SIGUIENDO
LAS HUELLAS DE LA GLORIA: |
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LA
CARRERA NAPOLEÓNICA DE
STENDHAL |
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Stendhal portando la Legión
de Honor
Retrato al óleo de
Silvestro Valeri. |
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Por
el Señor |
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J. David Markham
Consejero especial para
los países angloparlantes del
Instituto Napoleónico México-Francia
Editor en jefe de la Sociedad Napoleónica
Internacional
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| J.
David Markham |
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Traducción
del Instituto Napoleónico México-Francia
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| «
Uno de los hombres más
remarcables de este tiempo
» |
Honorato
de Balzac. |
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MARIE-HENRI
BEYLE (1783-1842), conocido para el
mundo como Stendhal, se convirtió en
uno de las más importantes figuras
literarias de la era moderna (1).
Al vivir como fue su caso en el periodo de
transición del Antiguo Régimen
a la era de Napoleón y al periodo del
regreso de la realeza y la Revolución
de Julio, Stendhal fue testigo del movimiento
de Francia y Europa a la era moderna.
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Stendhal a los 19 años.
Óleo de 1802. |
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La
personalidad dominante de esta era
fue, por supuesto, Napoleón.
Su carrera sirve hoy como inspiración
a muchos, y no fue menos que una maravilla
en su propio tiempo. Muchas carreras
se hicieron siguiendo las huellas
de la gloria de Napoleón, incluida
la de Henri Beyle. Es imposible leer
ninguna de las novelas importantes
de Stendhal sin quedar sorprendido
por el papel jugado por Napoleón
en las vidas de sus personajes, y
esto no es accidental. La carrera
de Stendhal es paralela en muchos
sentidos a la de Napoleón.
Como él, fue capaz de utilizar
importantes contactos para iniciarse
en su carrera. Y en cuanto este proceso
empezó, la carrera de Stendhal
se elevaría y caería
con las fortunas, vida y tiempos póstumos
de Napoleón. En efecto, en
su trabajo autobiográfico La
vida de Henry Brulard declara
que « caí con Napoleón
en abril de 1814 ». (2)
Stendhal
no escribió sus novelas hasta
mucho después de que Napoleón
dejara el poder. Sus personajes, sin
embargo, reflejan a la vez su propia
carrera napoleónica y su gran
desdicha en referencia al destino
de Napoleón tras su derrota
en Waterloo.
Tanto el estudiante de la historia
de la era napoleónica, política
y literariamente, como el lector de
los trabajos de Stendhal se beneficiará
con el conocimiento de la fuerte conexión
entre la carrera de Stendhal y la
de Napoleón. Este escrito rastreará
dicha conexión, con una Mirada
particular hacia los propios comentarios
de Stendhal sobre el tema. (3)
|
Stendhal,
oriundo de Grenoble, legó a odiar su
existencia en esa ciudad, y ansiaba aventuras
en París. Posteriormente admitiría
que su anhelo de París estaba fuertemente
influenciado por su repulsión por Grenoble.
Ahí se sentía agobiado por su
dominante padre y las enseñanzas religiosas
de su tutor, así como por el provincialismo
general de Grenoble. Por ende, cuando se mudó
a París en noviembre de 1799, el día
en que Napoleón tomó el poder
con el coup d’État de Brumaire
(9 de noviembre), albergaba grandes esperanzas
de una vida nueva y más excitante.
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Vista
de Grenoble, tomada desde la Isla
verde, efecto de la tarde
Hermosa representación
romántica de la ciudad natal
de Stendhal, durante el segundo
cuarto del siglo XIX. Óleo
de Isidore Dagnan (1794-1873) |
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A pesar de
sus grandes esperanzas, pronto se desilusionó
de París y de su deseo expreso de profundizar
sus estudios de matemáticas. París,
aparentemente, no era la clave de la excitación
inexpresable que él había esperado.
Fue incapaz de lograr completar sus estudios,
y su salud dio un giro para mal. Afortunadamente
para él, su padre tenía un primo
llamado Noël Daru que vivía en
París. Daru había sido importante
políticamente tanto en Grenoble como
en París, contando con conexiones en
el gobierno, incluyendo a Talleyrand (4).
Daru padre y sus hijos Pierre y Martial fungirían
como benefactores de Stendhal a lo largo del
periodo napoleónico de su vida.
Por un tiempo,
Stendhal solo buscó arte, literatura,
y amor, con niveles de éxito variables.
Pierre Daru trató de hacer de él
un hombre educado, mientras Martial sirvió
como modelo tipo de dandy en las calles de
París. Como muchos jóvenes de
cualquier época, Stendhal prefirió
sin duda emular a Martial, aunque fueron los
esfuerzos de Pierre los que a la postre harían
más bien a Stendhal. En 1799, poco
después de haber acogido a su desempleado,
desilusionado y enfermo primo Stendhal, los
Daru hicieron arreglo para hallarle a Stendhal
un puesto como uno de los muchos cientos de
oficinistas en el ministerio de la guerra,
donde Pierre Daru fungía como Secretario
general en el nuevo gobierno. Vaya que esto
fue un cambio para el joven Stendhal.
