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210º
aniversario de la primera campaña
de Italia |
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EL
NACIMIENTO DE LA EUROPA MODERNA |
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Napoleón
en Italia
Por
Philippoteaux. |
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| Por |
Isis
Wirth Armenteros
Consejera Especial del INMF para los Países
Hispánicos
Representante oficial en Alemania y Suiza |
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| Isis
Wirth |
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Traducción
al castellano por el Instituto Napoleónico
México-Francia © |
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Especialmente
para los lectores del sitio
del Instituto Napoleónico
México-Francia, ofrecemos
enseguida el recuento de las
actividades del tour
« La primera
campaña de Italia con
el general Bonaparte (11 de
marzo de 1796- 17 de octubre
de 1797) »,
vivido in situ por
nuestra delegada especial
Isis Wirth Armenteros a quien
agradecemos sus constantes
esfuerzos y gran dedicación
a la causa napoleónica
en América.
Este viaje a través
de la epopeya italiana de
Napoleón fue organizado
por el grupo Estcapade, según
el plan siguiente:
I-
La ofensiva de Bonaparte.
Primer acto: maniobra de Montenotte
y separación de los
aliados sardos de los austriacos.
Segundo acto: conquista del
Piemonte (Cherasco). Tercer
acto: conquista de Lombardía.
Batalla de Lodi.
II-
Espera estratégica
alrededor de Mantua. Primer
acto: maniobra de Castiglione.
Segundo acto: maniobra de
Bassano. Tercer acto: primera
ofensiva de Alvinzi; maniobra
de Árcole. Cuarto acto:
segunda tentativa de Alvinzi;
la maniobra de Rívoli.
III-
Fin de la campaña:
la marcha sobre Viena. El
Kaiser austriaco, temiendo
por su capital, consiente
a la paz propuesta por Bonaparte;
preliminares de Leoben, confirmadas
por el Tratado de Campo-formio,
firmado el 17 de octubre de
1797.
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EL
NACIMIENTO DE LA EUROPA MODERNA
« Quizás
estamos en las vísperas de perder Italia
(...); ni pensar que los destinos de Italia y
Europa se decidan aquí (...) Todo el ejército
está agotado por la fatiga y sin zapatos
(...) Todos nuestros oficiales superiores, todos
mis generales de élite se encuentran fuera
de combate (...) El ejército de Italia,
reducido a un puñado de gentes, está
exhausto. Los héroes de Lodi, de Millesimo,
de Castiglione, de Bassano, han muerto por la
patria o están en el hospital. Sólo
le resta al cuerpo del ejército su reputación
y su orgullo (...) Nos encontramos abandonados
en el fondo de Italia (...) Lo que queda de bravos,
ve la muerte venir, sin falta (...) Quizás
la hora del bravo Augereau, del intrépido
Massená, de Berthier, la mía propia,
ha llegado (...) Yo no me atrevo más a
enfrentar la muerte, que sería un motivo
de desaliento y desgracia para quien es el objeto
de mis solicitudes. En pocos días, vamos
a intentar un último esfuerzo. »
En esos términos
trágicos, heroicos, sin esperanza, el general
en jefe del ejército de Italia, Napoleón
Bonaparte, escribía al « Directorio
Ejecutivo », en carta del 25 brumario, año
V, desde el cuartel general de Verona. La fecha
corresponde a la del 13 de noviembre de 1796,
en el calendario gregoriano. El 17 de noviembre
siguiente, Bonaparte obtenía la victoria
de Árcole, incluso si él había
dicho: « No me atrevo
más a enfrentar la muerte ».
Pero, también: « Vamos
a intentar un último esfuerzo ».
Y Bonaparte había
dicho el 17 de noviembre a la división
Vaubois: « Soldados,
no estoy contento con ustedes; no han mostrado
ni disciplina, ni bravura, ninguna posición
ha podido reunirlos; se han dejado expulsar de
posiciones donde un puñado de bravos hubiese
detenido un ejército. Soldados de la 39
y la 85, ustedes no son soldados franceses. General,
jefe del estado mayor, haga escribir en las banderas:
ellos no son parte del ejército de Italia.
»
El mismo día
de la victoria de Árcole (« nunca
un campo de batalla ha sido tan disputado como
el de Árcole », escribía
Bonaparte a Carnot el 19 de noviembre), el general
en jefe era capaz de dirigir a los soldados de
Vaubois palabras tan duras. Esto puede otorgarnos
la medida de lo que estaba en juego en esa batalla,
sin embargo tan mítica, la piedra de fundación
de la leyenda napoleónica.
