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Por
el Emperador NAPOLEÓN
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William Pitt «
el Joven
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El verdadero carnicero de Europa |
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Durante
más de dos siglos ahora,
Napoleón ha sido constantemente
responsabilizado por las incesantes
y cruentas guerras que marcaron
su época, siendo sistemáticamente
culpado de las catástrofes,
sufrimientos, destrucciones, mutilaciones
e innumerables muertes que de
ellas resultaron.
Víctima constante de la
desinformación, de la recuperación
fácil y de los incesantes
ataques perpetrados por los ingleses
y sus deudores, la gigantesca
figura del Emperador, que aún
en nuestros días parece
hacer temblar a más de
uno, resurge regularmente –
chivo expiatorio predilecto –
bajo las formas más abyectas
a través de textos y libros
tendenciosos, voluntaria
e incorrectamente orientados.
« Formateada
» de esta manera a través
de las décadas, la posteridad
y muy en especial nuestra época
tan aficionada a las amalgamas
fáciles y prefabricadas,
de rápido consumo, –
el pensamiento prêt-à-porter
diríamos, sigue confiada
y complacientemente este adoctrinamiento
falaz, equivocándose
perpetuamente de culpable al querer
juzgar tanto a la época
del Imperio como a su figura principal,
que la llena toda entera: Napoleón.
Enseguida, de la pluma del mismo
Emperador, una lapidaria y –
esperémoslo así
– profética apreciación
del genial embustero, auténtica
mente criminal de aquel tiempo,
que logró engañar
a la posteridad... |
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EPITAFIO
DE WILLIAM PITT
«
El Sr. Pitt ha sido el amo
de toda la política europea;
ha tenido en sus manos la suerte
moral de los pueblos; hizo un
mal uso de ella; incendió
el universo y se inscribirá
en la Historia a la manera de
Erostrato (1)
entre flamas, lamentos y lágrimas…
« Primeramente, las chispas
iniciales de nuestra Revolución,
luego todas las resistencias al
deseo nacional, en fin todos los
crímenes horribles que
fueron la consecuencia de ello
son obra suya. Esa conflagración
universal de veinticinco años;
esas numerosas coaliciones que
la mantuvieron; el transtorno,
la devastación de Europa;
los mares de sangre de los pueblos
que de ella fueron el resultado;
la deuda espantosa de Inglaterra
que pagó todas esas cosas;
el sistema pestilencial de los
préstamos, bajo el cual
los pueblos permanecen curvados;
el malestar universal de hoy,
todo eso es de su obra. La posteridad
lo reconocerá; ella lo
señalará como un
verdadero azote: ese hombre tan
elogiado en su tiempo, no será
un día más que el
genio del mal… Pero lo que
la posteridad reprochará
sobre todo al Sr. Pitt, será
la horrible escuela que ha dejado
tras de él; el maquiavelismo
insolente de ésta, su inmoralidad
profunda, su frío egoísmo,
su desprecio por la suerte de
los hombres o de la justicia de
las cosas. »
Napoleón.
1)
Habitante de Efeso, quien, para
inmortalizar su nombre, prendió
fuego al templo de Artemisa, una
de las Siete Maravillas del mundo.
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