Vida de S.M.I. el Emperador y Rey Napoleón I el Grande.
Vida de S.M.I. el Emperador y Rey NAPOLEÓN I
Instituto Napoleónico México Francia.
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Instituto Napoleónico México-Francia - Institut Napoléonien Mexique-France
Eduardo Garzón-Sobrado, fundador.
S.A.I. Jean-Christophe Napoléon, Prince Impérial.
Breve cuadro cronológico razonado de las
COALICIONES EUROPEAS
(1792-1815)
Monstrous Craws at a New Coalition - James Gillray  (1757 - 1815).
Buches monstruosos en el festín de una nueva coalición
El rey Jorge III, la reina y el príncipe de Gales en una crítica de la gula y codicie insaciables de la familia real de Inglaterra. Acuatinta coloreada a mano de James Gillray (1757 - 1815).
"Guerras napoleónicas"

En oposición a los mitos falaces, tan difundidos, que han deformado la leyenda imperial, el EMPERADOR NAPOLEÓN, como cualquier soldado que ha visto, y más aún, vivido en carne propia las atrocidades de un campo de batalla, sentía horror por la guerra, actividad a la que definía como « un oficio de bárbaros ». El Emperador era un hombre profundamente bueno, que amaba al pueblo y a sus soldados como a sus propios hijos. En toda su vida, Napoleón nunca desencadenó una sola guerra.
Todos los conflictos bélicos que ensangrentaron a Europa durante el periodo incorrectamente llamado de las “Guerras Napoleónicas” le fueron impuestos por la fuerza por los monarcas legitimistas que reinaban en el continente, enemigos de la Francia nueva, libertaria, próspera, dirigida y simbolizada por Napoleón, el campeón de los derechos y de las libertades civiles nacientes en una Europa absolutista, que luchaba encarnizadamente por conservar sus privilegios ancestrales.

En efecto, el corazón de esta guerra a muerte tenía dos facetas, la económica y la ideológica, y estaba dirigida y financiada por Inglaterra, para la cual la prosperidad de Francia representaba una grave amenaza para sus proyectos de hegemonía colonial y comercial mundial. Para Albión, el estallido de la guerra civil durante la Revolución francesa representaba pues una excelente oportunidad de acabar de una vez con su eterno rival. He aquí lo que decía el ministro inglés William Pitt al Parlamento el 29 de diciembre de 1796: “Inglaterra no consentirá nunca la reunión de Bélgica a Francia. Haremos la guerra mientras Francia no haya regresado a sus límites de 1789.” Como sabemos, cumplió su palabra, y sus sucesores después de él, salvo durante el breve periodo que duró la paz de Amiens, del 25 de marzo de 1802 al 16 de mayo de 1803, misma que Inglaterra se encargó de romper violando los tratados y sus garantías de paz.

Ahora, retomando este caso preciso, Napoleón no era responsable en absoluto de la anexión de Bélgica. Fue la Convención, el 1º de octubre de 1795, la que la había votado la reunión de los países bajos austriacos y los había hecho una provincia francesa, lo que por cierto ya habían sido en el pasado. Señalemos que en ese tiempo el joven general Bonaparte había caído en desgracia tras haberse negado a tomar el mando – que le ha sido asignado por las autoridades – del ejército de la Vendée, una armada enviada especialmente a esa región por el gobierno republicano con la misión expresa de la “descristianización” del Oeste y el exterminio total de los católicos; mujeres, viejos y niños incluidos... (decreto publicado en letras patentes por el Directorio el 1º de agosto de 1793, en el diario oficial del Estado, el Moniteur). Esta masacre abominable, que ya se venía desarollando desde hacía algunos años en esa región desolada por las más inimaginables atrocidades, constituye el primer genocidio de la era moderna. Cuando semejante asignación, proterva y deshonrosa, le es comunicada, Napoleón queda mortificado, y arriesgando su posición, su futuro y hasta su vida, la rechaza de golpe. Independientemente de sus creencias e indignación personales, él no concibe la guerra más que contra los enemigos de su país y no contra campesinos franceses, aunque éstos fueran de convicción realista. En ese sentido, expresa su posición en una sentencia lacónica « ¡Nunca mi espada contra el pueblo! ».
Leer el epitafio de William Pitt, por Napoleón.
William Pitt  el Joven
El verdadero carnicero de Europa.