En una vasta
recámara de entrepaños dorados
en el Ministerio de la Guerra, el más
joven de los Daru trabajaba duramente noche
y día; Napoleón le rugía,
y Pierre Daru, a su vez, bramaba como un toro
a las personas que trabajaban bajo sus órdenes…
Durante todo
el día, Stendhal se sentaba en un escritorio
en la oficina del Ministerio de guerra escribiendo
cartas para Daru… Daru procedía
duramente con sus asistentes. Pronto Henri
estaba infectado con el terror general del
«toro salvaje», y su temor a una
feroz reprimenda de su jefe nunca lo dejaba.
(5)
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El
Conde Pierre-Antoine Daru
(1767-1829)
El benefactor de
Stendhal que favorecería
repetidamente la carrera
napoleónica de éste.
Retrato por el barón
Gros. |
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Martial
Daru
Amigo de Stendhal,
Intendente de Finanzas del
Imperio, será
un ejemplo y un apoyo constantes
para el escritor. Litografía
anónima de la época. |
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En todos sentidos,
Stendhal se sentía miserable en su
Nuevo puesto. A la edad de diecisiete años,
lleno de idealismo y esperanza por un amor
excitante y una vida literaria, los rigores
del Ministerio de la Guerra fueron una gran
decepción. Lo que es más, ni
siquiera era muy bueno en su trabajo, hacienda
errores que le valían penetrantes críticas.
En Brûlard, Stendhal escribe
que « Todos en el Ministerio de la guerra
solían temblar cuando iban a la oficina
del Sr. Daru, por mi parte estaba temeroso
hasta de mirar la puerta »
(6). En su más famosa declaración
acerca de sus condiciones de trabajo escribe
«… [Daru] le tenía un miedo
mortal a Napoleón y yo un miedo mortal
a él » (7).
Pero, como
sucedería tan a menudo, la fortuna
de Stendhal cambiaría, unida como lo
estaba a la bondad y sentido de responsabilidad
familiar de los Daru y a la estrella ascendente
de Napoleón. El futuro emperador estaba
preparándose para atacar a los austriacos
en Italia tomando un camino por el norte hacia
los Alpes y el ahora famoso paso del gran
San Bernardo. Pierre Daru había sido
nombrado Inspector para las revistas, y salió
rumbo a Italia con Napoleón. Cuando
le ofreció a Stendhal la oportunidad
de aceptar un encargo como Segundo teniente
en el 6o de dragones e incorporarse a su tropa
de estado mayor en Italia, Stendhal estaba
radiante de gozo. Ahí estaba finalmente
una oportunidad de ver el mundo jugando a
la vez el papel de un heroico y galante soldado.
Galante soldado
es lo que podía haber querido ser,
pero muy ciertamente no lo era. Nada en sus
antecedentes le había preparado para
semejante papel (¡considerando que una
gran imaginación no es ninguna preparación
real!); no sabía ni el arte del combate
ni el ecuestre. Afortunadamente, Pierre había
asignado un hombre para acompañar a
su joven primo, impaciente pero sin esperanza,
y para enseñarle algunas técnicas
necesarias durante el camino. El trayecto
a través de los Alpes aportaría
a Stendhal una mayor habilidad en los dos
ámbitos, así como una visión
más realista del oficio del soldado.
Después de una visita a la casa de
Jean-Jacques Rousseau en Ginebra, Stendhal
y su Nuevo protector partieron hacia Italia.
Stendhal siguió los pasos de Napoleón,
apenas ligeramente retrasado en relación
al paso del propio Napoleón por los
Alpes, aun incluyendo una parada de refresco
en el hospicio de San Bernardo. Su experiencia
más destacada se centraba en el único
problema militar real hallado por el ejército
francés, Fort Bard. Este fuerte, al
este del paso del Gran San Bernardo, amenazaba
con retrasar seriamente la marcha de Napoleón.
Tozudos hasta el final, los defensores del
fuerte se negaron a rendirse ante Napoleón,
quien entonces simplemente los contornó.
Aun cuando este movimiento se llevó
a cabo con éxito, había un peligro,
ya que los soldados se vieron forzados a pasar
dentro del radio de alcance de los cañones
del fuerte. Tenían que pasar por una
plataforma, bajo las bolas de cañón
que botaban en las cercanías. En Brûlard,
Stendhal describe su experiencia: «
puedo recordar que me acerqué a la
orilla de la plataforma para estar más
expuesto, y cuando él [su compañero]
empezó a salirse del camino me quedé
por unos minutos para mostrar mi valor. Así
es como estuve bajo fuego por primera vez.
Ésta era una suerte de virginidad que
había pesado sobre mí tanto
como la otra » (8).
