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TESTIMONIO
DEL PROFESOR JEAN
DEFRANCESCHI |
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Director
de Investigaciones en el Centro
Nacional de Investigación
Científica de Francia (CNRS)
y Miembro de Honor del Comité
Histórico del Instituto
Napoleónico México-Francia.
Entrevista
del Profesor
Jean Defranceschi
realizada durante
la jornada del
2 de junio de
2005 en Illkirch-Graffenstaden,
tras la conferencia
sobre el envenenamiento
de Napoleón
por el Dr. Pascal
Kintz. |
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Me
parece improbable que cinco falsarios
diferentes hayan producido cabellos,
en fin, dispersos en los cuatro
rincones del mundo y encontremos
exactamente los mismos cabellos
tomados en la cabeza del mismo
personaje... eso parece difícil,
y que correspondan, como lo decía
el Dr. Kintz, no sólo el
arsénico sino los demás
metales pesados hallados, en fin:
el plomo, el... no vamos a volver
a ello... el antimonio y otros,
que corresponden muy exactamente
a lo que brindan los testimonios
de los compañeros de exilio
de Napoleón.
Soy
director de investigación
en el CNRS, ahora estoy retirado,
evidentemente; soy historiador
de oficio; hice toda mi carrera
en el CNRS. Trabajé con
Jean Tulard, personaje conocido,
que fue mi padrino en el CNRS,
y... trabajé con él
durante años; y soy también
uno de los coautores del Diccionario
Napoleón.
Así
que, mi posición es simple.
Es simple, es la de - ve usted
- aquí voy a defender un
poquito - pero un poquito - la
opinión contraria; en apariencia
solamente... ¿Por qué?
Es cierto que los historiadores
franceses en general son hostiles
a esta tesis - a la tesis de Ben
Weider, me refiero, el envenenamiento
por medio de arsénico -
muchos son hostiles, pero si usted
habla con la gente - oficialmente
son hostiles - pero cuando habla
con la gente, le dirá «
mire, yo estoy... no puedo
pronunciarme, porque si lo hago…
– es un poco lo que dije
hace rato – si me pronuncio
voy a tener problemas…
», y yo puedo dar testimonio
de esos problemas porque ya no
soy un joven, no tiene importancia,
a mí no puede pasarme nada,
pero el día en que dije,
con gente del Instituto Napoleón,
gente con quien trabajaba desde
hacía más de treinta
años, dije « escuchen,
la tesis de Ben Weider vale más
que el desprecio »
- porque lo que se decía
para desacreditarlo era «
el hombre de negocios canadiense
»... dije « pero
bueno, ser un hombre de negocios
canadiense no es una tara que
yo sepa... hay una tesis, es otra
cosa, es sobre ese trabajo que
hay que juzgar ». Pues
bien, los micrófonos se
cerraron... y después de
años pasados en el... –
pertenezco todavía al Instituto
Napoleón – pero después
de años pasados, se terminó:
desde 2001, cuando dije eso -
era durante el invierno 2000-2001
- se acabó: ya no tengo
derecho de palabra, ¡ni
siquiera en el Instituto Napoleón!...
¡Vamos,
es enorme!
Entonces, tome el caso de un muchacho
que tenga veinti... – un
muchacho o una muchacha - que
tenga veinticinco o treinta años,
que está en el inicio de
su carrera: no puede pronunciarse,
no puede ir contra eso... está
« hundido » por anticipado;
entonces, está obligado
a callarse. Aun cuando no esté
de acuerdo con la tesis oficial,
está obligado a callarse.
¿Ve
usted? La situación es
esa, hay una tesis, hay una «
actitud oficial », de los
responsables, que por su parte
son hostiles...
¿Por qué son hostiles?
Tal vez también –
no hay que excluirlo – tal
vez hay también un poco
de envidia por el hecho de que
no fueron ellos quienes la encontraron,
esa idea; entonces no les gusta;
es posible, no sé, es muy
difícil juzgar a las personas,
no se puede juzgar más
que por lo que dicen: no lo dicen,
son hostiles; es todo.
Yo
personalmente encuentro esta tesis
totalmente - totalmente - seria...
Creo que no se le puede dar la
vuelta.

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