Borrado de inmediato de los cuadros del ejército, amenazado inclusive con ser guillotinado por insubordinación por las autoridades del Comité de Salud Pública, Napoleón andaba entonces de antecámara en antecámara, azotando las calles, hambriento y enfermo, con su uniforme raído, apenas consiguiendo poco después un obscuro puesto en una insignificante oficina topográfica.

La anexión de Bélgica ponía bajo control de Francia los puertos de Amberes y Brujas, importantísimas vías comerciales y de desembarque en la Mancha, pero a pesar de ello, no era la verdadera causa del conflicto. Por encima de todo, como vimos más arriba, la oligarquía mercantilista inglesa veía, apropiándose de paso las rutas comerciales y las riquezas coloniales en su provecho exclusivo, el momento idóneo de destruir por fin a Francia, su enemigo secular, más allá de las pretenciones de ésta última de exportar ideas de Libertad a través de Europa, grave amenaza contra el sistema feudal imperante.
Por lo demás, trágicamente, Inglaterra contó con la ayuda de los Realistas franceses para llegar a sus fines, que no eran otros que el total desmembramiento de Francia y su postrer condición de nación dependiente de segundo, y de ser posible tercer orden; las pruebas – por escrito – de estos proyectos, abundan. Es muy triste constatar, y más aún decirlo, que con tal de recuperar sus prerrogativas y antiguos privilegios, el Rey de Francia y la Casa de Borbón en general, no obstante seculares adversarios de Inglaterra, se prestaron a esta infamante sociedad sin siquiera dudar en recurrir, de juzgarlo necesario, a los medios más viles, como la traición y el homicidio por medio del asesinato y el terrorismo armado a través de víctimas colaterales inocentes. El pueblo de Francia nunca les perdonaría esta terrible felonía, comparable en cierto modo al fenómeno más reciente del Colaboracionismo con el Socialismo Nacional durante la guerra de 1940-1945.

Así pues, siete coaliciones internacionales provocadas todas por Inglaterra y financiadas a grandes costos con su oro (66 millones de libras de oro de la época, es la cifra oficial) fueron montadas contra Francia durante el periodo que se extendió de 1793 a 1815. Una vez que hubo dominado a la revolución, acabado con sus excesos y crímenes, y restaurado la paz, el orden y los derechos civiles, corresponderá a Napoleón defender a Francia enfrentándose personalmente, a la cabeza de la nación, a cinco de ellas, aunque globalmente estuvo presente en todas.

A continuación presentamos un cuadro cronológico de estos eventos, enriquecido con un resumen sucinto de cada coalición. Sugerimos igualmente la lectura en este sitio del artículo Algunos rasgos de la acción firme y permanente de Napoleón en pro de la paz, del Coronel Émile Guéguen.

   PRIMERA COALICIÓN (1793 – 1797)
Inglaterra, Austria, Prusia, Rusia, Holanda, España, Portugal, Cerdeña, Nápoles, España, Estados de Italia
 
El General Bonaparte en la batalla de Rívoli, el 14 de enero de 1797 Cuadro de Philippoteaux

