
JENA: ¿CENTRO
O ALMA DEL MUNDO?
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Por
la Sra. Isis Wirth
Representante en Alemania y
Consejera especial para los países hispánicos
del Instituto Napoleónico México-Francia
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| Cartel
oficial de la conmemoración del Bicentenario
de Jena-Auerstaedt. |
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En
ocasión este año del bicentenario de las gloriosas
batallas de Jena y Auerstaedt, obtenidas
respectivamente por el Emperador Napoleón
I y el Mariscal Nicolás Davout
sobre Prusia el 14 de octubre de 1806, correspondió
esta vez a los alemanes reunir y desplegar a 1500 expertos
en reconstitución histórica provenientes nada
menos que de veinte naciones.
En un espectáculo vistoso y de gran calidad histórica
y visual, la grandiosa batalla se llevó a cabo ante
la presencia de miles de espectadores así como de
S.A.I. el Príncipe Charles Napoleón,
Presidente de Honor del Instituto Napoleónico
México-Francia. Tan singular conmemoración,
seguida de diversas ceremonias simbólicas de paz
y de amistad, no dejó de ser transmitido en directo
por la televisión alemana a través de la cadena
MDR y relevada por varias más a lo largo de Europa.
Nuestra corresponsal y representante en Alemania, la Señora
Isis Wirth Armenteros, estuvo presente
en el evento y nos transmite en un comunicado especial para
los lectores y amigos tanto hispánicos como francófonos
del INMF una vibrante reseña desde el terreno de
la acción. Todo el equipo del INMF y, estamos seguros
de ello, nuestros lectores de todos los rincones del orbe,
se lo agradecen calurosamente. EG-S.
Refiriéndose
a la batalla de Jena, Arnaud Blin acotaba que había
sido la batalla más definitoria y notable, entre todas
las de similar importancia histórica en el decurso
de la historia. Esta afirmación puede parecer arriesgada,
pero si consideramos que en la época de la batalla
un movimiento histórico y filosófico estaba
a punto de nacer, la afirmación es más plausible.
¿No estimó Hegel, mucho antes
que ciertos pensadores contemporáneos le retomasen
la idea, que Jena era el « fin de la Historia »?
A día de hoy, no podemos precisar hasta
qué punto el pensamiento de Hegel hizo a Jena más
importante de lo que fue en realidad. Lo cierto es que la
batalla fue para el filósofo la evidencia que necesitaba
para culminar su « Fenomenología del espíritu
», cuyo manuscrito terminó de escribir la víspera
del combate.
« He visto al Emperador — esa
alma del mundo — salir de la ciudad para pasar revista
a sus tropas; es una sensación maravillosa ver un hombre
como él que, concentrado aquí en un punto, a
caballo, se extiende por el mundo y lo domina (...) »
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Aspecto
actual de la iglesia de Jena, y,
a la derecha, un retrato del filósofo alemán
Georg Wilhem Friedrich Hegel, quien
radicaba en esa ciudad y presenció la llegada
de las tropas francesas, el 13 de octubre de 1806. |
Así se expresó Hegel en una
carta a su amigo Niethammer, después de haber visto
al Emperador, el 13 de octubre de 1806, en esa famosa víspera,
y según el filósofo, con el manuscrito de la
« Fenomenología... » bajo su brazo justo
en ese instante.
Doscientos años después, estuvimos
en el cruce de las calles Unterlavehgasse y Unterm Markt,
en Jena, en el mismo lugar donde Hegel, fascinado, vio al
Emperador como un nuevo Cristo.
Como fue el caso de la anterior celebración
de Austerlitz, nuestro peregrinaje fue el de Les Vosges
Napoléonnienes. Esta asociación conserva
con ardor la memoria del Emperador más allá
del tiempo. Y garantizando (como también ha sido anteriormente
en conmemoraciones semejantes) la organización y el
éxito del viaje, estuvo la agencia Est-capade, unida
por lazos estrechos y afectivos a Les Vosges... que
merita asimismo todos nuestros elogios.
La batalla... ¡Aquí estamos doscientos
años después! En Austerlitz, la reconstitución
contó con 3 000 participantes. Esta vez, tal número
se redujo en más de la mitad. ¿Un handicap para
el correcto despliegue de la reconstitución?, hubiesen
podido pensar quienes no estuvieron allí. ¡En
lo absoluto! En Jena, la acción ganó en claridad
y también en belleza.
