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Entrevista
con Élaine Bédard
y el Conde Alexandre de Bothuri
Bàthory
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LA
PASIÓN DE ADQUIRIR |
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Élaine
Bédard y el Conde
de Bothuri Bàthory
VII
Simposio Napoleónico
Internacional; Montreal,
junio de 2009. |
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Declaraciones
reunidas por Mylène Tremblay |
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Traducción del Instituto Napoleónico
México-Francia ©
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Para
montar la exposición
Josefina, el
gran amor de Napoleón,
el Museo Stewart en el fuerte
de la isla Santa Elena de
Canadá recurrió,
entre otras, a colecciones
privadas, entre las cuales
la de Élaine
Bédard y
el Conde Alexandre
de Bothuri Bàthory*.
Filántropo, apasionado
por el arte francés,
la célebre pareja
cuenta hacer aprovechar
a la humanidad sus «
hijos queridos » prestándolos
a los museos del mundo entero
y, por qué no, ¡abrir
un día su propio
museo! |
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Mylène
Tremblay: «¿Objetos
inanimados, tenéis pues un alma?»,
interrogaba Lamartine. Basta oír al conde
de Bothuri y a su esposa, Élaine Bédard,
contar la historia de sus adquisiciones para
convencerse de ello. Cada pieza, - su inventario
es de más de 3000 objetos provenientes
de los siglo XVII al XX – ha sido seleccionada
con esmero, en función de lo que ha vivido
y de su experiencia histórica. Objetos
de gran valor que pertenecieron a Josefina y
a Napoleón, pero también a María
Antonieta, a María Luisa, Luis XV y muchos
otros personajes de época.
En este proceder de coleccionista, la historia
se les revela. ¿Pero porqué prodigarles
semejante amor a objeto que, de primera impresión,
parecen inanimados?
Alexandre
de Bothuri Bàthory: «
Coleccionamos por pasión, porque nos
dimos cuenta que muchos objetos han perdido
su paternidad durante la historia. Nuestro objetivo
es redescubrir esta paternidad, un poco a la
manera de un detective que, al entrar en una
sala de antigüedades, se dice a sí
mismo “¡en esta pieza, hay un objeto
que la gente no ha visto y que nos va a hacer
una señal!”»
MT:
¡Y cuántos objetos
les han sido revelados así! Tomen por
ejemplo aquel aderezo expuesto en el Museo Stewart,
engarzado de diamantes, esmeraldas y oro, comprada
hace unos quince años en la casa de ventas.
ABB:
« Todavía la víspera,
había tocado ese objeto y me dije que
debía tenerlo. El día de la venta,
los teléfonos se descompusieron y lo
tuve a un precio ridículo. Más
tarde, descubrí que las esmeraldas pertenecían
a María Antonieta puesto que muchas piezas
de la época de las familias reales fueron
despedazadas. Las esmeraldas provenían
del mismo yacimiento que la espada de la consagración
de Carlos X».
UN
MUSEO VIVIENTE
MT:
Si el objeto tiene una vida, también
escoge a su propietario. Pues no es coleccionista
quien quiere.
ABB:
« Hay un proceder intelectual, sugestivo
e inconsciente que hace que uno se sienta atraído
por un objeto; el pasado le guiña el
ojo. Tal vez lo ha visto en una vida anterior.
Entonces querrá estar rodeado por objetos
que ya ha conocido ».
MT:
Que se crea o no a la reencarnación,
lo propio del coleccionista proviene casi de
la genética. Y sobre todo, de la erudición.
Pintor, historiador y escritor – su novela
histórica titulado El Mesías
será publicada este otoño –
el conde de Bothuri pasa la mayor parte de su
tiempo con la nariz metida en los libros. Desde
hace una cuarentena de años, amasa pieza
por pieza con el objetivo último de abrir
un museo privado en Quebec, un museo en el que
la gente, por grupos de diez, podrían
tocar los objetos con guantes.
ABB:
«¡Es muy egoísta guardar
para sí! El objeto muere, es preciso
que sea tocado, acariciado, utilizado ».
MT:
En esta óptica, desea también
hacer aprovechar su patrimonio a los investigadores
del mundo entero poniendo a su disposición
una biblioteca llena de libros de referencia
que duermen en su colección.
ABB:
« Quiero mostrar que, detrás de
cada objeto, hay una historia humana. Quiero
volverle a dar la memoria a los objetos. Se
necesita una interacción entre el público,
el coleccionista y el objeto ».
MT:
Además de los mobiliarios –
sillones y sillas a la etrusca, poltronas neoclásicas
rusas – los cuadros y otras vajillas de
servicio que adornaron el dominio de Malmaison,
residencia oficial de Josefina, Alexandre de
Bothuri y Élaine Bédard poseen
más de 350 libres que pertenecieron a
la segunda esposa de Napoleón, María
Luisa.
ABB:
« Tenemos la más grande
colección bibliotecaria sobre el Imperio,
lo cual prueba que María Luisa no dejó
caer a Napoleón, ya que, hasta el final
de su vida, lo coleccionó todo sobre
él! »
MT:
Pero en espera de realizar su sueño,
la pareja presta en todos los rincones del mundo,
asumiendo ellos los gastos, sus « hijos
queridos ».
Élaine
Bédard: « Los museos conocen
nuestro inventario. Funciona de boca a oreja,
el medio de los coleccionistas es un pequeño
mundo. »
OLFATO
Y NEGOCIOS
MT:
Un pequeño mundo al acecho,
que sabe dar con maravillas en las grandes casas
de venta como en los pequeños rincones
perdidos de los Estados Unidos.
ABB:
« Los objetos viajan mucho. Incluso en
Montreal,
se pueden hallar cosas extraordinarias. Todas
las cartas de Josefina, las encontramos ahí.
No hay un solo país que no tenga tesoros
ocultos. Se trata de hallarlos y de que los
objetos le hablen »
MT:
Recuerda haber sido atraído
en una pequeña venta obscura de provincia
de los Estados Unidos.
ABB:
« Le insistí a Élaine para
que fuéramos. Noventa y nueve por ciento
de los objetos eran abominables, pero me topé
con una pequeña tetera en forma de cisne
[expuesta en el Museo Stewart]. Ahí compré
también un par de pistolas que provenían
de la descendencia de la princesa Murat.»
MT:
en resumen, para tener una hermosa colección,
no es necesario disponer de una suma colosal.
Basta con tener gusto y conocer la historia.
ABB:
« Los objetos dejan de estar de moda.
Si se es un coleccionista principiante, lo que
hay que ver, es lo mejor de cada periodo. Lo
que está pasado de moda hoy constituirá
las antigüedades de mañana. Y objetos
de proveniencia real, política u otra,
permanecerán siempre en la cima. Le da
una plusvalía al objeto. Así es
como cuadros de pintores mal conocidos del siglo
XVII fueron rehabilitados años más
tarde. Hoy en día, vemos siempre los
mismos nombres: Monet, Renoir... Es regateo.
La gente no conoce más que a los grandes
faros. Pero hay pintores mucho más interesantes
que son considerados menores y que tienen una
historia. Es lo que colecciono, pintores eje
que mañana serán grandes. Hace
30 años, Eugène Boudin era un
perfecto desconocido. Uno lo compraba por 100
a 1000 dólares; hoy, vale entre 500 000
$ y 700 000 $. ¡El valor de un cuadro
o de un objeto, es subjetivo!»
*
El Sr. Conde de Bothuri Bàthory es Consultor
Especial de Colecciones Históricas del
Instituto Napoleónico México-Francia.