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OBRA
CIVIL Y ADMINISTRACIÓN * |
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«
Quiero que el hijo de un cultivador
pueda decirse:
yo seré un día cardenal, mariscal
del Imperio o ministro » |
Napoleón
en 1803. |
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Cordón
de la Legión de Honor
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VER
TAMBIÉN: LA OBRA Y LOS APORTES DEL EMPERADOR NAPOLEÓN
Continuando
la tarea inmensa que se había fijado de sacar a Francia
del estado lamentable en que la Revolución la había
sumergido, y de devolver a cada ciudadano el gusto del trabajo,
la alegría de vivir y la esperanza, Napoleón
puso en obra la redacción de un código de leyes
destinadas a fijar de manera equitativa y justa las relaciones
entre los miembros de una misma familia y entre los ciudadanos
de la nación.
He aquí el testimonio que el consejero de Estado Antoine
Clair Thibaudeau (1765-1854) nos ha dejado en sus Memorias:
« Tan pronto como volvió de Marengo, Bonaparte
compuso un comité de cuatro juristas entre los más
renombrados, Tronchet (1726-1806), Portalis (1746-1807), Bigot
de Préameneu (1747-1825) y Maleville (1741-1824), para
establecer el plan de un código civil. Este plan fue
terminado e impreso el 1º de enero de 1801. Fue entonces
sometido a diferentes cuerpos de jueces que aportaron sus
comentarios al respecto. Enseguida, fue estudiado artículo
por artículo por el Consejo de Estado. Hubo 90 sesiones
de las cuales más de la mitad fueron presididas por
Napoleón en persona. El Código con sus 2281
artículos se hizo ley en marzo de 1804.
Cuando Napoleón se convirtió en Primer Cónsul,
gozaba de una gran reputación. Pero por grande que
ésta fuera, esto no impidió que la población
quedara estupefacta por la facilidad con la que asió
las riendas de la administración y dominó todos
los problemas en los ámbitos más diversos. La
sorpresa fue aún más grande cuando se le vio
dirigir los debates llevados a cabo con los juristas más
curtidos durante las discusiones acerca de los artículos
del Código Civil. Tomaba una parte muy activa en los
debates, uno tras otro relanzándolos, apoyándolos
o criticándolos. Contrariamente a ciertos oradores
profesionales del Consejo de Estado, él no hacía
esfuerzos de retórica; hablaba simplemente como en
una conversación ordinaria. Nunca era inferior en el
conocimiento del tema abordado a ningún miembro del
Consejo de Estado. Incluso rebasaba a los más experimentados
de entre ellos por la facilidad con la cual exponía
el fondo de una cuestión, por la justeza y el buen
sentido de sus ideas y por la fuerza de sus argumentos. Algunas
veces, para destensar la atmósfera y siempre con el
mejor buen humor, hacía observaciones a cada uno de
nosotros. “Tronchet, admiro vuestra
inteligencia y la fuerza de vuestra memoria. En un hombre
de vuestra edad, eso es excepcional y merece ser subrayado.
Roederer, hoy, os encuentro un poco débil. Portalis,
seríais el más grande de los oradores, si solo
supieseis cuándo deteneros. Thibaudeau, deberíais
ser más íntimo en vuestras discusiones. Dais
la impresión de estar en una tribuna arengando a una
muchedumbre. Cambacerés, sospecho que tengáis
a veces el comportamiento de un abogado de talento que defiende
una causa o rechaza una idea sin que ello tenga algo que ver
con vuestros sentimientos personales. Gracias Lebrun, sois
el mejor de los redactores y, gracias a vos, nuestros debates
serán un monumento para la posteridad”.
»
El Código
Civil fue copiado en los países del mundo
entero, donde muchos de sus artículos tienen, aún
hoy, fuerza de ley. Además del Código Civil,
Napoleón hizo preparar y adoptar cuatro códigos
más:
EL
CÓDIGO DE COMERCIO
Puesto en estudio desde el
3 de abril de 1801, el texto definitivo fue adoptado en 1807.
Alejado de París para defender a Francia contra los
ataques de la 4a coalición, (Inglaterra, Prusia y Rusia),
Napoleón, tras sus victorias de Jena, Auerstaedt, Eylau
y Friedland y su encuentro con el zar Alejandro en Tilsitt
(tratado del 7 de julio de 1807), está de vuelta en
Saint-Cloud el 27 de julio de 1807. Ya desde el día
siguiente, 28 de julio, es decir sin tomar un solo día
de reposo, preside los trabajos de la comisión del
Consejo de Estado, encargada de la puesta a punto definitiva
del código del comercio. En el transcurso de las tres
otras sesiones que preside los días 29 de julio, 1o
y 8 de agosto, acelera el movimiento. La promulgación
de las diferentes leyes se efectúa durante el mes de
septiembre de 1807.
