|
Sin embargo su conducta puede ser considerada
como odiosa en agosto de 1818 cuando el
mariscal Bertrand le invita a enviar un
nuevo médico a su sobrino, enfermo
en Santa
Helena. En efecto, el doctor O’Meara,
oficial británico y médico
personal del Emperador caído, acusado
de traición y de calumnia, sospechoso
de transferir correspondencia clandestina
de los prisioneros hacia Europa, es enviado
de vuelta por Hudson Lowe, hijo de médico
militar, convertido en el carcelero despiadado
que conocemos.
Fesch, iluminado, pensaba que Napoleón
había sido « llevado de su
roca por los ángeles, que lo habían
llevado quién sabe a dónde;
pero en perfecta salud ». Sus certezas
de lo Alto le condujeron a aceptar la
candidatura de un prosector de anatomía
en Florencia, supuestamente sin título
doctoral (1), llamado
Antommarchi. Su origen corso, su pretendida
admiración por el Emperador y su
picardía habían convencido
a Fesch de que hacía una buena
obra contratando a ese pobre muchacho
sin un centavo.
En Longwood,
Napoleón, privado de médico
desde hacía catorce meses, descubrió
rápidamente la incompetencia y
la ignominia del protegido de su tío:
«¿Ha
sido alguien peor atendido que yo por
semejante coglione?».
En revancha, gracias a Antommarchi...
y a Fesch, beneficiamos de un meticuloso
reporte
de autopsia. La descripción
detallada de las cicatrices permite confirmar
múltiples llagas y heridas evocadas
en las memorias. « El cuerpo presentaba...
muchas cicatrices, a saber: una en la
cabeza, tres en la pierna izquierda, de
las cuales una en el maléolo externo,
una quinta en la extremidad del dedo anular;
en fin, había un número
suficientemente grande en el muslo izquierdo
» (Dr. Antommarchi, Les derniers
moments de Napoléon, relato
de la autopsia).
UN
TRAUMATISMO CRANEANO
En su
juventud, « se vuelca con una calesa
y pierde el conocimiento ». Este
incidente está al origen de controversias
sobre las pretendidas crisis de epilepsia
de Napoleón (2),
que tuvo varias pérdidas de conocimiento
en su vida. |
 |
«
Bonaparte herido por un soldado
inglés durante el sitio de
Tolón » (1793)
Por Jacques Onfroy de Bréville,
llamado « Job » (1858-1931).
|
|
UNA LLAGA
EN EL MUSLO IZQUIERDO
Su primera herida
de guerra data del 16 de diciembre de 1793 durante
el sitio de Tolón, ciudad librada por
sus habitantes realistas a los ingleses. A pesar
de la lluvia diluviana y la obscuridad, decide
llevar a cabo el asalto para apoderarse de la
fortaleza del pequeño Gibraltar en el
promontorio de la Éguillette, uno de
los últimos fuertes que cubren el acceso
a la rada. Al haber sido muerto su caballo abajo
de él, Bonaparte continúa a pie
y recibe una cortada de espontón que
le da un oficial inglés. Todos los testimonios
de sus prójimos y el reporte de autopsia
confirman la existencia de una cicatriz sobre
una depresión « profunda y que
puede admitir al puño » en el muslo
izquierdo, un poco arriba de la rodilla. En
Santa Helena Napoleón le confiesa a Las
Cases que esta herida le hizo temer por su muslo.
Escapó por poco a la amputación
que quería practicar primero el cirujano
Hernández. Finalmente la cicatrización
fue obtenida gracias a los cuidados prodigados
por Jean-Mathieu Chargé.
 |
| El
doguillo Fortuné
de Josefina |
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|
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MORDEDURAS
EN LOS GEMELOS |
En
diciembre de 1795 o a principios de enero
de 1796, Napoleón pasa su primera
noche de amor con María-José-Rosa
Tascher de La Pagerie, viuda del general
de Beauharnais. La toma del lecho de la
futura emperatriz es precedida por una
lucha contra Fortuné [«Fortunato»],
el doguillo que le acogía regularmente
ladrando en cada una de sus visitas de
la calle Chantereine (3).