Escribiría a su hermana Pauline:
« Todo
lo que puedo decirte es que su dificultad
[la del paso de San Bernardo] ha sido extraordinariamente
exagerada. No hubo un momento de peligro para
las tropas. Yo pasé por el fuerte de
Bard, una montaña mucho más
difícil. Imagina un valle escarpado
como el del valle de Saint-Paul, cerca de
Claix. En medio, un otero; sobre dicho otero
un fuerte, y bajo él pasos a distancia
de un tiro de pistola. Salimos del camino
a distancia de trescientos pies del fuerte
y escalamos la colina bajo el fuego continuo
de aquel. Lo que más nos causó
problemas fueron nuestros caballos, que saltaban
cinco o seis pies a cada silbido de una bala
o de una bola de cañón. (9)
 |
El
fuerte de Bard
Esta fortaleza, imponente
aún en nuestros días,
bloqueaba el avance de Napoleón,
quien ante semejante escollo simplemente
lo rodeó... |
|
Stendhal no
era el único en hallar humor en el
difícil paso a través de los
Alpes. El mismo Napoleón escribió
a propósito de su descenso en el lado
este del San Bernardo: «El
Primer Cónsul descendió de la
cima del San Bernardo deslizándose
en la nieve y en las corrientes de agua y
saltando sobre precipicios».
(10)
El viaje de
Stendhal por el San Bernardo no se llevó
a cabo sin desilusión. Fue durante
el mismo que se percató por primera
vez que no todos los soldados eran las figures
heroicas en las que esperaba convertirse.
Estaban estos más que dispuestos a
robar de sus compañeros de armas y
llegó a verlos como hombres toscos
de mala disposición que codiciaban
cualquier tipo de beneficio que pudiese provenir
de sus camaradas, como el tener un caballo
que montar en vez de ir a pie. No obstante,
la exaltación de su participación
en esta gran cruzada, conducida por el máximo
hombre de acción, nunca abandonaría
a Stendhal. Su amor por Napoleón debe
haber empezado entonces seguramente. Estos
sentimientos están mejor expresados
en las primeras líneas de La cartuja
de Parma en las que anota (recurriendo
a una campaña anterior) « El
15 de mayo de 1796, el general Bonaparte hizo
su entrada a Milán a la cabeza de aquel
ejército lleno de juventud que apenas
poco tiempo antes había cruzado el
puente de Lodi, y mostró al mundo que
después de tantos siglos César
y Alejandro tenían un sucesor ».
(11)
César
y Alejandro podían tener un sucesor,
pero el susodicho de ninguna forma estaba
solo en las atenciones de Stendhal. La imagen
idealista de París de éste último
fue remplazada por la de Milán en particular,
e Italia en general. El arte, la música,
las muchedumbres entusiastas y, más
importante aún, las hermosas mujeres
– se convirtieron todos en sujetos de
las afecciones de Stendhal. Y fue en el teatro
en Milán donde vio por vez primera
a su héroe y benefactor indirecto,
el mismísimo Primer Cónsul Napoleón
Bonaparte. (12)
 |
El
famoso teatro de La Scala,
en Milán
Fue en este escenario esplendoroso
donde Stendhal vio por primera vez
a Napoleón. Dibujo romántico
al carboncillo, con realces de tiza. |
|
Primero, Stendhal
estaba salvajemente enamorado de Milán
y de Italia. ¿Y quién podría
sorprenderse de eso? Estaba alojado en el
palacio Adda, donde vivía y trabajaba
(como ayudante del general Pétiet,
el pagador General del ejército de
Italia) en una atmósfera que abrumaría
incluso a la más mundana de las personas,
sin mencionar a un joven idealista. Luego
se mudaría a la Casa Bovara, aún
trabajando para Claude Pétiet, ahora
Embajador y Ministro Extraordinario de la
República Francesa. Por la noche, la
sociedad milanesa se mezclaba con las más
altas capas de los cuerpos militares y diplomáticos
franceses. El joven Henri, sin duda un poco
intimidado por todo eso, tenía la oportunidad
de juntarse con una capa social del primerísimo
nivel. (13)
Stendhal
también podía gozar de la vida
durante el día. Su trabajo, aunque
importante, de ninguna manera consumía
su jornada entera. Podía visitar sitios
históricos, monumentos, y otros deleitosos
aspectos de la vida en Milán. Sus esfuerzos
en materia de romance son bien conocidos para
sus biógrafos y estudiantes, como lo
son sus esfuerzos en lo que toca a sus lecturas.
En efecto, parece que debe haber pasado una
enorme cantidad de tiempo leyendo, y sus descripciones
de lo que leyó ocupan un gran espacio
en sus escritos. Por ejemplo, su anotación
del 18 de abril de 1801 en su diario indica
que «Desde que dejé de pensar
en la Signora Martin, ahora Saladini, he leído
mucho de La Harpe. He leído los volúmenes
I, II, III, IV, V, VI, VII, y VIII de su Lycée».
(14)
En cuanto
a su vida amorosa, parece que más allá
de lo que ésta le haya aportado, le
trajo ese mal que es el más notorio
de las « enfermedades sociales »,
la sífilis. Este padecimiento perseguiría
a Stendhal hasta su muerte, y podría
ser la razón de sus numerosas y largas
licencias.
