
| |
 |
Primera
distribución de la Legión de Honor,
iglesia de Los Inválidos, 14 de julio
de 1802
Pintura de Jean-Baptiste Debret
(1768-1848); Palacio de Versalles. |
|
|
por
el |

|
Coronel
Émile Guéguen
Gran Oficial
de la Legión de Honor
(1925-2003) |
Traducción
del Instituto napoleónico México-Francia
|
 |
| El
Coronel Émile Guéguen |
|
El
militar más condecorado de Francia,
el Coronel
Émile Guéguen,
fue un combatiente emérito cuyas
hazañas de guerra son célebres
en todo el ejército de Francia.
Siempre dio muestras en combate de un espíritu
caballeresco reconocido por todos sus adversarios,
Alemanes, Vietnamitas o Argelinos por igual.
Caballero, oficial y enseguida comendador
de la Legión de Honor, fue elevado
a la dignidad de Gran Oficial de dicha orden
el 15 de octubre 1996.
A partir de 1988 dedicó
por completo su vida a combatir por la imagen
de Francia y la defensa de la memoria de
Napoleón I, empeñándose
en eliminar las calumnias dirigidas contra
el Emperador. El coronel Guéguen
forjó una sentencia que gustaba de
repetir frecuentemente, y que se ha convertido
en una verdadera profesión de fe
para muchos napoleónicos del mundo:
« Napoleón
– decía – no
tiene ninguna necesidad de leyenda, sólo
necesita verdad ».
|
|
El
19 de mayo de 1802, el Cuerpo Legislativo por propuesta
del Primer Cónsul, votó la creación
de la Legión de Honor.
Artículo primero – En ejecución del
artículo 87 de la Constitución, en lo relativo
a las recompensas militares y para recompensar también
los méritos y las virtudes civiles, será formada
una une Legión de Honor (siguen 17 artículos
que fijan la organización y el modo de selección).
Bajo la dirección del general Dumas, de inmediato
fue creado el Gran Consejo. Se componía de tres cónsules,
Bonaparte, Cambacerés y Lebrun, con Kellermann representante
del Senado, Luciano Bonaparte representante del Tribunado,
José Bonaparte representante del Consejo del Estado,
y Lacépède, representante del Cuerpo Legislativo.
Bernard-Germain-Etienne de la ville, conde de Lacépède
(1756-1825) fue designado como Gran Canciller. Fue para
marcar bien claro el carácter igualmente civil de
la nueva creación que Napoleón escogió
a un sabio estimado y respetado. Lacépède
consagró su vida a la Legión de Honor que
le debe, en gran medida, su inmediato y prodigioso desarrollo.
Comportaba tres grados, caballero, oficial, comandante (hoy
comendador) y dos dignidades, gran oficial y gran-águila
(hoy gran cruz). Un decreto del 1º de julio de 1804
fijó la forma de la condecoración: una estrella
con cinco rayos dobles, esmaltada de blanco y atada a un
listón tornasolado rojo. Una renta fue sumada a cada
grado. La renta anual era de 500 francos para un caballero,
1,000 francos para un oficial, 2,000 francos para un comandante
y 5,000 francos para un gran oficial; los grandes-águilas
recibían dotaciones, lo más frecuentemente
en forma de castillos. Además, casas de educación
de la Legión de Honor fueron abiertas para la enseñanza
de las hijas de los Legionarios.
La primera entrega de la
condecoración tuvo lugar en el patio de Honor de
Los
Inválidos el 15
de julio de 1804. Fue el mismo Napoleón quien hizo
entrega personalmente a cada recipiendario. Fueron vistos,
uno tras otro, presentarse ante el Emperador a los mariscales,
los generales Oudinot, Macdonald y Marmont, el cardenal
Fesch, Cambacerés, Talleyrand, los matemáticos
Monge y Laplace, Prony, Cuvier, Montgolfier, Fontanes, Vivant
Denon, David, Méhul, Bernardin de Saint Pierre, inválidos
de las guerras de la República, oficiales, y al mítico
granadero Jean-Roch Coignet.
El esplendor de la ceremonia
de los Inválidos fue todavía rebasado por
la que se llevó a cabo el 16 de agosto siguiente
en el campo de Boloña (Boulogne) en presencia de
doscientos mil oficiales, suboficiales y soldados. Esta
jornada marcó verdaderamente la entrada de la Legión
de Honor en el alma de la nación; su resonancia fue
universal. Una columna, coronada con la estatua del Emperador,
conmemora el recuerdo de esta jornada. Muy gravemente lastimada
en 1944, la columna fue restaurada en 1962 con una nueva
estatua del escultor P. Stenne.
La Legión de Honor iba muy pronto a integrarse indisolublemente
Francia entera. Así, llenó plenamente la misión
que le había dedicado su fundador; al favorecer la
amalgama entre todos los franceses de todos orígenes
y niveles sociales, reforzó los fundamentos de la
nación. Un decreto de junio de 1804 autorizó
la admisión de extranjeros y fue así como
el gran literato alemán Johann Wolfgang von Goethe
recibió la condecoración de manos del Emperador,
de quien permaneció un ferviente admirador hasta
el final de su vida. De él decía: «
Napoleón siempre buscó la virtud, pero
como no existe en política, encontró el poder
».
