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| El
trío de Longwood House:
Gourgaud, Bertrand, Montholon |
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Por
el Doctor |
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Ben Weider |
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| Dr.
Ben Weider |
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| Caballero
de la Legión de Honor
Presidente de la Sociedad Napoleónica
Internacional
Miembro del Alto Consejo Honorario del
Instituto Napoleónico México-Francia
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Traducción de
Alain Arnaud Bobadilla para
el Instituto Napoleónico México-Francia
©
Texto
originalmente publicado en el Journal
of Napoleonic Scholarship,
1997: Volumen I, Número 1,
una publicación de la Sociedad
Napoleónica Internacional.
Este texto se basa en las conferencias
impartidas en la Universidad Estatal
de Florida en Tallahassee, el 18
de septiembre de 1995 y en el Festival
de Historia Militar Internacional,
“Día de Borodino”,
en Borodino, Rusia –5 a 10
de septiembre de 1997. |
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Hace
más de diez años, escribí
un libro que relata los años de investigación
que dediqué, en compañía
de mi amigo y colega sueco Sten Forshufvud,
para probar sin asomo de duda que Napoleón
fue envenenado durante su exilio en Santa Elena.
El libro, titulado El asesinato de Napoleón,
ha sido publicado en 18 idiomas y ha sobrepasado
el millón de ejemplares vendidos. No
está mal para un libro de historia. Ello
demuestra que existe aún un gran interés
por Napoleón.
Se han escrito
muchos más libros sobre Napoleón
que sobre ningún otro personaje histórico.
La Enciclopedia Británica afirma que
se han escrito más de 200,000 libros
sobre él; los historiadores franceses
estiman que la cifra estaría más
cerca de los 400,000. Es asombroso, ¿no?
La gente me
pregunta con frecuencia por qué estoy
tan seguro de que Napoleón fue envenenado.
Después de todo, está muerto desde
hace 174 años.
La respuesta
es relativamente sencilla. Ocho testigos oculares
me lo han dicho (por medio de sus libros, por
supuesto) y la ciencia nuclear ha confirmado
la información que proporcionaron.
No tienes que
ser un genio para comprender lo que lees; basta
con ser perceptivo, inteligente y conocer los
hechos. Sin embargo, los historiadores han ignorado
estos hechos, relatados por los ocho testigos,
y en el mejor de los casos no han entendido
su significado.
Luis Marchand,
el fiel servidor de Napoleón, fue la
clave que nos puso sobre la pista del envenenamiento.
Era atento, discreto, educado, astuto y su lealtad
iba más allá del deber. Todos
los historiadores son unánimes en esta
apreciación. Además, era un excelente
artista.
Napoleón
trataba a Marchand como a un hijo y le legó
400,000 francos en su famoso testamento. Era
deseo de Napoleón otorgar a Marchand
el título de conde, deseo hecho realidad
cuando Napoleón III llegó al poder.
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| El
conde Marchand, en su madurez |
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A diferencia
de los demás compañeros de exilio
que escribieron libros para obtener beneficios,
Marchand solamente escribía un diario
en el exilio porque deseaba que su familia conociera
lo que realmente ocurría en Santa Elena.
Pidió a sus familiares que nunca publicaran
esas memorias. Sin embargo, cuando se vendieron
finalmente sus bienes a principios de los años
cincuenta, el diario de Marchand fue comprado
por el comandante del ejército francés
Enrique Lachouque, quien lo hizo publicar por
primera vez en 1955.
Este diario
cayó como una “bomba de tiempo”
en los anales de la historia puesto que ayudó
a esclarecer el misterio de la muerte de Napoleón.
La precisión meticulosa de Marchand al
registrar los acontecimientos diarios de la
casa de Longwood, a medida que iban sucediendo,
puede compararse con el fichero de casos de
un médico que hace anotaciones cuidadosas
de todos los detalles de la decadencia progresiva
de un paciente en fase terminal. Sus informaciones
han sido vitales para develar una identidad
en lo que podría seguir siendo el crimen
« perfecto ».
Marchand regresó
a Francia con un mechón de cabellos rasurados
de la cabeza de Napoleón el 6 de mayo
de 1821, y los guardó cuidadosamente
en un sobre en el que escribió: “Los
cabellos del Emperador”. Este mechón,
en su sobre original, fue conservado de modo
fiel a lo largo de los años por los descendientes
de Marchand. Ni él, ni ninguno de sus
compañeros de exilio, habrían
podido saber que un día, tanto tiempo
después de sus muertes, el contenido
de este sobre aportaría más datos
sobre los años pasados en la casa de
Longwood, que el resto de la correspondencia
y los numerosos libros y manuscritos que han
sido publicados en relación al exilio
del Emperador en Santa Elena.
