|
Bicentenario
de la batalla de |
|
AUSTERLITZ
|
|
La
Batalla de los Tres Emperadores |
|
2
de Diciembre de 1805 |
|
Aparentemente
último enemigo declarado del
Emperador tras su Consagración,
Inglaterra, que ha optado por quebrantar
los acuerdos bilaterales de paz con
Francia estipulados en el Tratado de
Amiens, mantiene una flota de ataque
en el estrecho de Calais, en Normandía.
En efecto, desde 1803, Albión,
que se rehúsa a evacuar Malta,
apresa 1200 navíos franceses
sin declaración previa de guerra,
armando sus barcos con el proyecto de
asfixiar a Francia. Sin marcha atrás
posible frente a tales agresiones, la
guerra estalla finalmente. William Pitt,
nuevo ministro inglés, francófobo
declarado y en lo personal acérrimo
enemigo de Napoleón, declara
que “no habrá nunca paz
sólida para Inglaterra hasta
que se hayan desgastado los recursos
de Francia”. Para ello, Inglaterra
juzga nuevamente necesario recurrir
a la fuerza armada; por supuesto, de
preferencia la ajena.
De esa forma, Londres llega a un acuerdo
secreto con las potencias continentales
y en adelante prodigará a las
naciones coaligadas un subsidio anual
de quince mil libras esterlinas por
cada diez mil hombres puestos bajo las
armas al servicio de la causa explícita:
destruir a Francia.
 |
|
William
Pitt, llamado
el
joven |
|
Mientras
tanto, el Emperador Napoleón,
bien informado de las circunstancias,
se preparaba por su lado para actuar.
En Francia, en la costa de la Mancha,
150 000 hombres trabajan con ostentación
preparando una gran expedición.
Construyen una formidable flotilla de
desembarco. El almirante Villeneuve,
con la escuadra de Tolón, junta
en Cádiz la flota de España,
reino aliado que acaba de unirse a Francia.
La escuadra de Rochefort y la de Brest
deben alcanzarlas y dirigirse hacia
las Antillas para atraer a Nelson y
la flota inglesa mientras que la armada
francesa atravesará el estrecho
del Paso de Calais e incursionará
en Gran Bretaña.
Desafortunadamente, Villeneuve, vencido
a altura del cabo Finistère,
regresa a Cádiz (agosto de 1805).
No obstante
que la escuadra de Rochefort alcanza
las Antillas y realiza una expedición
brillante contra las colonias inglesas,
el Emperador está furioso. Juzga
de inmediato la situación: la
expedición de Inglaterra está
perdida. Paralelamente, llegan noticias
alarmantes desde París: el enemigo
se dirije hacia Francia desde el Este
y marcha ya sobre los territorios aliados.
De inmediato, Napoleón toma una
decisión, se vuelca hacia el
continente en donde Austria, financiada
por Inglaterra e impulsada por su ministro
William Pitt, acaba de formar, en agosto,
una nueva coalición con Rusia.
Con una lucidez extraordinaria, Napoleón
dicta a su secretario un plan de campaña
en la cual órdenes de marchas,
lugares de reunión, sorpresas,
ataques, movimientos del enemigo, todo
está previsto. La armada de Inglaterra
se convierte en la Grande Armada; Ésta,
dividida en siete cuerpos, los famosos
“Siete Torrentes”, arremete
contra Austria y desde este momento
todos los acontecimientos se realizarán
conforme a lo que el Emperador ha previsto.
En octubre,
Napoleón inicia la campaña,
y da una serie de golpes en apariencia
tan precipitados y felices que sus soldados,
sin embargo acostumbrados a vencer,
dicen: “no es con nuestros brazos,
es con nuestras piernas con lo que el
Emperador vence a los austriacos”.
Tras pasar el Rin el primero de octubre,
se halla el día 13 ante Ulm,
en donde el general Mack, a la cabeza
de la vanguardia de la coalición,
y sorprendido al ver a su armada rodeada
y cortadas sus líneas de comunicación,
capitula el día 17 con 27,000
hombres, quienes entregan sus armas
perdiendo además 65 cañones
y 40 banderas.
“Fuisteis desafortunado, Señor
de Mack - declara el Emperador al austriaco
el día 20 - ¿Qué
queréis? Es la suerte de la guerra”.
Por desgracia, opacando este excelente
principio de campaña, llega algunos
días más tarde la noticia
sombría del desastre marítimo
de Trafalgar (21 de octubre).
El almirante Villeneuve juzgaba imprudente
el exponer a su escuadra, pero, ante
la orden formal del Emperador, había
salido de Cádiz y la flota francesa
había sido destruida en Trafalgar
por la flota inglesa. Perdía
8 navíos y 7 000 hombres. Nelson,
“quien valía una escuadra”,
moriría, tocado en plena victoria
junto con 3 000 de sus hombres.
