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| ¡En
camino hacia la meseta
de Pratzen, en Moravia,
escenario de la inmortal
batalla! |
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Por |
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Isis
Wirth Armenteros
Consejera Especial del INMF para los Países
Hispánicos
Representante oficial en Alemania y Suiza
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| Isis
Wirth |
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Traducción
al castellano por el Instituto Napoleónico
México-Francia © |
Austerlitz,
2005, ha sido la más
grande reconstitución
de una batalla histórica
hasta el momento. En total,
3 538 participantes. Entre
ellos, 1981 de la parte
francesa y 1557 de la parte
austro-rusa. Un 20% de reconstituyentes
checos, un 15% de rusos,
15% también, de alemanes;
10 % de franceses, y 10%
de italianos. “Contingentes”
importantes arribaron asimismo
de: Gran Bretaña,
Bélgica, Ucrania,
Polonia, Bielorrusia, Holanda,
Austria, Eslovaquia. Unidades
individuales, o, incluso,
soldados individuales, arribaron
de: Lituania, Letonia, Malta,
España, Luxemburgo,
Noruega, Estados Unidos,
Australia y Nueva Zelanda.
La
Grande Armée contó
con 118 oficiales, 1650
suboficiales y soldados,
213 personas en la retaguardia,
con 1 062 fusiles y 103
maquetas de fusiles, y 114
caballos.
El ejército austro-ruso:
92 oficiales, 1 307 suboficiales
y soldados, 158 personas
en la retaguardia, 969 fusiles,
28 piezas de artillería
y 92 caballos.
Se consumió en la
batalla una tonelada de
pólvora. Hubo 8 heridos
ligeros entre los participantes,
así como dos caballos
heridos.
El ejército francés
aportó para la batalla
— ¡“quand
même”! —
150 cañones.
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Fotos
cortesía del Señor Jean-Jacques
Bonnefis
Sí,
yo estuve en Austerlitz, 2005. No sé si
el Emperador diría de mí que yo
soy “une brave”, porque ni siquiera
participé como reconstituyente en la batalla.
Acaso, podría merecer con la humildad de
un soldado ese, el calificativo más grande
del honor y el coraje jamás otorgado por
un jefe de guerra (y el propio 2 de diciembre,
en el bacón del castillo de Austerlitz,
desde donde Napoleón, después de
la batalla, dirigió a sus bravos ese discurso
célebre, la emoción me provocó
más temblores que los de la helada planicie),
tan sólo por haber hecho un viaje algo
largo (pero otros aún viajaron desde mucho
más lejos, si no es que lo hicieron en
su propio auto, y durmieron en él la víspera
de la reconstitución de la batalla); o
haber pospuesto algunos compromisos que hacían
el regreso a la “realidad” cotidiana
más tenso; o por haber soportado las bajas
temperaturas, la incomodidad de la nieve, el viento
cortante en las colinas, algunos ascensos algo
penosos para el citadino consuetudinario (especialmente,
el de Santón, con sus laderas de hielo).
En muchas ocasiones, como la subida a Pratzen,
el 4 de diciembre, la inevitable fatiga ahondaba
la pena de la marcha. Entonces, nos decíamos:
“¡Adelante!, que los bravos de Napoleón
subieron a Pratzen con acaso más de 20
kilos sobre sus espaldas, que no es el caso nuestro;
sin contar que habían caminado desde Francia
sin parar hasta Moravia para, también sin
detenerse, combatir y ganar la batalla quizás
más grande de la historia”. Infusión
de adrenalina que borraba cualquier cansancio
o dolor muscular.
¿Cómo podemos haber sido “des
braves”, nosotros, al lado de esos, los
míticos de Austerlitz?
Nuestro grupo
fue el de Estcapade-Les Vosgues Napoléoniennes,
una organización adherente del Souvenir
Napoléonien, en tanto Estcapade
es una agencia de viajes especializada en los
países de Europa del Este, o mejor dicho,
especializada en el Emperador. Valga la mención
para reconocer en Estcapade, a cargo de la familia
Doillon, su pasión napoleónica que
va de la mano con su profesionalismo ejemplar
y su devota entrega a cada miembro del grupo,
bajo la advocación de ese “feu sacré”
del que hablaba Napoleón.
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| Unidos
con el Emperador en Stara Posta, durante
los cantos de los himnos. A la izquierda
del Emperador, el Sr. Jérôme
Beuclair. |
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Apenas la llegada
a Praga, el 30 de noviembre, fue el pasaje obligatorio
en la capital de la República Checa, la
cual, pese a sus innumerables encantos y atracciones
disímiles (Breton la llamaba “la
capital mágica de Europa”), sabíamos
muy bien no era lo que nos había unido
en ese viaje. No obstante, la organización
del tiempo para disfrutar más que posible
de la gran villa bohemia — que bajo Rodolfo
II fue la capital del Imperio de los Habsburgo;
ironía que tras Austerlitz, Napoleón
enterrase al Sacro Imperio Romano Germánico
— fue irreprochable.
