895, ella había puesto una inscripción
en el vitral principal de la iglesia sobre
el altar «corona tribulationis»
la corona del sufrimiento que se transformó
en «corona gloriae» – una
corona de la gloria. Los vidrios muestran
una corona de espinas pero con rosas que crecen
de cada lado.
El emperador
Napoleón III se fiaba del veredicto
de la Historia, y tenía razón,
pues hay ahora una vista más justa
de su contribución a la historia y
al desarrollo de Francia. Pero no preciso
predicar a los convertidos, porque la presencia
de ustedes aquí da testimonio de su
respeto por él. Había heridas
que sanar. |
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| El
Muy Reverendo Padre-abate, Monseñor
Cuthbert Brogan y los monjes
benedictinos durante la bendición
abacial. |
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En 1920, en el momento de los funerales
de la emperatriz, el gobierno de la república
francesa envió un telegrama protestando formalmente
contra los honores previstos por las autoridades
inglesas. ¡Pero los tiempos han cambiado!
Y el mundo gira. Hoy tenemos entre nosotros a Su
Excelencia el embajador de Francia que representa
al Presidente de la República.
Hoy el tercer Padre Abate de Farnborough (inglés)
celebra esta misa. En 1920, cuando Dom Cabrol, primer
abate de Farnborough (¡francés!) celebró
la misa, Francia no estaba representada, pero estaba
el Príncipe Víctor
Napoleón y su familia, el rey Jorge V
y la reina María de Inglaterra, el rey Alfonso
XIIII de España, y el rey de Portugal en
exilio. Dom Cabrol les decía, dirigiéndose
a las manes de la emperatriz:
Majestad, habéis construido
esta iglesia en piedra no para pasar la gloria de
Francia a futuras generaciones, sino más
bien porque habéis comprendido que hay algo
más grande que la gloria del hombre, algo
que dura más tiempo que la piedra: el sacrificio
diario de la plegaria cristiana… Este santuario
erigido sobre suelo inglés no dará
testimonio solamente y continuamente de la memoria
de la emperatriz Eugenia a todos aquellos que vengan
aquí: será un testimonio elocuente
de su fe y de su piedad.
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| Dos
vistas de la tumba de Napoleón
III en la cripta imperial de
Farnborough: a la izquierda en su estado
habitual, enseguida, lo vemos cubierto
con el velo ceremonial durante la misa
del 20 de abril de 2008. Fotos del Sr.
John Zuhlsdorf y la Sra. Marie-Claude
Danthu respectivamente. |
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« Sic transit Gloria mundi
». ¡Las glorias de este mundo pasan
rápido! No estamos en las Tullerías,
no estamos en Saint-Cloud ni Fontainebleau, ni Compiègne,
ni Biarritz, estamos en Farnborough. Este pequeño
pedazo de Francia transportado a Inglaterra, donde
el Emperador reposa en la paz que durante su vida
se le escapó.
Que Vuestra Majestad repose en
la paz, que vuestros pecados sean perdonados, que
vuestros sufrimientos no sean olvidados, y que vengáis
a compartir la gloria eterna del cielo donde la
paz nunca falta y el reposo es eterno. Así
sea.
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