La división
Vaubois, con 10 000 hombres, debía enfrentar
los 18 000 hombres del general austriaco Davidovitch.
El general Alvinzi se aproximaba a Verona con
28 000 hombres, y había podido rechazar,
el 11 de noviembre en Caldiero, a los defensores
franceses de la célebre ciudad de Romeo
y Julieta. El ejército de Italia, debilitado,
desmoralizado por los reveses de días anteriores,
no es suficientemente fuerte para hacer frente
a esta doble ofensiva. Y Bonaparte sabía
que un retroceso de Vaubois lo forzaría
a abandonar su proyecto estratégico. De
la evolución de Vaubois va posiblemente
depender la suerte de la batalla.
Bonaparte reúne
entre 17 000 y 18 000 hombres y decide salir desde
Ronco hacia Árcole y Villanova, con tal
de arrinconar a Alvinzi en el río Adigio.
El villorrio de Árcole es defendido por
2000 hombres, encargados de proteger el ala izquierda
de Alvinzi. Cuentan con varias piezas de artillería
que pueden « barrer » a los franceses
si intentan atravesar el puente sobre el río
Alpone. Además, Alvinzi ha enviado a Árcole
3000 hombres en refuerzo. Entonces, Bonaparte
precipita el ataque al puente.
El 15 de noviembre,
es la primera vez que los franceses tratan de
tomar el puente. Fracasan. La segunda vez, es
Augereau con sus granaderos quien toma la bandera
y se lanza. De nuevo, el fracaso. Augereau insulta
a sus hombres: « ¡Cobardes!, ustedes
no son soldados de Lodi ». Y es ahora Bonaparte
quien, después de haber arrancado una bandera,
se arroja a la cabeza.
El fuego enemigo
se intensifica. Bonaparte, bandera en la mano,
quiere forzar el destino. Él lo sabe muy
bien. Lo ha dicho ya, de otra parte, en esa carta
al Directorio. Es ese « último
esfuerzo », y él lo sabe también:
enfrenta a la muerte.
Pero el destino
lo quiso diferentemente: es Muiron quien muere
en lugar de Bonaparte. Como ayuda de campo, su
deber era proteger a su jefe, lo que hizo con
su cuerpo. Bonaparte cayó del puente al
pantano.
El 16 de noviembre,
el puente es todavía bajo control austriaco,
aun si Augereau ha retomado el ataque. Y fue en
Árcole, durante la noche del 16 de noviembre,
donde nació la unión de Bonaparte
con su ejército, esa especie de transmutación
entre el jefe y sus soldados que posteriormente
será legendaria también.
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Impresionante
estatua de cera del Emperador en el Museo
Napoleónico de Árcole. (Foto:
I. W.) |
Finalmente, el
17 de noviembre Massená, proveniente de
Ronco, ataca Árcole y acomete el puente.
Fracaso, aún. Pero, el « enfant
chéri de la victoire » termina
por « desbloquear » la situación.
Alvinzi comienza su retirada, casi al mismo tiempo
que Bonaparte conoce que Vaubois ha sufrido un
muy gran revés: sus soldados son casi en
plan de huída.
« En
una palabra, mi adorable Josefina, renazco, ahora:
la muerte no es más delante de mis ojos,
y la gloria y el honor son aún en mi corazón:
el enemigo ha sido derrotado en Árcole
», escribe Bonaparte desde Verona, el 19
de noviembre. Sin dudas, ha visto la muerte.
¡Cuántas
emociones al estar sobre el puente de Árcole!
Aún si en efecto se estaba ahí,
acaso no se creía. Apenas los fuegos del
bicentenario de Austerlitz se han aminorado, la
llama de Estcapade y Les Vosgues Napoleóniennes
ha retomado nuevamente la bandera, esta vez para
celebrar in situ el 210º aniversario de la
primera campaña de Italia, en compañía
de Oleg Sokolov y de Thierry Choffat.
Recorro tres veces
el puente de Árcole, en esa mañana
soleada del pasado 26 de abril. Trato de determinar
su longitud. Menos de 50 metros, aproximadamente.
Puedo imaginarme los cañones austriacos
enfrente...
Tomar el puente
de Árcole fue « la orden impuesta
por Napoleón a los acontecimientos ».
La bandera en la mano, su gran estrategia moral.
Puesto que si bien Árcole salvó
al ejército de Italia, la maniobra no consiguió
el efecto buscado: capturar al adversario. Como
tampoco lo consiguieron otras maniobras capitales
en la campaña, anteriores a la de Árcole:
las de Lodi, Castelnuovo, Bassano. Las condiciones
eran extremadamente desfavorables, y se contaba
con efectivos insuficientes. En Lodi, por ejemplo,
los soldados carecían de calzado, lo cual
dificultó aún más la marcha.
