Vida de S.M.I. el Emperador y Rey Napoleón I el Grande.
Vida de S.M.I. el Emperador y Rey NAPOLEÓN I
Instituto Napoleónico México Francia.
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Eduardo Garzón-Sobrado, fundador.
S.A.I. Jean-Christophe Napoléon, Prince Impérial.
Petición por el regreso a Francia de los restos de la Familia Imperial
En Farnborough, para el bicentenario del nacimiento de Napoleón III
BICENTENARIO DEL NACIMIENTO DE NAPOLEÓN III
Tumba del emperador Napoleón III
Representación del sepulcro en su antigua cripta de la iglesia de Chislehurst.

Por el Señor

Christian Lallement

Artículo presentado con la amable autorización del autor y de la Fundación Napoleón.
Traducción, ilustraciones y comentarios establecidos por el INMF
Prof. Sir Eduardo Garzón-Sobrado, Presidente-fundador del INMF.
El 20 de abril de 2008, en ocasión del bicentenario del nacimiento del emperador Napoleón III, la abadía San Miguel de Farnborough, en Hampshire, Inglaterra, se llevó a cabo una ceremonia única como no se había visto desde los funerales de la emperatriz Eugenia, en 1920. El Instituto Napoleónico México-Francia tuvo el orgullo de estar presente en este importante evento a través de sus delegados y representantes especiales, los señores Georges y Marie-Claude Danthu.

 

RELACIÓN DE LA JORNADA

El muy Reverendo Padre-abate, Monseñor Cuthbert Brogan y los monjes benedictinos que animan la iglesia abacial y cuidan las tumbas imperiales habían, si se puede decir así, « tirado la casa por la ventana ».

Fue primero una inmensa bandera tricolor que acogía a los visitantes (entre los cuales una fuerte delegación del Souvenir Napoléonien) y los invitados del PRÍNCIPE NAPOLEÓN. Los monjes se habían vestido con los hábitos eclesiásticos confeccionados con preciosas telas obsequiadas en su tiempo por la emperatriz Eugenia. El alcalde de Farnborough portando las impresionantes insignias de su función también estaba presente cuando, hacia las nueve horas, llegaron el Príncipe Napoleón y los miembros de la Familia Imperial, la princesa Napoleón, el príncipe Jerónimo Napoleón y la princesa Carolina Napoleón, rodeados por una prestigiosa delegación en especial compuesta por la Sra. Hélène Carrère d’Encausse, secretaria perpetua de la Academia francesa, el Sr. Alain Decaux, de la Academia francesa, el general Gobillard, gobernador de Los Inválidos, el Sr. general jefe de gabinete del Gran Canciller de la Legión de Honor, la Sra. Superintendente de las Casas de Educación de la Legión de Honor acompañada por la directora de la Casa de Saint-Germain y del maestro de cantos de la institución, el Sr. Alain Boumier, presidente de la Academia del Segundo Imperio, el Sr. Presidente de los recipiendarios de medallas militares y de dos de sus vicepresidentes, el Sr. Director de la Fundación Napoleón, representando al príncipe de Essling, presidente, etc.
Estos invitados de marca fueron pronto alcanzados por el príncipe Murat, el conde Walewski y múltiples miembros de su familia, el marqués de Albufera, numerosos miembros de las familias del duque de Magenta y del conde Rouher. El embajador de España, representante personal de S.A. el rey Don Juan Carlos I también estaba presente, así como el embajador de Rumania. Finalmente, el embajador de Francia, representante personal del presidente de la república francesa se unió al grupo. Por vez primera desde 1873, Francia estaba oficialmente representada en el recinto de la abadía y, más tarde, a los pies de la tumba de Napoleón III.

Don Juan-Cristóbal, Príncipe Napoleón
S.A.I. se recoge frente al sepulcro de Napoleón III.
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El Príncipe Napoleón
Durante la lectura de su discurso en la cripta imperial.
 
