Vida de S.M.I. el Emperador y Rey Napoleón I el Grande.
Vida de S.M.I. el Emperador y Rey NAPOLEÓN I
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Eduardo Garzón-Sobrado, fundador.
S.A.I. & R. Jean-Christophe, Prince Napoléon..
SIGUIENDO LAS HUELLAS DE LA GLORIA:
LA CARRERA NAPOLEÓNICA DE STENDHAL
Stendhal portando la Legión de Honor
Retrato al óleo de Silvestro Valeri (1814-1902)

Por el Señor

J. David Markham
Presidente de la Sociedad Napoleónica Internacional

Consejero especial para los países angloparlantes del Instituto Napoleónico México-Francia

J. David Markham
Traducción del Instituto Napoleónico México-Francia ©
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«Uno de los hombres más remarcables de este tiempo»
Honorato de Balzac.

MARIE-HENRI BEYLE (1783-1842), conocido para el mundo como Stendhal, se convirtió en uno de las más importantes figuras literarias de la era moderna (1). Al vivir como fue su caso en el periodo de transición del Antiguo Régimen a la era de Napoleón y al periodo del regreso de la realeza y la Revolución de Julio, Stendhal fue testigo del movimiento de Francia y Europa a la era moderna.

Stendhal a los 19 años. Óleo de 1802.

La personalidad dominante de esta era fue, por supuesto, Napoleón. Su carrera sirve hoy como inspiración a muchos, y no fue menos que una maravilla en su propio tiempo. Muchas carreras se hicieron siguiendo las huellas de la gloria de Napoleón, incluida la de Henri Beyle. Es imposible leer ninguna de las novelas importantes de Stendhal sin quedar sorprendido por el papel jugado por Napoleón en las vidas de sus personajes, y esto no es accidental. La carrera de Stendhal es paralela en muchos sentidos a la de Napoleón. Como él, fue capaz de utilizar importantes contactos para iniciarse en su carrera. Y en cuanto este proceso empezó, la carrera de Stendhal se elevaría y caería con las fortunas, vida y tiempos póstumos de Napoleón. En efecto, en su trabajo autobiográfico La vida de Henry Brulard declara que «caí con Napoleón en abril de 1814». (2)

Stendhal no escribió sus novelas hasta mucho después de que Napoleón dejara el poder. Sus personajes, sin embargo, reflejan a la vez su propia carrera napoleónica y su gran desdicha en referencia al destino de Napoleón tras su derrota en Waterloo. Tanto el estudiante de la historia de la era napoleónica, política y literariamente, como el lector de los trabajos de Stendhal se beneficiará con el conocimiento de la fuerte conexión entre la carrera de Stendhal y la de Napoleón. Este escrito rastreará dicha conexión, con una Mirada particular hacia los propios comentarios de Stendhal sobre el tema. (3)

Stendhal, oriundo de Grenoble, legó a odiar su existencia en esa ciudad, y ansiaba aventuras en París. Posteriormente admitiría que su anhelo de París estaba fuertemente influenciado por su repulsión por Grenoble. Ahí se sentía agobiado por su dominante padre y las enseñanzas religiosas de su tutor, así como por el provincialismo general de Grenoble. Por ende, cuando se mudó a París en noviembre de 1799, el día en que Napoleón tomó el poder con el coup d’État de Brumaire (9 de noviembre), albergaba grandes esperanzas de una vida nueva y más excitante.

Vista de Grenoble, tomada desde la Isla verde, efecto de la tarde
Hermosa representación romántica de la ciudad natal de Stendhal, durante el segundo cuarto del siglo XIX. Óleo de Isidore Dagnan (1794-1873)

A pesar de sus grandes esperanzas, pronto se desilusionó de París y de su deseo expreso de profundizar sus estudios de matemáticas. París, aparentemente, no era la clave de la excitación inexpresable que él había esperado. Fue incapaz de lograr completar sus estudios, y su salud dio un giro para mal. Afortunadamente para él, su padre tenía un primo llamado Noël Daru que vivía en París. Daru había sido importante políticamente tanto en Grenoble como en París, contando con conexiones en el gobierno, incluyendo a Talleyrand (4). Daru padre y sus hijos Pierre y Martial fungirían como benefactores de Stendhal a lo largo del periodo napoleónico de su vida.