La Legión de Honor resistió
perfectamente a todos los sobresaltos de la historia.
Ni siquiera el mismísimo Carlos X, (el conde
de Artois) que muy probablemente hizo asesinar a
Napoleón en Santa Elena, y que ya había
cometido múltiples tentativas infructuosas
a ese fin, entre ellas, en 1800, la máquina
infernal y en 1803 el envío a Francia de
Cadoudal y Pichegru, no se atrevió a suprimirla.
Temía que semejante decisión desencadenase
una nueva revolución.
En vista del éxito extraordinario obtenido
por la Legión de Honor, se podría
pensar que todos los intelectuales y hombres políticos
que participaron en su organización apoyaron
el proyecto con entusiasmo. Mandar, es prever y
la primera calidad de los hombres de decisión
es saber prever. ¡Y bien! No fue el caso y
Napoleón se topó con las mismas dificultades
que para el Concordato, el Código Civil y
la Instrucción pública. Thibaudeau,
que era él mismo un adversario del proyecto
nos dirá más al respecto:
« El 4 de mayo de 1802,
Roederer, por petición del Primer Cónsul,
leyó ante el Consejo de Estado el proyecto
de creación de la Legión de Honor.
Mathieu Dumas apoyó el proyecto a condición
que la condecoración fuera exclusivamente
reservada a los militares.
|
 |
Ceremonia
de entrega de la Legión de Honor en el
campo de Boloña
Dieciséis
de agosto de 1804 |
|
Napoleón: “Esto
era válido en la edad media o en la época
en que los francos hicieron la conquista de Galia cuando
la fuerza física y la bravura de un individuo determinaba
su rango. Hoy somos una nación de 30 millones de
ciudadanos, unidos para lo mejor y para lo peor, y en este
conjunto, el ejército no representa más que
un débil porcentaje. Son los civiles quienes son
la fuerza principal de la nación y los mejores de
entre ellos deben recibir una recompensa nacional que será
la misma que la que se atribuya a los militares. Será
un medio de estrechar los lazos entre todos y de forjar
la unión indispensable”.
Este razonamiento apoyado
con una rara mezcla de elocuencia y de buen sentido produjo
un gran efecto al Consejo. La fuerza de las palabras estaba
aumentada por el hecho de que estaban expresadas por el
jefe del gobierno que era también el más célebre
de los generales franceses.
El debate prosiguió
el 8 de mayo de 1802: Muchos oponentes rechazaron el principio
mismo de un sistema de recompensa por medio de condecoraciones.
La objeción principal era que se iba a crear una
orden que pondría fin a la igualdad. En una república,
decían, la única manera de recompensar a un
ciudadano de mérito es darle un empleo a su medida;
las cruces y los listones son sonajas apenas buenas para
las monarquías. Berlier y otros citaron ejemplos
tomados a los griegos y a los romanos.
Napoleón: “Habláis
de los romanos. Es curioso que los citéis como ejemplo,
cuando en su cultura el sistema de los rangos y castas estaba
llevado al extremo. Los romanos tenían sus patricios,
sus caballeros, sus ciudadanos y sus esclavos. Cuando desaparecieron
los patricios, Roma cayó en decadencia. El sentimiento
más fuerte en nuestros compatriotas es el del Honor.
Debemos guardar vivo este sentimiento y no podemos hacerlo
sin distinciones”.
El 19 de mayo de 1802, el proyecto de creación de
la Legión de Honor fue sometido a la votación
de las asambleas. He aquí los resultados:
En el Consejo de Estado: 14 sufragios a favor, 10 en contra.
En el Tribunado: 56 sufragios a favor, 38 en contra.
En el Cuerpo Legislativo: 166 sufragios a favor, 110 en
contra.
En total, había pues 236 sufragios a favor y 158
en contra. El margen era tan solo de 78 sufragios. Ningún
otro proyecto de Bonaparte encontró nunc una oposición
tan fuerte ».
Jacques Chirac, Presidente
de la República francesa, el 28 de enero de 2002,
marcó por medio de una gran recepción en el
Eliseo el inicio de las festividades conmemorativas del
200o aniversario de la creación de la Legión
de Honor: he aquí su discurso:
« ¿Por qué
esta pequeña estrella blanca suspendida a
un listón rojo, ha sido tan anhelada y respetada
durante los dos últimos siglos? ¿Por
qué la Legión de Honor es una de las
más famosas condecoraciones, si no es que
la más famosa del mundo? ¿Por qué,
desde hace doscientos años, ha servido de
modelo para tantas otras órdenes nacionales
en Europa y a través del mundo?
