Vida de S.M.I. el Emperador y Rey Napoleón I el Grande.
Vida de S.M.I. el Emperador y Rey NAPOLEÓN I
Instituto Napoleónico México Francia.
Francia.
México.
¡Apoye al INMF!  - Soutenez l'INMF!
« Tout pour l'Empire » - Instituto Napoleónico México-Francia.
Instituto Napoleónico México-Francia - Institut Napoléonien Mexique-France
Eduardo Garzón-Sobrado, fundador.
S.A.I. Jean-Christophe Napoléon, Prince Impérial.
¡Síganos en Facebook! -  Suivez-nous sur Facebook! - Follow us in Facebook!
Crónicas Imperiales
LA LEYENDA DEL ÁGUILA

Una presentación exclusiva del Señor

PASCAL CAZOTTES

Sr. Pascal Cazottes.
Pascal Cazottes
Instituto Napoleónico México-Francia ©
Esta página está disponible al público de manera gratuita y puede ser reproducida con fines no lucrativos, siempre y cuando no sea mutilada, se cite la fuente completa y su dirección electrónica. De otra forma, requiere permiso previo por escrito de la institución.
Todos mis agradecimientos van al Profesor Eduardo Garzón-Sobrado, Presidente-fundador del Instituto Napoleónico México-Francia, por haber creado esta nueva rúbrica consagrada a los altos hechos de armas y al sacrificio consentido de todos aquellos « héroes », oficiales o simples soldados que sirvieron bajo las órdenes de más grande general de todos los tiempos: Napoleón I.
Eduardo, amigo mío, el Emperador está orgulloso de ti y te reconoce como un fiel entre los fieles. ¿No sientes su mano venir a jalarte afectuosamente la oreja?
Colección Pascal Cazottes ©
El portaestandarte
Grabado de François Thévenot (1856-1943).

En 1792, las fronteras de Francia fueron gravemente amenazadas, obligando a la Asamblea a proclamar « la Patria en peligro ». La reacción de los ciudadanos no se hizo esperar. Las provincias enviaron a sus federados a París, mientras que, de todos los horizontes, acudían voluntarios para defender a esa nación aún en la cuna. Oficinas de reclutamiento se improvisaban un poco por todas partes, viendo desfilar a 15 000 hombres en una semana. La mayoría de ellos no conocían nada del oficio de las armas y no traían, por todo bagaje, más que su solo arrojo. En poco tiempo, los ejércitos revolucionarios estaban constituidos, contando en sus filas burgueses, obreros y campesinos, animados todos por el deseo de echar a un enemigo que negaba al pueblo francés el derecho de decidir su propia suerte.
Pero con la guerra incesante impuesta a Francia por las monarquías absolutistas de Europa, durante veintitrés largos años, el voluntariado ya no bastó, obligando muy pronto a los gobiernos franceses a recurrir a la conscripción, siendo llamados 300 000 hombres a las banderas tan solo para el año 1793.

A pesar de los inicios difíciles, provocados por un encuadramiento a menudo deficiente y la penuria permanente de todo lo que es necesario para la vida del soldado, los ejércitos de la Revolución acabaron por mostrar su valor en el combate; valor que alcanzó cimas con el ejército de Italia comandado, y trascendido, por un joven general cuyo nombre es inútil recordar aquí.

Si los soldados de la Revolución y, más tarde, los del Imperio, mostraron tanto ardor en las batallas, al punto de que el nombre de « francés » se había vuelto sinónimo del mayor coraje, es porque esos mismos soldados sabían por qué y por quién peleaban; primero, por Francia, tierra de los filósofos y de las ciencias, tierra de libertad y de luz cuyo papel natural era el de ilustrar al mundo entero. Y para que aquella Francia tan amada fuese por siempre preservada, no vacilaron en ir a combatir a sus enemigos mucho más allá de las fronteras del hexágono. En fin, se batían por hombres, modelos de inteligencia y de bravura, aquellos oficiales superiores que no temían mostrar el ejemplo a la cabeza de sus batallones, se arriesgaban a la muerte tanto como sus soldados y no dudaban en fraternizar con ellos, sin por ello perder su respeto, a imagen del más grande entre ellos: Napoleón. Éste último, por su ejemplo, su preocupación por el bienestar del soldado, y su sorprendente aptitud para llevarse las batallas, atrajo a su persona la devoción sin límites de sus hombres, los cuales estaban listos para morir por él y se sobrepasaban literalmente cuando sucedía que combatieran bajo su mirada.

Juntos, del simple soldado de infantería al más alto de los gradados, conocieron sufrimientos sin nombre, las angustias del hambre y de la sed, y recorrieron distancias increíbles, de los desiertos quemantes de Egipto al infierno helado de Rusia. Pero en el momento del combate, todos lograban hallar, en lo más profundo de sí mismos, recursos insospechados e inimaginables. Y si les sucedía que se vieran forzados a recular frente a masas enemigas mucho más numerosas, la voluntad de uno solo entre ellos de mantenerse en el terreno, de inmediato traía de vuelta a todos sus compañeros de armas junto a él.

Colección Pascal Cazottes ©
El Águila encabezando a la Guardia Imperial

A pesar de los inicios difíciles, provocados por un encuadramiento a menudo deficiente y la penuria permanente de todo lo que es necesario para la vida del soldado, los ejércitos de la Revolución acabaron por mostrar su valor en el combate; valor que alcanzó cimas con el ejército de Italia comandado, y trascendido, por un joven general cuyo nombre es inútil recordar aquí.

Que se trate del simple fusilero de la infantería de línea o del prestigioso coronel de los cazadores a caballo de la Guardia Imperial, la misma valentía, el mismo orgullo, el mismo honor animaban a esos hombres entrados en la leyenda por la puerta grande.
Bajo la conducción del « Pequeño Cabo », pasmaron al mundo, y la gloria inmortal desplegó sobre ellos, como sobre su gran capitán, sus alas de oro, a fin de que sus hazañas no pudieran nunca caer en el olvido.

¡Gloria a ti, Napoleón!
¡Gloria a ustedes, sus esforzados soldados y compañeros!

ARTÍCULOS
Gloriosos soldados de la Gran Armada, por el Sr. Pascal Cazottes.
La Legión de Honor, por el Sr. Pascal Cazottes. ¡Próximamente en línea!
Napoleón el civilizador, por el Sr. Pascal Cazottes. ¡Próximamente en línea!
Jean-Noël Santini, el servidor fiel, por Pascal Cazottes.
Pintores de la epopeya napoleónica, por el Sr. Pascal Cazottes. ¡Próximamente en línea!
Somosierra, por el Sr. Pascal Cazottes. ¡Próximamente en línea!
¿Murió el mariscal Ney en los Estados Unidos?, por el Sr. Pascal Cazottes. ¡Próximamente en línea!
Napoleón y los Estados Unidos de América, por el Sr. Pascal Cazottes. ¡Próximamente en línea!