A la larga
se empleó a Stendhal en deberes más
asociados con los de un lugarteniente. Fue
asignado al 6º de Dragones y enviado
al pueblecillo de Bagnolo. Como sería
el caso de muchos jóvenes, en un inicio
estaba encantado con su nuevo estatuto. Sin
duda se vio a sí mismo como un joven
y gallardo dandi, atildado con uniforme y
espada. Pronto descubrió que mucho
de la vida militar podía ser tedioso,
especialmente de no ser uno asignado a un
centro cultural como Milán. Una escasés
de libros, de cultura, y mujeres disponibles
lo desanimó rápidamente. Afortunadamente,
pudo recurrir a su conexión con Daru
para obtener un puesto como ayuda de campo
del General Claude Michaud, cuyo cuartel general
se encontraba en Milán. Por supuesto,
hubo algunos problemillas con su transferencia.
Stendhal no tenía la antigüedad
o el rango necesarios, el mismo Daru no sabía
nada del puesto y, al ser informado, lo desaprobó.
Por ocho meses Stendhal disfrutó su
puesto, pero siempre estaba bajo la presión
del enfurecido Daru para que retomase su posición
en el 6º de Dragones. Finalmente, en
septiembre de 1801, accedió a las demandas
de Daru (15). Fue demasiado
para él. Descontento con la vida militar,
cansado de Italia, lejos de su mejor estado
de salud, Stendhal regresó a Grenoble
con una licencia por enfermedad. Después
de una ausencia de tres meses, renunció
a su comisión y volvió a París.
En ningún momento discutió sus
planes con sus benefactores Daru. (16)
| Los
años que siguieron para Stendhal
no fueron muy satisfactorios. Sus esfuerzos
en los ámbitos de la escritura
y de los negocios fracasaron, y se cayó
en la agitación y la pobreza.
Primero descontento con los designios
imperiales de Napoleón, pronto
Stendhal quedó impresionado por
el torbellino que se extendía
por Europa. Más tarde escribiría
«… el ejército francés
dejó el campo de Boloña
para emprender una guerra continental
que conferiría un brillo fresco
a la reputación militar del Emperador,
y le elevaría a una cumbre de
grandeza como Europa no la había
visto ser acordada a ningún soberano
desde tiempos de Carlomagno ».
(17)
Stendhal
se determinó a convencer a los
Daru de que era digno de su apoyo. Se
tradujo en una intensa campaña
epistolar, acompañada por visitas
repetidas. Su amistosa, si bien ambigua,
relación con la esposa de Pierre,
Alexandrine, abrió un nuevo acceso
hacia el escéptico Daru. Éste,
ahora conde e Intendente General de
los Ejércitos Imperiales, podía
hacer o quebrantar cualquier cantidad
de carreras. Una vez más, acudiría
en ayuda de su primo.
En Octubre
de 1806, Stendhal alcanzó a Martial
Daru, quien había recibido el
puesto de Intendente de Finanzas en
el ducado de Brunswick. Por un breve
periodo Stendhal fungió como
adjunto provisional en las comisarías
de guerra de Brunswick. No tardaría
enseguida en ser ascendido plenamente
a comisario de guerra, y en 1808 remplazó
a Martial como Intendente de los Dominios
Imperiales. Era esta una posición
que conllevaba poder y prestigio considerables,
un hecho que Stendhal anotó en
una carta a su hermana Pauline en mayo
de 1808: «Hace cuatro años
estaba en París con un único
par de zapatos agujerados, sin un fuego
en pleno invierno,
y a menudo sin una candela. Heme aquí
un personaje: recibo una gran cantidad
de cartas de alemanes que se dirigen
a mí como Monseñor;
miembros de la nobleza francesa me llaman
Monsieur l’intendant;
generales en visita vienen a verme;
recibo peticiones, escribo cartas, reprendo
a mis secretarios, asisto a cenas ceremoniales,
monto a caballo y leo a Shakespeare.
Pero era más feliz en París».
(18) |
 |
Stendhal
en 1807
Fisionotrazo de Quenedey. |
|
|
En 1809, Stendhal
fue mandado primero a Estrasburgo y luego
a Viena. Durante este viaje pasó por
el pueblo alemán de Stendhal, del cual
tomó su pseudónimo (19). El
viaje a Viena brindó a Stendhal su
primera probada real de los horrores de la
guerra. Siguiendo de cerca los pasos de Napoleón
y la línea frontal del ejército,
Stendhal vio de primera mano pueblos destruidos,
cuerpos sin enterrar, la destrucción
aleatoria. Stendhal estaba claramente conmovido
por lo que vio. El 5 de mayo escribió
en su Diario:
« Cuando empezamos a cruzar el Puente,
hallamos cuerpos de hombres y caballos, aún
había como treinta sobre el puente;
nos vimos obligados a echarlos al río,
que era excesivamente ancho; a la mitad, a
cuatrocientos pasos río abajo del puente,
un caballo estaba de pie erguido y e inerte;
extraño efecto. Todo el pueblo de Ebersberg
seguía en llamas, la calle por la cual
pasamos estaba sembrada de cadáveres,
la mayoría de ellos franceses y casi
todos carbonizados. Algunos estaban tan malamente
quemados que la forma humana del esqueleto
difícilmente podía ser reconocida.