El Príncipe Napoleón
En compañía de la princesa Napoleón y de las jóvenes de la Legión de Honor.

Para la gran misa dicha en latín, según el rito de San Pío V, el Príncipe Napoleón, los embajadores y los miembros de la Familia Imperial habían sido colocados en el coro. La solemnidad de la liturgia fue aun realzada por los cantos de una coral de las Damiselas de la Legión de Honor y las intervenciones notables del organista. Durante su juramento, el muy reverendo Padre Brogan recordó que el tiempo de la historia había llegado para Napoleón III y su reino. Subrayó y se regocijó de la presencia oficial de un representante de la República francesa y de la intervención personal del Sr. Nicolás Sarkozy para que así fuera, así como había pedido al ministro de la Defensa facilitar el desplazamiento del Príncipe Napoleón.
La misa fue seguida por la colocación de ramos florales en las tumbas, en una cripta imperial atestada. Ahí, Jean-Christophe, Príncipe Napoleón, pronunció, en inglés y en francés, un discurso de homenaje al segundo emperador antes de prestarse de buena gracia al juego de entrevistas solicitadas por la prensa escrita y audiovisual británica, brillando por su ausencia la prensa francesa (con la excepción de un periodista y de una fotógrafa de Point de vue).
La jornada prosiguió con un almuerzo y, en la tarde, un concierto de órgano «Segundo Imperio».

El Príncipe Napoleón en Farnborough
Seguido de la Princesa Napoleón, y el príncipe don Jerónimo Napoleón.

 

DE LAS TULLERÍAS A FARNBOROUGH
Tras la desastrosa batalla de Sedán y la caída del Segundo Imperio de Francia en 1870, el emperador Napoleón III quedó preso de los prusianos. Su esposa la emperatriz doña Eugenia de Montijo y el Príncipe Imperial se dirigieron a Inglaterra, donde se les permitió residir en Camden Place. Napoleón III sería liberado ulteriormente, llegando el 20 de marzo de 1871 a Chislehurst (hoy Bromley). Padeciendo de mala salud, Luis-Napoleón moriría el 9 de enero de 1873, siendo inhumado con gran pompa en la iglesia de Saint-Mary (Santa María), en Chislehurst; pronto sería alcanzado por los restos del Príncipe Imperial tras su muerte trágica en África del Sur, en 1879. Desolada, la emperatriz decidió brindar a sus difuntos un mausoleo más importante, mudándose en 1881 a Farnborough, Hampshire, donde supervisaría personalmente la construcción de la Abadía de Saint-Michael (San Miguel). Así, en 1888, los restos de su difunto esposo serían transferidos a dicho recinto, donde hasta el día de hoy reposan. La emperatriz Eugenia falleció el 11 de julio de 1921 y yace junto a sus seres amados en la mencionada abadía de San Miguel, aunque hoy se realizan esfuerzos para restituir sus restos a Francia.
La Familia Imperial en el exilio
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Vistas de la mansión de Camden Place, primera residencia de Napoleón III en el exilio. A la izquierda su fachada; enseguida, la delegada del INMF la Sra. Marie-Claude Danthu posa frente a un retrato de la emperatriz Eugenia y el Príncipe Imperial. Fotos del Sr. Georges Danthu.
HOMILÍA
PRONUNCIADA DURANTE LA CEREMONIA DE FARNBOROUGH POR EL PADRE CUTHBERT BROGAN OSB, ABATE DE LA ABADÍA
El Padre-abate Monseñor Cuthbert Brogan

Debo confesarles, que esta magnífica jornada es para nosotros ingleses un poco desconcertante. La bandera tricolor flota frente a la iglesia, una gran cantidad de franceses, con un Napoleón a su cabeza, en un condado de Inglaterra. Uno puede preguntarse qué pasa.