Por un tiempo, Stendhal solo buscó arte, literatura, y amor, con niveles de éxito variables. Pierre Daru trató de hacer de él un hombre educado, mientras Martial sirvió como modelo tipo de dandy en las calles de París. Como muchos jóvenes de cualquier época, Stendhal prefirió sin duda emular a Martial, aunque fueron los esfuerzos de Pierre los que a la postre harían más bien a Stendhal. En 1799, poco después de haber acogido a su desempleado, desilusionado y enfermo primo Stendhal, los Daru hicieron arreglo para hallarle a Stendhal un puesto como uno de los muchos cientos de oficinistas en el ministerio de la guerra, donde Pierre Daru fungía como Secretario general en el nuevo gobierno. Vaya que esto fue un cambio para el joven Stendhal.

En una vasta recámara de entrepaños dorados en el Ministerio de la Guerra, el más joven de los Daru trabajaba duramente noche y día; Napoleón le rugía, y Pierre Daru, a su vez, bramaba como un toro a las personas que trabajaban bajo sus órdenes…

Durante todo el día, Stendhal se sentaba en un escritorio en la oficina del Ministerio de guerra escribiendo cartas para Daru… Daru procedía duramente con sus asistentes. Pronto Henri estaba infectado con el terror general del «toro salvaje», y su temor a una feroz reprimenda de su jefe nunca lo dejaba. (5)

El Conde Pierre-Antoine Daru (1767-1829)
El benefactor de Stendhal que favorecería repetidamente la carrera napoleónica de éste. Retrato por el barón Gros.
 
Martial Daru
Amigo de Stendhal, Intendente de Finanzas del Imperio,
será un ejemplo y un apoyo constantes para el escritor. Litografía anónima de la época.

En todos sentidos, Stendhal se sentía miserable en su Nuevo puesto. A la edad de diecisiete años, lleno de idealismo y esperanza por un amor excitante y una vida literaria, los rigores del Ministerio de la Guerra fueron una gran decepción. Lo que es más, ni siquiera era muy bueno en su trabajo, hacienda errores que le valían penetrantes críticas. En Brûlard, Stendhal escribe que «Todos en el Ministerio de la guerra solían temblar cuando iban a la oficina del Sr. Daru, por mi parte estaba temeroso hasta de mirar la puerta» (6). En su más famosa declaración acerca de sus condiciones de trabajo escribe «… [Daru] le tenía un miedo mortal a Napoleón y yo un miedo mortal a él» (7).

Pero, como sucedería tan a menudo, la fortuna de Stendhal cambiaría, unida como lo estaba a la bondad y sentido de responsabilidad familiar de los Daru y a la estrella ascendente de Napoleón. El futuro emperador estaba preparándose para atacar a los austriacos en Italia tomando un camino por el norte hacia los Alpes y el ahora famoso paso del gran San Bernardo. Pierre Daru había sido nombrado Inspector para las revistas, y salió rumbo a Italia con Napoleón. Cuando le ofreció a Stendhal la oportunidad de aceptar un encargo como Segundo teniente en el 6o de dragones e incorporarse a su tropa de estado mayor en Italia, Stendhal estaba radiante de gozo. Ahí estaba finalmente una oportunidad de ver el mundo jugando a la vez el papel de un heroico y galante soldado.

Galante soldado es lo que podía haber querido ser, pero muy ciertamente no lo era. Nada en sus antecedentes le había preparado para semejante papel (¡considerando que una gran imaginación no es ninguna preparación real!); no sabía ni el arte del combate ni el ecuestre. Afortunadamente, Pierre había asignado un hombre para acompañar a su joven primo, impaciente pero sin esperanza, y para enseñarle algunas técnicas necesarias durante el camino. El trayecto a través de los Alpes aportaría a Stendhal una mayor habilidad en los dos ámbitos, así como una visión más realista del oficio del soldado. Después de una visita a la casa de Jean-Jacques Rousseau en Ginebra, Stendhal y su Nuevo protector partieron hacia Italia. Stendhal siguió los pasos de Napoleón, apenas ligeramente retrasado en relación al paso del propio Napoleón por los Alpes, aun incluyendo una parada de refresco en el hospicio de San Bernardo. Su experiencia más destacada se centraba en el único problema militar real hallado por el ejército francés, Fort Bard. Este fuerte, al este del paso del Gran San Bernardo, amenazaba con retrasar seriamente la marcha de Napoleón. Tozudos hasta el final, los defensores del fuerte se negaron a rendirse ante Napoleón, quien entonces simplemente los contornó. Aun cuando este movimiento se llevó a cabo con éxito, había un peligro, ya que los soldados se vieron forzados a pasar dentro del radio de alcance de los cañones del fuerte. Tenían que pasar por una plataforma, bajo las bolas de cañón que botaban en las cercanías. En Brûlard, Stendhal describe su experiencia: «puedo recordar que me acerqué a la orilla de la plataforma para estar más expuesto, y cuando él [su compañero] empezó a salirse del camino me quedé por unos minutos para mostrar mi valor. Así es como estuve bajo fuego por primera vez. Ésta era una suerte de virginidad que había pesado sobre mí tanto como la otra» (8). Escribiría a su hermana Pauline:

