Vida de S.M.I. el Emperador y Rey Napoleón I el Grande.
Vida de S.M.I. el Emperador y Rey NAPOLEÓN I
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Eduardo Garzón-Sobrado, fundador.
S.A.I. & R. Jean-Christophe, Prince Napoléon..
CREPÚSCULO IMPERIAL: SANTA HELENA
Napoleón en Santa Helena
Acuarela de François-Joseph Sandmann (1805-1850)

Por el Profesor

Richard Holmes

Prof. Richard Holmes
Traducción y notas del Instituto Napoleónico México-Francia
« Deudo a la historia, ella dirá que un enemigo que durante veinte años le hizo la guerra al pueblo inglés vino libremente en su infortunio a buscar asilo bajo sus leyes ¿Qué prueba más clara podía dar su estima y de su confianza? ¿Pero de qué manera respondió Inglaterra a tal magnanimidad? Fingió tender una mano hospitalaria a ese enemigo y cuando se entregó de buena fe, se le inmoló »
Napoleón, 1815.

No había una razón militar inmediata para que Waterloo se revelase decisivo.

Las bajas de la campaña [de Waterloo] fueron de aproximadamente 60 000 franceses y casi 57 000 aliados. Soult había reconstituido el Ejército del Norte, los austriacos habían sido controlados en el Piamonte, y la guardia avanzada de Schwarzenberg había sido derrotada. Pero no había apoyo generalizado para Napoleón.
Cuando llegó a París el 21 de junio, las Cámaras demandaron su abdicación. Reconoció que la partida estaba acabada, y abdicó en favor de su hijo el 22 de junio. Un gobierno provisional acordó un armisticio, la Convención de París. La paz que seguiría castigó a Francia por los Cien Días regresándola a las fronteras de 1789, arrancándole las adquisiciones de la Revolución.

Napoleón se retiró a la Malmaison y ponderó su futuro. Propuso ir a los Estados Unidos: « me darán algo de tierra, o la compraré, y la cultivaré, viviendo de los productos de mis campos y rebaños ». Sin embargo, cuando llegó a Burdeos y abordó la fragata francesa La Saale, se encontró con que el capitán Maitland del HMS Belerofonte había sido autorizado a llevarle a él y a su séquito a bordo (1).
Dejó Francia para siempre el sábado 15 de julio. El Belerofonte lo llevó a Portsmouth, donde fue transferido al HMS Northumberland el 7 de agosto. Diez semanas después, llegó a la isla de Santa Helena, una erupción volcánica en el Atlántico Sur.

Napoleón fue confinado en Longwood House, a seis kilómetros de la pequeña capital de la isla, Jamestown. Las circunstancias de su estancia ahí siguen siendo intensamente controvertidas.
Se le permitió la compañía de un pequeño séquito, el general y madama Bertrand, el conde y la condesa de Montholon, el general Gourgaud, y su secretario, el historiador Emmanuel de Las Cases, quien le ayudaría con sus memorias.
Tenía domésticos, su vajilla de plata (2), y un abastecimiento liberal de vino y comida (3), y se le permitía cabalgar en un radio de 20 km ? luego se reduciría a 13 km ? de Longwood. Aun así era incuestionablemente un prisionero. Se le escoltaba cuando salía de la casa, toda su correspondencia tenía que pasar por la oficina del gobernador para su censura, había una enorme guarnición para evitar tentativas de rescate (4), el clima era desagradable y Longwood era húmeda.

Napoleón encontrándose con Jane y Betsy Balcombe en The Briars, en Santa Helena
Las hijas de William Balcombe, del servicio de la Compañía de las Indias del Este, recibieron al Emperador gritando “Boney, Boney” cuando llegó a Santa Helena. Ocasionalmente lo visitaron en Longwood. The Briars Park collection.

 

El mayor general Sir Hudson Lowe se convirtió en gobernador de Santa Helena en abril de 1816. Era un veterano de cuarenta y seis años que hablaba francés, alemán y el dialecto corso derivado del italiano. Un partidario reciente lo describe como « un servidor público dedicado que se vio endosado con la poco envidiable tarea de tener que adoptar las estrictas y detalladas órdenes que le eran dadas por Londres ». En contraste, el rencor de sus críticos fue atizado por correspondencia que reflejaba las directivas de Napoleón de «hacer saber en Europa lo mal que somos tratados aquí, para que puedan indignarse».

