
| LEY
QUE INSTITUYE LA LEGIÓN DE HONOR |
| 29
floreal año X (19 de mayo de
1802) |
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Texto
escrito en ocasión de la celebración
nacional de la institución de la
Legión de Honor, en 2002 |
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La
entrega de la Legión
de Honor
Dibujo a la acuarela y gouache
de Alejandro Evaristo Fragonard |
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Por
el General
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Jean
Phillipe Douin
Antiguo
Gran Canciller de la Legión de Honor
(1998-2004) |
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| El
General Douin |
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Traducción
del Instituto Napoleónico México-Francia
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El
19 de mayo de 1802 (29 floreal año X),
al término de varias horas de discusiones
animadas en el Cuerpo legislativo, la ley que
instituye la Legión de Honor era votada
por 166 sufragios contra 110. El artículo
primero de la ley precisaba que en « ejecución
del artículo 87 de la Constitución
concerniente a las recompensas militares y para
recompensar también los servicios y virtudes
civiles, será formada una Legión
de Honor ».
El proyecto, de toda evidencia, no había
hallado la unanimidad por lo mucho que podía
parecer contrario a las sensibilidades políticas
que se oponían entonces. Por un lado los
antiguos jacobinos, mayoritarios en el seno del
Cuerpo legislativo, habían manifestado
sus reticencias hacia una institución que
podía parecerles como atentatoria al principio
de igualdad entre todos los ciudadanos.
Por otro lado constituía para los adversarios
de la revolución un paso suplementario
superado hacia el reconocimiento del carácter
irreversible de la ruptura operada a partir de
1789.
Dos
signos al respecto no engañaban:
la referencia explícita a la Constitución
del año VIII y la evocación
de la virtud, esa calidad del ciudadano
consagrado a la Nación y a la Patria.
Todo el talento político de Napoleón,
entonces Primer Cónsul, fue imaginar
una institución que pudiese a la
vez conciliar la distinción individual
con los principios revolucionarios haciendo
del servicio a la Nación y a la Patria
el ideal común.
Como lo subraya en sus Memorias
el Segundo cónsul Cambacerés,
estrechamente ligado al proyecto desde el
origen, había que « crear
un género de recompensa que convendría
al carácter distintivo del pueblo
francés, sin atentar contra las máximas
consagradas por la Revolución
» (1).
El contexto era entonces favorable a dicha
empresa. El fin de la guerra con Gran Bretaña
y el regreso a la paz favorecían
la popularidad de un Primer Cónsul
que iba a tornarse, algunos meses más
tarde, en Primer Cónsul de por vida
(2de agosto de 1802).
El tiempo
era el del apaciguamiento y la estabilización
como de ello daba testimonio la firma del
Concordato, el 15 de julio de 1801. Además,
era conveniente colmar el vacío dejado
por la abolición de las órdenes
nobiliarias inscrita en la constitución
de 1791, enseguida por la supresión,
en octubre de 1792, de la orden de San Luis
en nombre del principio de igualdad absoluta
entre todos los ciudadanos.
Muy pronto sin embargo reaparecía
la idea de una recompensa otorgada a los
ciudadanos en virtud de los servicios hechos
a la Nación.
Desde el año II, los representantes
en misión habían distribuido
de manera informal armas de recompensa a
los batallones meritorios. |
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Águila
de plata del 1er tipo, Primer
Imperio
París, Museo nacional
de la Legión de Honor. |
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Decreto
del 29 de floreal año X
que crea la Legión de Honor
París CHAN, sección
del Siglo XIX |
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De colectivo, el reconocimiento
se había vuelto más individual
cuando el general Bonaparte había
hecho entrega a sus soldados más
valerosos sables durante la campaña
de Italia, y luego durante la campaña
de Egipto.
El Directorio trató entonces de
codificar una práctica, ya existente
por medio de dos leyes del 19 de febrero
de 1798 (1º de ventoso año
VI) y del 3 de octubre de 1799 (11 de
vendimiario año VIII), que crean
las armas de recompensa nacional.