El perro abandona su lugar habitual no
sin múltiples mordeduras de las
cuales algunas dejaron huellas en los
gemelos del general. A pesar de ello,
dirige a su amante el primero de sus billetes
ardientes: « Despierto pleno de
ti. ¡Tu retrato y el recuerdo de
la embriagante velada de ayer no dejaron
reposo a mis sentidos! Dulce e incomparable
Josefina... ». El 9 de mayo de 1796
(19 de ventoso del año IV), Rosa
de Beauharnais se convierte oficialmente
en Madama Josefina Bonaparte. |
| |
UNA
CONTUSIÓN EN LA PIERNA DERECHA |
Bonaparte es herido durante la
campaña
de Egipto en Damanhour, la noche del 11
de julio de 1798 (22 de messidor), como de ello
da testimonio el cirujano Larrey en sus memorias:
« El general en jefe recibió una
patada de un caballo árabe, que le hizo,
en la pierna izquierda, una contusión
lo bastante fuerte como para que temiésemos
accidentes consecutivos: fui lo suficientemente
dichoso para prevenirlos, y conducirlo en muy
poco tiempo al restablecimiento, a pesar de
su marcha penosa y su actividad natural que
le alejaba del reposo ».
UNA CONTUSIÓN
EN UN DEDO
En una cacería
en Marly, el 22 de junio de 1803 (3 de mesidor
del año XI), es tirado y herido. Una
carta de Napoleón a Josefina datada del
día siguiente da fe de ello: «
Me herí muy ligeramente
un dedo cazando un jabalí... ».
Este accidente fue bastante importante para
que se todavía se acordara de él
en Santa Helena (« una
fuerte contusión del dedo »)
y deja una cicatriz anotada en el reporte de
autopsia (« extremidad del dedo anular
»).
UNA EROSIÓN
EN LA PIERNA IZQUIERDA
En el Memorial,
Las Cases relata otra herida de guerra que no
dejó recuerdos precisos a Napoleón:
« en la de Essling o de Wagram (6 de julio
de 1809), no sabría decir cuál
de ellas, otro disparo le había desgarrado
la bota, la parte baja y la piel de la pierna
izquierda ».
CAÍDAS
SIN GRAVEDAD
– Corriendo:
en septiembre de 1808, el Emperador cae al perseguir
a la emperatriz durante una partida de cañas
en el jardín, con algunos familiares
(Memorias de Constant);
– A caballo: Napoleón sufre varias
caídas de caballo que a veces precisan
varios días de convalecencia: en el sitio
de Tolón, durante las campañas
de Italia, en el sitio de San Juan de Acre,
en el campo de Boloña y en Arcis-sur-Aube.
En Marengo,
el 14 de junio de 1800, estuvo a punto de ahogarse
en el cieno: « Solo mi cabeza sobresalía
del agua y los austriacos hubieran podido fácilmente
decapitarme ».
UNA QUEMADURA
EN EL CUERO CABELLUDO
Durante el incendio
de Moscú desencadenado por criminales
liberados de prisión por órdenes
del gobernador Rostopchine, unas pavesas caen
en la mitad de la noche sobre el techo del apartamento
ocupado por el Emperador en el Kremlin, el 15
de septiembre de 1812. Al salir, « su
redingote gris se quemó en varios lugares,
así como sus cabellos » (Memorias
de Constant).
LA HERIDA
EN EL PIE EN RATISBONA (23 DE ABRIL DE 1809)
 |
«
Napoleón herido en Ratisbona
»
Imagen de Épinal. |
|
En enero de
1809, Napoleón lucha en España
contra el ejército inglés de John
Moore. Se entera de que Austria está
lista para declarar la guerra, tras muchos años
de preparación en vista de vengar Austerlitz.