Cuando los
críticos examinen las pruebas presentadas
en este estudio y en mi nuevo libro El asesinato
de Santa Elena: una revisión, ellos también
entenderán el complot del asesinato de
Napoleón, para evitar que pudiese volver
de Santa Elena y retomara su trono, como había
hecho al regresar de su primer destierro en
Elba. A menos que alguien pueda proporcionar
documentos auténticos que refuten los
hechos tal como los reportaron los testigos
oculares, los críticos deben aceptar
la veracidad de los testimonios.
Napoleón
fue envenenado durante su exilio en la isla
de Santa Elena; no hay ninguna duda al respecto.
Fue envenenado de la forma más utilizada
durante el siglo XIX. Hasta la fecha ningún
patólogo o toxicólogo se ha opuesto
seriamente a mi tesis. Llamo tesis a este estudio
a falta de mejor denominación, ya que
el envenenamiento es un hecho cierto.
De los 34 síntomas
conocidos sobre la intoxicación mediante
arsénico, esos ocho testigos detectaron
más de 30. Es más, la presencia
de arsénico en el cabello de Napoleón
ha sido confirmada por la moderna medicina forense
y la ciencia nuclear.
Desde hace
más de cien años, numerosos médicos
de historia e historiadores han atribuido la
enfermedad y muerte de Napoleón a más
de treinta causas diferentes, desde la gonorrea
a la sífilis, del escorbuto a la hepatitis
y al cáncer. La historia registra que
Napoleón murió de cáncer
y sin embargo estaba gordo. ¿Cómo
es posible, si se sabe que el cáncer
consume los tejidos? Es más, Napoleón
no manifestó nunca síntomas de
cáncer. Háganse esta pregunta:
¿Cómo puede alguien morir sin
manifestar los síntomas de su enfermedad?
Hace más
de treinta años, mi colega sueco Sten
Forshufvud hizo analizar los cabellos autentificados
y rasurados de la cabeza de Napoleón
el 6 de mayo de 1821, al día siguiente
de su muerte. Un cabello crece alrededor de
2.54 cm. cada dos meses. Como los cabellos fueron
cortados a ras del cuero cabelludo y tenían
7.62 cm., habían crecido durante los
últimos seis meses de la vida de Napoleón.
Al analizar
los cabellos por secciones, fuimos capaces de
determinar con una precisión casi diaria
cuándo se le administraron fuertes dosis
de arsénico. Los resultados de los análisis
de los cabellos mostraban extremos altos y bajos
en los niveles de arsénico. El punto
más bajo era de 2.8 partes por millón
y el más alto de 51.2 partes por millón
y, en cada sección analizada, los niveles
variaban entre máximos y mínimos.
Eso demuestra que Napoleón ingería
más arsénico en ciertos momentos
y menos en otros.
Hay que tener
presente que el nivel normal de arsénico
del cabello en esa época era de alrededor
de 0.08 partes por millón (ppm). Unos
ejemplos de los resultados obtenidos sobre los
máximos y mínimos de los cabellos
de Napoleón son: 51.2; 45.2; 24.5; 18.8;
2.8; 7.1; 20.4; 24.1; etc. Estos resultados,
muy por encima de lo normal, confirman sin sombra
de duda que se le hacía ingerir arsénico
a Napoleón en diferentes períodos.
No hay ninguna duda. (Véase la tabla).
La siguiente
tabla muestra los resultados de uno de estos
análisis, en el cual se analizó
un cabello en ocho secciones. Observen los muy
elevados niveles de arsénico comparados
con el contenido normal de esa época
que, según se estableció, era
de aproximadamente 0.08 ppm. Se darán
cuenta que el contenido máximo es de
51.2 ppm, lo cual es una cantidad extraordinariamente
alta y que prueba sin lugar a dudas que se le
hacía ingerir arsénico a Napoleón
en ese momento en particular.
Los niveles
de arsénico en los cabellos de Napoleón,
analizado en el Laboratorio de Investigaciones
Nucleares de Harwell de Londres, confirman los
hechos descritos por los ocho testigos oculares.
A lo largo
de los años, la gente ha atribuido el
arsénico en los cabellos de Napoleón
al papel tapiz de Longwood, al agua que bebía,
los medicamentos que tomaba o la crema capilar
que usaba. Si estas suposiciones fueran realmente
verdaderas, entonces los niveles de arsénico
en el cabello serían constantes, puesto
que habría tomado el mismo nivel de arsénico
todos los días. La extrema diferencia
entre máximos y mínimos muestra
sin duda que esas teorías no se basan
en los hechos de ninguna manera y deben descartarse.
En 1974, cuando
conocí a Sten Forshufvud, decidimos trabajar
juntos para demostrar de una vez por todas que
Napoleón fue realmente envenenado. Por
eso, establecimos dos listas cronológicas.
En la primera marcamos los síntomas tal
como los describieron los testigos oculares
en fechas específicas antes de su muerte.
Ellos describieron, por separado unos de otros,
en libros y diarios, los diferentes síntomas
de Napoleón. Usamos estos síntomas
como la base de esta lista, que cubre un periodo
de varios meses antes de su muerte.
