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COMENTARIOS |
| DEL
18 BRUMARIO |
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Golpe
de Estado del 18 Brumario,
10 de noviembre de 1799
Autor anónimo, escuela
inglesa de la época. |
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Por |
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Isis
Wirth Armenteros
Delegada
del INMF en Cuba
Consejera
Especial para los Países Hispánicos
Representante oficial en Alemania y Suiza |
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| Isis
Wirth |
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Instituto Napoleónico México-Francia
©
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| Al
hermano Luciano, que sin él
no hubiese sido posible.
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París,
18 Brumaire año VIII (1799). Hace un
mes que el general Bonaparte ha desembarcado
en Fréjus (sur de Francia), dejándosela
en la uña a su ejército, empantanado
en Egipto (debido a la derrota en Siria, ya
entonces y desde mucho, mucho antes, el lugar
maléfico de la región). Sieyès
busca una « espada » para colocarla
en el gobierno. El general Moreau, desde que
llega Bonaparte, le dice al ex- abate que ese
« es su hombre », y no él.
El Directorio
conocía fracaso tras fracaso. Italia
(¡que había ganado tan difícil
y ferozmente Bonaparte!) se perdió; en
Alemania, los franceses habían sido lanzados
al Rhin; Masséna tuvo que evacuar el
oeste de Suiza. (Recuerdo que estas guerras
revolucionarias son el anuncio del « internacionalismo
proletario »). Había un movimiento,
que llamaron los « neo-jacobinos »,
determinado a retornar al período de
1793-94, con sus medidas de « salvación
pública », o sea, el Terror (fue
justo bajo el Directorio que se produjo la «
Conspiración de los Iguales » de
Babeuf, reverenciado por Marx como precursor,
y quien además influenciara a Benito
Mussolini) (1).
Sieyès
estaba atemorizado por el movimiento revolucionario:
veía jacobinos por todas partes, decía
Barras. Razón no le faltaba, no sólo
porque hubo que mandar a la guillotina a Babeuf
y acólitos (bastantes), sino porque empezaban
a surgir clubs con la divisa: « La victoria
o la muerte », se invocaba a la guillotina
y a que volvieran las picas (donde ponían
las cabezas de los guillotinados). Incluso,
el Consejo había votado medidas como
el « préstamo a la fuerza (sic)
de 100 millones » a los ricos. Lo más
execrable fue sin embargo la « ley de
los rehenes », que serían tomados
de las familias de los nobles emigrados, y quienes
irían a la cárcel en caso de asesinato
de funcionarios y de « patriotas ».
En fin, Sieyès, inquieto por el resurgimiento
de los «terroristas»? término
que asimismo se le debe a la Revolución
francesa?, quería que la tranquilidad
fuese garantizada. Desde que Bonaparte desembarcó
en Francia, se comenzó a cuestionar la
« ley de los rehenes » y el «
préstamo a la fuerza ». La izquierda
gritaba: « ¡La contra-revolución
está hecha! ».
No del todo.
Faltaba el golpe de estado, que fue contra los
jacobinos.
Se orquestó
un complot, al que fueron ganados los inevitables
Fouché y Talleyrand.
Habían
dos consejos, el de los Ancianos y el de los
Quinientos. Se trasladaron tiempo antes a Saint-Cloud,
en las afueras de París, para evitar
al «pueblo» del faubourg Saint-Antoine.
Luciano, el hermano de Napoleón, había
sido elegido también poco tiempo antes,
presidente de los Quinientos.
Bonaparte fue
nombrado comandante de la división militar
de París, lo cual era ilegal, ya que
sólo el Directorio podía hacerlo.
Y Barras dimisionó: Talleyrand fue a
su casa (Barras, bastante sabio, decía
que tenía que estar en su bañera)
con una suma de dinero, proporcionada por los
banqueros complotados (razón tenían,
que les amenazaba el « préstamo
a la fuerza »), para comprar su dimisión,
pero Barras nunca vio este dinero, que los gustos
de Talleyrand eran muy caros.
Bonaparte arriba
al Consejo de los Quinientos, espera convencer
a los recalcitrantes. No quería que las
tropas intervinieran, deseaba que todo fuese
legal. Ay, pero era un orador débil,
excepto en presencia de sus soldados. Se complicó,
trastabilló, en el nerviosismo hasta
se arañó el rostro. La izquierda
se enfureció: « ¡Bonaparte,
fuera de la ley! », declaración
que significaba la pena de muerte. « ¡Abajo
el dictador! » Napoleón fue atacado
físicamente, en la turbamulta salió
lívido, sin palabra, de la sala. Se procedió
a votarlo « fuera de la ley ». Como
Luciano presidía, hizo que los granaderos
de la Guardia del Directorio lo llevaran afuera,
para no votar. Ya afuera, el hermano arenga
a los soldados: « Los facciosos vendidos
a Inglaterra han osado lanzarse contra vuestro
general para herirlo con sus estiletes ».
Los soldados se indignaron. Luciano retornó
a la sala, y teatralmente hizo un discurso de
oratoria que pudiera, después del de
Marco Antonio en el Senado tras la muerte de
César, ser acaso el más célebre.
Abriéndose las vestiduras, dijo que si
alguna vez su hermano se convertía en
dictador, él sería el primero
en ajusticiarlo.
Los soldados
hervían de rabia. Entonces Murat gritó
no menos célebremente: « Foutez-moi
tous ces bougres-là dehors! » («
¡Sacadme de aquí a todos esos tipos!
»). Entraron pues los soldados, y los
« Quinientos » huyeron por las ventanas.
Napoleón
tenía que agradecerle a Luciano. Más
tarde, se agriaron mucho ya que Luciano no se
dejaba dominar por el hermano mayor. La orden
de Murat fue decisiva: fue así un golpe
de estado con intervención militar. Luego,
más tarde también, cuando Murat
ya rey de Nápoles gracias a Napoleón,
le hizo varias bastante pesadas a éste,
los defensores de Murat y a su vez fieles a
Napoleón, alegaban a su favor que sin
Murat? como sin Luciano? el 18 Brumario no hubiese
sido posible. Que, subrayo, Napoleón
se paralizó cuando se enfrentó
al rechazo y al ataque.
El «
complot anglo-jacobino » fue derrotado,
y se abrió la era del Consulado. ¿Fin
de la Revolución? No, sino su continuación
(desde luego, los historiadores marxistas se
refieren al « complot de Napoleón
con la burguesía », deseosa ésta
de consolidar su « riqueza », y
que la burguesía no quería el
retorno a la « dictadura del pueblo »,
lo cual es algo muy encomiable como sabemos
para los marxistas, y ya han visto cómo
clamaban por la vuelta del Terror, que hizo
que Sieyès buscara un « salvador
»).
Cuando después del salto por las ventanas,
al filo de la noche se pudieron reunir algunos
diputados, se acordó confiar el poder
a un Consulado «provisional»...que
duraría, con la excepción del
intermedio de 1814, hasta el 18 de junio de
1815.
NOTAS:
1) Benito Mussolini,
conocedor en materia de marxismo, decía
que « El fascismo, es el socialismo que
ha descubierto la pasión patriótica
».
Ver también
en este sitio: El
18 brumario, doble salvamento de la Republica
y de la Paz civil, por el general Michel
Franceschi: