« Tout pour l'Empire » - Instituto Napoleónico México-Francia.

Instituto Napoleónico México Francia.
México.
Francia.
Instituto Napoleónico México-Francia - Institut Napoléonien Mexique-France
Eduardo Garzón-Sobrado, fundador.
S.A.I. Jean-Christophe Napoléon, Prince Impérial.
NAPOLEÓN INMORTAL...
El Emperador
Llitografía de Raffet

Por el Señor

Christophe Bourachot
Fundador de la Librairie des Deux Empires

El Sr. Bourachot
Traducción del Instituto Napoleónico México-Francia ©
« ¡Dios está con Napoleón! ¡Napoleón está con nosotros! »
Mickiewicz.

Isla de Santa Helena, 5 de mayo de 1821… Aquel que marcó el mundo con su imperial huella no es más. Apenas su último aliento exhalado, el Emperador es enterrado en el rinconcito de la isla que afeccionaba, bajo un sauce, guardado por un vigía inglés…

Casi veinte años más tarde, hace su entrada, en su capital, con un frío digno de la Beresina. Una temperatura que no desalentará a los cien mil espectadores presentes ese 15 de diciembre de 1840. La Leyenda ya estaba en marcha y nada podía detenerla…

Casi doscientos años después, en una Francia mucho más sosa que la del Imperio, se habla todavía de Él.

Visionario extraordinario, ¿no lo había él previsto?

Él, el Emperador, el Pequeño Cabo, el Rapadito; e incluso el « Patrón » como lo apellida afectuosamente aun hoy un historiador conocido nuestro…

Y su nombre, esa « ecuación mágica », rebasa las fronteras, atraviesa los océanos: Napoleón es mundial. De La Habana a Tokio, de Londres al Cabo, el Emperador es omnipresente.

Desde el momento de su muerte, e incluso antes, se vio surgir una nueva Gran Armada: la de los 80 000, 85 000 libros, que aparecieron sobre él y su época. Biografías, memorias, recuerdos, estudios de todo género; ¡y no se ha acabado!

Todas ellas tantas piedras masivas que conforman un gigantesco monumento dedicado a la posteridad. Napoleón puede estar orgulloso de sus nuevos mariscales: Los Louis Madelin, los Frédéric Masson, Henry Houssaye, Jean Thiry, Comandante Lachouque, Louis Garros, Georges Mauguin… y de sus generales, entre los vivos éstos: Ben Weider, Alain Pigeard, Jean Tulard, Jean-Claude Damamme, Eduardo Garzón-Sobrado, Albert Martin… Sin hablar de la multitud de apasionados, de todos esos anónimos que restablecen cotidianamente las verdades de una época demasiado a menudo mal conocida, incluso deformada por ciertos incultos.

Chateaubriand (no obstante tan genial por otro lado), Lewis Goldsmith, Jean Savant, Henri Guillemin, Roger Caratini: ¡desde 1815 se ha calumniado tanto!

« Él », es ante todo ese extraordinario organizador civil, ¡y la nueva Francia republicana (desde un cierto 4 de septiembre de 1870) no tiene lecciones que darle a la Francia del Imperio!

El Emperador Napoleón en su estudio, hacia 1807
Por Paul-Hippolyte Delaroche (detalle) .

Consejo de Estado, Banca de Francia, Tribunal de Cuentas, Escuela Politécnica, Bachillerato, Legión de Honor

« Él » es también el « Gran Capitán », citado como tal por cantidad de contemporáneos. Ese emperador que la Europa de los reyes, a sueldo de Inglaterra, no aceptó nunca porque era primero el heredero de la revolución francesa.

Napoleón, mal le pese a algunos, dejó un rosario de nombres evocadores a la posteridad: Austerlitz, Jena, Friedland, Wagram… Sus victorias como sus derrotas forman parte desde ahora de la Historia.

Vencido en las llanuras de Bélgica, durante esa batalla del Monte San Juan que los ingleses nombraron « Waterloo », ese hombre portador de ideas nuevas no ha muerto: ¡resucitado en un día de diciembre de 1840, está más que nunca vivo!

« He visto pasar al alma del mundo » escribió Hegel, ese filósofo alemán que percibió a Napoleón en Berlín en 1806.

« El alma del mundo », bella definición para un emperador inmortal…