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Dos
escenas de la reconstitución:caballería,
infantería y artillería presentes en
esta memorable ocasión. |
Viajemos en el tiempo. El 9 de agosto, Prusia,
Rusia, Suecia, Sajonia e Inglaterra habían constituido
la cuarta coalición y movilizaron sus tropas. El 4
de octubre, Napoleón recibe un ultimátum que
lo conmina a retirarse de la ribera derecha del Rin, antes
del 8 de octubre.
El ejército prusiano se dividió
en tres grupos: el primero bajo el mando de Carlos-Guillermo
Ferdinando, duque de Brunswick (70 000 hombres); quien morirá
más tarde en Auerstedt; el segundo, bajo el príncipe
de Hohenlohe (50 000 hombres); y el tercero, bajo Rüchel
y Blücher (30 000 hombres).
La Grande Armada marcha hacia Alemania. El
mariscal Lannes, comandando la vanguardia, rechaza un cuerpo
prusiano en Saafeld, el 10 de octubre. Aquí morirá
el príncipe Luis-Ferdinando de Prusia, sobrino del
gran Federico.
El 11 y el 12 de octubre, el ejército
prusiano se concentra entre Jena y Weimar. Un día más
tarde, este ejército encabezado por el rey, Luisa —
la reina belicosa — y Brunswick, abandona Jena. Lannes,
luego de ocupar la ciudad, asciende a la colina de Landgrafenberg.
El Emperador se presenta con la Guardia Imperial aquí,
y encuentra que el general al frente de la artillería
así como varios oficiales habían partido, sin
duda para cenar en Jena. Napoleón fue presa de la cólera,
pero rápidamente retomó la calma y volvió
a ser el capitán de artillería del sitio de
Tolón. Bajo sus órdenes, se hicieron durante
casi toda la noche del 13 al 14 de octubre (víspera
de la doble batalla de Jena-Auerstedt) rampas para la artillería
en los escarpados flancos de la montaña. Con un farol
en la mano, él mismo dirigió la faena.
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A
la izquierda, la reconstitución de un vivaque
imperial. A la derecha, la Sra Isis Wirth
posa junto al pabellón imperial durante la
Ceremonia por la paz, en Vierzehnheiligen. |
El ejército de Brunswick está
en Auerstedt; Hohenlohe, entre Capellendorf y Landgrafenberg.
Rüchel se aproxima a Weimar. De la parte francesa, Augereau
está a la izquierda de Lannes; Soult, al norte de Jena.
Ney comienza a llegar al sitio. Davout está en Nambourg.
A las seis de la mañana del 14 de octubre,
Napoleón ordena el ataque. Partiendo de Landgrafenberg,
Lannes aprovecha una niebla semejante a la de Austerlitz para
atacar a Tauenzien, quien le cede el terreno.
Napoleón espera que Soult y Augereau
arriben a la altura de Lannes. Ney pasa, sin percibirse de
ello, entre Lannes y Augereau, y ataca sin haber recibido
instrucciones el villorrio de Vierzehnheiligen, donde las
fuerzas prusianas son superiores. Pero Lannes llega en su
auxilio, y ambos logran tomar el villorrio.
Rüchel no puede arribar en tiempo. Cuando
al fin lo hace, es rodeado por los cuerpos de Soult, Lannes
y Augereau. La resistencia prusiana se detiene. Lo que resta
del ejército de Hohenlohe se fuga desesperadamente
hacia Erfurt.
Davout, con sólo 27 000 hombres, vence
en Auerstedt a los 60 000 soldados de Brunswick. Napoléon
había creído, equivocadamente, que todo el ejército
prusiano estaba en Jena. Davout recibió la orden del
Emperador de arrojarse sobre la retaguardia del mismo, y en
realidad se encontró frente al ejército principal.