Lowe se dirigió a Napoleón, por órdenes de Londres, como « general Bonaparte », y en su entrevista final le dijo: « vuestra mala apreciación de mi carácter y lo grosero de vuestros modales excita mi piedad ». Lowe despidió a Barry O’Meara, el cirujano naval que atendía a Napoleón, ostensiblemente por ayudar a hacer salir de la isla cartas no censuradas, pero de hecho, según afirman los partidarios de Napoleón, lo habría hecho en virtud de su afección para con su paciente (5). Lo mejor que podemos decir es que Lowe era un carcelero puntilloso si no sádico, y que mucho de la desdicha en Longwood vino de la atmósfera claustrofóbica que se vivía en el entorno de Napoleón.

En 1818, era claro que Napoleón estaba enfermo, y para 1820 sus violentos dolores de estómago y ataques de vómito lo redujeron a una dieta a base de fluidos. Su médico, Antommarchi, prescribió calomel, pero, después de un periodo de sufrimiento intenso, en la mañana del 5 de mayo de 1821, Napoleón expiró.
Una autopsia concluyó que había muerto de cáncer del estómago, como su padre, pero esto ha sido vigorosamente rebatido. Pruebas realizadas en su cabello revelaron cantidades inusualmente altas de arsénico, y la balanza de la opinión (recientemente confirmada por Le Quotidien du Medecin el 7 de junio de 2005) favorece ahora a la muerte por envenenamiento, con Montholon figurando, no solo en pos de escapar del exilio sino también de recibir una herencia substancial tras la muerte de Napoleón, como el más probable culpable.


NOTAS:

1) Para ser exactos, las facultades dadas a Maitland iban más allá de una simple autorización para llevar al Emperador a Inglaterra; en realidad tenía órdenes de no dejarlo pasar. Maitland se apoderará de la persona de Napoleón por medio de una artimaña deshonrosa, afirmándole haber recibido de su gobierno la indicación de que el Emperador será bienvenido en Gran Bretaña, cuando en realidad su despacho decía: «... os corresponde emplear todos los medios propios para interceptar al fugitivo del cual depende la tranquilidad de Europa ».
2) Misma que suscitará un episodio memorable y patético, pues el Emperador se verá obligado a hacerla destruir para venderla en partes y poder sufragar los gastos de los franceses en Longwood. Previamente, habrá mandado extraer las águilas de los platos, jarras y bandejas, para impedir que los gloriosos emblemas cayeran en manos de los comerciantes ingleses.
3) Suministro juzgado excesivo por Sir Hudson Lowe, cuya opinión al respecto se puede poner en duda y por supuesto distaba mucho de ser la de los franceses. En efecto, la comitiva de Longwood recibía diariamente unos 40 kilos de carne, nueve pollos y 17 botellas de vino. La comida era compartida por todos los residentes, es decir el Emperador, su séquito y los domésticos tanto directos (es decir unas treinta a cuarenta personas según la época), como adjuntos (otros 20 sirvientes que cobraban 40£). En revancha, Napoleón beneficiaba de un abastecimiento personal correcto de vino de Constancia, un producto que le era llevado directamente del Cabo, en una cantidad de 1 126 litros anuales.
4) En un miserable peñasco de 122 kilómetros cuadrados, perdido a 1 800 kilómetros de las costas de África y a 3 500 kilómetros de las de Brasil, Inglaterra tenía apostada a una costosa guarnición de nada menos que 6 000 soldados, además de numerosos navíos de guerra de la Royal Navy que patrullaban sin descanso y en sentidos opuestos alrededor de la isla…
5) A su regreso a Europa después de su salida de Santa Helena, el Dr. O’Meara, atacado con saña por Hudson Lowe, fue degradado y destituido de su cargo en el ejército. El médico irlandés afirmó que Lowe lo había instado a administrar veneno al Emperador, insistiendo en su deber como oficial británico y la posición privilegiada de la que gozaba en su posición de médico del prisionero. Este episodio figura en su libro Una voz de Santa Helena (1822).