Estos testigos
oculares, todos ellos compañeros de Napoleón,
son: el marqués de Las Casas, quien trabajaba
con Napoleón en una historia de sus campañas;
el barón Gourgaud, uno de los oficiales
que sirvieron durante mucho tiempo a Napoleón
y lo siguieron al exilio; el doctor Barry O'Meara,
un médico inglés de ascendencia
irlandesa, designado por los ingleses como doctor
del Emperador; el doctor Francisco Antommarchi,
un médico italiano enviado por la familia
de Napoleón desde Roma para reemplazar
a O'Meara, cuando éste debió regresar
a Inglaterra; el gran mariscal Bertrand, quien
había permanecido junto a Napoleón
más de quince años; Luis Marchand,
el leal ayuda de cámara del Emperador
durante diez años; y dos médicos
ingleses, Walter Henry y John Stokoe, quienes
atendieron a Napoleón durante periodos
cortos.
|
|
| El
Barón Gaspard Gourgaud y el
conde Emmanuel Agustín de Las
Cases |
|
Estos testigos
oculares visitaban regularmente a Napoleón,
lo observaban a diario y todos ellos llevaron
diarios personales, independientes unos de otros,
de sus vidas en Santa Elena.
En la segunda
lista cronológica anotamos los niveles
de arsénico obtenidos de los análisis
seccionales del cabello de Napoleón,
hechos en el Laboratorio de Investigaciones
Nucleares de Harwell. Usamos una muestra del
cabello de Napoleón rasurado a ras del
cuero cabelludo el 6 de mayo de 1821, el día
siguiente de su fallecimiento.
Las dos listas
casaban. Los días en los que se observó
que Napoleón mostraba síntomas
idénticos a los de la intoxicación
por arsénico, los informes de Harwell
indicaban altos niveles de arsénico en
los cabellos. No hay error, puesto que Harwell
es uno de los laboratorios nucleares más
sofisticados del mundo y tuvo la responsabilidad
de investigar sobre la bomba atómica
para el gobierno británico.
Estos análisis
confirman, mediante métodos científicos
modernos, que los síntomas que registraron
los testigos oculares hace más de 178
años eran realmente síntomas de
intoxicación por arsénico. No
son suposiciones, sólo hechos.
Puesto que
se ha establecido que el cabello crece aproximadamente
2.54 cm. cada dos meses, si se rasura al ras
del cuero cabelludo y se sabe la fecha, entonces
los análisis del arsénico en el
cabello pueden determinar casi día a
día cuándo el arsénico
fue ingerido. Es importante tener en cuenta
que en 1821, como sigue siendo actualmente,
es raro que durante la autopsia el doctor sospeche
del envenenamiento por arsénico a menos
que se la haya dicho con anterioridad.
Conocí
al profesor Henri Griffon, jefe del departamento
toxicológico de la policía de
París, quien ha tenido mucha experiencia
en casos de envenenamiento por arsénico,
y le pedí que me explicase por qué
tantos médicos, en ese entonces e incluso
hoy en día, podían pasar por alto
la intoxicación por arsénico como
una causa posible de la muerte de Napoleón.
Griffon respondió
que, en cualquier caso de asesinato con arsénico,
no había encontrado nunca un médico
que hubiese diagnosticado correctamente un envenenamiento
por arsénico como causa de muerte. Por
lo tanto, no podemos culpar a ningún
médico de Napoleón por no haber
entendido su enfermedad. Simple y sencillamente
no estaban capacitados para entender los síntomas
del envenenamiento por arsénico. El trióxido
de arsénico no tiene olor ni sabor....
un veneno de primera clase.
Muy recientemente,
en septiembre de 1967, la señora Esther
Castellani murió en Vancouver, Canadá,
después de haber estado enferma durante
nueve meses. Meses después de su entierro,
una mujer se puso en contacto con el Procurador
General de la Corona para decir que ella sabía
cómo había sido asesinada la señora
Castellani; si se le concedía la protección
de la corte, revelaría la identidad del
asesino.
El Procurador
General de la Corona no le creyó puesto
que el informe de autopsia mostraba que la señora
Castellani había muerto de “una
infección viral y de un ataque al corazón”.
Como la mujer
insistió, se le otorgó la inmunidad
y contó entonces que ella y René
Castellani, marido de la víctima, la
habían envenenado con arsénico.
Al parecer, René Castellani había
prometido casarse con su cómplice después
de haber cobrado el importe del seguro, pero
una vez cobrada la cantidad, no cumplió
su promesa.
Las autoridades
gubernamentales exhumaron el cuerpo e hicieron
los mismos análisis en su cabello que
los nuestros con los de Napoleón. El
resultado demostró que los niveles de
arsénico en su cuerpo eran suficientemente
elevados como para matarla. El señor
Castellani fue arrestado, encontrado culpable
y condenado a 25 años de prisión.
