Recibido
el 3 de junio de 2002
; aceptado el 7 de
junio de 2002
En
el lenguaje popular,
veneno y arsénico
a menudo han sido
sinónimos.
La
prudencia en relación
a las conclusiones
del asunto María
Besnard, condujo los
autores del artículo
que presenta los resultados
de una nueva serie
de análisis
de los cabellos atribuidos
al Emperador (1)
a nunca emplear el
término de
envenenamiento, sino
más bien el
de intoxicación
crónica.
En
su carta al editor,
Hindmarsh y Corso de
nuevo ponen en duda
las conclusiones de
las investigaciones
científicas.
En
el plano clínico,
¿puede concluirse
sobre la exposición
crónica al arsénico?
Algunos signos registrados
por el médico
Antommarchi (2)
y recientemente completados
por el doctor Paul Fornes
(3) son
muy reveladores, mientras
que otros, más
clásicos (accidentes
cutáneos, rayas
sombreadas en las uñas…)
no se encuentran. Por
eso, la profesora Chantal
Bismuth concluyó
recientemente (4):
“El clínico
reconoce su incapacidad
para llegar a conclusiones,
sólo los exámenes
analíticos pueden
esclarecer el enigma.”
Por lo tanto es falso
decir que Napoleón
no presentaba signos
clínicos evidentes
de intoxicación
crónica mediante
arsénico. La
verdad es que esos signos
no son suficientes.
Muchos
puntos críticos
de nuestra experiencia
parecen haber encontrado
una respuesta satisfactoria
para Hindmarsh y Corso,
quienes no objetan más
que el problema de la
contaminación
externa para explicar
la positividad de los
cabellos. Es un paso
importante hacia delante
en relación a
su crítica precedente
(5).
En
las experiencias de
contaminación
objetadas por Hindmarsh
y Corso, 3 puntos merecen
subrayarse: esas referencias
son particularmente
antiguas y datan de
una época en
que la Medicina Legal
no había aún
integrado en su rutina
los cabellos como matriz
de investigación
y por lo tanto las cinéticas
de descontaminación
(6):
esos estudios se hicieron
sobre todo en roedores
que no están
dotados de sistema de
sudoración y,
por lo tanto, no incorporan
los xenobióticos
de la misma manera que
los humanos (7);
finalmente y sobre todo,
todos esos estudios
se hicieron después
de remojo en medio acuoso
de los cabellos ya cortados,
lo que constituye a
la evidencia una vía
de introducción
central por capilaridad
del arsénico
en la médula
(8),
lo que no está
conforme de ninguna
manera con la realidad.
La
utilización de
arsénico después
de la colecta, que habría
podido depositarse a
lo largo de la cutícula
no es posible, puesto
que los líquidos
de descontaminación
habrían estado
altamente positivos
en arsénico,
lo cual no fue el caso.
No
impugnamos que el remojo
durante varios días
de los cabellos en un
baño de arsénico
pueda conducir a resultados
positivos, incluso después
de descontaminación
severa. De hecho, ésa
es la técnica
que usamos para preparar
artificialmente los
cabellos enriquecidos
en xenobióticos
para asegurar la validación
de nuestros métodos
(9). Tengo, sin
embargo, serias dudas
sobre este tipo de práctica
para conservar los cabellos
del Emperador, puesto
que esto se debería
haber hecho, en las
mismas condiciones,
en todas las muestras
disponibles (analizadas
desde 1960 en varios
laboratorios) y en todos
los periodos. No olvidemos
la positividad de la
mecha tomada en 1816
(1),
es decir, 5 años
antes del deceso. Finalmente,
esta práctica,
tan “corriente”
para explicar que todos
los cabellos serían
positivos, no se reportó
nunca por parte de alguna
persona del círculo
estrecho de Santa Elena.
Es
cierto que existe una
gran variabilidad entre
los cabellos, lo que
se puede explicar fácilmente
por una fase de crecimiento
diferente, puesto que
el arsénico sólo
se incorpora en la fase
anágena (por
oposición a las
fases catágena
y telógena) que
al menos representa
85% de los cabellos
presentes sobre el cuero
cabelludo. La multiplicación
de los cabellos y en
nuestro caso de las
mechas, permite fácilmente
evitarnos este aspecto
fisiológico (10),
si por desventura el
único cabello
analizado estuviera
en fase telógena
(y no hubiera entonces
absorbido el arsénico).
En
total, ¿qué
queda para explicar
la presencia de arsénico
en los cabellos del
Emperador? Una exposición
crónica al arsénico
por vía oral
o una contaminación
externa irrealista y
sin objeto de todos
los cabellos, en cada
corte, durante años
y bajo el mayor secreto,
en un gran baño
de arsénico.
Una
mezcla de dudas, de
certidumbres y de lo
razonable… ¡tanto
mejor!
Yo
ya hice mi elección.
REFERENCIAS
1.
Kintz P., Goullé
JP., Fornes P., Ludes
B. Une nouvelle
série d'analyse
des cheveux de Napoléon
confirme une exposition
chronique à l'arsenic.
Ann. Toxicol. Anal.
2001 ; 13 : 243-6.
2. Antommarchi F. Les
derniers moments de
Napoléon.
París, 1825 ;
vol 1.
3. Fornes P. La
recherche de la cause
de la mort de Napoléon
Ier. In Lemaire
J.F., Fornes P., Kintz
P., Lentz T. eds. Autour
de l'empoisonnement
de Napoléon.
Nouveau Monde Éditions,
París, 2001 ;
51-62.
4. Bismuth C. Napoléon
est-il mort d'empoisonnement
par l'arsenic?
Approche clinique. In
Revue historique de
la société
de sauvegarde du château
impérial de Pont-de-Briques,
ed. Etudes napoléoniennes.
Levallois-Perret, 2000
; 809-12.
5. Corso P.F., Hindmarsh
J.T., Dello Stritto
F. The death of
Napoleon. Am. J.
Forensic Med. Pathol.
2000 ; 21 : 300-5.
6. Baumgartner W.A.,
Hill V.A., Blahd W.H.
Hair analysis for
drugs of abuse.
J. Forensic Sci. 1989
; 34 : 1433-53.
7. Cone E.J. Mechanisms
of drug incorporation
into hair. Ther.
Drug Monit. 1996 ; 18
: 438-43.
8. Pötsch L. A
discourse on human hair
fibres and reflections
on the conservation
of drug molecules.
Int. J. Leg. Med. 1996
; 108 : 285-93.
9. Cirimele V., Kintz
P., Staub C., Mangin
P. Testing human
hair for flunitrazepam
and 7-aminoflunitrazepam
by GC/MS/NCI. Forensic
Sci. Int. 1997 ; 84
: 189-200.
10. Kintz P. Matrices
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In Kintz P. coordinateur.
Toxicologie et pharmacologie
médicolégales.
Elsevier, Paris, 1998
; 685-710.
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