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Vida
de S.M.I.
el Emperador y Rey NAPOLEÓN
I |
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Instituto
Napoleónico México-Francia -
Institut Napoléonien Mexique-France
Eduardo Garzón-Sobrado, fundador.
S.A.I. Jean-Christophe Napoléon, Prince
Impérial. |
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| BONAPARTE,
NAPOLEÓN, EGIPTO Y EL ORIENTE |
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| Frontispicio
de la edición imperial de la
Descripción de Egipto |
Por el
Profesor
Jean Leclant
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El
Prof. Jean Leclant |
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Catedrático
de la Universidad, doctor
en Letras, secretario perpetuo
de la Academia
de las Inscripciones y Bellas
Letras, profesor
honorario en el Colegio
de Francia, Jean Leclant
es sin duda el egiptólogo
más titulado de Francia.
Nacido el 8 de agosto de
1920 en París, arqueólogo
del terreno, autor de numerosas
publicaciones entre las
cuales más de mil
artículos y notas,
es uno de los fundadores
de los estudios meroíticos.
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Aureolado
de la gloria de los éxitos obtenidos
en Italia (paz de Campo-Formio del 18 de octubre
de 1797), Bonaparte había recibido el
alto mando del « ejército de Inglaterra
» pero, siguiendo los consejos de Talleyrand,
ministro de Relaciones exteriores, sensible
a informaciones recibidas de Magallon (el cónsul
de Francia en Alejandría), el Directorio
decide en marzo de 1798 retomar un proyecto
ya antiguo y oponerse a los ingleses organizando
a toda prisa una campaña
en Egipto. De aquel país, el muy
joven general no podía entonces conocer,
según parece, más que lo que aportaba
la lectura de dos obras muy en boga, las de
Savary, Lettres sur l’Egipte
(1), y de Volney, Le
voyage en Syrie et en Egypte (2).
A falta de un « sueño oriental
» y del modelo de Alejandro, alegados
más tarde por Bourrienne, ciertamente
pudo haber en él una « tentación
de Oriente »: se puso a leer una traducción
del Corán y a mirar con más atención
los mapas del Mediterráneo oriental.
Es sabido cuán
aprisa Bonaparte, con la ayuda de Monge, Berthollet
y Fourier, logró agrupar entorno a él,
por una iniciativa en sí prodigiosa,
un grupo de « sabios », de hecho
esencialmente jóvenes del Politécnico
y de las Puentes y Calzadas así como
técnicos y algunos artistas; no se cuenta
entre ellos, hay que subrayarlo, ningún
« anticuario » ni erudito de historia
antigua. El 19 de mayo de 1798, la flota apareja
de Tolón; el 1º de julio está
frente a Alejandría, el desembarco se
efectúa casi sin combate alguno; después
de una marcha rápida a través
del desierto, el 21 de julio las Pirámides
están a la vista, « Pensad
que de lo alto de esos monumentos, cuarenta
siglos nos observan »: tal sería
la famosa frase pronunciada.
En todo caso fiel « al progreso y a la
propagación de las Luces », el
general en jefe exhorta la organización,
bajo la autoridad del general Caffarelli, de
un grupo muy rápidamente reconocido bajo
el nombre de « Comisión de las
ciencias y de las artes » que reúne
a los más talentosos entre los jóvenes
ingenieros y « sabios » que se convertirán
en personalidades ilustres, como Geoffroy Saint-Hilaire.
El 22 de agosto
(5 fructidor año VI), funda el Instituto
de Egipto a semejanza del Instituto nacional
de Francia: cuatro secciones (matemáticas,
física, economía política,
literatura y artes) de doce miembros cada una;
un presidente y un vicepresidente, renovados
cada trimestre, son adjuntos al secretario perpetuo,
encargado de redactar la correspondencia y de
llevar el registro de las sesiones fijadas primero
en dos cada diez días, la mañana
de las siete a las nueve horas, luego a dos
veces al mes por la tarde.
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| Fotografía
reciente de la sede del Instituto
de Egipto, fundado por Napoleón
el 22 de agosto de 1798. |
Bella
evocación de la Campaña
de Egipto en el Museo del
Empéri, en una escenografía
basada en la Description.
