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| Apoteosis
de Napoleón: Sesostris, Alejandro
Magno, César, Gengis Khan, el Gran Federico
bajan sus laureles ante Napoleón el Grande:
"ha conquistado el nombre del mayor de
los capitanes". |
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por |
Valeriano
Bozal
Catedrático de Historia del Arte de la
Universidad Complutense de Madrid
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Las
producciones de Imagerie d’Epinal poseen una fuerte
personalidad y se distinguen con claridad del resto de las
estampas populares editadas en Francia, aunque su proximidad
con los pliegos y las manifestaciones culturales más
populares es evidente. Epinal es el nombre de una villa
francesa fundada en el siglo X al pie de los primeros contrafuertes
de la cadena montañosa de los Vosgos.
El nombre de la villa se aplica
a los impresos que en ella se editan. Los primeros,
a comienzos del siglo XVII, por obra del impresor
Pierre Houïon; los más conocidos, en
los siglos XVIII y XIX. En Epinal se desarrolla
en el Siglo de las Luces una célebre dinastía
de impresores, la de los Didier, fundada por Pierre
Didier, que se estableció en la villa en
1728, pero es de fecha algo más tardía
la que aquí más nos interesa: la que
funda Jean-Charles Pellerin (1756-1836). Ahora bien,
entre Didier y Pellerin hay una diferencia que no
puede ser ignorada: mientras que los Didier constituyen
una verdadera dinastía de artistas impresores,
Pellerin crea un negocio, una empresa, algunos de
sus pliegos llevan una indicación precisa,
de la fabrique de Pellerin.
Pellerin cuenta con el trabajo de
obreros cualificados para la realización
de las imágenes que publica. Antoine Réveillé
(1788-1870), François Georgin (1801-1863),
maestro y discípulo, son los dos nombres
más conocidos, autor el primero ante todo
de estampas religiosas, de muy variada temática
el segundo.
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| Batalla
de las Pirámides. Colección
de Alfonso Reyes, Capilla Alfonsina, México. |
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Una
típica escena gloriosa representada
en las imágenes de Epinal:
En la batalla de Ulm, el Emperador, al recorrer
la línea del frente durante una terrible
carga, se topa entre las humaredas con un
granadero malherido que yace en el suelo;
el valiente gritaba: «¡Adelante,
adelante!». Napoleón se
acerca a él y, lanzándole su
gabardina le dice: «Toma, y trata
de traérmela, a cambio te daré
la Cruz que acabas de ganar». Sintiéndose
mortalmente herido, el granadero respondió
al Emperador: «¡Majestad,
la mortaja que acabo de recibir bien vale
la Cruz!» y enseguida expiró,
envuelto en la gabardina imperial. Al terminar
el combate, el Emperador mandó buscar
al granadero, que era un soldado del ejército
de Egipto, y ordenó que fuese inhumado
con su gabardina. |
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Aunque los impresos fabricados
por Pellerin mantienen constantes muchas de sus características
- tal como es habitual en el grabado popular -, en su seno
se producen transformaciones importantes que suelen estar
ligadas a las vicisitudes por las que atraviesa la empresa.
En 1822 Jean-Charles Pellerin cede el negocio a Nicolas
Pellerin y a Germain Vadet, su hijo y su yerno. Estos contratan
en 1852 a un dibujante litógrafo que introduce grandes
cambios: Jules Chaste (1826-1903). Además, trabajan
para ellos otros grabadores y dibujantes: Jean-Baptiste
Thiébaut, Jean-Baptiste Vançon, Charles Pinot,
etc.
Los cambios en las imágenes son patentes, pero los
dibujantes y grabadores no abandonan nunca el estilo original.
En ocasiones parece que nos encontremos ante una tosquedad
forzada, como si dibujante y grabador pudieran
hacer imágenes más convencionalmente naturalistas
y académicas pero se resistieran a esta tentación.
La estampa que representa la Batalla de Waterloo
realizada por Georgin es un buen ejemplo de esta actitud:
el artista mantiene los rasgos propios de los pliegos con
soldados y uniformes, cuando es evidente - a juzgar tanto
por la composición como por la disposición
y articulación de las figuras - que podía
haber sido más hábil.
En
1854 el hijo de Nicolas Pellerin, Charles y el yerno
de Germain Vadet, Letoumeur-Dubreuil se hacen dueños
de la empresa e introducen un procedimiento industrial.
Con ellos termina una época de Pellerin: la
litografía sustituye definitivamente al grabado
en madera, adquieren una prensa cilíndrica
(1859), una prensa que permite imprimir cuatro imágenes
simultáneamente (1872), instalan un taller
de cromolitografía (1882). A partir de 1860
competía con Pellerin una nueva fábrica:
la que había fundado Charles Pinot (1817-1874),
que había trabajado para Pellerin desde 1847.
Sin embargo, la competencia se saldó a la larga
con un fracaso, pues el negocio de Pinot fue adquirido
en 1888 por sus antiguos patronos.
Pinot se llevó
consigo a algunos de los dibujante s y grabadores
de Pellerin, entre ellos François Georgin,
pero también contrató a otros nuevos,
como Eugène Ensfelder (1836-1876), algunos
de cuyos dibujos aparecieron reproducidos en L’lllustration.
En cualquier caso, cuando Pellerin adquirió
el negocio que había sido de Pinot, todas las
imágenes se editaron de nuevo con la mención
Pellerin. Ello indica que, por encima de
las diferencias, un estilo común dominó
ambas producciones.
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Tumba de Napoleón,
en Santa Elena. Evocación romántica.
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La actividad de Pellerin
continuó a lo largo del presente siglo, prácticamente
hasta la Primera Guerra Mundial. En 1887 se hicieron cargo
de la empresa Georges Pellerin y Paul Payonne, el hijo y
el yema de Charles, respectivamente. Diez años después
se construyeron nuevas y espaciosas naves y almacenes, y
un catálogo de 1904 ofrecía, entre otras,
cuatrocientas imágenes impresas a partir de maderas
antiguas, cuatrocientas litografías y más
de cuatro mil quinientas imágenes sobre los asuntos
más diversos: canciones, retratos, batallas, pliegos
con soldados, aleluyas, juegos, etc. Algún historiador
ha dicho, quizá con exageración, que Pellerin
inundó Europa con sus imágenes. Lo cierto
es que su producción está entre las más
importantes de las que conocemos. Todavía después
de 1954 continuaban imprimiéndose imágenes
de Pellerin, bien es verdad que ahora habían perdido
el carácter popular que poseyeron inicialmente: pliegos,
aleluyas y estampas eran ahora objeto del gusto culto por
lo popular, un fenómeno que escapa a los límites
de este texto.
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