El día
del juicio, 26 de septiembre de 1967, el doctor
Moscovitch, que atendió a la paciente,
declaró que no había sospechado
nunca en el envenenamiento por arsénico,
ni tampoco los muchos expertos médicos
a los que pidió que la examinaran en
el Hospital General de Vancouver. El Dr. Moscovitch
precisó: “La posibilidad del
arsénico no se le ocurrió nunca
a ninguno de nosotros”. Durante la
enfermedad de la señora Castellani, se
habían realizado más de 125 análisis
clínicos sin descubrir nunca la presencia
de arsénico.
El doctor Moscovitch
añadió que el envenenamiento por
arsénico presenta diferentes apariencias
y los síntomas son muy engañosos.
Es exactamente lo que llevó al doctor
O’Meara a creer que Napoleón sufría
de disentería, escorbuto, gota, úlceras
u otras enfermedades. Si un médico considera
separadamente dos o tres síntomas provocados
por el arsénico, puede equivocarse sobre
la identidad de la enfermedad. Para diagnosticar
el envenenamiento por arsénico, el médico
debe identificar todos los síntomas de
la víctima en su conjunto y compararlos
en específico con los de intoxicación
mediante arsénico. A menos de prevenirlo,
el médico no tiene posibilidad de sospechar
de arsénico puesto que los síntomas
en sí, vistos por separado, se parecen
a los de muchas otras enfermedades. Solamente
cuando son vistos en su conjunto se aclara el
patrón fatal.
Permítanme
mostrarles un ejemplo de los síntomas
descritos por uno de los testigos oculares:
El doctor Francisco
Antommarchi era el médico personal de
Napoleón. En su diario, con fecha 26
de febrero de 1821, escribe: “El Emperador
tuvo una brusca recaída, tos seca, vómitos,
sensación de ardor en los intestinos,
agitación general, incomodidad, sentimiento
de ardor casi insoportable acompañado
de una sed ardiente.” El 27 de febrero,
escribe: “El Emperador está
mucho peor que ayer. La tos se ha vuelto más
violenta, y unas penosas náuseas apenas
cesaron a las siete de la mañana.”
 |
| El
Dr. Francesco Antommarchi,
médico corso. |
|
El informe de
este testigo ocular se confirmó mediante
el análisis nuclear del cabello de Napoleón,
pues muestra una nueva punta de presencia de
arsénico en esas fechas, lo que prueba
que sí estaba siendo envenenado.
Es importante
que sepan que Napoleón no murió
a causa del envenenamiento por arsénico,
sino que en realidad fue asesinado en dos fases,
según el método utilizado por
los envenenadores profesionales de la época.
El “método
clásico” para matar a alguien sin
dejar huellas del acto criminal consistía
en una fase superficial seguida de una fase
mortal.
La fase superficial
del envenenamiento de Napoleón comenzó
a mitad de 1816 mediante la intoxicación
por arsénico. Hay incluso evidencia que
la intoxicación por arsénico empezó
durante la campaña de Waterloo, varios
meses antes del exilio de Napoleón. El
arsénico es esencialmente una sustancia
incolora, inodora, sin sabor que puede ser mezclada
sin riesgo de detección en los alimentos
o el vino; y la cantidad necesaria para consumar
un asesinato podría haber cabido en un
pequeño sobre.
Napoleón
fue envenenado por arsénico lenta y periódicamente,
a fin de destruir su salud y de hacer creer
que declinaba de una forma natural a causa de
una enfermedad. Matarle brutalmente habría
desencadenado una revolución en Francia
donde el ejército seguía siendo
fiel a Napoleón, así como la mayoría
del pueblo francés.
Para llevar
a buen término esta primera fase del
proceso, el asesino debía tener acceso
a los alimentos o al vino que el Emperador consumiría,
pero, al mismo tiempo, debía evitar envenenar
a cualquier otra persona. Los alimentos consumidos
en la casa de Longwood eran compartidos por
todos los que habitaban en la casa, pero Napoleón
tenía su propia provisión de vino
de Constanza, un vino importado de Ciudad del
Cabo especialmente para él. El Emperador
era el único que consumía ese
vino; los demás habitantes consumían
cualquier vino que estuviera disponible.
En sus diarios
y notas, los testigos oculares registran muy
cuidadosamente más de treinta síntomas
que indican una intoxicación crónica
mediante arsénico. Al enumerar esos síntomas
y compararlos con los síntomas de intoxicación
por arsénico descritos en cualquier libro
moderno sobre toxicología, uno se da
cuenta que son idénticos. Ignorar el
testimonio de los testigos es ignorar la historia.
Si Napoleón
no hubiera recibido arsénico durante
la fase superficial del envenenamiento, ¿por
qué los ocho testigos oculares habrían
registrado, independientemente unos de otros,
los síntomas típicos de la intoxicación
por arsénico?
