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BEN
WEIDER |
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O LA VICTORIA
DE LA DETERMINACIÓN |
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Por
el Señor |
Jean-Claude
Damamme
Consejero
Histórico Especial
del Instituto Napoleónico
México-Francia
Representante en Francia
de la Sociedad Napoleónica
Internacional |
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Traducción
al castellano por el Instituto
Napoleónico México-Francia
© |
El
2 de junio de 2005 debía ser
para Ben Weider, el Presidente de
la Sociedad Napoleónica Internacional
en Montreal, un gran día.
Escribo
« debía », puesto
que, a causa de una doble neumonía
– de la que se ha repuesto totalmente
– los médicos le habían
prohibido los viajes aéreos
largos.
Dejo
a cada cual imaginar cuan grande fue
su tristeza: estar ausente en esta
jornada, que era « su día
», puesto que iba a marcar para
él el final de una larga, y
a veces agotadora, aventura. El término
de casi cuarenta años de lucha
contra el escepticismo y, la mayoría
de las veces, la irrisión de
los medios napoleónicos franceses
institucionalizados.
No
obstante, a pesar de este lamentable
contratiempo, que lo retuvo lejos
de Estrasburgo, este 2 de junio de
2005 fue bien un muy gran día
para Ben Weider.
En efecto, durante una conferencia
de prensa, cuyos ecos han resonado
en el planeta entero – y esta
no es una imagen gratuita –
el Doctor
Kintz, al develar los resultados
de los más recientes análisis,
ha hecho callar las argucias semánticas
de las que los historiadores napoleónicos,
gracias a una sutil mediatización,
usaban y abusaban para desacreditar
esta tesis de envenenamiento del Emperador.
Sin
embargo tengo toda confianza en ellos:
no habrán dejado de «
echar el cerrojo » cuidadosamente
a toda « puerta mediática
» que, desde entonces, haya
quedado entreabierta.
«
Nueva serpiente marina », había
ironizado un día un historiador
Napoleónico, el Sr. Jean Tulard,
en, entre otros, el suplemento literario
de un gran periódico matinal.
En
cuanto al director de la Fundación
Napoleón, el Sr. Thierry Lentz,
para quien la Sociedad Napoleónica
Internacional « cuenta con cinco
adeptos » en Francia, y cinco
en Canadá – esto fue
dicho en público durante una
conferencia en Estrasburgo el 14 de
enero de 2003, como si se tratara
de una secta de la que Ben Weider
sería el jefe – poco
le importa saber si Napoleón
fue envenenado, pues se trata de un
fenómeno « secundario
» – cita extraída
de esa misma conferencia del 14 de
enero de 2003.
No
se cuentan ya, ni sus sarcasmos, ni
sus tentativas de explicación
para la presencia del arsénico
en los cabellos del Emperador, de
las cuales ni una sola, por supuesto,
reposaba en análisis serios
y honestos, calificativos que nos
cuidaremos de conceder a los de la
revista Science & Vie,
muchas veces evocados en este sitio.
¿Es
razonable afirmar que es « secundario
» saber en qué condiciones
se acabó la existencia del
hombre más ilustre de la historia
de Francia, y, para el autor de estas
líneas, de la Historia del
mundo?
¿No
es acaso muy presuntuoso, de parte
de esos historiadores, desdeñar
– ¡públicamente!
– resultados científicos
en extremo complejos de los que, a
falta de competencia, no entienden
nada, desacreditando, por el hecho
mismo, a los investigadores que los
han obtenido?
UNA
DEVOCIÓN PROFUNDA POR LA PERSONA
DE NAPOLEÓN
Como
Francés, confieso haber tenido
vergüenza, frecuentemente, al
constatar el desprecio, por no decir
algo peor, que esos mismos historiadores
manifestaban – públicamente
– por un hombre, un extranjero
además, a quien se le debe
siempre una elemental cortesía,
que hacía – y hace aún
– tanto por la memoria de Napoleón.
He
tenido vergüenza al leer sus
declaraciones ponzoñosas, piadosamente
retomadas, que han, si puedo decirlo
así, recibido cada una de sus
iniciativas.
Vergüenza
de quienes las escriben, pero que
no son generalmente más que
instrumentos que actúan por
interés puramente personal
– lo que no podría en
sí absolverlos – pero,
más aún, vergüenza
de quienes los inspiran.