Durante su regreso a rienda suelta hacia Francia,
es informado de la existencia de un complot
entre Talleyrand y Fouché que apunta
a colocar a Joaquín Murat en su trono
en caso de muerte accidental, al ser las noticias
de España pesimistas. En París,
el 28 de enero, convoca a sus ministros, Talleyrand
incluido, y cae en un furor rabioso (... «
Sois mierda en una media
de seda »).
El ataque austriaco
El 13 de abril
[de 1809], vuelve a partir en campaña
al Este. Por primera vez, se ha dejado sorprender
pues el archiduque Carlos ha atacado el 10 y
ocupado Munich, sin ruptura diplomática
ni declaración de guerra (5ª coalición).
El 17, llega al terreno y adivina de inmediato
los proyectos del archiduque. La Gran Armada
está dividida en dos grandes cuerpos
de armada: Masséna en el sureste y Davout
en el noreste; si el centro es doblegado por
los ejércitos enemigos (Austria, Prusia),
la guerra está perdida. Napoleón
da entonces la orden a las dos alas de reagruparse
en el centro, sobre la ciudad de Abensberg a
la que él mismo acude.
El encuentro entre Davout y sus adversarios
se produce en Tengen, al sur de Ratisbona (Regensburg).
Aprovechando la ventaja de los franceses y de
reagrupamiento de su ejército, Napoleón
persigue a los austriacos que son vencidos en
Eckmühl, el 22. El archiduque se repliega
con todas sus tropas sobre Ratisbona en donde
deja una muy fuerte guarnición y prosigue
hacia Bohemia para alcanzar a su ejército
de reserva. Ha perdido 30 000 hombres en ocho
días. El 23 de abril, los franceses arrebatan
por asalto Ratisbona, etapa indispensable para
abrir la ruta de Viena (tomada el 12 de mayo).
En el transcurso de esta batalla, Napoleón
es víctima de su segunda herida de guerra.
La
herida del Emperador
Al haber sido
respetadas las consignas de Napoleón,
no existe documento oficial alguno que relate
este episodio.
Así pues hay que basarse en los testimonios
que difieren a menudo sobre el sitio de la herida,
su tipo y las circunstancias.
• Constant,
primer valet de cámara del Emperador,
evoca el incidente en dos ocasiones, en sus
Memorias, con versiones ligeramente diferentes:
| –
« viendo el Emperador huir a los
austriacos por todas partes, creía
que el asunto estaba terminado. Se había
alistado su desayuno en la cantina, en
el lugar que él había designado.
Se dirigía a pie hacia dicho lugar,
cuando al voltearse hacia el mariscal
Berthier, exclamó: « estoy
herido ».
El golpe había sido tan fuerte
que el Emperador había caído
sentado; acababa de recibir el balazo
que lo había golpeado en el talón.
Por el calibre de esta bala, se reconoció
que había sido lanzada por un carabinero
tirolés, cuya arma tiene el alcance
ordinariamente de la distancia a la que
estábamos de la ciudad. Un ayuda
de campo vino a buscarme, y cuando llegué,
encontré al Sr. Yvan ocupado en
cortar la bota de Su Majestad, cuya herida
le ayudé a vendar. Aunque el dolor
fuera aún muy vivo, el Emperador
no quiso ni siquiera dar el tiempo de
que le volvieran a poner la bota, y para
dar el pego al enemigo, y tranquilizar
al ejército acerca de su estado,
montó a caballo, partió
a galope con todo su estado mayor y recorrió
todas las líneas ».
– «
En la campaña de Ratisbona, el
23 de abril, el Emperador recibió
en el pie derecho una bala perdida que
le hizo una contusión bastante
fuerte. Yo estaba con el servicio cuando
muchos granaderos de la Guardia acudieron
para decirme que Su Majestad estaba herida.
