«Al
principio de este siglo, Francia era para las
naciones un magnífico espectáculo.
Un hombre la llenaba entonces y la hacía
tan grande que ella llenaba Europa...
Ese
hombre, salido de la sombra, había alcanzado
en pocos años, la más alta realeza
que quizás jamás haya asombrado
a la historia. Una revolución lo había
engendrado, un pueblo lo había escogido,
un Papa lo había coronado. |
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Cada
año, él alejaba las fronteras de su Imperio...
Había borrado los Alpes como Carlomagno y los
Pirineos como Luis XIV; había construido su Estado
en el centro de Europa como una ciudadela, dándole
por bastiones y por fortificaciones avanzadas diez monarquías
que él había hecho entrar a la vez dentro
de su Imperio y dentro de su familia.
Todo
en este hombre era desmesurado y espléndido.
Él estaba por encima de Europa como una visión
extraordinaria.»
Victor
Hugo; discurso a la Academia Francesa el 3 de junio
de 1841. |