En muchas partes, los cadáveres estaban
apilados; examiné sus rostros. En el
puente había un alemán respetable
que yacía muerto, sus ojos abiertos;
el coraje alemán, fidelidad y amabilidad
estaban representados en su cara, que tenía
una ligera expresión de melancolía
». (20)
 |
Alexandrine
condesa Daru
Esposa de Pierre
Daru, Stendhal mantuvo con
ella una numerosa correspondencia.
Retrato de Louis David. |
|
|
El tiempo pasado por
Stendhal en Viena estuvo bien aprovechado.
Su trabajo trascendió lo suficiente
para convencer a Pierre Daru de que
era finalmente digno del apoyo que
le era brindado por el poderoso conde.
Más aún, cultivaba su
relación con la bella esposa
de Pierre, la condesa Alexandrine.
No obstante, suspiraba por París.
Pierre y Alexandrine salieron de esta
ciudad en noviembre, y dos meses después
el mismo Stendhal volvía a
la capital. Ahí recibió
las noticias de que su conexión
con Daru había nuevamente redituado.
Alentado, sin duda, por Alexandrine,
Pierre Daru arregló la nominación
de Stendhal como auditor del Consejo
de Estado. Esto proporcionó
a Stendhal una posición impresionante,
en tanto que uno de los más
altos oficiales gubernamentales del
Imperio. Con la posición llegó
un ingreso considerable; como si ésta
no fuera suficiente, pronto se le
dio el puesto adicional de Inspector
de la contabilidad del mobiliario
y las construcciones de la Corona.
Estas responsabilidades incluían
la gestión de Versalles, Fontainebleau
y el Museo Napoleón (el Louvre).
(21)
Este periodo de la
vida de Stendhal bien pudo haber sido
su más dichoso. Ciertamente
fue la época en la que fue
capaz de cumplir su sueño de
involucrarse con los más altos
grados de la sociedad. Cumplió
muchas funciones sociales, y se codeó
con luminarias como las hermanas de
Napoleón, Carolina Murat y
Paulina Borghese, así como
con el Príncipe Metternich,
Sophie Gay, Madama Récamier,
Madama Tallien y Madama de Staël
(22). Tuvo la
oportunidad de ver pintar al gran
artista Jacques-Louis David, y no
tardó en encontrarle defectos:
« Acabo de ver a David pintar.
Es una colección de mezquindades…
Más aún, David no es
lo suficientemente inteligente para
esconder su mezquina vanidad y no
exponer constantemente la vasta importancia
que ésta tiene en su propia
opinión ». (23)
¡Por
supuesto, uno puede argüir que
ésta crítica de uno
de los más grandes artistas
del periodo Imperio es en sí
misma el reflejo de una cierta cantidad
de vanidad mezquina y de ego!
|
Con todo y
el éxito de Stendhal en París,
echaba de menos la acción que había
conocido en Italia y en Europa central. Una
vez más, la estrella de Napoleón
le daría una nueva oportunidad, aunque
esta vez difícilmente sería
la estrella « naciente » de Napoleón.
El Emperador había decidido invadir
Rusia, y Pierre Daru estaba intensamente involucrado
en los preparativos. Stendhal, como el Emperador,
creía que ésta sería
una nueva serie de rápidas victorias,
y quería estar ahí. Se le dio
permiso para integrarse a la Grande Armée
y salió hacia Rusia en el otoño.
Antes de partir, recibió una audiencia
con la emperatriz María Luisa, y recibió
la oportunidad de ver al Rey
de Roma, el infante imperial. Esta es
una clara indicación de la alta posición
de Stendhal, y éste habla de ello a
su hermana Pauline en una carta escrita en
el palacio de Saint-Cloud el 23 de julio de
1812:
« Querida, la fortuna me ha brindado
una excelente oportunidad de escribirte. Me
iré esta noche, a las siete, hacia
las orillas del Dvina. He venido aquí
a recibir órdenes de Su Majestad la
emperatriz. Me ha honrado con una conversación
de muchos minutos acerca de la ruta que debería
seguir, la duración de la jornada,
etc. Al dejar a Su Majestad fui a visitar
a Su Majestad el Príncipe de Roma;
pero dormía, y la señora condesa
de Montesquiou me dijo que era imposible verle
antes de las tres; así pues tenía
que esperar dos horas. Esperar no es confortable
en uniforme complete y encaje. Afortunadamente
recordé que mi puesto de inspector
tal vez podía darme derecho a cierta
consideración en el palacio. Me presenté,
y fui introducido a un cuarto hasta entonces
vacío. (24)
El
viaje de ida y vuelta a Rusia plasmaría
en Stendhal imágenes de Guerra
y vida que nunca le dejarían.