Esta orden no es la más antigua. Algunas
remontan a las cruzadas. Mas sin embargo la Legión
de Honor sigue siendo, en Francia, la primera distinción.
La que ha sobrevivido a los diferentes regímenes,
a las múltiples crisis y a los tiempos difíciles
que han marcado nuestra historia. Numerosas enmiendas
han modificado los estatutos iniciales pero no han
cambiado en nada los principios básicos.
En 1802, Francia está en paz: el tratado
de Lunéville acaba de ser firmado con Austria,
otro más en Amiens con Inglaterra y un tercero,
el Concordato, con el Vaticano. El Primer Cónsul
puede, consecuentemente, consagrarse a los asuntos
internos tales como la creación de instituciones
administrativas, judiciales y financieras de las
cuales muchas continúan rigiendo la vida
de cada día en nuestro país. La Orden
de la Legión de Honor es una entre ellas.
La Revolución de 1789 había abolido
todas las órdenes y condecoraciones; el Directorio
decidió reintroducir una antigua tradición
que consistía en recompensar los actos de
bravura de los militares por medio del otorgamiento
de armas de Honor. Bonaparte no tardó en
aplicar esta medida desde la primera campaña
de Italia de 1796. Es así como un joven tambor
de Árcole recibió dos baquetas de
plata que están hoy expuestas en el Museo
Nacional de la Legión de Honor.
La paz reencontrada permitió al Primer Cónsul
ir más lejos; ¿Cuál era su
objetivo? Quería crear una orden que recompensara
la virtud, el Honor, el heroísmo, una distinción
que pudiese reconocer el valor militar y el mérito
civil, una orden que no estaría basada en
el rango social o la heredad sino que estaría
abierta a todos sin ninguna discriminación.
Dicho de otra forma, una orden que colocaría
en el mismo pie los méritos civiles y militares.
Y Bonaparte añadiría: Esta condecoración
será otorgada a aquellos que habrán
servido mejor al ejército o al Estado. Soldados
que no saben ni leer ni escribir estarán
orgullosos de portar la misma condecoración
que los más grandes sabios y éstos
estarán igualmente orgullosos de portar la
misma insignia que los bravos.
El
coronel Émile René
Guéguen (1925-2003) recibiendo
la dignidad de Gran Oficial de la
Legión de Honor de manos
del presidente de la república
francesa, el Sr. Jacques Chirac.
Para esta ocasión el presidente
Chirac insistió en hacer
entrega personalmente de las insignias
aferentes al coronel, el 15 de octubre
de 1996, en el Patio
de Honor de Los Inválidos,
en el lugar mismo en el que el Emperador
Napoleón había condecorado
a sus Mariscales el 15 de julio
de 1804. Héroe de guerra,
resistente durante la ocupación
Nazi, el coronel Guéguen
recibíó en su vida
doce cruces de guerra.
Desde hacía veinte
años, el coronel Guéguen
defendía la memoria de Napoleón
en el mundo, luchando encarnizadamente
por acabar con las calumnias dirigidas
contra el Emperador. |
|
 |
| El
coronel Guéguen es nombrado
Gran Oficial de la Legión |
|
Roederer, encargado de presentar
el texto al Cuerpo Legislativo, agregó: La
Legión de Honor borrará los resabios
del Antiguo Régimen que ponía la gloria
heredada por encima de la gloria adquirida y a los
descendientes de los grandes hombres por delante
de los grandes hombres.
Así eran reafirmados los dos principios intangibles,
el joven tambor en el mismo rango que el príncipe
y el civil en el mismo rango que el militar, que
gobiernan desde 1802, una institución a la
cual Napoleón dio la divisa Honor y Patria.
Esos dos principios profundamente humanos, dieron
rápidamente a la Legión de Honor una
repercusión extraordinaria. Eran innovaciones
que contribuyeron grandemente a reforzar la imagen
del Emperador y el prestigio de Francia a lo largo
del mundo. La grandeza adquirida por la Legión
de Honor, en doce años, fue tal, que aún
tras la caída del Imperio y la restauración
de la monaqruía absoluta se mantuvo en todo
su esplendor.
Después de las dos guerras mundiales, el
número de los Legionarios alcanzó
la cifra de 300,000. El general De Gaulle, temiendo
que ese número pudiese disminuir el prestigio
de la Orden, pidió al general Catroux, gran
canciller, modificar las condiciones de atribución.
El número de los Legionarios fue fijado en
un máximo de 125,000.
El 9 de febrero de 1996, en mi calidad de Gran Maestre
de la Orden, emití una directiva para asegurar
una mejor repartición entre los militares
y los civiles, reforzar el carácter universal
de la orden por medio de una mejoría del
equilibrio entre regiones para las nominaciones
y promociones, y aumentar el número de mujeres
legionarias a fin de respetar mejor el verdadero
tejido de nuestra sociedad.
Así, la Legión de Honor permanece
fiel a los principios de su creación, desde
hace ya doscientos años. Igualdad, universalidad,
excelencia son aún las claves de su atribución
».
|
|
|