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Si
la batalla naval de Abukír (1º de
agosto de 1798) fue un desastre y la campaña
de Siria (febrero-junio de 1799) un fracaso
lamentable, las reformas en Egipto comenzaban
a establecerse. Puesto al corriente de la situación
crítica en la que se hallaba Francia,
Bonaparte se dio cuenta de que Egipto no le
ofrecía un destino a su medida: durante
la noche del 22 al 23 de agosto, en gran secreto,
deja Egipto, llevándose consigo, además
de a Monge, a Berthollet y a Denon, sus mejores
generales (Berthier, Lannes, Murat) y delegando
el mando al general Kléber. Mucho más
tarde, al llegar al exilio en Santa Helena,
Napoleón habría declarado a Gourgaud:
« No es un bonito lugar para estar. Más
me hubiera valido quedarme en Egipto; en este
momento sería emperador de todo el Oriente
».
Sólo
es ocasionalmente, en realidad, que Bonaparte,
luego Napoleón I, volvieron a lo que
ciertos historiadores han llamado el «
sueño oriental ». Éste debe
concebirse en la perspectiva de una divulgación
sistemática, cuyo artesano más
activo fue Vivant Denon, sabiendo utilizar el
prestigio de las imágenes gloriosas de
los monumentos del Egipto faraónico y
de paisajes encantadores. « La
gloria de las armas al descubrimiento artístico,
es lo que fue la expedición de Egipto
», escribirá incluso Napoleón.
En un primer tiempo, se trataba de sacar de
la experiencia egipcia lo mejor que ésta
era capaz de brindar, de ahí el cuidado
que se tuvo en la preparación y la edición
de la Description
de l’Egypte (3).
El proyecto de esta sorprendente publicación
se remonta por cierto a noviembre de 1799 cuando,
tras la partida de Bonaparte, Kléber
constituyó una comisión encargada
de « juntar todos las informaciones propias
para dar a conocer el estado moderno de Egipto
bajo los aspectos del gobierno, de las leyes,
de los usos civiles, religiosos y domésticos,
de la enseñanza y del comercio ».
Después
del regreso de Egipto, al químico y consejero
de Estado Fourcroy, futuro director de la Instrucción
pública, se le encargó la elaboración
del proyecto y presentó al Primer Cónsul
en frimario año X (noviembre-diciembre
de 1801) unas « miradas sobre la necesidad
de reunir y de publicar con exactitud los monumentos
de ciencia y de arte compilados en la expedición
de Egipto », con un proyecto de decreto.
Un decreto de los Cónsules del 17 pluvioso
año X (6 de febrero de 1802) decidió
publicar a costas del gobierno « los resultados
relativos a las ciencias y a las artes obtenidos
durante la expedición ». Otro químico,
Jean-Antoine Chaptal, a quien le había
sido confiado, en su calidad de ministro del
Interior, el cuidado de establecer la administración
Napoleónica, invitó a los futuros
autores a reunirse y a designar una comisión
de publicación de ocho miembros: ésta,
cuyo presidente era Berthollet y el vicepresidente
Costaz, comprendió a Gaspard Monge, Conté,
Desgenettes, el prefecto Fourier, los ingenieros
Girard y Lancret; éstos debían
agrupar trazados y memorias. Desde el punto
de vista técnico, se puso un gran cuidado
en la elección de los papeles; se tuvo
que construir prensas de una dimensión
inusitada y emplear procedimientos nuevos para
la impresión de las láminas coloreadas.
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| Frontispicio
de la segunda edición de la
Descripción de
Egipto, publicada entre
1821 y 1826. |
Ejemplo
de una de las maravillosas láminas
grabadas y coloreadas de la Descripción
de Egipto. |
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El talento inventivo
de Conté, comisario del gobierno para
la publicación, hizo maravillas; después
de él el maître de la edición
fue el ingeniero Michel-Ange Lancret y finalmente,
a partir de 1807, el ingeniero-geógrafo
Edme Jomard.
El inicio de la difusión, esencial para
la divulgación imperial, tuvo lugar a
fines de 1809, para el aniversario de los diez
años de Brumario. La elección
del frontispicio fue objeto de largos debates,
siendo finalmente adoptado el proyecto de Cécile.
El Egipto faraónico, con su río
bordeado de monumentos (pilones y obeliscos),
se presenta visto a por la puerta de un templo;
la eminencia del Emperador es resplandeciente,
la N de la inicial de su nombre rematada con
la corona imperial; él mismo figuraba
en el dintel, en un carruaje a la antigua persiguiendo
a los enemigos vencidos y conduciendo un cortejo
de paz y de ciencia.