Más que nunca antes estaría
involucrado en el sucio negocio de la
guerra, y más que nunca antes
se vería amenazado por ello.
Cuando llegó a Smolensk, halló
la ciudad en llamas. Cuando el fuego
amenazó sus carruajes, Stendhal
fue capaz de organizar medidas defensivas.
A lo largo de la campaña rusa,
se hizo conocido por estar bien alerta
en lo que le concernía, y conservar
su « sangre fría y mente
clara » (26).
Sus cartas a menudo parecían
ser alegres y animadas, pero también
reflejaban su desilusión.
« Mi felicidad de estar aquí
no es grande. ¡Cómo cambia
un hombre! Mi Antigua sed de nuevas
vistas se ha agotado por completo. Desde
que vi Milán e Italia, todo lo
que veo me repele con su crudeza. ¿Creerías
que, sin ninguna vejación que
me afecte más que cualquier otro,
y sin ningún pesar personal,
a veces estoy a punto de estallar en
lágrimas? En este océano
de barbaridad no hay un sonido que halle
un eco en mi alma. Todo es burdo, sucio,
a la vez física y moralmente
pestilente ».
Stendhal
fue testigo del incendio de Moscú
desde los suburbios. Asqueado con toda
la situación, no cabe duda de
que sintió alivio cuando Napoleón
ordenó una retirada de Moscú.
Hubo un tiempo en que había esperado
conciertos en el Kremlin: « parece
que pasaré el invierno aquí;
espero que haya algunos conciertos.
Seguramente haya funciones teatrales
en la Corte, ¿pero qué
clase de actores habrá en ellas?
» (27)
Stendhal
fue nombrado Comisionado de suministros
de guerra y enviado a Smolensk a preparar
provisiones para el ejército
que volvía. Siempre manteniendo
su ánimo en alto, escribió
a la condesa Daru el 16 de octubre.
|
 |
Pauline
Beyle (1786-1857)
Hermana favorita
de Stendhal; cuadro anónimo. |
|
|
« La
gente con la que tengo el honor de vivir es
de otra especie. Con la excepción de
una persona, nuestras conversaciones son las
más tediosas del mundo; nunca hablamos
más que de asuntos serios, y a esos
asuntos serios mezclamos una enorme dosis
de importancia propia, y pasamos una hora
eterna explicando lo que podía haber
sido dicho en diez minutos. Fuera de esto,
todo va bien; no hemos visto una mujer desde
la responsable de correos de Polonia, pero
a manera de compensación somos grandes
conocedores en materia de incendios.
(28)
En un momento
dado él y sus compañeros pensaron
que iban a ser matados por cosacos, pero escaparon
en una niebla espesa. (29)
Stendhal se
las arregló mucho mejor que muchos
miembros de la ya no tan Grande Armée.
Cruzó el río
Beresina al haber hallado un vado aprovechable
en vez de pasar por el puente atiborrado de
los pontoneros. Es probable que esta decisión
haya salvado su vida y la de sus compañeros.
David Chandler estima que durante el paso
del puente, que duró tres días,
unos 20 a 30,000 combatientes y tal vez 30
000 no combatientes se convirtieron en bajas
(30). Continuó
su viaje a través de Europa, y llegó
a París en 1813. Había experimentado
de la manera más personal posible uno
de los grandes eventos de la historia. Tras
la aventura rusa, la vida en París
debe haber parecido más bien mundana.
Dos veces más, sin embargo, Stendhal
seguiría la estrella de Napoleón.
Fue enviado a Alemania, donde pudo observar
la batalla de Bautzen. Quedó sorprendido
con la confusión general y la dificultad
de determinar con exactitud lo que estaba
pasando. Es posible que esto le proporcionara
el material empleado en su elogiada descripción
de la batalla de Waterloo en La cartuja
de Parma.
También
es factible que esta campaña
le brindara la ocasión de su
única entrevista directa con
el Emperador. Había estado con
un destacamento de soldados que, al
ser atacados por cosacos, habían
caído en pánico. A Napoleón
no le agradó esto y ordenó
una investigación en profundidad.
Stendhal afirma que fue personalmente
interpelado en lo referente al evento.
(31)
De cara
a la caída inminente del Imperio,
Stendhal serviría a Napoleón
una última vez. Se le asignó
asistir en la defensa de la región
de Grenoble y del Dauphiné. Era
enérgico en la ejecución
de sus deberes, a pesar de que los residentes
de Grenoble no fueron demasiado cooperativos
con un hombre que a su parecer los había
abandonado hacía tantos años
(32). Sin embargo,
fue bien señalado por quienes
observaron sus ardientes esfuerzos.
A la larga regresaría a parís
y sería testigo de la partida
de la emperatriz María Luisa
y el joven Rey de Roma.