En 1792, los ejércitos de la República bajo el mando de Dumouriez y de Kellermann habían rechazado los ataques de los prusianos en Valmy, y de los austriacos en Jemmapes.
En febrero de 1793, William Pitt, primer ministro inglés, que había pensado que los ejércitos organizados y aguerridos de Prusia y de Austria se comerían de un bocado a los “sans-culottes”, decide poner en pie una gran coalición de todas las monarquías absolutistas de Europa para acabar con la república francesa.
Ante la amenaza, el ministro Lazare Carnot decide la leva en masa y se consagra a la organización y al entrenamiento de los regimientos realizando la “amalgama”. En torno a núcleos de veteranos, coloca jóvenes conscriptos llenos de ardor y de entusiasmo con la idea de pelear “por la libertad”.
Pronto, los ejércitos de la República vencen en todos los frentes. Los príncipes italianos son los primeros en dejar la coalición, seguidos por Prusia, Rusia, Holanda, España y Portugal.
En la primavera de 1796, solo Inglaterra, Austria y el reino de Piamonte-Cerdeña permanecen en estado de guerra.
Es entonces cuando un joven oficial, Napoleón Bonaparte, fue nombrado General en Jefe del Ejército de Italia, y realizó la campaña fulgurante que asombró a Europa...

1796:
12 de abril - Victoria de Montenotte
21 de abril - Victoria de Mondovi.
28 de abril – Armisticio de Cherasco con Piamonte.
10 de mayo - Victoria de Lodi.
15 de mayo – El general Bonaparte entra en Milán.
5 de agosto - Victoria de Castiglione.
8 de septiembre - Victoria de Bassano.
17 de noviembre - Victoria de Árcole.

1797:
14 de enero - Victoria de Rívoli
2 de febrero – Capitulación de los Austriacos en Mantua.
17 de octubre - La Paz de Campo-Formio pone fin a la guerra.

 

SEGUNDA COALICIÓN (1798 – 1802)
Inglaterra, Austria, Rusia, Reino de Nápoles, Reino de Las Dos Sicilias, Imperio Otomano
 
La batalla de Marengo, el 14 de junio 1800

William Pitt, a sabiendas de que el general Bonaparte está Egipto, piensa poder vencer esta vez a los ejércitos franceses y restablecer a los Borbones en el trono de Francia. Mediante mucho oro, logra persuadir a Austria, a Rusia y al Reino de Nápoles de unirse a Inglaterra para relanzar la guerra.
Las hostilidades arrancan en otoño de 1798 en el Reino de Nápoles, donde el General Championnet arregla bien pronto la situación en su ventaja. El Rey Fernando IV debe escapar a Sicilia.
En marzo de 1799, el Directorio decide lanzar tres ofensivas, una en Baviera, la otra en Suiza, y la tercera en Italia. Creía en la superioridad de sus ejércitos... pero Napoleón ya no estaba ahí.
Jourdan se topa con el Archiduque Carlos en Stokach el 24 de marzo y es vencido.
Masséna, en Suiza, no puede hacer nada mejor que conservar sus posiciones.

Sin embargo, es en Italia donde los reveses son más graves.
Schérer y Moreau deben replegarse frente a Souvarof y abandonar Milán.
Joubert, que había remplazado a Moreau, ataca a Souvarof en Novi le 15 de agosto de 1799. Muere en la acción y se produce un desastre. Italia es perdida por Francia.
Felizmente, Masséna permite ganar tiempo. En la batalla de Zurich (23 a 27 de septiembre), rechaza a los rusos más allá del Rin.
Y enseguida llegó el regreso del general Bonaparte, de vuelta de Égipto.
El 14 de junio 1800, ya a la cabeza de Francia, Napoleón derrota a los austriacos en Marengo y el 3 de diciembre, Moreau vence a otro ejército austriaco en Hohenlinden. Tratados favorables para Francia pusieron fin a la guerra:
9 de febrero de 1801 - Paz de Lunéville (Austria).
29 de marzo de 1801 - Paz de Florencia (Nápoles).
25 de marzo de 1802 - Paz de Amiens (Inglaterra).