El primer volumen
publicado estaba consagrado a las antigüedades,
con algunas láminas acerca de los monumentos
astronómicos. Se sucederían, hasta
1824, nueve grandes libros de texto y once tomos
que reúnen 974 láminas grabadas
sobre cobre de las cuales 74 a colores. Sorprendente
enciclopedia, sin duda el logro más prestigioso
del Siglo de las Luces; en ella se encuentra
acopiada una documentación de una riqueza
incomparable sobre los monumentos de Egipto,
pero también acerca de la fauna y la
flora, los minerales, los habitantes, sus costumbres
y habitudes, la agricultura y el comercio, las
técnicas así como la topografía.
La publicación del Atlas, establecido
en función de todos los materiales entregados
por el ingeniero geógrafo Jacotin al
general Andréossy desde 1802, fue precintada
en 1808 por orden del mismo Emperador; el Atlas
comprendía 47 folios de 108 sobre 70
cm.; fue sólo Luís XVIII quien
ordenó su publicación. Que la
difusión al público haya sido
diferida es un indicio precioso para suponer
la perspectiva había quedado de una nueva
intervención en el valle del Nilo.
En
cuanto a la serie de cuadros de batalla,
otro elemento de puesta de relieve de
la gloria de Napoleón, fue emprendida
tras un decreto del 16 de julio de 1800,
previendo que el general Berthier y Vivant
Denon podrían proporcionar las
noticias necesarias a los pintores. En
el salón de pintura de 1804, el
lienzo de Gros sobre « los Apestados
de Jaffa » mostró toda la
fuerza de este « encuadramiento
».
En la propaganda imperial, las emisiones
de medallas tenían un lugar importante,
el papel esencial atribuido a Vivant Denon,
director general de los Museos desde 1802
y miembro de la academia de las Bellas
Artes a partir de 1803. Evoquemos igualmente
los hechos de armas o el prestigio de
los Mamelucos de la Guardia Imperial,
entre los cuales el famoso Raza Rustám
obsequiado a Bonaparte por el Cheik El-Bekri;
se reconoce su soberbia estatura en muchos
cuadros oficiales o en pequeñas
escenas que ornan los más diversos
objetos.
Pero las seducciones orientales de hecho
rebasaron el marco de Egipto para extenderse
al Imperio otomano, a Persia e incluso
hasta la India. En 1799, una carta de
Bonaparte a Tippu-Sahib, sultán
de Misora, había sido interceptada
por los ingleses; de esta forma los fantasmas
de la imaginación prevalecían
sobre las realidades. Desde ese momento
el astrónomo Beauchamp había
sido enviado en misión secreta
a Constantinopla, pero había sido
capturado por los ingleses. En 1802, Horace
Sébastiani, hombre de confianza
de Bonaparte, efectuó una gira
de información a Trípoli,
en Egipto, a Constantinopla y en Siria,
acompañado por el orientalista
Amédée Jaubert. |
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El
año siguiente, el general Decaen
partía hacia la India para estudiar
cómo los príncipes podrían
resistirse al yugo de Inglaterra; pero
la misión no tuvo éxito.
Después del tratado de Presburgo,
tuvo lugar, a partir del Véneto,
el empuje francés en Dalmacia y
las islas Iónicas, ¿pero
podemos pensar que nunca soñó
Napoleón con Constantinopla y la
reconstitución de un Imperio de
Oriente? De hecho, Sébastiani fue
enviado de nuevo a la Puerta, esta vez
como embajador, y residió en Constantinopla
en 1806-1807: habiéndose ganado
la confianza del Sultán, lo ayudó
a rechazar el ataque de una flota inglesa;
un cuerpo expedicionario británico
de 7000 hombres ocupó temporalmente
Alejandría de marzo a septiembre
de 1807; si no pudieron establecerse firmemente
en Egipto, los ingleses siguieron sin
embargo siendo los amos del Mediterráneo.
En cuanto a la misión del conde
de Gardanne a Teherán, de 1807
a 1809, que consideraba una ofensiva en
las Indias por un ejército franco-persa,
se redujo a simples veleidades.
Así, un cierto sueño oriental
puede ser evocado por los historiadores,
quienes han discutido mucho acerca de
ello; para Napoleón, « Europa
es una topinera; nunca ha habido grandes
imperios más que en Oriente
». ¿Pero de qué Oriente
se trataba verdaderamente?: es uno de
los secretos bien sellados del pensamiento
íntimo de Napoleón. |
Entre Napoleón
y Alejandro I de Rusia, un desmembramiento del
Imperio otomano fue contemplado durante un tiempo:
Francia hubiera recibido Egipto y Siria; pero
las discusiones fracasaron a propósito
de los Estrechos. Si el atractivo del Oriente
parece haber desde entonces cedido ante las
duras realidades europeas, todo proyecto no
fue si embargo abandonado. Así, en 1808
el Emperador ordena al ministro de la Marina
Decrès preparar una flota lista para
actuar en el Mediterráneo, previendo
inclusive un desembarque en Abukír. Por
un decreto de julio de 1810, decide de nuevo
la construcción de una flotilla de transporte
y precisa en septiembre la destinación
posible: Egipto.