Con
la caída final de Napoleón
llegó el momento de decidir por
su propio futuro. Si bien Stendhal tuvo
grandes oportunidades de aceptar un
alto puesto bajo el Nuevo gobierno,
se negó a vivir en una Francia
en la que se pretendía regresar
a la vida anterior a la revolución
y a Napoleón. En 1814 se mudó
a Milán, donde permanecería
hasta 1821. Muy pronto empezaría
a desarrollar lo se convertiría
en la base de su amor por Napoleón,
a saber que si Napoleón ciertamente
tenía sus defectos era por mucho
mejor que lo que llegó después
de él. La Restauración
dejó a Stendhal, y sus personajes,
suspirando por el Emperador y sus glorias
pasadas. Efectivamente, la obra de Stendhal
está llena de ejemplos de personajes
que admiran a Napoleón desde
una perspectiva que se centra en el
futuro antes que en la de los contemporáneos. |
 |
Henri
Beyle « Stendhal
» (1783-1842)
Retratado por Johan
Olaf Södermark, en 1840. |
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|
Stendhal realmente
maduró durante sus aventuras napoleónicas.
Partiendo de la juventud descarada, egocéntrica,
irresponsable que los Daru tomaron bajo su
ala, se transformó en un personaje
mucho más sombrío y responsable
capaz de entender el significado de todo lo
vivido. Stendhal experimentó y observó
mucho de lo que era tanto bueno como malo
durante la era napoleónica. Vio el
funcionamiento del Imperio desde un punto
muy aventajado, y estuvo impresionado por
el deseo de nombrar gente sobre en virtud
del mérito (aun cuando él recibió
sus propias nominaciones con una base de alguna
manera diferente). Conoció la gloria
del ejército, así como los horrores
de la guerra. Por medio de todo ello, desarrolló
una comprensión del total dominio de
Napoleón sobre su era, y entendió
tanto los defectos como las ventajas de dicho
señorío.
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EPITAFIO
DE STENDHAL
Escrito por él mismo |
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Stendhal
en 1839
Óleo
de Pierre-Joseph Dedreux-Dorcy
(1789-1874). |
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|
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«
B... hizo su epitafio en 1821.
“Aquí yace Arrigo
Beyle Milanés,
Vivió, escribió,
amó
Se fue de aquí hace años…
En 18... |
Le
gustó Cimarosa, Shakespeare,
Mozart, Corregio.
Amó apasionadamente a V...
M... A... Ángel, M... C..,
y aunque no fue nada menos que apuesto,
fue amado mucho por cuatro o cinco
de estas iniciales.
Respetó a un sólo
hombre: NAPOLEÓN”.
Fin de esta reseña no releída
(a fin de no mentir).
Reseña sobre Henry Beyle,
a leerse después de su muerte,
no antes ». |
| París,
1837; 1ª edición en
1893. |
|
Que los personajes
tardíos de Stendhal estén dominados
por la memoria de Napoleón es, por
consiguiente, difícilmente una sorpresa.
Cualesquiera que hayan sido sus faltas, Napoleón
condujo a Francia y a Stendhal a través
de una grandiosa aventura. Tras la caída
de Napoleón, Stendhal fue testigo de
cuántos elementos de la sociedad francesa
reavivaron la memoria del Emperador. Presenció
la triste y repugnante forma en que Napoleón
fue deportado a la remota roca llamada Santa
Helena (al menos a los ojos de Stendhal),
y se horrorizó por ello. El rechazo
a la memoria de de Napoleón bien pudo
haberle parecido a Stendhal como un rechazo
de las experiencias de su propia vida. Este
sentido de rechazo, nada fuera de lo común
entre los partidarios del Emperador, muy seguramente
debe haber fortalecido a la vez sus sentimientos
para con Napoleón y su deseo de defender
la memoria del Emperador y de su época.
La razón de los sentimientos que tuvo
hacia Napoleón pueden ser hallados
de manera óptima en las líneas
de apertura de su «Vida de Napoleón»:
« Estoy escribiendo esta Vida de
Napoleón para refutar una calumnia
» (33).
La calumnia
era el rechazo de todo aquello que Napoleón
defendió; un rechazo que cuestionaba
la vida misma de Stendhal.
La refutación, bajo la forma de la
obra de Stendhal, se yergue como una de las
mayores creaciones literarias que haya surgido
de la experiencia napoleónica.

NOTAS:
1. Este artículo
se publicó por primera vez en «
Selected Papers of the Twenty-Fourth Consortium
on Revolutionary Europe » (« Escritos
selectos del vigesimocuarto Consorcio sobre
la Europa Revolucionaria », pp.
415-425). Consortium on Revolutionary
Europe, realizado del 3 al 5 de marzo
de 1994.
2. Traducción de Jean Stewart y B.
C. J. G. Knight (Chicago, 1958), 8.
3. En sus comentarios sobre el texto de Steve
Golin « Stendhal: The Novelist as Revolutionary
» (« Stendhal: el novelista
como revolucionario », de Robert
Holtman; ed. The Consortium on Revolutionary
Europe Proceedings p. 45 (Athens, Ga.,
1978), a Elizabeth Eisenstein « se le
escapó » el Stendhal bonapartista
y funcionario oficinista. Este artículo,
dieciséis años después,
tratará de abordar ese Stendhal.
