Vida de S.M.I. el Emperador y Rey Napoleón I el Grande.
Vida de S.M.I. el Emperador y Rey NAPOLEÓN I
Instituto Napoleónico México Francia.
México.
Francia.
Instituto Napoleónico México-Francia - Institut Napoléonien Mexique-France
Eduardo Garzón-Sobrado, fundador.
S.A.I. Jean-Christophe Napoléon, Prince Impérial.
« Tout pour l'Empire » - Instituto Napoleónico México-Francia.
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Polémica
NAPOLÉON, ¿UN FUNDADOR DEL SIONISMO?
Emancipación de los judíos
Napoleón libera a los judíos y prohibe los ghettos, les otorga un estatuto civil y les concede el derecho del libre culto. Estampa alegórica de la época.

Por

Isis Wirth Armenteros
Consejera Especial del INMF para los Países Hispánicos

Delegada en Cuba

Representante oficial en Alemania y Suiza

Isis Wirth Armenteros, Consejera Especial para los Países Hispánicos, Delegada en Cuba y Representante Oficial en Alemania y Suiza del Instituto Napoleónico México-Francia.
Isis Wirth
Instituto Napoleónico México-Francia ©
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Lo había leído por ahí, que como Napoleón casi lo « inventó » todo, enarbolan los más entusiastas, o lo prefiguró, o lo anunció, o participó en ello, o le dio lugar (« como Dios, el creador »), un cierto olvido de algo forma parte de su « don de la ubicuidad » (Lo cierto es que, como es sabido, fue el fundador de una época, a la que aún se pertenece).

Napoleón, ¿sionista? Entre esos más entusiastas, la respuesta es afirmativa (acaso debido a ello, su sobrino Napoleón III se interesó en principio en un proyecto de índole « sionista », que le habría presentado Henri Dunant, el creador de la Cruz Roja).

Cuando el general Bonaparte se aproxima a los Santos Lugares de Israel, él, el descreído, hace llamar al sabio Monge a su tienda para que le lea en voz alta pasajes de la Biblia. El ejército – de ateos – sucumbe al fervor religioso.
¿Quiso restaurar el sionismo en la tierra de éste, la de Israel, durante la campaña de Siria? Eso sí, llamó « a todos los judíos de Asia y África a unirse bajo la bandera (la suya, naturalmente, la única tricolor que me gusta, que a la de “Ay, Carmela, y si a Franco no le gusta la bandera tricolor”, la aborrezco) para re-conquistar Jerusalém ». (Y entonces se pone a recorrer de arriba a abajo el campo de batalla donde el cruzado Godofredo de Bouillon había derrotado a los musulmanes en 1099, antes de tomar Jerusalém. A Napoleón le gustaba, con su imaginación, cargarse de estas energías).
« Se atribuirá a Bonaparte el proyecto de constitución de un estado judío en Palestina. (...) La atmósfera de fin del mundo que acompaña la Revolución francesa favoreció los movimientos protestantes y mesiánicos judíos en Europa. Apoyándose sobre ciertos textos bíblicos, se anunció la reunión del pueblo judío en Tierra Santa », apunta Henry Laurens en « L’expédition d’Egypte » (Seuil, 1997).
Los periódicos europeos lo publicaron, en efecto, aunque con semanas de retraso, desde luego. En París, Le Moniteur Universel: « Noticia de una proclamación del general Bonaparte, donde invita a los judíos a ir a Jerusalém ». También apareció en dos diarios alemanes, el Vossiche Zeitung de Berlín y la Gazette de Hamburgo.
Los diarios ingleses ni siquiera esperaron a la noticia proveniente de Constantinopla, durante la campaña de Siria. Desde el principio de la expedición de Egipto, adujeron que los franceses querían establecer una « república judía » en Palestina. ¿En qué se basaba el « rumor »? La Décade philosophique, el órgano de los « ideólogos » de los que entonces Bonaparte era cercano, decía en un artículo, con probabilidad redactado por Luciano, el hermano de Napoleón, que « los judíos correrían desde las cuatro esquinas del mundo si se les daba la señal ». Otro, expresó que « el invencible Bonaparte llama a liberar Jerusalém y Judea, llama a su antigua patria a los hebreos dispersos en la tierra ».

Leo en « Bonaparte à la conquête de l’Egypte » de Robert Solé (Seuil, 2006) que un texto de Napoleón, « Llamado a la nación judía », firmado por él el 20 de abril de 1799 , habría sido utilizado por Theodor Herzl, e incluso presentado en las Naciones Unidas en 1947 con vistas a la creación del estado de Israel. Podría ser falso, lo que en definitiva lo legitima más aún.

En Santa Helena, fiel a su costumbre de dejarnos en la duda, el Emperador dice: « Los judíos eran bastante numerosos en Siria (más de 25 000, ya entonces; nota mía), una esperanza vaga los animaba. El rumor corrió entre ellos que Napoleón, después de la toma de San Juan de Acre, iba a Jerusalém a restablecer el templo de Salomón. Esta idea los seducía ».
Es lo que era Napoleón: un seductor. Si tuvo un proyecto político de esa naturaleza, un fundador del sionismo, fue para ganarse a los judíos, que « eran bastante numerosos » en la denominada Palestina.
Mientras tanto, algunos judíos europeos reconocieron en él al Mesías, por el solo hecho de que conquistara la Tierra Santa, « aunque comiera tocino ». Además, había doblegado al Papa.
Habría una contradicción (una constante en él), sin embargo, entre el pretendido sionismo de Napoleón y el que nadie ha hecho más que el Gran Corso (nunca existió antisemitismo en su isla natal, el primer territorio europeo que liberó a los judíos, bastante antes de su nacimiento, y fue un judío de Ajaccio, Levy, quien lo escondió en su casa cuando lo perseguían las huestes de su enemigo Paoli) por asimilar a los judíos europeos.
La clave radicaría, en mi opinión, en esa proclama que es absolutamente cierta: « a todos los judíos de Asia y África ».
No menciona a los de Europa.

Napoleón habría, sin duda, intuido el sionismo político que más tarde se concretaría. Le abrió las puertas, aquí y allá. Una cuestión de esa « lógica » que él reverenciaba, de la que decía ser el instrumento, pero también es cuestión de su imaginación fecundadora.