La
Esfinge de Gizah comentada
por el Barón Vivant
Denon |
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«
No tuve tiempo más
que de observar la Esfinge,
que merece ser dibujada
con el cuidado más
escrupuloso, y que nunca
lo ha sido de esa manera.
Aunque sus dimensiones sean
colosales, los contornos
que se conservan son tan
suaves como puros: la expresión
de la cabeza es suave, graciosa
y tranquila; su carácter
es africano: pero la boca,
cuyos labios son gruesos,
tiene una molicie en el
movimiento y una fineza
de ejecución verdaderamente
admirables; es carne y vida
».
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| A
la izquierda, retrato del barón
Dominique Vivant Denon (1747
- 1825) porPierre-Paul Prud’hon.
A la derecha, la Esfinge de
Gizah dibujada por dicho sabio. |
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Aprueba el proyecto
de instrucciones dadas al caballero de Nerciat
para estudiar el estado de plazas fuertes y
la situación política en Siria
y en Egipto. Desde el 30 de junio de 1810, Napoleón
había incitado a Clarke, ministro de
la Guerra, a enviar al jefe de batallón
Vincent-Yves Boutin a Egipto y a Siria para
recopilar informes civiles y militares; llegado
a Alejandría en 1811 como « agente
de relaciones comerciales », éste
se dice apasionado por la arqueología
y las civilizaciones antiguas para justificar
sus numerosos desplazamientos a lo largo del
Nilo y en Arabia; Siendo sospechado de espionaje
por el cónsul inglés en el Cairo,
el mayor Missett, Boutin debe ir a la costa
libanesa, antes de ser asesinado en los montes
Ansarieh por los Hashashin durante el verano
de 1815.
Recordaremos que en
Santa Helena, Egipto seguía estando
bien presente en la mente de Napoleón;
evocaba maravillado la fertilidad del
valle; ¿no habría podido
ser una base hacia el Éufrates
y el Índus, un punto de partida
de la civilización hacia el interior
de la misma África? Sobre el
peñasco perdido en el océano,
¿cuál es, en las confidencias
recopiladas por cortesanos dóciles,
la parte de espejismo y cuál
la de realidad?
Por su lado, en Egipto, Mohammed-Alí,
nacido aparentemente el mismo año
de 1769 que Napoleón, proseguía
su conquista del poder, y luego emprendía
la reorganización y la modernización
del país; en esta marcha hacia
el progreso, nadie contesta el papel
jugado por la expedición de Egipto
de Bonaparte, que introdujo no sólo
ideas nuevas, sino también técnicas
fructuosas como los molinos de viento,
admirados incluso por los tradicionalistas
como Jabarti.
Si todavía se continúa
creyendo demasiado generalmente que
Jean-François Champollion participó
en la expedición de Egipto (de
hecho, éste último tenía
entonces sólo diez años),
no es menos cierto que es a ésta
a la que se debe el descubrimiento de
la piedra de Roseta; considerada por
los ingleses como «botín
de guerra» (y así conservada
en el British Museum), ésta última
fue el documento clave para el desciframiento
de la escritura jeroglífica:
toda la egiptología moderna es
fruto de ella; los hermanos Champollion
serán por cierto partisanos resueltos
de las ideas napoleónicas, en
reacción contra el Antiguo Régimen
y los Borbones.
En la propaganda imperial, la asociación
con los temas egipcios y egiptizantes
permanecerá constante: la gloria
de Napoleón se aureoló
con el sol resplandeciente de Egipto,
algo de lo que no dejará de acordarse,
llegado el momento, Napoleón
III.
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La
piedra de Rosetta
(hoy Rashid)
The British Museum |
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Jean
Leclant
Secretario perpetuo de la Academia de las Inscripciones
y Bellas-Letras
Presidente del Alto Comité de las Celebraciones
Nacionales.
NOTAS:
1) Cartas sobre
Egipto.
2) El viaje a Siria y a Egipto.
3) Descripción de Egipto.
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