Este evento terrible, que de hecho condenaba
desde este momento al Imperio, llevaría
a Villeneuve, consciente de la gravedad
de su derrota, al suicidio...
Pero
los eventos no se detuvieron al seguir
latente la amenaza de invasión
en tierra firme. En efecto, el 13 de
noviembre la Grande Armada entra triunfalmente
a Viena, antes de continuar su progresión,
esta vez dirigiéndose hacia el
cuerpo principal de los ejércitos
enemigos.
 |
|
S.M.
Francisco II, Emperador
del Sacro Imperio Romano
Germánico |
|
Confrontado
al problema que representaba la inferioridad
numérica de sus tropas, Napoleón
lleva a cabo una serie de maniobras
haciendo pensar a sus enemigos que se
encontraban ante una armada en plena
retirada estratégica. De esta
manera, la armada francesa atrae a sus
enemigos hasta la planicie de Pratzen,
cerca del pueblo de Austerlitz, en Bohemia,
dejando una poderosa posición
geográfica a total merced de
los coaligados. De igual modo, el emperador
dispone a su ala derecha, al mando del
gran Mariscal Davout, en una evidente
inferioridad numérica en la zona
pantanosa de Sokolnitz, de manera que
a su evidente debilidad se añade
una posición difícil de
defender, sobre todo ante un ataque
masivo.
Detrás del cuerpo de Davout,
se encontraba directamente y sin obstáculos
la ruta hacia Viena, línea de
comunicación de la Grande Armada,
mientras el grueso del ejército
francés, posicionado más
al norte y dando la espalda al pueblo
de Brünn (Brno), parecía
descuidar esta posición sin embargo
capital en la precipitación de
su retirada.
A su
círculo privado, el emperador
explicaba su peligrosa posición
de esta manera: “Si quisiese
impedir al enemigo que pase, aquí
[Pratzen] es donde me posicionaría;
pero no tendría más que
una batalla ordinaria. Si, al contrario,
estrecho mi derecha retirándola
hacia Brünn y los rusos abandonan
esas alturas, están perdidos,
sin recurso”.
 |
|
El
Zar Alexandro I
de Rusia |
|
En efecto,
si en el fragor de la batalla las tropas
enemigas abandonaran sus posiciones
iniciales, darían la espalda
a los montes y no sólo perderían
la superioridad geográfica, sino
que quedarían encerrados en una
llanura estrecha, expuestos a la artillería
francesa, y aprisionados tanto por las
agudas pendientes abandonadas previamente,
como por el río Littawa y las
marismas de Telnitz y el lago Satschan...
Por su parte, Dolgorukov tenía
ciertamente otra opinión de las
cosas, y no dudaba en expresarla con
admirable aplomo: "Vamos a
desbordar – decía
– a cortar, a rodear al emperador
de los franceses, a caer sobre sus flancos
y su retaguardia (...) que me sean confiados
40 000 hombres y yo os traigo a la armada
francesa, salvo los fugitivos, íntegramente
capturada"...
... La víspera de la batalla,
durante la velada del primero de diciembre,
al divisar de lejos los movimientos
de las tropas enemigas, Napoleón
exclama: « Antes de mañana
en la noche, esta armada es mía
».
Durante
la velada que precede a la batalla,
mientras visita de incógnito
los vivacs, es reconocido por las tropas.
De inmediato los soldados encienden
innumerables gavillas de paja, improvisando
así una iluminación apoteótica,
saludando al Emperador y vitoreándolo
al tanto que con clamores apasionados
y «mil veces repetidos de “¡Vive
l’Empereur!” » –
recuerda en 1834 el veterano Jean-Stanislas
Vivien - le prometen festejar el 2 de
diciembre, primer aniversario de su
coronación, con una brillante
victoria. "Esta
es la más hermosa noche de mi
vida", exclama por su parte el
Emperador.
Esta
célebre batalla es frecuentemente
llamada la “Batalla de los Tres
Emperadores”, al tener Napoleón
frente a él al emperador del
Santo Imperio Germánico, Francisco
II, emperador de Austria, y a Alejandro
I, emperador de Rusia.
 |
|
Antorchas
y aclamaciones para el Emperador
el primero de diciembre
de 1805 |
|
No entraremos
aquí de lleno a los detalles
de la batalla, bastará mencionar
que la ofensiva de los coaligados se
lleva a cabo exactamente según
lo previsto por Napoleón, y el
ala derecha francesa, bajo la responsabilidad
de Davout es atacada por las tropas
rusas, que caen en la trampa que les
fue tendida...
 |
|
Posiciones
de los ejércitos
el 2 de diciembre de 1805
|
|
No hace
ni una hora desde que la acción
ha iniciado cuando el ala izquierda
enemiga es subyugada. A las ocho y media
de la mañana, la neblina se había
disipado y dejaba su lugar a un sol
resplandeciente que permitía
al Emperador observar con claridad la
batalla que se desarrollaba en la meseta
de Pratzen. Napoleón envió
entonces al 4º cuerpo de Soult
al ataque.