Si Napoleón
murió de cáncer, ¿por qué
murió gordo y no manifestó los
síntomas? Simplemente no murió
de cáncer.
La fase mortal
del asesinato comenzó en marzo de 1821
y, sin los medios de la medicina forense moderna
y de nuestra meticulosa investigación,
habría sido el crimen perfecto.
En esta fase
se introdujeron medicamentos tóxicos
como el tartrato emético, y más
tarde una horchata y calomel.
El doctor Antommarchi
escribió que el 21 de marzo, se dio una
limonada a Napoleón acompañada
de un emético. Los días siguientes,
se volvió a suministrar bebidas eméticas
a Napoleón. El tartrato emético
es un tartrato potásico de antimonio;
es muy tóxico e induce al vómito.
Sus síntomas son similares a los del
arsénico y no se utiliza en nuestros
días a causa de su fuerte toxicidad.
Dadas las limitaciones de los conocimientos
médicos de la época, era bastante
común que se prescribiera el tartrato
emético, con la esperanza de que con
los vómitos el cuerpo expulsara las enfermedades
para las cuales los médicos no tenían
otro tratamiento.
El tartrato
potásico de antimonio corroe la cubierta
mucosa estomacal. A la larga, su ingestión
inhibe los reflejos normales de vómito
mediante los cuales el estómago se protege
a sí mismo y el paciente se vuelve incapaz
de expulsar los venenos. Es exactamente el objetivo
del envenenador, y lo que ocurrió fue
que, por proporcionarle tartrato emético
a Napoleón durante cierto tiempo, se
impidió que se vomitara el cianuro de
mercurio, el cual permaneció en su cuerpo
para terminarlo con el método de envenenamiento
de la época. El cianuro de mercurio fue
resultado de la combinación de horchata
y calomel, y ahora explicaré cómo
funcionó para matar al Emperador.
El 22 de abril,
apareció una nueva bebida que le fue
suministrada por primera vez a Napoleón.
Era horchata. Ésta es una bebida con
sabor a naranja que contiene aceite de almendras
amargas. Se sirvió a Napoleón
para ayudarlo a apagar su sed. La sed, dicho
sea de paso, es uno de los síntomas del
envenenamiento crónico mediante arsénico.
El gran mariscal
Bertrand registra claramente en sus diarios,
página 165, que el 25 de abril de 1821,
llegó a la casa de Longwood una caja
de almendras amargas, el ingrediente de la horchata
que contiene ácido cianhídrico
o ácido prúsico.
Antes de esa
fecha no había almendras amargas en la
isla. Aparentemente, el envenenador comenzaba
a preocuparse de que las almendras amargas no
llegaran a tiempo, puesto que el gran mariscal
Bertrand anota claramente en la página
166 de su diario que alguien (sin mencionar
el nombre) le pidió a su hijito Arturo
de cuatro años que saliera a recoger
huesos de duraznos y los guardara en la despensa.
 |
| Longwood
House,
prisión de Napoleón
en Santa Elena |
|
Los huesos de
durazno pueden conseguir el mismo efecto que
las almendras amargas, puesto que ambos contienen
ácido cianhídrico. Enseguida les
voy a explicar cómo esto permitió
matar a Napoleón sin dejar signos reveladores
de la acción criminal.
Un reciente libro titulado Toxicología
clínica dice en la página
105: “Aceite de almendras amargas.
Cuando se ingiere, este aceite se convierte
en un veneno rápido y provoca la muerte
violenta si un adulto bebe 7.5 cm.³
”. A pesar de que no se suministró
una dosis tan grande a Napoleón, la cantidad
que consumió se considera crónica.
El mariscal
Bertrand nos dice en su libro que unos días
antes de su muerte, en la noche del 2 al 3 de
mayo de 1821 y al día siguiente, Napoleón
estaba extremadamente sediento y que bebió
mucha horchata. Recuerden, la sed es un síntoma
de intoxicación por arsénico.
El diario de Antommarchi menciona que estaba
preocupado porque Napoleón estaba extremadamente
constipado. La constipación es también
un síntoma de intoxicación crónica
mediante arsénico. El remedio favorito
para ese mal en esa época se llamaba
calomel. En un libro titulado Toxicología
clínica de los productos comerciales
se dice en la página 91 que el calomel
contiene cloruro de mercurio.
Ahora bien,
lo siguiente es importante. Luis Marchand, quien
fue el primer ayuda de cámara de Napoleón,
anota en las páginas 323 y 324 de su
diario que el 3 de mayo de 1821 a las 17:30
horas, administró a Napoleón,
sin su conocimiento ni aprobación, diez
granos de calomel, o sea una dosis para un verdadero
héroe. Esta dosis era 40 veces mayor
a la normal, puesto que, en aquellos días,
habitualmente se prescribía un cuarto
de grano para curar la constipación.
El gran mariscal
Bertrand lo confirma en la página 192
de su diario. Fue el momento irrevocable de
la letal fase final que fue directamente responsable
de la muerte de Napoleón.
