| ¡UN
DESCUBRIMIENTO
DEL DIRECTOR DE
LA FUNDACIÓN
NAPOLEÓN
PERTURBA LOS FUNDAMENTOS
DE LA TOXICOLOGÍA! |
| EL
ABURRIMIENTO ES
UN VENENO MORTAL |
|
|
Por
el Doctor |
|
Ben
Weider |
 |
| Dr.
Ben Weider |
|
|
|
Caballero
de la Legión
de Honor
Presidente de la Sociedad
Napoleónica Internacional
Miembro del Alto Consejo
Honorario del Instituto
Napoleónico México-Francia
|
| «
Las
grandes obras
que he ejecutado
y el código
de leyes que he
formado resistirán
a la prueba del
tiempo y los futuros
historiadores
vengarán
los entuertos
que me habrán
hecho sufrir mis
contemporáneos.» |
Cita
de Napoleón
recopilada por
el Dr. Barry
E. O'Meara en
Santa Elena. |
|
| «
NAPOLEÓN
MURIÓ DE
ABURRIMENTO
» |
Cita
de Thierry Lentz,
Director de la
Fundación
Napoleón |
|
La
noticia – que deja estupefacto
– ha sido transmitida
por un comunicado de la muy
seria Agencia France-Presse
(AFP). Está fechada en
Sao Paulo, en donde, hasta el
2 de noviembre, se ha llevado
a cabo una exposición
consagrada a Napoleón.
La Comisaría general
de la exposición a cargo
de la Fundación Napoleón,
los periodistas brasileños
fueron pues a escuchar los argumentos
de del Sr. Thierry Lentz, quien,
en su calidad de director de
dicha Fundación, es tomado
por el público en general
por la referencia autorizada
en materia de historia napoleónica.
Según los términos
de la Agencia France-Presse,
el Sr. Lentz subrayó
que la exposición tenía
como finalidad desmitificar
algunos aspectos de la vida
de Napoleón, y no pudiendo
resistir las ganas de aportar
un toque personal y original
a una cuestión que le
es particularmente cara, el
director de la Fundación
Napoleón añadió:
« Napoleón
no murió envenenado.
Estaba tuberculoso [sic],
tenía una úlcera
y sobre todo, se aburría.
Murió de aburrimiento
y de tristeza
». (Fin de la cita).
Con argumentos desconsoladores,
y es triste tener que decirlo,
al límite de lo absurdo,
el Sr. Lentz, como obligado
respetuoso y digno sucesor de
su protector, el profesor Jean
Tulard, persiste, a pesar de
las evidencias científicas,
a rechazar la idea de un posible
envenenamiento del Emperador.
Durante la conferencia del 14
de enero en Estrasburgo, hemos
escuchado al director de la
Fundación Napoleón,
con el aplomo que le caracteriza,
sugerir a los científicos
ocuparse primero del problema
del arsénico en el siglo
XIX en vez de inmiscuirse en
el « expediente Napoleón
»; Le oímos igualmente
condescender públicamente
a reconocer la autenticidad
de los cabellos que hice analizar
por el Instituto de Medicina
Forense de Estrasburgo, pero
únicamente porque iba
a hacer borrar esta confesión
de la grabación (es lo
que declaró públicamente
durante su conferencia en Estrasburgo,
el 14 de enero pasado); Le oímos
decir que le « importa
un bledo saber si Napoleón
fue envenenado o no
», puesto que se trata
de un fenómeno «secundario»;
Le hemos conocido hacerse sucesivamente
el campeón del oficial
cáncer hereditario (recuerdo
que los cancerólogos
más eminentes, como el
profesor Lucien Israel, niegan
a la enfermedad este carácter
hereditario), y luego poner,
a cuenta del papel tapiz, del
pegamento y otras emanaciones
de la estufa de Longwood, las
huellas de arsénico determinadas
por los toxicólogos en
los cabellos del Emperador.
Hoy, nos brinda otro diagnóstico:
un Napoleón tísico.
Y lo que es más, no «
aburriéndose a muerte
», según la expresión
popular bien conocida, sino
físicamente matado por
el aburrimiento.
¡Ahora, recordemos esa
conferencia del 14 de enero
en Estrasburgo!
¡Acaso no declaraba el
mismo Sr. Lentz a un auditorio
subyugado por tanta suficiencia
que, « en el fondo
del fondo [sic] »,
no creía en el envenenamiento
de Napoleón » –
lo contrario hubiese sido sorprendente
– antes de sostener que
el Emperador había muerto
« de muerte natural.
»
¡Apenas nueve meses más
tarde, con el mismo aplomo,
helo aquí concluyendo
con autoridad en una tuberculosis,
y, el colmo, en un aburrimiento
mortal! ¡El aburrimiento
materializándose bajo
la forma de huellas –
cuantificables – de arsénico
que se encuentra en el corazón
mismo del cabello!
Con esta astuciosa alegación
sobre « el aburrimiento
que mata », no es nada
menos que un campo infinito
de investigaciones lo que el
director de la Fundación
Napoleón acaba de abrir
a los investigadores y a los
toxicólogos del mundo
entero, entre los cuales por
supuesto los del FBI y, más
recientemente, del Instituto
de Medicina Forense de Estrasburgo.
Con el tacto que lo caracteriza,
el profesor Tulard siempre ha
visto en la tesis que sostengo
– la intoxicación
criminal – « una
nueva serpiente marina ».
Ahora, desde hace más
de treinta años que busco
elucidar las causas del fallecimiento
de Napoleón, nunca he
variado: el Emperador murió
envenenado.
Gracias a los científicos
que han procedido a los análisis
toxicológicos de los
cabellos que les confié
– y cuya autenticidad
es reconocida – creo haber
aportado pruebas más
serias y creíbles que
las fábulas de inspiración
variable que el Sr. Lentz propone
a quien quiere oírlas.
Inspirándome en una expresión
francesa un poco familiar, la
última « ocurrencia
» (1)
(vocablo que les es caro) del
director de la Fundación
Napoleón me conduce todo
naturalmente a hacer esta pregunta:
¿entre el Sr. Thierry
Lentz, quien sigue fielmente
« el camino de su
maestro » (2),
el profesor Jean Tulard, y yo
mismo, quien es el que hace
surgir « serpientes marinas
» de su chistera?
Ben Weider, CM, CQ, SBStJ, PhD
Presidente
1)
“Saillie”
en francés. La expresión
familiar más próxima
sería “la última
mafufada”... NdT.
2) “La voie de son
maître” en
el texto original.