A la
una de la tarde, la victoria es segura
y para entonces ni un solo hombre de
la reserva francesa se ha movido.
Poco después, el general condujo
una carga de caballería decisiva
que produjo la huída de los jinetes
de élite rusos. El príncipe
coronel Repnín, quien comandaba
el regimiento de los jinetes-guardias,
fue atrapado y hecho prisionero, ante
la mirada aterrada de Alejandro y Francisco.
Por su lado, Napoleón observaba
las acciones desde su puesto de la capilla
de San Antonio, en el extremo sur de
la meseta de Pratzen.
En un momento dado, 20 000 rusos son
empujados hacia los estanques congelados
de Satschan y zozobran bajo su propio
peso y el fuego de la artillería
confundidos, que despedaza la helada
superficie...
|
|
Fuga
del ejército ruso
sobre el lago Satschan |
|
Tras
la victoria, Napoleón dirige
a sus hombres diciendo: « Soldados,
estoy contento de vosotros... habéis
decorado vuestras águilas con
una gloria inmortal. Os bastará
decir “¡Yo estaba en Austerlitz!”
para que os respondan “¡he
aquí un valiente!»
Así,
60 000 franceses vencen a una armada
compuesta por 80 000 rusos y 25 000
austriacos. El Emperador Napoleón
decreta que los cañones tomados
al enemigo serán fundidos para
elevar en París una columna en
la plaza Vendôme, en honor de
la “Grande Armée ».
 |
|
La
Columna de Austerlitz
o de la Gran Armada, en
la Plaza Vendôme |
|
En cuanto
al prisionero Repnín, Napoleón
regresó su libertad incondicional
al príncipe dándole un
mensaje para el Zar: « Decid a
vuestro emperador que, si hubiera escuchado
mis propuestas y aceptado una entrevista
entre los puestos avanzados, yo me hubiese
sometido a su bella alma. Él
me hubiera declarado sus intenciones
para procurar reposo a Europa, y yo
hubiese subscrito a ellas. »
El día
siguiente de la victoria, el Emperador
Francisco I pide una entrevista con
Napoleón. Conviene en que los
ingleses no son más que mercaderes
que prenden fuego al continente para
asegurarse el comercio del mundo. Afirma
también que Francia tiene razón,
y que Inglaterra está en el error,
como si olvidara repentinamente sus
acuerdos secretos de financiamiento
armamentístico con Albión...
Por su parte, Napoleón, está
dispuesto a permitir a los rusos retirarse
sin acabar de perseguirlos. “Este
hombre me hace cometer un error –dice
al dejar al monarca austriaco–
hubiese podido proseguir mi victoria
y tomar toda la armada rusa y austriaca,
pero al fin algunas lágrimas
menos serán vertidas.”
 |
|
Entrevista
de los Emperadores Francisco
I de Austria y
Napoleón
I |
|
Algunos
días después, en el campo
de batalla, ya los heridos tanto rusos
como austriacos, abandonados por sus
respectivos líderes, han sido
recogidos y hospitalizados, todo a cuenta
de la armada francesa y bajo la supervisión
personal del emperador Napoleón.
Sólo permanecen en la meseta
de Pratzen unos extraños personajes,
que recorren el campo de batalla desempeñando
una singular gestión. Inspeccionan
el terreno reconociendo las bajas y
los muertos con el fin de que Londres
pueda contabilizar las pérdidas
antes de soldar sus cuentas. Efectivamente,
haciendo “honor” a su naturaleza
mercantilista y de usura, el gobierno
inglés del rey Jorge III, siempre
está pendiente de que su dinero
sea empleado en bien de sus intereses,
y, como reza una crónica de la
época, verificando «si
los reyes habían ganado legítimamente
sus subsidios. »
El 6
de diciembre, en el castillo de Austerlitz,
Berthier y von Liechtenstein firman
el cese de fuego. El 7, en virtud de
un decreto imperial, Napoleón
adopta a todos los hijos de los oficiales
y soldados muertos en Austerlitz. Posteriormente,
el 27, se firma el tratado de Presburgo.