El 1 de diciembre,
hacia el fin de la tarde, en el viaje en autobús
a Brno (donde pernoctamos; debemos recordar que
Austerlitz, Slavkov en checo, es todavía
una villa de menos de 30 000 habitantes, con sólo
dos hoteles — uno de ellos, el Soult —
en tanto 100 000 personas, sin contar los reconstituyentes,
estuvieron en Austerlitz, 2005), las emociones
comenzaron a aflorar: un anuncio de un aperitivo
checo remite a un águila muy similar a
la napoleónica. La autorruta nos sorprendía
con varias de estas águilas, indicándonos
el camino. ¿Coincidencia? Es posible.
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| La
autora posa con el Emperador (el
estadounidense Mark Schneider) |
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| La
autora con el general de artillería
Jérôme Beuclair.
Foto: cortesía del Sr.
Arnaud Lemoing. |
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Sin instalarnos
en el hotel, fuimos a la colina de Pratzen —
donde, como se sabe, se decidió la batalla,
y Napoleón así lo había dicho
que sería, ya el 20 de noviembre previo
— cuyo Museo de la Paz ofrece, sobre todo
para los napoleofílicos — y para
los que no lo son, también — que
no son expertos en estrategia militar, una explicación
diagramático-cinética de cómo
fue la batalla, de principio a fin, que no deja
lugar a dudas, ¡ninguna!, del genio absoluto
de Napoleón. La claridad de las señales
móviles, ayudarían después
a mejor comprender, el día de la reconstitución
de la batalla, a este genio.
Como espectadores, situados en frente (los que
acaso pudieron mas eficazmente apreciar tanto
derroche de inteligencia fueron los checos que
no alcanzaron billetes para las tribunas, y poblaron
milimétricamente la colina de Santón:
otra previsión de Napoleón que,
200 años después, volvía
a cumplirse) de las operaciones, en ocasiones
parecía ilógico, o confuso, que
los franceses arribasen desde el mismo lugar donde
estaban los rusos o los austriacos. ¿Es
que son franceses, son rusos, o son austriacos?
(El humo de la pólvora, además,
dificultaba la visión para reconocer los
uniformes; sin contar que la legendaria niebla
de Austerlitz milagrosamente acudió a la
cita esta vez, lo mismo que ese sol rojo.) ¡Lógica
napoleónica!
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Tras el museo,
reconstitución de un vivaque, en la propia
colina de Pratzen, la víspera de la batalla,
como recoge un cuadro célebre. Fue entonces
que comenzamos a sentir los rigores del clima
moravo. La nieve estaba sólida en unos
veinte centímetros — hubo ilusos,
como yo, que no sacaron las pesadas botas de la
maleta ese día, pensando que el “
fuerte” sería solo el de la batalla
— y el viento, más cortante que la
hoja de una guillotina, hacía de las suyas.
Pero un muy buen Bordeaux (¡con perdón,
Sire!, que no fue Gevrey-Chambertin), y sobre
todo el calor de multitud de: “Vive l’Empereur!”
nos devolvieron el coraje.
En el hotel, durante
la cena, nos esperaba Oleg Sokolov, vestido, “comme
il faut”, en su uniforme de mariscal. Oleg
Sokolov, ¡bendito seas! Todas nuestras pasiones,
juntas, de unos dicen que 50 millones de napoleónicos
alrededor del mundo, caben en la tuya. La única
vez que no se gritó “Vive l’Empereur!”,
fue para saludarte, “¡Vive Oleg!”,
cuando apareciste en la batalla, la cual, por
otra parte, nos garantizaste esa noche que estaba
bajo tu “completo control”.
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| Ceremonia
de la conmemoración de la paz,
al pie del Monumento de la Paz, en Pratzen |
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El día
siguiente, el 2 de diciembre, “el-que-es”,
cuya noche fue para el “maître du
monde” que se reveló entonces, la
más bella de su vida. Pese a que el “sol
de Austerlitz”, rojo, indescriptible —
creería que fue un regalo que nos hizo
el Emperador, o, si se prefiere, que fue una experiencia
mística — apareció ese día,
alrededor de la misma hora en que lo hizo 200
años atrás, la reconstitución
de la batalla tendría lugar el 3 de diciembre...
un sábado.
