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FANNY
ESSLER |
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La
amante del hijo de Napoleón |
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Por
Por Isis Wirth
En
el siglo XIX, la fascinación de los famosos
por las bailarinas estaba motivada por la imagen
de libertad. Uno de los amantes que se le atribuyen
a Fanny Elssler es Napoleón II, hijo del
emperador Napoleón.
A la austriaca
y gran bailarina romántica, rival de María
Taglioni, la « pagana » Fanny Elssler
(1810-1884), según el célebre término
usado por Théophile Gautier para contrastarla
con su « cristiana » rival, se le
atribuyen muchos amantes, casi siempre también
célebres.
Era la época « romántica »,
y las bailarinas de éxito, como la bella
Fanny – no se puede decir lo mismo de la
Taglioni –, estaban aureoladas de un sex
appeal extra que hoy llamarían «
relaciones trofeo ». Esos vínculos
que se establecen – y se rompen después,
en la mayoría de los casos – entre
las « celebrities ».
Sin
embargo, en el siglo XIX, la fascinación
de los « famosos » – que
entonces eran « poderosos »:
nobles, príncipes, reyes –
por las bailarinas y por las actrices y
cantantes, también estaba motivada
porque las mujeres del teatro representaban
en el imaginario erótico de entonces
una suerte de libertad, vedada a las buenas
burguesas o a las señoras nobles.
El clímax
de tal « atracción fatal »
acaso fue la relación entre Lola
Montes – mejor caza partidos que bailarina
– y Luis I de Baviera: el rey debió
abdicar, por causa de su maîtresse,
en 1848. Su nieto, Luis II, heredó
la debilidad del abuelo por las gentes del
teatro… pero en género masculino,
sólo que Wagner, aunque lo usó,
no le correspondió.
Uno de los
amantes que se le atribuyen a Fanny Elssler
es Napoleón II (1811-1832), el hijo
del emperador Napoleón, con María
Luisa de Habsburgo, hija del Kaiser Franz
II. Napoleón II, rey de Roma (para
su padre), duque de Reichstadt (para su
abuelo materno), fue llevado en 1814 desde
su natal París a Viena por su madre,
y vivió hasta su muerte, posiblemente
envenenado, con la anuencia del abuelo Franz.
La madre prácticamente lo abandonó,
y lo dejó casi recluido en el Castillo
de Schönbrunn. Su padre, luego de Waterloo
(1815), prisionero de los ingleses en Santa
Helena, poco podía hacer por él.
No obstante, aunque el pobre rey de Roma,
el « Aguilucho » de Edmond Rostand,
fue prisionero de su propia familia en Viena,
un acontecimiento político en Francia
(la revolución de 1830, que pedía
que él volviera a Francia a gobernar)
influyó en sus carceleros, lo cual
dio a la postre como resultado su liaison
con Fanny Elssler. |
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Fanny
Elssler en el ballet “La lechera”
(1831), año en que se presume
transcurrió su relación
con el hijo de Napoleón |
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En 1830, la Revolución
de julio expulsó a los Borbones que gobernaban
después de Waterloo, y subió al
trono Luis Felipe de Orleáns, mucho más
favorable a Napoleón. El nombre del Napoleón
II fue aclamado en París; se pedía
su retorno a Francia. Metternich, ministro de
Exteriores de Franz, su « eminencia gris
» (que si el rey de Roma fue envenenado
fue su idea), se opuso a ello. Metternich favorecía
a Luis Felipe, e invocó, además,
que el duque de Reichstadt ya no era francés
– lo cual desmintió años más
tarde la publicación de su correspondencia
– en sus sentimientos, sino que se había
germanizado por completo.
Se armó
una cábala diplomática al más
alto nivel para bien « germanizar »
al joven, y mejor atarlo a Viena, léase
una mujer austriaca. La escogida fue la actriz
(y de la casa real, el Hofburg, no es coincidencia)
Thérèse Peche. Sin embargo, las
inclinaciones espontáneas del muchacho
recayeron – y puede que sorpresivamente
para Metternich, quién sabe – en
Fanny Elssler, sólo un año mayor
que él.
Aquí no
cesaron las intrigas. Pero el trágico príncipe
murió en 1832, en circunstancias que todavía
hoy pueden ser sospechosas. Puesto que, por aquello
de no creer en las casualidades, falleció
al alcanzar la mayoría de edad, o sea,
cuando podía reclamar el trono de su padre.
Y si bien, ciertamente padecía de una tisis
galopante, un viejo diplomático sugería,
con « pruebas », que fueron las «
furiosas danzas de Elssler las que llevaron
a la tumba al duque de Reichstadt ».
Pero, hasta el final de su vida, la Elssler negó
toda « amitié amoureuse »con
el desdichado hijo de Napoleón.
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S.M.I.
Napoleón II, Rey de Roma,
Duque de Reichstadt, fue prisionero de su
propia familia en Viena hasta su muerte
en 1832. |

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