4. Ver Matthew Josephson, « Stendhal,
or The Pursuit of Happiness » («
Stendhal, o la búsqueda de la felicidad
»; Garden City, 1946), pp. 46-49,
y Gita May, « Stendhal and the Age of
Napoleon » (« Stendhal y la
era napoleónica »; Nueva
York, 1977), pp. 89-93.
5. Josephson, M., 53-54. Para tener otra Buena
descripción del trabajo bajo las órdenes
de Pierre, ver « A Lion for Love: A
Critical Biography of Stendhal », de
Robert Alter (en colaboración con Carol
Cosman) (« Un león en el
amor: una biografía crítica
de Stendhal »; Cambridge, 1986)
pp. 40-42.
6. 312.
7. Ibid., 313.
8. Ibid., 337.
9. Stendhal a Pauline, Milán, 29 de
junio de 1800, « To the Happy Few: Selected
Letters of Stendhal », traducido por
Norman Cameron (« A los pocos afortunados:
Cartas selectas de Stendhal »;
John Lehmann, 1952. Londres, 1986), 38-39.
Las cartas de Stendhal constituyen algunos
de sus mejores escritos.
10. Boletín del ejército de
reserva, del 4 de Pradial del Año VIII
(24 de mayo de 1800) en « Letters &
Documents of Napoleon: Volume One, The Rise
to Power », (« Cartas &
documentos de Napoleón: primer volumen,
la ascensión al poder »,
John Howard editor y traductor (Londres, 1961),
p. 437. Este boletín fue firmado por
Berthier, quien era el comandante en jefe
nominal, pero se cree que fue escrito por
el mismo Primer Cónsul.
11. Traducción de Margaret R. B. Shaw
(Londres, 1958), p. 19.
12. Josephson, p. 62.
13. May, pp. 101-2.
14. « The Private Diaries of Stendhal
», edición y traducción
de Robert Sage (« Los diarios privados
de Stendhal », Nueva York, 1954),
p. 7. Stendhal empezó a escribir un
diario en 1801, y continuó su esfuerzo
a lo largo de toda su carrera napoleónica.
Nos brindan, por supuesto, algunos de los
mejores vistazos a su vida, y las prioridades
que estableció durante varias etapas
de su carrera. Desafortunadamente, casi no
hay en su diario anotaciones referentes al
periodo de su experiencia en Moscú.
Se cree que se perdieron durante su difícil
retirada de Rusia.
15. Josephson, pp. 69-72.
16. Las largas licencias no fueron poco comunes
en el ejército francés de la
época. El mismo Napoleón tuvo
ausencias importantes cuando era teniente.
En efecto, estuvo my cerca de recibir serias
reprimendas. Como Stendhal, sin embargo, Napoleón
tenía amigos influyentes y la habilidad
de convencer a gente bien colocada de lo apropiado
de sus acciones.
17. « A Life of Napoleon », Roland
Grant, trad. (« Una vida de Napoleón
»; London, 1956), p. 60.
18. « To the Happy Few », pp.
100-101.
19. Josephson, p. 132.
20. Diarios, p. 294.
21. Ver Howard Clewes, « Stendhal: An
Introduction to the Novelist » («
Stendhal: una introducción al novelista
»; Londres, 1950) pp. 35-38, Josephson
pp. 138-140, y May pp. 149-151.
22. Josephson, pp .139-142, y Wallace Fowlie,
« Stendhal », (London, 1969),
p. 13.
23. Anotación del 14 de marzo de 1810,
« Diarios » p. 312.
24. « To the Happy Few », pp.
135-6.
25. May, pp. 161.
26. Carta a Félix Faure, Smolensko,
24 de agosto de 1812, « To the Happy
Few », p. 139.
27. Carta a Félix Faure, Moscú,
2 de octubre de 1812, « Diarios »,
p. 484.
28. « To the Happy Few », p. 148.
29. Una descripción vívida de
este evento se figura en una carta de Stendhal
a la condesa Daru, firmada en Smolensko el
9 de noviembre de 1812; « To the Happy
Few », pp. 150-152.
30. « The Campaigns of Napoleon »
(« Las campañas de Napoleón
»; Nueva York, 1966), p. 846. Para leer
una excelente reseña del cruce por
un testigo ocular, ver la « Historia
de la expedición de Rusia »,
por el general conde Philippe de Ségur;
2 volúmenes (« History of
the Expedition to Russia », Londres,
1827, sexta edición), 2: 269-303.
31. Josephson, pp. 181-182.
32. Ver Alter, pp. 123-124, Josephson pp.
188-191.
33. Página 7. Para conocer más
acerca de mis discusiones sobre la opinión
de Stendhal sobre Napoleón, ver «
Stendhal and Napoleon » («
Stendhal y Napoleón »),
en el Bulletin of the Napoleonic Society
of America, p. 38, abril de 1993: pp.
12-13.