El calomel
contiene cloruro de mercurio y la horchata de
almendras amargas contiene ácido cianhídrico
o ácido prúsico. Al mezclarlos,
se combinan en el estómago y se convierten
en cianuro de mercurio que es normalmente expulsado
por un estómago en buen estado mediante
el vómito. Pero como a Napoleón
se le habían servido varias bebidas con
grandes cantidades de tartrato emético,
tenía inhibidos los reflejos de vómito.
En consecuencia, el enormemente tóxico
cianuro de mercurio se quedó en su organismo.
Y después,
¿qué sucedió? El gran mariscal
Bertrand escribe en la página 192: “Poco
tiempo después, cayó en la inconsciencia.
Estaba completamente inmovilizado por una parálisis
total de los músculos voluntarios. No
podía ni siquiera tragar.” Está
bien documentado que el cianuro de mercurio
paraliza las funciones motoras voluntarias.
Cuarenta y ocho horas después de haber
tomado el calomel, sin haber recobrado la conciencia
nunca jamás, Napoleón murió.
¿Qué
provoca el cianuro de mercurio en el estómago?
Corroe las paredes estomacales y provoca una
inflamación anular del músculo
del píloro. El Diccionario Médico
Ilustrado Larousse explica en las páginas
741 y 742 los graves efectos tóxicos
de la horchata y el calomel y advierte que no
se combinen para usarlos como tratamiento.
La autopsia
que realizó Antommarchi en presencia
de numerosas personas, incluidos los médicos
ingleses, revela una profunda corrosión
de la cubierta estomacal y una importante inflamación
anular del píloro. Sin embargo, sin sospechar
el envenenamiento, los doctores, excepto Antommarchi
quien era el único patólogo presente,
concluyeron que Napoleón había
muerto a causa de “una condición
que provoca cáncer”. De hecho,
murió por un envenenamiento de cianuro,
después de una larga intoxicación
mediante arsénico. Todos sabemos que
nadie se muere de una condición que provoca
cáncer – uno simplemente se muere
de cáncer.
Es interesante
apuntar que el doctor Henry, después
de la autopsia, hizo notar el aspecto afeminado
de Napoleón porque no tenía vello
en el cuerpo. Se debería de haber dado
cuenta que la pérdida del vello en el
cuerpo es un síntoma de envenenamiento
crónico mediante arsénico.
Luis XVIII
nombró al marqués Enrique de Montchenu
para representar a Francia en Santa Elena durante
el exilio. Al día siguiente de la muerte
de Napoleón, Montchenu informó:
“De los cinco médicos presentes
en la autopsia, ninguno conoce la causa exacta
de su muerte”.
El libro Sobredosis
por drogas venenosas dice en la página
744: “El cianuro es uno de los venenos
que actúan más rápido,
en la forma de ácido cianhídrico
y en sus sales sódica y potásica,
es uno de los más mortales.”
El aceite de almendras amargas de la horchata
contiene ácido cianhídrico.
¿Había
un envenenador en la isla? Lo pueden apostar.
A continuación enumero algunos de los
hechos. No son suposiciones, sólo hechos.
El 24 de febrero de 1818, Cipriani, el mayordomo,
quien era en realidad el agente secreto de Napoleón,
cayó intempestivamente enfermo siendo
que gozaba siempre de una salud perfecta. Fue
presa de violentos dolores de estómago
acompañados de temblores helados. Le
dieron baños de agua caliente. Los temblores
helados y los dolores de estómago son
signos de una severa intoxicación por
arsénico.
Dos días
después, a las 16 horas, murió.
Cipriani fue enterrado inmediatamente, pero
alguien debió exhumar su cuerpo en secreto,
puesto que desapareció. ¿Por qué?
A alguien le preocupaba que una autopsia revelara
el envenenamiento, ya que una aguda intoxicación
por arsénico es fácil de detectar.
Su muerte demuestra que había un envenenador
en la isla que vivía en la casa de Longwood.
 |
| El
Emperador Napoleón y la pequeña
Betsy, hija de William Balcombe, superintendente
de la Compañía de las
Indias Orientales |
|
William Balcombe,
quien había albergado a Napoleón
en su sala de té llamada The Briars
(las zarzas), mientras se reparaba y ampliaba
la casa de Longwood, se hizo amigo de Napoleón.
Siempre estuvo convencido de que Cipriani había
sido envenenado, puesto que pidió que
se abriera la tumba y se realizara una autopsia;
pero el cuerpo desapareció antes de poderla
llevar a cabo.
Ahora, ustedes
deben de estarse formulando la pregunta clave:
puesto que Napoleón fue envenenado, ¿quién
lo hizo? Tenemos que considerar estos hechos
antes de llegar a una conclusión: quienquiera
que haya envenenado a Napoleón tenía
que estar en la isla y vivir en la casa de Longwood,
el hogar-prisión de Napoleón,
durante todo el exilio de más de cinco
años, puesto que Napoleón sufrió
intermitentemente los mismos síntomas
todo ese tiempo.