Corrí a toda prisa y llegué
en el momento en que el Sr. Yvan hacía
el vendaje. Se cortó y lazó
la bota del Emperador que volvió
a montar de inmediato a caballo ». |
 |
Proyectil
que hirió al Emperador
en Ratisbona
Conservado en el museo
del Ejército de París. |
|
|
• Otra
versión relatada por Octave Aubry («
La vida privada de Napoleón
»), confirma esta herida en el talón
derecho:
« A pie cerca de Lannes, examinaba con
el telescopio las defensas de la ciudad cuando
una bala, disparada desde las murallas, le dio
en el talón derecho. Mientras Yvan lo
venda, él dice con sangre fría:
“No puede ser más
que un tirolés el que me atinó
de tan lejos. Esas gentes son muy diestras”.
Sin embargo sufre, pues un nervio fue tocado.
Pero vuelve a subir a caballo y parte a galope
para mostrarse a las tropas que le aclaman con
transporte. El día siguiente, aunque
febril, pasa revista al ejército ».
Estos relatos
son igualmente los del Cadete de Gassicourt
(« Viajes a Austria »),
de W. Warden (Cartas de Santa Helena) y del
general barón de Marbot.
• Para
ciertos testigos, los dedos del pie «
se pusieron negros por la contusión »
(general Désiré Chlapowski). Esta
información es poco verosímil.
• Además
de las referencias ya citadas, múltiples
argumentos se presentan en favor del talón:
el cuadro de Gautherot en el museo de Versalles;
los propios recuerdos de Napoleón relatados
por Las Cases en el Memorial («
una bala le dio en el talón »);
la carta escrita por Napoleón a Josefina
el 6 de mayo de 1809 para tranquilizarla, al
haber llegado a París « rumores
» referentes a su heridas. « Amiga
mía, he recibido tu carta. La bala que
me tocó no me hirió: apenas rozó
el tendón de Aquiles. Mi salud es buena.
No tienes razón en inquietarte. Mis asuntos
aquí van muy bien. Todo tuyo. Di muchas
cosas a Hortensia y al duque de Berg
».
El « vizcaíno » (pequeña
bola de plomo que forma parte de la carga de
una caja de metralla) puede ser visto en el
Museo del Ejército, en París,
pues fue recogido de inmediato por el capitán
Lameau, ingeniero-archivista de la oficina topográfica
que formaba parte del séquito imperial,
y entregado a Madama Gérard, su sobrina,
abuela de los donadores.
El cirujano
Muchos nombres
son propuestos para designar al cirujano que
vendó el pie de Napoleón en Ratisbona:
Nicolás Heurteloup (1750-1812), Nicolás-René
Dufriche llamado Desgenettes (1762-1837), Dominique
Larrey (1766-1842). Un buen conocimiento del
servicio de salud del Emperador no deja ninguna
duda sobre la identidad del cirujano. Al ser
la etiqueta muy respetada durante el Imperio,
solo un médico o un cirujano de servicio
pudo tocar al Emperador. Napoleón no
apreciaba ni a los médicos ni las drogas.
No brindó su confianza más que
a un solo médico, recomendado por su
secretario Bourrienne y su hermano Luis, Jean-Nicolas
Corvisart (1755-1821). Corvisart se convirtió
en el médico de toda la familia Bonaparte
y rápidamente en uno de los verdaderos
amigos de Napoleón (« No
creo en la medicina, creo en Corvisart
»). Consejero médico del Primer
Cónsul, es promovido oficial de la Legión
de Honor un mes después de la Consagración
(primer médico que tuvo esta distinción).
Todas las obligaciones oficiales no le impiden
seguir una brillante carrera de terapeuta y
de docente. Bichat (1771-1802), Laennec (1781-1826)
y Dupuytren (1777-1835) cuentan entre sus alumnos
más célebres. Nombrado Primer
médico de Su Majestad (19 de julio de
1804), obtiene carta blanca para organizar el
servicio de salud del Emperador. Entre excelentes
practicantes no escoge más que amigos
leales, excluyendo a todo militar que hubiera
podido ser nocivo para su influencia en altos
niveles.