Bernadotte se había negado a unirse a Davout y permanecerá
inactivo. Quien más tarde será el duque de Auerstedt
marcha sobre Apolda en tanto Gudin enfrenta al cuerpo de Brunswick
cerca de Auerstedt. Cuando la izquierda francesa parecía
ceder, Morand arriba en línea. La muerte de Brunswick
deja al rey de Prusia a la cabeza de las operaciones. Davout
pasa a la ofensiva, en tanto el rey de Prusia impide a Blücher
embestir contra el enemigo y da la orden de retirada. Mientras
Davout continúa la ofensiva, ya los dos ejércitos
prusianos están obligados a abandonar el terreno para
reunirse en su huída.
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Dos
escenas de la Ceremonia por la paz
en Vierzehnheiligen. A la izquierda , depósito
de arreglos florales al pie del monumento a los caídos
en el campo de honor. |
La desmoralización de los prusianos
que creían todavía poseer el ejército
del gran Federico fue tal que Hohenlohe no pudo organizar
una retirada eficaz. Entre las historias que se cuentan, una
atribuye al solo esfuerzo de tres húsares franceses
la captura de todo un escuadrón prusiano...
Los derrotados en Auerstedt se confunden con
los derrotados en Jena. Entre los jóvenes oficiales,
uno llamado Clausewitz dijo: « No se podía decir
dónde estaban los respectivos cuerpos de Hohenlohe
y Rüchel ».
La persecución de los restos del ejército
prusiano, contrariamente a lo sucedido en Austerlitz, será
encarnizada. Esa cabalgata fantástica de Murat culminará,
con Lasalle, unos quince días después, en Stettin.
En la historia de Prusia, no ha habido un
descalabro militar de la envergadura de Jena. No obstante,
esto fue paradójicamente conmemorado por los alemanes
actuales y por el estado de Turingia. A tal punto que se hubiese
pensado que festejaban una victoria. Es acaso pertinente señalar
que el consejero de la Embajada francesa en Berlín
expresó que habían considerado que no era útil
el conmemorar tales victorias en la propia tierra alemana.
Pero los alemanes, por ellos mismos, decidieron de otra manera…
Incluso en Jena fuimos testigos del entusiasmo
de sus habitantes. Aquí, la reconstitución no
fue el único acontecimiento, sino que otras actividades
diversas en relación con el bicentenario tuvieron lugar.
Desde el punto de vista de la organización prevista
por las autoridades locales, fuimos colmados de favores. Hasta
oímos algunas voces de Jena cantar la Marsellesa.
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Como
cuando la conmemoración de Austerlitz en 2005,
el actor estadounidense Mark Schneider
representó con brío al Emperador Napoleón
durante la reconstitución de la batalla de
Jena. |
Como fue el caso en Austerlitz el año
pasado, el estadounidense Mark Schneider encarnó esta
vez en Jena al Emperador. Nacido en 1969, Schneider tiene
la misma edad que Napoléon hace doscientos años.
El parecido físico de Schneider con el Emperador no
hubiese sido suficiente sin los rasgos de la personalidad,
muy convincentes, que Schneider asimismo acusa.
De este modo, Napoleón- Schneider otorga
a la reconstitución un profundo sentido de autenticidad.
Ello no quiere decir que todos los otros creadores de la batalla
no merezcan el mismo calificativo: son también los
autores de esta comunión espiritual en la que se participa.
La emoción que se despierta, tan viva
como doscientos años atrás, es la razón
de ser de estos acontecimientos. Que el bicentenario de Jena
haya sido celebrado impecablemente, sin apremio alguno, en
la propia tierra de los vencidos es un signo positivo de la
visión de los hombres y de su historia.
De la otra parte, es también admirable
que la asociación local « Jena 1806 » haya
podido evitar la degradación del campo de batalla y
que con escasos recursos haya podido instalar 17 estelas conmemorativas
en 10 años, entre 1986 y 1997; o sea, incluso antes
de la Caída del Muro.
Acaso los asociados de « Jena 1806 »
comparten hoy la sensación percibida por Hegel, a la
sazón profesor de la Universidad de Jena, cuando aprehendió
y magnificó el « espíritu absoluto »
del Emperador la víspera de la derrota prusiana.
Esa « alma del mundo » hegeliana
se extendió de nuevo para habitar en cada uno de nosotros
el día de la conmemoración.
¡Viva el Emperador!
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| Despedida
del Emperador en Jena: ¡Hasta el año
próximo en las planicies heladas de Rusia para
el bicentenario de Eylau! |