Los Estados vénetos son reunidos
al reino de Italia. Los electores de
Baviera y de Würtemberg reciben
la corona real y entran en el sistema
del Imperio.
 |
|
Barón
Gerard: Napoleón
recibe las Banderas enemigas
tras la victoria |
|
Coronado
rey de Italia, Napoleón enriquece
a ésta con nuevos reinos. El
reino de Nápoles pasa al dominio
imperial y José Bonaparte se
convierte en rey de las Dos-Sicilias.
Al norte, la república Bátava
se desmorona a su vez y Luis Bonaparte
es proclamado rey de Holanda. Esposo
de Hortensia de Beauharnais, hija de
la emperatriz Josefina, éste
tendrá un hijo dos años
después, el 20 de abril 1808,
el futuro Napoleón III.
Más
allá de las fronteras del Imperio,
los estados vecinos se derrumban como
bajo una influencia disolvente. El primero
de agosto siguiente, en la dieta de
Ratisbona, catorce príncipes
alemanes declaran su separación
del cuerpo germánico, permitiendo
a Napoleón la creación
de la Confederación del Rin.

Consulte nuestro
expediente especial sobre Austerlitz
Calendario
de Conmemoraciones organizadas por el
INMF:
- Jueves
1 de diciembre: Austerlitz y
sus pintores. Presentación
histórica y didáctica.
Lugar: Academia de San Carlos, salón
226, 14:30 hrs. Dirección: Academia
22 Col. Centro Histórico. Ciudad
de México.
-Viernes
2 de diciembre: Gloria y grandeza
de Francia, patrimonio y riqueza del
mundo. Conferencia y proyección
de diapositivas en el Centro
Uk'u'x. Dirección:
Río San Ángel 69, Col.
Guadalupe Inn, 19:00 hrs. Ciudad de
México.
- Domingo
4 de diciembre: Misa en memoria
de los caídos en la batalla de
Austerlitz. Lugar: Iglesia
de Santa Catarina, Plaza de Santa Catarina,
Villa de Coyoacán, a las 13:00
horas.
Dossier:
- Austerlitz,
2 de diciembre de 1805
- por el General Michel Franceschi,
Consultor Militar Especial del Instituto
Napoleónico México-Francia.
- La
celebración de las derrotas y
no de las victorias: una extraña
especificidad francesa por
Jean-Claude Damamme.
- Alegato
por los « indígenas »
de Austerlitz por Pierre Nora
(presentado junto con el expediente
sobre la polémica de las Antillas).
- Yo
Estaba en Austerlitz. Recuento
de la reconstitución histórica
de la batalla por nuestra delegada en
Alemania Isis Wirth.
Lire
l'article en Français.
- Conmemoración
del Bicentenario en México
- Cobertura
de la televisión checa (en versión
original)
- Celebración
del bicentenario de Austerlitz en Marsella
- Sitio
Oficial de Austerlitz 2005
- Sitio
Oficial del Proyecto de reconstitución
histórica Austerlitz 2005
- Cronología
de Austerlitz, por Irène Delage
y Peter Hicks
- Bibliografía
general propuesta por la Fundación
Napoleón
- Bibliografía
selecta por nuestro especialista Eric
Le Maître
- Sitio
de la película 1805
- Mapas
animados de la batalla
COLECCIONES: Piezas del mes
sugeridas por el Recuerdo Napoleónico:
Necesario
de Napoleón empleado el día
de la batalla de Austerlitz
Mesa
de Austerlitz o “de los Mariscales”
El libro del mes propuesto por
la Fundación Napoleón:
Austerlitz.
2 décembre 1805, (Austerlitz.
2 de diciembre de 1805) por Jacques
Garnier ediciones Fayard
OTRAS NOVEDADES:
- Nous
étions à Austerlitz
(estábamos en Austerlitz). Antología
de testimonios presentados y anotados
por Jacques Jourquin para las ediciones
Tallandier.
- Sous
le soleil d'Austerlitz
(Bajo el sol de Austerlitz). Antología
de testimonios presentados por Robert
Ouvrard en las ediciones Cosmopole.
- Austerlitz,
hermoso libro de David Chanteranne y
R. Faget. Ediciones Perrin.
- Austerlitz,
la bataille des trois Empereurs racontée
par un témoin autrichien
(Austerlitz, la batalla de los tres
Emperadores contada por un testigo austriaco)
por K. von Stuttenheim, P. Girard. J.-Cl.
Gawsewitch editor.
- Austerlitz,
2 décembre 1805: dictionnaire
biographique des soldats de Napoléon
tombés au champ d'honneur.
(Austerlitz. 2 de diciembre de 1805:
diccionario biográfico de los
soldados de Napoleón caídos
en el campo de honor) por Bernard Quintín.

Regresar