Larrey,
el más célebre de los cirujanos
de la época, nunca pudo obtener un puesto
oficial adjunto al Emperador, a quien conocía
desde Tolón. Le siguió a Egipto
como cirujano-jefe del cuerpo expedicionario.
Corvisart, fino psicólogo, temía
su estima recíproca e hizo todo para
no perder su ventaja. Larrey fue inspector general
del servicio de salud de los ejércitos
en 1804, y luego cirujano en jefe de la Gran
Armada el 12 de febrero de 1812. Nunca perteneció
al servicio de salud del Emperador.
Desgenettes
fue médico-jefe del ejército de
Italia, y enseguida de la expedición
de Egipto, donde se opuso a Bonaparte acerca
de la conducta que había que tener hacia
los apestados. Participó fielmente en
todas las campañas y luego se hizo inspector
general del servicio de salud de los ejércitos.
Nunca atendió al Emperador.
Heurteloup,
otro fiel de Bonaparte, fue cirujano-jefe del
ejército de Italia y enseguida de los
ejércitos en 1800 (a los cincuenta años).
Miembro del consejo de salud del ejército,
secundado por Percy, fue presidente de la sociedad
médica de París. En 1809, responsable
de la organización del servicio de salud,
estaba presente cuando se suscitó la
herida del Emperador, pero su función
no le permitió intervenir. No se hizo
miembro del servicio de salud del Emperador
hasta 1812.
El primer cirujano
Boyer fue nombrado a ese puesto
importante por Corvisart por su competencia
y su timidez durante las recepciones oficiales.
No tenía ningún gusto por las
expediciones lejanas y no partía más
que por orden del Emperador, quien apreciaba
su compañía. No participó
en las campañas de 1809.
En revancha,
el cirujano ordinario Yvan había seguido
a Napoleón desde las campañas
de Italia. Cirujano en jefe de Los
Inválidos en 1804, Corvisart no pudo
excluirlo del servicio de salud como a los demás
fieles del general Bonaparte. Yvan fue uno de
los únicos cortesanos, junto con Corvisart,
que tuvo la ocasión de asistir a veces
a aseo del Emperador. Incluso pernoctó
en las Tullerías por algún tiempo
(lo que Corvisart no había aceptado nunca)
a fin de estar en condiciones de procurar cuidados
a cualquier hora del día o de la noche.
Fue ciertamente él quien curó
el pie del Emperador.
Un paso
hacia la repudiación de Josefina
Todos los testimonios
dan a pensar que la herida de Ratisbona fue
sin gravedad, limitada a una fuerte contusión
sub maleolar externa derecha. En cambio, influenció
probablemente la corriente de la historia.
En abril de 1809, Napoleón comienza a
temer por su porvenir. La guerra de España
se desarrolla desde hace un año. Los
nacionalistas, inspirados por la revolución
francesa, comienzan a organizarse en el imperio,
especialmente en Alemania y en Italia. Por primera
vez, los coaligados, mejor organizados, infligen
pesadas pérdidas al ejército imperial
justo cuando se comenzaba a creerlo invulnerable.
Esta herida en el pie en el campo de batalla,
la primera de Napoleón en tanto que Emperador,
le hace tomar consciencia de una muerte posible
cuando no ha tenido un hijo con Josefina, y
por ende un descendiente directo.
Después de la victoria de Wagram (6 de
julio de 1809), María Walewska, la amante
polaca del Emperador, se reúne con éste
en Viena por varias semanas. Corvisart llega
por petición de Napoleón en agosto
y le anuncia algunos días más
tarde que María está encinta.
« Temía que esa dicha de la paternidad
que tienen todos los hombres me fuera negado,
por una especie de venganza de la suerte que
me ha prodigado tantos dones. Amo a los niños,
tú lo sabes. Pero un pequeño comentario
mío, es una gracia a la que ya no osaba
pensar ». Alejandro, nacido el 4 de mayo
de 1810 en Polonia, le aporta una segunda prueba
formal, después del conde León,
de lo que esperaba: ser padre.