Hay que recordar que esos bravos reconstituyentes
dedican todo su tiempo libre a su fervor, como
dedican mucho de su dinero a confeccionarse los
uniformes ellos mismos, o fabricarse los cañones,
en su espíritu de fidelidad a la época,
que no puede garantizar un instituto militar de
un estado. La reconstitución de la batalla
de Austerlitz siempre tiene lugar el sábado
más cercano al aniversario.
 |
| Los
gallardos jinetes del Xº escuadrón
de Cazadores de la Guardia Imperial |
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Sin embargo,
nuestro 2 de diciembre fue magnánimo. Temprano
en la mañana visitamos el castillo de Austerlitz,
y luego, a cantar la Marsellesa — a la misma
hora del “alea jacta est” de la batalla
— en esa otra congelada colina de Zuran,
donde el Emperador tenía su puesto de mando.
En los caminos,
una y otra vez nos tropezábamos con las
tropas y los batallones, que si bien la contienda
era al siguiente día, había que
ensayarla al detalle (Oleg nos había asegurado
que todo sería exacto, y así fue:
¡adecuando las proporciones del número
de reconstituyentes con los de la batalla real,
más las medidas del terreno “2005”
con el de “1805”, se logró
el verdadero Austerlitz)! ¡Bravo, de nuevo,
a estos bravos! Si durmieron dos horas cada día,
desde que comenzaron a arribar el jueves, fue
mucho. Y, hablemos claro, como ellos hablaban
con nosotros cuando, para reconfortarlos, los
invitábamos a un vaso de Slivowitz que
“no podían rechazar”: la disciplina
es militar, ni más ni menos. Son reconstituyentes,
sí, pero no por eso son menos soldados
que los otros.
Hay que mencionar a Jérôme Beuclair,
francés, que dirige un grupo de reconstituyentes.
Él es el Imperio. Y él lo sabe.
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| ¡Los
peregrinos en medio del fragor de la
batalla! |
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Si la noche del
2 de diciembre fue la más bella en la vida
del Emperador, para nosotros fue también
la mas bella en nuestro Austerlitz, 2005. Porque
fue la más mágica, una cena en Stara
Posta — donde Napoleón y Murat durmieron
previamente a la batalla — y muchos comieron
bajo la tienda de campaña. ¡Sorpresa!:
el Emperador (el norteamericano Marc Schneider)
nos esperaba, junto a Jérôme Beuclair
y la Guardia Imperial. Ahí, en Stara Posta,
los espíritus — ¿quién
dijo que mueren?, la prueba de lo contrario esta
en conmemoraciones como la de Austerlitz —
se reavivaron, acaso como nunca antes ni después
en esos días. Si existen grietas en el
tiempo, esa noche hubo una. Tanto, que al final,
los rusos, los “enemigos”, vinieron
a confraternizar con nosotros, con su vodka—que
no se puede rechazar: es peor que derrotarlos
en la guerra — y su “champanska”
abierto a la manera cosaca, de un sablazo, y,
por supuesto, gritando, ellos, “Vive l’Empereur!”.
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| La
colina de Santón, ennegrecida
por la multitud. Foto: cortesía
del Sr. Arnaud Lemoing. |
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La batalla, al
otro día, comenzó después
de mediodía, lo cual nos dio la posibilidad
de, en la mañana, subir a la colina de
Santón. Solamente así, se comprende
la visión de Napoleón, quien dio
órdenes de morir en esta colina. “Júrenme
que, pase lo que pase, ustedes no abandonarán
Santón”. Domina todo el campo. Los
rusos arribaron al pie de Santón, pero
no más lejos que esto. En ese momento,
Murat llego con su caballería y fulminó
a los rusos. Bagration se pudo salvar. La artillería
francesa, desde la colina, hizo el resto. Napoleón,
que estaba en Zuran, entonces se desplazó
a Pratzen: “Es aquí donde se decidirá
la batalla”.
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| Tiempo
de festejos en el Castillo de Austerlitz. |
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El 4 de diciembre,
se imponían las celebraciones por la paz,
en el propio monumento de Pratzen. Franceses,
austriacos (los únicos que eran reticentes
a exclamar “¡Vive l’Empereur!”;
más bien “¡Lang Lebe der Kaiser!”,
pero se comprende...), rusos, “todos mezclados”,
para honrar a los muertos, de todos.
Como la magia, después de varias jornadas,
se había hecho carne, ver a tantísimos
soldados, oficiales y mariscales en sus impecables
uniformes, campear sobre sus caballos o transportando
sus cañones a lo largo de la blanca planicie,
no fue ese día una grieta en el tiempo:
¡ya estábamos dentro de ese, nuestro
tiempo!, sin asombro alguno por la maravilla,
sin necesidad de artilugios.
Napoleón decía que la imaginación
era el señor del mundo. Él, como
“maître”, continúa insuflando
la prueba de ello. Sus “braves” actuales,
como sus soldados de antaño, también.
¡Vive l’Empereur!
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| Un
grupo de cazadores deja Austerlitz,
en marcha hacia Prusia para festejar
el bicentenario de Iena y Auerstaedt
2006 |
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