 

TERCERA COALICIÓN (1803–1805)
Inglaterra, Austria, Rusia, Prusia, Suecia, Nápoles
 
La batalla de Austerlitz, 2 de diciembre de 1805

En 1803, William Pitt, nuevamente al poder en Inglaterra, traiciona la paz de Amiens y declara la guerra Francia al tanto que trabaja para reunir una nueva coalición. También asiste al Conde de Artois en los atentados contra la vida del Primer Cónsul (conspiraciones de Cadoudal - Pichegru).
Bonaparte junta una armada en el puerto de Boloña con la intención de desembarcar en Inglaterra para imponerle la paz.
Pero los austriacos le atacan por la espalda, invadiendo Baviera. Ante esta terrible amenaza, Napoleón, nombrado Emperador de los franceses desde el 18 de mayo de 1804 y consagrado el 2 de diciembre siguiente, decide levantar el campo y marchar a su encuentro. Captura al ejército del general Mack en Ulm el 20 de octubre 1805. El día siguiente, 21 de octubre, Nelson destruye la flota francesa en Trafalgar. Enseguida tendrá lugar la gran victoria de Austerlitz sobre los austro-rusos el 2 de diciembre de 1805, día aniversario de la coronación.
El tratado de Presburgo del 26 de diciembre de 1805 pone fin a la guerra. “Los ingleses son mercantes de carne humana”, confesará el desencantado emperador de Austria, Francisco II.

 

CUARTA COALICIÓN (1806 – 1807)
Inglaterra, Prusia, Rusia, Sajonia, Suecia
 
La batalla de Jena, el 14 de octubre de 1806, por Ernest Meissonier

Prusia, que no había sabido actuar en 1805, entra junto con Inglaterra, Rusia y Suecia en una nueva coalición contra Francia.
Tras rechazar las múltiples iniciativas de paz propuestas por Napoleón, quien no entendía la razón de esta agresión, el 14 de octubre de 1806, su ejército es aniquilado en dos batallas simultáneas: Jena, donde comanda el Emperador en persona, y en Auerstaedt, en donde dirige el Mariscal Davout.
Los fugados de los dos ejércitos prusiano se cruzan. Ambas fugas se confunden y se mezclan en un desorden indescriptible ante los ojos aterrados del mismísimo Rey Federico Guillermo de Prusia y de su esposa Luisa, venidos, como si se tratara de un desfile, a asistir a la victoria de sus tropas.
Napoleón entra triunfalmente a Berlín.
No obstante, los rusos aprovechan el momento para lanzar una ofensiva y avanzan en Polonia; sus aliados los suecos se adentran en Pomerania. À fines de diciembre de 1806, Napoleón deja Berlín y tiene que marchar hacia Polonia. Aclamado por la población polaca, que espera que les ayude a sacudirse el yugo de los rusos, el Emperador se instala en Varsovia.
Tras la batalla indecisa de Eylau (8 de febrero de 1807), Napoleón aplasta a los rusos en Friedland el 14 de junio de 1807.
El tratado de Tilsit, concluido del 7 al 9 de julio de 1807, pone fin a la guerra.

 

QUINTA COALICIÓN (1809)
Inglaterra, Austria, España
 
La batalla de Wagram, 6 de julio de 1809, por Horace Vernet

A fines de 1808, Inglaterra trata de volver a organizar una nueva coalición de las potencias europeas contra Francia. Sólo Austria acepta, y solamente a condición que Inglaterra asuma los gastos de la campaña.
Lo austriacos toman la ofensiva el 10 de abril de 1809. Serán vencidos en diversas batallas, entre las cuales la más importantes son Eckmül, el 22 de abril, Essling, el 22 de mayo, y finalmente Wagram, el 6 de julio.
El tratado de Viena del 14 de octubre de 1809 pone fin a la guerra.

 

SEXTA COALICIÓN (1813 – 1814)
Inglaterra, Austria, Prusia, Rusia, Suecia
 
La batalla de Montmirail, el 11 de febrero de 1814, por Henri Chartier

Los enemigos de Francia, animados por el debilitamiento de la Grande Armada tras la campaña de Rusia en 1812, se reúnen nuevamente para atacar a Napoleón. las operaciones comienzan el 15 de abril de 1813.
A pesar de su desventaja, Napoleón es vencedor en Lutzen el 2 de mayo), en Bautzen el 20 de mayo, y en Dresden (26-27 de agosto); No obstante, sin reservas ni caballería, el Emperador se inclina ante el número en Leipzich (16 a 19 de octubre) y se ve obligado a replegarse sobre el Rin.