Finalmente, uno de los
primeros gestos cumplidos por el Primer
Cónsul después del 18 de
brumario consiste en crear las armas de
honor el 25 de diciembre de 1799 (4 de
nivoso año VIII) para los «
guerreros que hayan rendido servicios
brillantes combatiendo por la República
». Es precisamente a este sistema
empírico y transitorio al que Napoleón
se esfuerza en poner un término
con la Legión de honor asociando
al mismo tiempo – hecho capital
y novedad esencial – a los civiles.
Así, por vez primera, se halla
reunida una comunidad de ciudadanos dedicados
a la causa común sirviendo de ejemplo
a los demás franceses a la imagen
de aquella legio honoratum conscripta
de la Roma antigua, modelo de la Legión
de Honor.
Lejos de ser una simple condecoración,
la Legión de Honor es una comunidad
de mérito y reviste, en esa calidad,
una profunda originalidad. Sus miembros,
surgidos de horizontes sociales diversos,
ya sean representantes de antiguas élites,
miembros de la burguesía de negocios,
de la burguesía intelectual o del
ejército, pertenecen a una vasta
familia distinguida por sus talentos y
sus méritos, unida por un juramento
de fidelidad a la república y reunida
en torno a la divisa escogida por Napoleón:
« Honor
y Patria ».
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Para
su creador, la Legión de Honor debía
formar el crisol de una Francia nueva en
donde se consolidaría la desaparición
de barreras abolidas en 1789 pero todavía
inscritas en filigrana en el cuerpo social.
Dirigida por un gran consejo constituido
en un principio por el general Kellermann,
José y Luciano Bonaparte y presidida
por el Primer Cónsul en persona,
la Legión de Honor está dotada
de dos administradores, el Gran Canciller
y el Gran Tesorero cuyas nominaciones intervienen
en agosto de 1803. |
Bonaparte, atento en respetar
el equilibrio entre civiles y militares,
escogió respectivamente al conde
de Lacepède, naturalista y discípulo
de Buffon y el general Dejean para ocupar
dichas funciones.
Entretanto los legionarios, nombrados
en gran consejo, son repartidos según
el modelo romano en el seno de doce cohortes
que abarcan el territorio nacional y dotadas
de bienes propios constituidos por bienes
nacionales. Cuidadoso de asegurar la independencia
financiera de la orden, el Primer Cónsul
se esfuerza también, con las cohortes,
en enraizar hasta los confines del país
la presencia de ésta élite
que ha querido distinguir.
El primer decreto que porta nominación
en la orden interviene el 24 de septiembre
de 1803.
Liga el pasado con el presente al hacer
de todos los beneficiarios de armas de
honor legionarios (es decir 2 000 hombres
aproximadamente). De 1802 a 1814, 48,000
hombres entrarán en la orden, pero
solamente 1,400 civiles.
¿Traición
de los principios fundadores o reflejo
de una época marcada por la omnipresencia
de la guerra?
La Legión de Honor se hace entonces
eco de un tiempo casi totalmente acaparado
por el afrontamiento guerrero. Refleja
pues la quintaescencia de una sociedad
marcada por los estremecimientos revolucionarios
y en busca de un equilibrio, por el momento,
imposible.
La creación de la Legión
de Honor es partícipe de esta búsqueda
del compromiso y del apaciguamiento que
es la característica propia de
la obra consular e imperial.
Constituye un fundamento de la sociedad
postrevolucionaria.
Al mismo tiempo, el análisis histórico
no basta para cernir las razones de la
excepcional perennidad de esta recompensa
que están en relación con
la imagen que Francia se ha sucesivamente
hecho del honor, de los méritos
eminentes a su servicio y a los reflejos
contrastados, dolorosos y gloriosos de
su historia, en pocas palabras, a lo íntimo
que vive en nosotros.
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El
General Douin, Gran Canciller
de la Legión de Honor
Durante su visita oficial
a México en el año
2003 |
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General
Douin
Gran Canciller de la Legión de Honor.
NOTA:
1) - J.-J. de
Cambacerés, Mémoires inédits.
Éclaircissements publiés par Cambacérès
sur les principaux événements de
sa vie politique, t. 1, La Révolution et
le Consulat, París, Perrin, 1999,
p. 629.
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