¿Quién,
en Francia, puede en efecto prevalerse
de un « balance napoleónico
» tan respetable como el del
Presidente de la Sociedad Napoleónica
Internacional, cuya fundación,
la Fundación Ben Weider, ha,
lo recuerdo, hecho una donación
de un millón doscientos cincuenta
mil dólares a la Florida
State University para que ésta
crease una cátedra de estudios
sobre Napoleón y el Primer
Imperio?
Algunos
viven « de »
Napoleón; Ben Weider vive «
por » Napoleón.
Para dar a conocer mejor al hombre
y su obra prodigiosa.
Se
apreciará la diferencia.
Le
ha hecho falta una determinación
sin falla para resistir tanto tiempo
a ataques cuyo cinismo
y bajeza no honran a sus autores,
pero creo que, si, a lo largo de su
acción – tengo tentación
de escribir: de su cruzada –
Ben Weider no se desanimó,
es porque siempre ha sido apoyado
por su devoción profunda por
la persona de Napoleón.
En
colaboración con el profesor
Robert
Wennig, de la Universidad del
gran ducado de Luxemburgo, el Doctor
Pascal Kintz había demostrado
precedentemente que el arsénico
se hallaba en el corazón de
los cabellos de Napoleón, lo
cual indicaba sin ninguna ambigüedad
que el tóxico había
sido empujado por el flujo sanguíneo
– es decir que había
sido ingerido por vía digestiva
– barriendo con las atronadoras
conclusiones, supuestamente «irrefutables»
– ¡éstas «
pegaban » tan bien a la tesis
oficial del arsénico como producto
de conservación de los cabellos
que no cesan de dejarlo a uno pensativo!
– de la revista Science
& Vie.
Esos
análisis [!] hicieron volver
a mi memoria las « indignaciones
» de una periodista (Le
Figaro Littéraire del
5 de mayo de 2000), quien, en un artículo
de una vehemencia artificial intitulado:
« Los viejos debates siempre
son taquilleros - Napoleón:
un asunto envenenado »,
se dejaba llevar contra Ben Weider
quien había osado movilizar
« toxicólogos, especialistas
de lo nuclear [no era él, sino
el precursor sueco, Sten Forshufvud]
y hasta agentes del FBI ».
El
autor estaba en un estado de osmosis
tan total con Jean Tulard que el pensamiento
de éste afloraba, casi palabra
por palabra, en cada párrafo.
Con la mención del «
fabricante canadiense de artículos
de deporte », volvíamos
a encontrar por cierto uno de sus
sarcasmos ordinarios.
¿Ahora,
a qué asistimos con los «
análisis » comanditados
por Science & Vie?
Nada
menos que a la « movilización
», por una simple revista de
vulgarización, de un laboratorio
oficial del Estado francés,
el de la Prefectura de Policía,
para unos resultados conocidos con
antelación.
LA
NATURALEZA DEL ARSÉNICO POR
FIN REVELADA
Gracias
a nuevo método de dictamen,
el Doctor Kintz ha, esta vez, develado
la naturaleza de ese arsénico:
arsénico mineral, conocido
bajo la apelación popular de
« mata-ratas », del cual
se nos acordará que no tiene
nada de una poción mágica
o de un remedio milagroso.
Este
2 de junio de 2005, en Estrasburgo,
he representado – no digo: remplazado
– a Ben Weider, y estuve feliz
de constatar el interés y la
gran simpatía que su lucha
y sus esfuerzos han suscitado en el
público presente.
No
era sino justicia.
Si
hoy, conocemos lo que fue el fin de
la vida de ese hombre prodigioso que
es – a propósito, no
escribo « fue » –
Napoleón, es a la determinación
de Ben Weider a lo que lo debemos.
No
dudo que se encuentren, entre los
más o menos cien mil visitantes
regulares del sitio de la Sociedad
Napoleónica Internacional,
personas quienes, como el signatario
de este escrito, respeten y admiren
a Napoleón.
Creo
que éstas pueden entonces,
conmigo, decir al Presidente de la
Sociedad Napoleónica Internacional:
«
Gracias, Señor Ben Weider,
por todo lo que usted hace por la
memoria del Emperador. »
Jean-Claude
Damamme

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