EL CÓDIGO DE INSTRUCCIÓN CRIMINAL
Comenzado en 1801, fue acabado
en 1808. El juez de instrucción aparece por primera
vez. Todavía existe hoy y con un tal poder que puede
someter a investigación a los personajes más
importantes del Estado.
EL CÓDIGO PENAL
El código penal de
1810 ha sobrevivido en sus rasgos esenciales y conservado
una fuerte influencia sobre la mayoría de las legislaciones
de los países del mundo entero.
EL CÓDIGO DE PROCESO CIVIL
Es el complemento del código
civil en todo lo que se refiere a la aplicación de
las leyes.
Ya hemos visto cómo Napoleón extendió
la autoridad del Estado hasta las comunas más recónditas.
Es el sistema tripartita prefecto, subprefecto, alcalde. Su
firme y constante voluntad de mejorar las condiciones de vida
de los ciudadanos lo llevó a intervenir en muchos otros
ámbitos:
LA BANCA DE FRANCIA
La Banca de Francia fue creada
desde el 13 de febrero de 1800 y, después de seis años
de experiencias diversas, recibió su estatuto definitivo
por la ley del 22 de abril de 1806. Francia necesitaba un
papel moneda admitido por todos. El estado también
tenía que poder apoyarse sobre un establecimiento financiero
poderoso, capaz de asegurar adelantos al Tesoro. A partir
de agosto de 1800, la banca fue capaz de pagar en numerario
las rentas y pensiones del Estado. En 1801, ya acordaba adelantos
al Tesoro.
LA BOLSA
En la gran empresa de saneamiento
que echa a andar apenas llegado al poder, Napoleón
debe solucionar primero lo más urgente, es decir, asegurar
como prioridad la buena marcha del servicio del Tesoro. Será
solo a partir de 1802, cuando ha obtenido la paz exterior
a través de los tratados de Lunéville y de Amiens,
y la paz interior gracias al Concordato, cuando puede reorganizar
los mercados financieros y comerciales reglamentando los mercados
bursátiles. Como siempre, sus ideas eran simples y
llenas de sentido común:
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Desconfianza hacia los agiotistas (acaparadores y traficantes)
y especuladores que se enriquecen sin producir nada.
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Desconfianza igualmente hacia los agentes de cambio que son
muy frecuentemente cómplices de los especuladores.
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Rechazo del empréstito público.
Napoleón creó
Bolsas en todas las grandes ciudades con una reglamentación
precisa que garantizaba la buena marcha de los negocios, frenando
a la vez los abusos.
Fue también Napoleón quien hizo construir en
París el palacio de la Bolsa tal como es hoy en día.
LA CORTE DE LAS CUENTAS
El decreto de organización
de la Corte de las Cuentas fue firmado por el Emperador el
18 de septiembre de 1807.
LOS CANALES
En 1800, Francia estaba dotada
de 1,000 kilómetros de canales navegables. En 1814,
contaba con 1,900 kilómetros suplementarios. Además,
grandes trabajos de mejoría serán efectuados
en provecho de grandes y pequeños ríos, en particular
el Sena, el Marne, el Aube, el Yonne y el Aisne. Se trataba
sobre todo de mantener y de reparar las riberas y los caminos
de sirga.
LOS PUERTOS
Napoleón aumentó
considerablemente las capacidades de los puertos de Amberes,
de Brest y de Cherbourg, donde hizo construir la gran diga.
Todos los puertos están bajo su control; de Italia
a Holanda, gozaron del beneficio de acondicionamientos útiles
tanto para la marina mercante como para la marina de guerra.
LOS CAMINOS
De 1800 a 1814, se construyen
o mejoran miles de kilómetros de caminos. Catorce caminos
eran de primera clase, entre los cuales los más importantes:
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La 2 – de París a Amsterdam por Bruselas y Amberes.
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La 3 – de París a Hamburgo por Lieja, Wesel,
Munster y Breme.
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La 4 – de París a Mayence y Prusia.
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La 6 – de París a Roma por el Simplón
y Florencia.
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La 7 - de París a Milán por el Monte Cenis y
Turín.
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La 11 - de París a Bayona y España.
Es conveniente subrayar las tres vías alpinas, las
del Simplón, del Monte Cenis y del Monte Genèvre.