El factor más
importante a considerar es que quienquiera que
estuviera administrando el arsénico lo
hizo desde el principio del exilio y continuó
hasta la segunda fase, o “fase letal”
en 1821. Esto elimina inmediatamente a todos
aquellos que abandonaron Santa Elena antes de
la muerte de Napoleón y elimina también
a los que llegaron durante el exilio. En consecuencia,
no quedan más que Luis Marchand, el ayuda
de cámara, el gran mariscal Bertrand
y el conde de Montholon. El culpable del envenenamiento
debió estar en contacto regular con Napoleón
y, por lo tanto, vivir en la casa de Longwood.
Esto elimina automáticamente al gran
mariscal Bertrand que vivía a cierta
distancia, ya que su mujer inglesa prefería
una mayor privacidad y no quería tanta
convivencia con los demás compañeros
del exilio. Bertrand visitaba al Emperador sólo
cuando él mismo se lo pedía.
Sólo
había dos personas que tenían
un contacto diario tan estrecho con Napoleón,
que siempre que fuera necesario tenían
acceso a su dormitorio y que comían regularmente
con él.
Eran el conde
de Montholon y Luis Marchand. Todos los historiadores
y los exiliados de Santa Elena reconocen a Luis
Marchand como un servidor leal y fiel que servía
a Napoleón como si éste fuera
su padre. No tenía absolutamente ningún
motivo posible para dañar a Napoleón.
En cambio,
el conde de Montholon, no tenía ningún
motivo ni para admirar ni para desear servir
al Emperador en Santa Elena, a pesar de que
le ofreció sus servicios voluntariamente.
Hay que considerar que Napoleón sólo
tenía 46 años en ese momento y
gozaba de buena salud, y podría haber
vivido al menos veinte años más.
Eso habría significado para Montholon
pasar una buena parte de su vida a su servicio.
A menos que fuera un agente de los Borbones
y supiera de antemano que sólo tendría
que pasar unos cuantos años en la isla
a causa del encargo de envenenar a Napoleón.
De otra forma, no hubiera habido ninguna razón
lógica para que Montholon estuviera ahí.
Una de las
razones del rencor de Montholon hacia Napoleón
fue que éste lo cesó de su puesto
de enviado francés en Wurzburgo, por
infringir sus órdenes al casarse con
Albine Roger, dos veces divorciada.
El conde de
Montholon, era un realista convencido. Consideremos
los hechos siguientes:
1.
Su padrastro, el conde de Semonville,
era un amigo cercano de Luis XVIII y
del conde de Artois. |
2.
El conde Carlos-Luis de Semonville era
conocido como un individuo astuto y
ladino, que continuó al servicio
de varios regímenes franceses
sucesivos desde Luis XVI hasta Luis-Felipe.
En verdad, fue un logro casi único
en esa época. El conde de Semonville
era conocido por ser un agente del archiborbón
conde de Artois, hermano del rey Luis
XVIII. |
| 3. Por los servicios
prestados a los Borbones, el rey nombró
al conde de Semonville Par de Francia.
En consecuencia ocupaba uno de los puestos
más elevados del Estado. |
El conde de
Montholon creció llevando el nombre Montholon-Semonville.
Sin embargo, al irse para Santa Elena, muy inteligentemente
borró el Semonville de su nombre y se
embarcó simplemente como conde de Montholon.
Montholon era
también conocido como un vividor, siempre
estaba endeudado y le gustaba pasarla bien.
¿Por qué un hombre con ese historial
querría pasar por lo menos 20 años
de su vida sirviendo a Napoleón en Santa
Elena? A menos que tuviera órdenes específicas
de envenenar a Napoleón para impedirle
que regresara a Francia.
Considérese
que el conde de Montholon era el sommelier
y tenía acceso exclusivo al vino de Napoleón.
Fue mediante el vino que se envenenó
a Napoleón. El polvo de arsénico
es neutral – no tiene sabor – y
podía mezclarse en el vino cuando Montholon
lo quisiera.
De hecho, el
barón Gourgaud, en sus memorias, registra
que había prevenido a Napoleón
de la posibilidad de un envenenamiento por medio
del vino. Sin embargo, Napoleón no tomó
esta advertencia en serio.
Es interesante
notar que el gran mariscal Bertrand, en una
carta al cardenal Fesch, escribió que
algunos días después de la muerte
de Cipriani, una sirvienta empleada por Montholon
y un pequeño niño habían
muerto con los mismos síntomas. ¿Bebieron
o comieron por accidente algo de lo que Montholon
había preparado para Cipriani? Nunca
lo sabremos, pero es una extraña coincidencia,
de hecho.