La tentativa de asesinato del sajón Federico
Staaps, durante una parada militar, frente al
palacio de Schoenbrunn el 18 de octubre de 1809,
viene a reforzar el sentimiento de vulnerabilidad.
Después de más de dos años
de vacilaciones, estos eventos intervenidos
durante la campaña austriaca influyen
sobre la decisión definitiva de Napoleón
de divorciarse.
De Austria, pide a Duroc escribir al intendente
de los palacios imperiales para que haga inmediatamente
tapiar en Fontainebleau la puerta de comunicación
entre su apartamento y el de Josefina. Un mes
después de su regreso a París,
encuentra el valor de anunciar a la emperatriz
su repudiación, el 26 de octubre de 1809.
El divorcio es pronunciado el 14 de diciembre
de 1809.
ANEXO
Por
Eduardo Garzón-Sobrado
Presidente-fundador
del Instituto Napoleónico México-Francia
Para completar
esta interesante lista, mencionemos por último
los golpes a causa del estallido de una de granada
sufridos por el Emperador en 1813, en las cercanías
del Río Elba. Señalamos este accidente
a título indicativo, pues no ha sido
considerado en el texto del Dr. Goldcher, según
lo explica el autor, al no haber producido heridas
o dejado cicatrices en el cuerpo del Emperador.
Según Adolfo Thiers, « El día
siguiente, en efecto [9 de mayo de 1813], Napoleón
a caballo desde el despuntar del día,
descendió a Priesnitz con una fuerte
columna de infantería y toda la infantería
de la Guardia, y mandó comenzar el paso
ante sus ojos. Los rusos estaban formados en
la otra orilla, y parecían resueltos
a defenderla. Napoleón ordenó
el establecimiento de una fuerte batería
en las alturas de Priesnitz, a fin de barrer
la playa situada enfrente, e hizo subir de inmediato
a los tiradores en las embarcaciones que se
habían procurado. Trescientos 300 cazadores
pasaron, y echaron a los tiradores rusos, mientras
que por un va y viene continuo otros fueron
a alcanzarlos y a reforzarlos. Inmediatamente
comenzaron una fosa para cubrirse, mientras
el cañoneo se establecía por encima
de su cabeza.
Los rusos trajeron artillería, Napoleón
trajo más aún, y pronto fue bajo
el fuego de 50 piezas rusas, y de 80 francesas,
que el trabajo del puente fue continuado. Las
bolas caían por todos lados, y al venir
una de ellas a golpear un almacén de
tablones cerca del cual estaba situado Napoleón,
le lanzó a la cabeza un trozo de madera
que le golpeó sin herirlo.
Algunos italianos formados en ese lugar, cedieron
a un movimiento de miedo, por él más
que por ellos.
“Non fa male”
(4), les dijo, calificándolos
de algunas expresiones agradables, y provocando
entre ellos grandes carcajadas, les hizo, a
su ejemplo, quedarse alegremente bajo una granizada
de proyectiles ».
Adolfo Thiers. « Historia del Consulado
y del Imperio de Napoleón ».
Tomo 15, libro XLVIII, páginas 501 y
502.
NOTAS:
1) Antommarchi
recibió por parte de la Universidad Imperial
su título de doctor en cirugía
el 30 de junio de 1812. Le fue entregado por
la Academia de Pisa, refrendado por el ministro
Fontanès. El tema de su tesis era «
Dissertazione sulla cattareta »
2) Un mito persistente más, totalmente
erróneo pero muy difundido en especial
por los ingleses y enemigos pro-borbónicos
de Napoleón, deseosos de hacer pasar
a éste por un enfermo errático
y peligroso.
3) Fortuné era de la raza hoy
conocida como « Pug ».
4) « No duele » en italiano.