Ahora toda Europa salvo Dinemarca, marcha contra Francia. Será la campaña de 1814 – la magnífica Campaña de Francia – durante la cual Napoleón obtendrá sus últimas victorias:
29 de enero – Brienne,
10 de febrero – Champaubert,
11 de febrero – Montmirail,
18 de febrero – Montereau,
13 de marzo – Reims.
Ante este despliegue sin igual de genio estratégico y táctico, los Aliados dudan y hasta piensan en retirarse. Sin embargo, gracias a los consejos del traidor Talleyrand, prosiguen la lucha y apresuran su marcha hacia París, evitando a Napoleón y venciendo a los generales. A la larga, demasiado numerosos y favorecidos por el traidor Marmont, se hacen de París el 31 de marzo. Instado por sus mariscales, Napoleón abdica y parte a la isla de Elba, pequeño principado de opereta que los que les Aliados le han asignado.

 

SÉPTIMA COALICIÓN (1815)
Inglaterra, Austria, Prusia, Rusia
 
La batalla de Ligny, el 16 de junio de 1815

Bien al tanto del gran descontento popular en Francia tras el regreso de los Borbones, de vuelta a Francia en los furgones del enemigo extranjero, y consciente del peligro que corre su vida en la isla de Elba, que hormiguea de espías y asesinos, Napoleón deja Elba y desembarca en Fréjus. Inicia entonces su marcha triunfal hasta la capital; ¡el águila vuela de campanario en campanario hasta las torres de Notre Dame! Sin que se haya disparado un solo tiro en el trayecto, el Emperador llega a París el 20 de marzo de 1815 y es llevad en hombros por la muchedumbre hasta el palacio de las Tullerías. Los aliados se han reunido en el congreso de Viena.
A pesar de las garantías de paz presentadas por el Emperador, deciden de inmediato entablar una nueva campaña militar. Organizan una fuerza de 700, 000 hombres que se prepara a marchar sobre Francia.
Para tratar de prevenir ese movimiento, Napoleón, con un ejército improvisado en seis semanas, se dirige a Bélgica. Vence a los prusianos del infame Blücher en Ligny el 16 de junio, pero el abúlico mariscal Ney no aprovecha su situación y pierde la ocasión de controlar el cruce estratégico de Quatre Bras. Sin desperdiciar este descuido, los ingleses de Wellington se atrincheran en posición defensiva cerca del pueblo de Waterloo, listos para escapar hacia el mar en caso de urgencia.
El 18, las lluvias diluvianas convierten el terreno en un campo de lodo, que hace muy difícil los desplazamientos. Napoleón se ve obligado a esperar varias horas a que el terreno se seque, antes de entablar el combate, que será encarnizado. Al caer la tarde, prácticamente vencidos, los ingleses empiezan a preparar su retirada. Sin embargo, a causa de los errores del Grouchy que no acude al campo de batalla ni ha perseguido al ejército de Blücher, la Grande Armada se ve agobiada con la llegada de las fuerzas prusianas por su flanco.
De regreso a París, y ante la amenaza inminente de una nueva invasión extranjera, Napoleón se niega a hacer uso de la fuerza pública y, queriendo evitar el derrame de sangre civil y una posible nueva revolución, abdica por segunda vez al trono de Francia.
Después de entregarse por su propio movimiento a Inglaterra, “el más constante y más generoso de [sus] enemigos” que fingió tenderle la mano, el Emperador es deportado a traición a la remota isla de Santa Helena, donde, sometido a innumerables privaciones y a las más viles vejaciones, será envenenado con raticida y morirá el 5 de mayo de 1821.