Nosotros, Benedictinos, tenemos una expresión: « La paz se encuentra en una corona de espinas », es que cuando ven a una vieja pareja feliz y contenta en su matrimonio, o bien a un monje en paz en su vocación, los admiramos no por los años de dicha sin problemas, sin querellas, sin contradicciones sin incomprensiones, sin pequeñas batallas etc. Pero no, los loamos porque han guardado en sus corazones el amor de su primera elección. Y llegan a caer, se levantan y se vuelven a poner en el buen camino con la fidelidad que se prometieron.

El sufrimiento y la fortaleza son los dos pilares sobre los cuales esta abadía de Farnborough fue fundada. Aniquilada por la pérdida de su marido y de su hijo único, la emperatriz Eugenia hizo construir este conjunto entre las espinas de un dolor profundo. Durante cuarenta años vivió en Farnborough Hill y desde sus ventanas miraba esta abadía, y así viviendo con las espinas de su sufrimiento comenzaba a hallar la paz. Pero Eugenia no tenía necesidad de los benedictinos para aprender que la paz se encuentra entre las espinas de la vida; muchos años antes de la llegada de nuestros monjes en 1895, ella había puesto una inscripción en el vitral principal de la iglesia sobre el altar «corona tribulationis» la corona del sufrimiento que se transformó en «corona gloriae» – una corona de la gloria. Los vidrios muestran una corona de espinas pero con rosas que crecen de cada lado.

El emperador Napoleón III se fiaba del veredicto de la Historia, y tenía razón, pues hay ahora una vista más justa de su contribución a la historia y al desarrollo de Francia. Pero no preciso predicar a los convertidos, porque la presencia de ustedes aquí da testimonio de su respeto por él. Había heridas que sanar.

El Muy Reverendo Padre-abate, Monseñor Cuthbert Brogan y los monjes benedictinos durante la bendición abacial.

En 1920, en el momento de los funerales de la emperatriz, el gobierno de la república francesa envió un telegrama protestando formalmente contra los honores previstos por las autoridades inglesas. ¡Pero los tiempos han cambiado! Y el mundo gira. Hoy tenemos entre nosotros a Su Excelencia el embajador de Francia que representa al Presidente de la República.
Hoy el tercer Padre Abate de Farnborough (inglés) celebra esta misa. En 1920, cuando Dom Cabrol, primer abate de Farnborough (¡francés!) celebró la misa, Francia no estaba representada, pero estaba el Príncipe Víctor Napoleón y su familia, el rey Jorge V y la reina María de Inglaterra, el rey Alfonso XIIII de España, y el rey de Portugal en exilio. Dom Cabrol les decía, dirigiéndose a las manes de la emperatriz:

Majestad, habéis construido esta iglesia en piedra no para pasar la gloria de Francia a futuras generaciones, sino más bien porque habéis comprendido que hay algo más grande que la gloria del hombre, algo que dura más tiempo que la piedra: el sacrificio diario de la plegaria cristiana… Este santuario erigido sobre suelo inglés no dará testimonio solamente y continuamente de la memoria de la emperatriz Eugenia a todos aquellos que vengan aquí: será un testimonio elocuente de su fe y de su piedad.

Dos vistas de la tumba de Napoleón III en la cripta imperial de Farnborough: a la izquierda en su estado habitual, enseguida, lo vemos cubierto con el velo ceremonial durante la misa del 20 de abril de 2008. Fotos del Sr. John Zuhlsdorf y la Sra. Marie-Claude Danthu respectivamente.

« Sic transit Gloria mundi ». ¡Las glorias de este mundo pasan rápido! No estamos en las Tullerías, no estamos en Saint-Cloud ni Fontainebleau, ni Compiègne, ni Biarritz, estamos en Farnborough. Este pequeño pedazo de Francia transportado a Inglaterra, donde el Emperador reposa en la paz que durante su vida se le escapó.

Que Vuestra Majestad repose en la paz, que vuestros pecados sean perdonados, que vuestros sufrimientos no sean olvidados, y que vengáis a compartir la gloria eterna del cielo donde la paz nunca falta y el reposo es eterno. Así sea.