Considérese
también que Montholon fue uno de los
principales herederos del testamento de Napoleón
y fue designado como uno de los tres ejecutores
testamentarios. Montholon se encontraba sólo
con Napoleón, cuando éste redactó
su última voluntad y añadió
codicilos.
En realidad,
Montholon heredó 2, 200,000 francos,
suma enorme en esa época y, sin embargo,
quedó en bancarrota y tuvo que huir a
Bélgica para escapar de sus acreedores
en 1829.
Durante su
servicio en el ministerio de la defensa en 1814,
mientras Napoleón estaba en Elba desterrado,
Montholon había robado unos fondos militares
que ascendían a 6,000 francos. No obstante,
no fue nunca castigado por este crimen, gracias
a la intervención del conde de Artois,
quien se convertiría más tarde
en Carlos X, rey de Francia.
Consideremos
que fue Luis XVIII quien nombró al conde
de Montholon como general del ejército
francés durante el exilio de Napoleón
en la isla de Elba.
Todos los historiadores,
aun aquellos que dudan del envenenamiento de
Napoleón, están de acuerdo en
que Montholon era un hombre intrigante y sin
escrúpulos, que casi siempre mentía.
Mi colega Sten Forshufvud y yo creemos que era
un agente de los Borbones, y los hechos así
lo indican. Como tal habría seguido los
deseos del rey en contra de un hombre que se
veía en la época como un criminal
y enemigo de la paz en Europa.
Consideremos
lo siguiente: Todos los compañeros de
exilio de Napoleón escribieron un diario
o redactaron sus memorias. Todos anotaron más
o menos los mismos síntomas sobre los
males de Napoleón, con excepción
del conde de Montholon.
Un ejemplo
es que Montholon informó que Napoleón
estaba esquelético cuando murió
mientras que todos los demás, incluidos
los médicos ingleses que estaban presentes
en la autopsia, dijeron que Napoleón
estaba exageradamente gordo. Para confirmar
la versión del cáncer, necesitaba
asegurar que Napoleón había muerto
esquelético. El aumento de peso es un
síntoma de intoxicación crónica
mediante arsénico.
Luis Marchand
era el único compañero del exilio
en vida cuando el libro de Montholon fue publicado
en 1848. Declaró que Montholon era un
mentiroso o que su memoria le estaba fallando.
Los recuerdos de Montholon son, en gran parte,
totalmente diferentes a los del resto de los
testigos.
Según mi opinión y la de Sten,
el conde de Artois mandó a Montholon
a Santa Elena para asegurarse que Napoleón
nunca regresaría a Francia como hizo
después de su primer destierro en la
isla de Elba.
Encontramos
el método usado en el asesinato de Napoleón
y, al indagar la oportunidad y el motivo, hemos
encontrado al asesino. El caso es muy claro.
El conde de Montholon asesinó a Napoleón,
usando la intoxicación crónica
mediante arsénico combinada con el envenenamiento
agudo con cianuro. Como agente de los Borbones,
tuvo éxito en su misión. Montholon
tuvo la oportunidad, competencia y un motivo
creíble para impedir secretamente cualquier
posibilidad de regreso de Napoleón para
reclamarle su trono a Luis XVIII.
Les pregunto
a ustedes: ¿estaban alucinando los ocho
testigos oculares cuando registraron, independientemente
unos de otros, más de 30 síntomas
de intoxicación mediante arsénico?
Si no se reconocen los síntomas que describieron
estamos ignorando la historia o, incluso, dejamos
en la oscuridad un terrible crimen.
¿Está
el Laboratorio de Investigaciones Nucleares
de Harwell, uno de los laboratorios más
respetados en su género a nivel mundial,
el cual, de hecho, ayudó a producir la
bomba atómica inglesa, equivocado en
su análisis de los cabellos de Napoleón
que mostraba los altos niveles de arsénico
hasta 51.2 ppm? Imposible.
Todos los historiadores
están de acuerdo en que Napoleón
murió gordo y sus tejidos no estaban
consumidos por el cáncer, especialmente
después de cinco años sin tratamiento.
Engordar es otro síntoma de la intoxicación
mediante arsénico. ¿Por qué?
Porque el envenenamiento crónico mediante
arsénico provoca la obesidad.
El epílogo
es que después de 19 años, cuando
se exhumó el cuerpo de Napoleón
para regresarlo a Francia, estaba en un excelente
estado de conservación. ¿Por qué?
Porque eso sucede con el envenenamiento por
arsénico, pues a pesar de matar, el arsénico
conserva los tejidos.
Finalmente,
quiero referirlos a la última frase de
una reseña de dos columnas sobre mi primer
libro publicada en la revista Newsweek:
“Este
libro es lo más eléctricamente
emocionante de la historia. Seguramente atraerá
la ira de los eruditos napoleónicos.
Tal vez Forshufvud y Weider no están
en lo correcto, pero para probar que se equivocaron,
sus oponentes van a tener que conseguir un enorme
sombrero y esperar que haya un conejo en él.”