Recordemos que
fue en Lodi donde Napoleón se sintió
por la primera vez ser un escogido del destino.
Asimismo, fue a partir de esa batalla en que la
autoridad de Bonaparte sobre sus hombres se consolida.
Y fue en este día, el 10 de mayo de 1796,
en que se le nombra por la primera vez «
Petit caporal ». De la otra parte, el puente
de Lodi se llama hoy « Napoleone Bonaparte
».
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Señalización
del puente actual de Lodi, nombrado "Napoleone
Bonaparte" en 2003. |
Esos dos puentes,
de Lodi y de Árcole, pertenecen al imaginario
napoleónico...y literario: « El 15
de mayo de 1796 el general Bonaparte hizo su entrada
en Milán, a la cabeza de ese joven ejército
que venía de pasar el puente de Lodi, y
de darle a conocer al mundo que, después
de tantos siglos, César y Alejandro tenían
un sucesor », decía Stendhal
en « La cartuja de Parma ».
Se trate de Lodi
o de Árcole, « ¿qué
constituyen sus resultados materiales concretos
en comparación con el efecto moral producido
por esas triunfantes maniobras sobre las tropas
austriacas? », reflexionaba Camon. «
¡Qué fuerza de carácter para
tentar la maniobra de Árcole! »,
agregaba. Pues la primera maniobra, en posición
central, fracasó. Después, la maniobra
sobre la retaguardia — la favorita de Napoleón,
según Camon — fue la que posibilitó
el éxito.
Bonaparte contaba
con el coraje de sus soldados para realizar prodigios.
Posiblemente fue la primera vez que en sus cálculos
no consideró strictu sensu el
número de efectivos.
De otra parte,
el aspecto total de la estrategia de Napoleón
ya está presente — desde su inicio
— en la primera campaña de Italia.
Quien es todavía hoy el modelo del militar
genial, no se proponía tan sólo
ganar la batalla sino un objetivo estratégico:
decidir la campaña por medio de cerrar
la retirada al enemigo.
Árcole
no destruyó completamente al ejército
austriaco. Aún más, en diciembre
se formó en Viena un nuevo ejército,
compuesto por jóvenes vieneses bien educados
y muy leales a su Kaiser. En enero de 1797, Alvinzi
desciende de nuevo el valle del Adige. La superioridad
de los austriacos podía ser, como anteriormente,
aplastante para los franceses. Pero Alvinzi comete,
aun, el error de dividir sus fuerzas. Los austriacos
han hecho hasta ahora acaso diez veces la misma
cosa, y se disponen a hacerla nuevamente. No han
aprendido nada. « Los austriacos han perdido
ya diez veces, pero piensan que ahora van a ganar...
», nos explicaba Oleg Sokolov desde los
altos de la colina, en el campo de batalla de
Rívoli, donde Bonaparte habría observado
las operaciones.
Los austriacos
conducen una ofensiva triple. Bonaparte corre
a Verona para llevarse a Lannes (convaleciente
de tres heridas de Árcole en el hospital)
a Legnano. El general en jefe trata de concentrar
las tropas disponibles, y de distinguir cuál
es el verdadero ataque: el 13 de enero discierne
que es ése contra Joubert, en el Monte
Baldo. Ordena a Massená desplazarse en
marcha forzada hacia Rívoli.
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Emplazamiento
real del puente de Lodi |
Alvinzi estima,
convencido, que solamente se las tendrá
que ver con la división Joubert. Así,
se dispone a cercarla por completo. De sus 45
000 hombres, forma seis columnas. En realidad,
le está facilitando la faena a los franceses,
ya que será incapaz de poner en práctica
tamaña coordinación.
Al amanecer del
14 enero, Bonaparte ordena a Joubert oponerse
al despliegue de la fuerza principal austriaca,
por medio de la re-ocupación de las alturas
de San Marco y Trombalora. Pero luego de un éxito
al principio, donde tuvo su papel la superioridad
de la artillería francesa, su ofensiva
fue detenida e incluso se transformó en
desbandada, en el ala izquierda.
A las nueve de
la mañana, Massená, después
de una agotadora marcha nocturna, arriba. «
¡Massená, estoy contento de veros!
», exclama Bonaparte. Es « el acontecimiento
»: la izquierda francesa se estabiliza;
Bonaparte mismo alínea las 15 piezas de
artillería de Massená. No obstante,
la derecha francesa es amenazada por Wukasovitch;
la extrema izquierda francesa también,
por Lusignan, quien, además, amenaza con
cortar la línea de retirada. El dispositivo
francés pareciera que va a hundirse.
