« Tout pour l'Empire » - Instituto Napoleónico México-Francia.

Instituto Napoleónico México Francia.
México.
Francia.
Instituto Napoleónico México-Francia - Institut Napoléonien Mexique-France
Eduardo Garzón-Sobrado, fundador.
S.A.I. Jean-Christophe Napoléon, Prince Impérial.
NAPOLEÓN, EL FUNDADOR DE BAVIERA
Maximiliano José I, rey de Baviera
Por
Isis Wirth Armenteros
Consejera Especial del INMF para los Países Hispánicos
Representante oficial en Alemania y Suiza
La Sra. Isis Wirth Armenteros, Consejera Especial para los Países Hispánicos y Representante Oficial en Alemania y Suiza del Instituto Napoleónico México-Francia.
Isis Wirth

Entre el 30 de marzo y el 13 de agosto de este año, los transeúntes de una de las más concurridas estaciones del metro de Munich, la de Odeonplatz, se encontraban con una gran vitrina que mostraba una reproducción del « Napoleón cruzando los Alpes », de David, y al pie de la misma, la silla de un trono, rojo, el del reino de Baviera. La mise en scène, destinada a anunciar la exposición « 1806: una corona para Baviera. 200º aniversario del reino bávaro » que tenía lugar en la cercana Residenz (el otrora palacio real), recordaba que el reino de Baviera se debía a Napoleón.

En realidad, la exposición fue planificada para cerrarse el 30 de julio, pero fue tal la asistencia del público, que alcanzó cifras récords, que se extendió hasta el 13 de agosto. Respuesta interesada de los bávaros — entre otros visitantes — por su historia. Tanto más notoria porque la exposición, sin prejuicios ni mixtificaciones, presenta claramente lo que los bávaros le deben a Napoleón. No sólo esa corona, sino la ampliación de su territorio entonces. Hoy día, el « Land » de Baviera mantiene esas mismas fronteras, y es el más grande de Alemania.

Sin, ¡desde luego!, ser una exposición dedicada a Napoleón, el emperador y su período son omnipresentes. Y en un ejemplar ejercicio de veracidad, los curadores no lo evitaron. Al contrario, hasta lo ensalzaron, como en esa sala dedicada a la « plenitud del imperio napoleónico », lo que para los bávaros correspondió a cuándo sus lazos con Napoleón parecían eternos. Para enfatizar esto visualmente, hicieron un imponente círculo en medio de la sala con 12 águilas Napoleónicas. Alrededor de éstas, el cuadro « Napoléon en costume du Sacre » (1), de Gérard, en préstamo del castillo de Arenenberg, en Suiza. Y un libro: la « Edition originale et seule officielle du Code civil de Français, Paris, 1804 » (2), que la nota identificativa anunció como es más conocido, o sea, el Código Napoleón.

La manera en que subrayan al libro no es gratuita, porque la exposición reconoce sin tapujos, ya desde la entrada, que « hasta el día de hoy, el Estado libre de Baviera está marcado por las estructuras que fueron creadas por el rey Max Joseph I y su ministro, el barón de Montgelas, bajo la influencia de las ideas francesas durante las primeras décadas del siglo XIX ».

« Ideas francesas » quiere decir la impronta de Napoleón.
Fue el rey Max Joseph I, el « rey ciudadano », el primer monarca de Baviera, a quien Napoleón puso en el trono. El barón de Montgelas (1759-1838), un decidido partidario del Emperador, implementó lo que los bávaros denominaron « Revolución desde arriba ». Modernizó y liberalizó a Baviera en todos los sentidos. Que esa herencia Napoleónica, de la mano del eminente Montgelas, todavía hoy conforme las estructuras de Baviera, como señalaba la exposición, se reconoce — indirectamente — en la ciudad de Munich por medio de una gigantesca estatua de Montgelas.

El reino de Baviera fue proclamado el 1º de enero de 1806. Recordemos que en 1805 los austriacos ocuparon Baviera. El futuro rey Max Joseph I, que entonces sólo era Elector, humillado por las tropas de los Habsburgos que lo rodearon incluso en su castillo campestre de Nymphenburg, se decidió definitivamente por Napoleón.

Fragmento del cuadro, conservado en la Residenz de Munich, que recoge la alianza familiar entre Napoleón y la monarquía bávara. Se trató de la unión civil entre la princesa Auguste Amalie, hija de Max Joseph I, y Eugenio de Beauharnais, efectuada el 13 de enero de 1806 en el Salón Verde de la Residenz. Auguste Amalie y Eugenio se observan en el extremo izquierdo. Napoleón, Josefina y Murat asistieron a la ceremonia .
 
El barón de Montgelas (1759-1838)
La corona del reino de Baviera (3)
 
Fragmento del cuadro, mostrado en la exposición, que recoge la entrada de Napoleón a Munich, el 24 de octubre de 1805. Pintado por Taunay, se conserva en el castillo de Versalles. (5)

La victoria del emperador en Ulm, el 20 de octubre de 1805, lo confirmó en su decisión, y más aún, lo liberó, como a los bávaros. Las tropas francesas entraron a Munich el 24 de octubre en tanto liberadores.

Después, vino Austerlitz. (Por cierto, la exposición muestra el diseño que Napoleón le hizo al hijo adolescente de Max Joseph, más tarde el rey Ludwig I, para explicarle la estrategia que había empleado en la « batalla de los tres emperadores »).
En el Tratado de Brno, el 10 de diciembre de 1805, Napoleón le prometió la corona al Elector Max Joseph.

Ni Montgelas ni Napoleón (pese a que el Emperador se encontraba en Munich) asistieron a la proclamación del reino. Ni siquiera en ésta se menciona a Napoleón, aun si la misma se « debía a su gracia ». Son las palabras recogidas en la exposición. Una prueba de la magnanimidad y la nobleza de Napoleón, y también, de su sabiduría política.

La exposición tampoco tuvo recato en presentar ejemplos del fervor napoleónico provenientes del pueblo bávaro; o sea, nada oficial o esa « Revolution von oben » (4). Reproducen una « Oda a Napoleón », del cantor popular J.I.Chr. Rheinwald (1763-1811), donde se bendice al Emperador como a quién rompió « las cadenas de la esclavitud ». Decía: « ¡Ese hombre!, el primero; sólo con mencionar su nombre mi corazón completamente vibra ».

Luego de las campañas difamatorias de Napoleón en Francia, y la no-conmemoración de Austerlitz, los bávaros, a su manera con esta exposición — que, repito, no es « napoleofilica » sino tan sólo consecuente con la historia — han demostrado que aún hay decencia y amor a la verdad en este mundo.

Isis Wirth.

Notas:

1) « Napoleón en traje de coronación ».
2) Edición original y única oficial del Código civil de los franceses, París, 1804.
3) Signo mismo del poder del rey, vemos en esta fotografía la corona de Baviera reposando sobre unos cojines de presentación, especialmente fabricados para ella en marzo de 1807 y que estaban acompañados por las insignias del trono. Este bello objeto, obra del célebre orfebre francés Biennais, viajó a Munich desde París. Extraviados por largo tiempo, los cojines fueron redescubiertos en 1976.
4) Revolución « desde arriba ».
5) Algunos días después de la victoria del ejército francés ante los austriacos en la región de Ulm, Napoleón hace su entrada triunfal en la capital bávara liberada, vitoreado por la jubilosa población local.
Nicolas Antoine Taunay, artista parisino, plasmó el momento en esta hermosa pintura representando al Emperador montando un caballo romántico de dramática postura. En realidad, Napoleón entró a Munich en una carroza.


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