Fue también Napoleón quien ordenó, para
procurar sombra, que todos los caminos fueran bordeados de
árboles. Esto hacía más cómodo
y seguro el trayecto para los cocheros, y embelleció
considerablemente todos los paisajes de Francia y del Imperio.
EL URBANISMO
Napoleón hizo mucho
para mejorar las condiciones de vida de los citadinos. En
1800, barrios enteros en las ciudades seguían todavía
en el estado insalubre de la edad media. Las calles tenían
un reguero central en el cual se acumulaban excrementos y
desechos pestilenciales. Esto ya no existía en 1814.
Se puede afirmar que fue Napoleón quien hizo pasar
las ciudades de la época medieval a la de los tiempos
modernos.
Todas las ciudades sacaron provecho de sus decisiones que
tenían siempre un triple objetivo: el saneamiento,
el embellecimiento y la funcionalidad. Su acción se
extendió por doquier en Francia y en el Imperio, y
particularmente en Burdeos, Lyon, Lille, Marsella, Roma y
Venecia. Pero fue sobre todo en París que se consumaron
las más grandes realizaciones. Napoleón quiso
la más bella capital del mundo, y la tuvo.
Asistido por los mejores arquitectos e ingenieros, decidió
amplias arterias y borró los barrios insalubres. Entre
sus realizaciones, hay que notar la calle de Rívoli
trazada a lo largo del jardín de las Tullerías
con vastas aceras y arcos para abrigar de las intemperies.
La misma ordenanza arquitectural fue aplicada en las nuevas
calles de las Pirámides y de Castiglione, que formaron
junto con la calle de Rívoli y la de la Paz, un conjunto
monumental de gran clase, cuyo centro es la plaza Vendôme
(que merecería llamarse la plaza del Emperador) con
su columna erigida a la gloria de la Grande Armada, originalmente
llamada Columna de Austerlitz y hoy, incorrectamente,
Columna Vendôme.
Es también al Emperador Napoleón a quien debemos
las placas con los nombres de las calles; fue asimismo él
quien creó la numeración de las calles como
las conocemos hoy, ordenadas en base al sistema de lados opuestos
pares y nones. Esto fue copiado en toda Europa, y enseguida
en todo occidente, y más allá.
Fue también él quien decidió el aspecto
actual de las calzadas, ligeramente bombeadas y enriquecidas
con regueras de escurrimiento laterales, a lo largo de las
aceras, conectadas al sistema de desagüe.
En 1800, la gran mayoría de la población estaba
todavía avasallada por el servicio oneroso de los aguadores.
El Emperador Napoleón mandó construir y alimentar
en agua potable cientos de fuentes, la mayoría de ellas
engalanadas además con monumentos de lo más
elegante.
Limitándonos tan solo a Francia por el momento, es
todavía es al Emperador Napoleón a quien se
le debe:
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El embellecimiento del palacio del Luxemburgo con sus magníficos
jardines.
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El agrandamiento del palacio del Louvre; la transformación
del Hôtel-de-Ville (ayuntamiento de París); la
decoración de los Inválidos.
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La construcción de los mercados cubiertos.
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El cuerpo de zapadores bomberos con su casco de oro.
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Los mataderos reglamentados, que pusieron fin a la práctica
antihigiénica y dolorosa de los carniceros, que mataban
a las bestias frente a su tienda, en plena vía pública.
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La escuela veterinaria, para mejorar la salud de los animales
domésticos y de consumo, así como la de los
ciudadanos.
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El acondicionamiento de los grandes cementerios, como, en
París, el del Père-Lachaise, el de Montmartre
y el de Montparnasse.
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Los hermosos puentes de las Artes, de la Cité, de Austerlitz
y de Jena.
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La iluminación de las calles.
En 1814, París es la ciudad mejor iluminada del mundo
entero, y por ende merece, a más de un título,
el nombre de « Ciudad Luz » que le fue otorgado.
Acabamos de sobrevolar una
muy pequeña parte de las realizaciones y aportes originales
del Emperador Napoleón, efectuadas en un brevísimo
espacio de menos de quince años, y por si fuera poco,
quince años durante los cuales estuvo, prácticamente
en permanencia, confrontado a las amenazas y ataques guerreros
de Inglaterra, de Austria, de Rusia y de Prusia, por no citar
más que a los más encarnecidos.
En dos palabras, no podemos más que fantasear admirativos
lo que hubiese podido realizar si hubiera podido trabajar
en paz, como siempre él lo deseó ardientemente.