Bonaparte, fríamente,
decide que se retome el villorrio de San Marco
con tal de imposibilitar la unión de Alvinzi
con Quasdanovitch, quien es derribado por una
carga de artillería sostenida por la caballería
dirigida por Lasalle, lo cual obliga a Quasdanovitch
a la retirada.
De manera que
es tiempo de ocuparse de Lusignan, atenazado entre
Rey, recién llegado al campo de batalla,
y Massená:¡la carga de bayoneta de
las tropas del duque de Rívoli! provoca
la disolución de la columna austriaca.
Brevemente: al
siguiente día Bonaparte sale a interceptar
a Provera quien amenaza con liberar Mantua, de
modo que confía a Joubert terminar el asunto.
Desmoralizadas, las tropas de Alvinzi son en franca
desbandada. En dos días, los austriacos
han perdido 14 000 hombres y cuentan 5000 prisioneros.
Al final, Bonaparte
le dice a Lasalle, muerto de fatiga, luego de
tres noches de marcha forzada, que se desploma:
« ¡Toma
Lasalle, puedes dormir sobre estas banderas!
», las 24 banderas tomadas a los austriacos.
El descendiente del general Lasalle, el señor
Christian du Jeu, nos acompañaba, u Oleg
Sokolov que le dice: « ¡Contempla
el sitio de tu gloria! », rememorándonos
que Lasalle tenía solamente 21 años...
Ni Consulado ni Imperio
sin Rívoli
Es la victoria
fulminante de Rívoli quien marca el acta
de nacimiento de la Europa moderna. Al decidirse
gracias a ella la suerte de la campaña
de Italia, la Francia de la Revolución
podrá otorgarle a sus ideales una dimensión
nueva, europea e inmensa.
El establecimiento
de la Revolución francesa en Italia conducirá
naturalmente a los franceses a dominar en Europa.
Sabemos que Napoleón fue el maestro-en-jefe
de esta dominación, pero fue el general
Bonaparte, ese de Rívoli (y también
ese de Lodi y Árcole, donde podemos decir
que Napoleón nació realmente), quien
abrió la puerta. En otras palabras: ni
Consulado ni Imperio sin Rívoli.
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Vista
de Rivoli: boquete de Incanale entre el
monte San Marco y el río Adige
que da acceso a la meseta de Rivoli |
Después
de Rívoli, es el turno de Austria de pasar
a la defensiva. No obstante, su gran derrota en
Rívoli será para ella, también,
una razón de continuar la guerra, la guerra
del Ancien Régime contra la Revolución.
Rívoli condujo a la Revolución misma
a la idea de intentar revolucionar el mundo.
De la parte estrictamente
italiana, Rívoli dio frutos que cambiaron
la historia de la península. Por la primera
vez, el nombre y la idea de « Italia »
hicieron su entrada, junto con Bonaparte cuando
hacía la suya en Milán. La línea
que se diseña entre Rívoli y el
Risorgimento italiano es completamente
recta, y comenzó en el valle del Adige.
El azar quiso
que nuestra visita al valle de Rívoli Veronesi
tuviera lugar el mismo día de la Fiesta
Nacional italiana, el 25 de abril. (Acotemos que
este « azar concurrente » también
hizo que estuviésemos en el Arzobispado
de Ljubljana, Eslovenia, el mismo día,
28 de abril, pero 209 años después,
en que Bonaparte pasó ahí la noche
en ruta hacia Leoben.) Cuando abandonábamos
el campo de batalla, hacia el final de la tarde,
un italiano del lugar se desvía de su camino
para acercarse al grupo, particularmente al señor
Simon Doillon, vice-presidente de Les Vosgues
Napoleóniennes: « Vengo a saludarlos
porque me dije: “¡he aquí franceses
que han venido por Napoleón, tengo que
saludarlos porque Napoleón fue el primero
que nos trajo la libertad en Italia, y hoy es
el día de la libertad!” ».
¡Viva el
general Bonaparte!
¡Viva el Emperador!
Munich, 5 de mayo
de 2006.
La
primera campaña de Italia con Estcapade
(20 de abril-28 de abril de 2006)
Programa
20 de abril:
Niza.
21 de abril: Savona y Montenotte.
22 de abril: Millesimo y Mondovi.
23 de abril: Cherasco.
24 de abril: Lodi, entrada en Milán.
25 de abril: Castiglione, Rívoli,
Verona.
26 de abril: Árcole, Venecia, Campo-formio.
27 de abril: Villa Manin (Passariano),
Ljubljana.
28 de abril: Leoben. |