«Todo lo que puedo decirte es que su dificultad [la del paso de San Bernardo] ha sido extraordinariamente exagerada. No hubo un momento de peligro para las tropas. Yo pasé por el fuerte de Bard, una montaña mucho más difícil. Imagina un valle escarpado como el del valle de Saint-Paul, cerca de Claix. En medio, un otero; sobre dicho otero un fuerte, y bajo él pasos a distancia de un tiro de pistola. Salimos del camino a distancia de trescientos pies del fuerte y escalamos la colina bajo el fuego continuo de aquel. Lo que más nos causó problemas fueron nuestros caballos, que saltaban cinco o seis pies a cada silbido de una bala o de una bola de cañón. (9)

El fuerte de Bard
Esta fortaleza, imponente aún en nuestros días, bloqueaba el avance de Napoleón, quien ante semejante escollo simplemente lo rodeó...

Stendhal no era el único en hallar humor en el difícil paso a través de los Alpes. El mismo Napoleón escribió a propósito de su descenso en el lado este del San Bernardo: «El Primer Cónsul descendió de la cima del San Bernardo deslizándose en la nieve y en las corrientes de agua y saltando sobre precipicios». (10)

El viaje de Stendhal por el San Bernardo no se llevó a cabo sin desilusión. Fue durante el mismo que se percató por primera vez que no todos los soldados eran las figures heroicas en las que esperaba convertirse. Estaban estos más que dispuestos a robar de sus compañeros de armas y llegó a verlos como hombres toscos de mala disposición que codiciaban cualquier tipo de beneficio que pudiese provenir de sus camaradas, como el tener un caballo que montar en vez de ir a pie. No obstante, la exaltación de su participación en esta gran cruzada, conducida por el máximo hombre de acción, nunca abandonaría a Stendhal. Su amor por Napoleón debe haber empezado entonces seguramente. Estos sentimientos están mejor expresados en las primeras líneas de La cartuja de Parma en las que anota (recurriendo a una campaña anterior) «El 15 de mayo de 1796, el general Bonaparte hizo su entrada a Milán a la cabeza de aquel ejército lleno de juventud que apenas poco tiempo antes había cruzado el puente de Lodi, y mostró al mundo que después de tantos siglos César y Alejandro tenían un sucesor». (11)

César y Alejandro podían tener un sucesor, pero el susodicho de ninguna forma estaba solo en las atenciones de Stendhal. La imagen idealista de París de éste último fue remplazada por la de Milán en particular, e Italia en general. El arte, la música, las muchedumbres entusiastas y, más importante aún, las hermosas mujeres – se convirtieron todos en sujetos de las afecciones de Stendhal. Y fue en el teatro en Milán donde vio por vez primera a su héroe y benefactor indirecto, el mismísimo Primer Cónsul Napoleón Bonaparte. (12)

El famoso teatro de La Scala, en Milán
Fue en este escenario esplendoroso donde Stendhal vio por primera vez a Napoleón. Dibujo romántico al carboncillo, con realces de tiza.

Primero, Stendhal estaba salvajemente enamorado de Milán y de Italia. ¿Y quién podría sorprenderse de eso? Estaba alojado en el palacio Adda, donde vivía y trabajaba (como ayudante del general Pétiet, el pagador General del ejército de Italia) en una atmósfera que abrumaría incluso a la más mundana de las personas, sin mencionar a un joven idealista. Luego se mudaría a la Casa Bovara, aún trabajando para Claude Pétiet, ahora Embajador y Ministro Extraordinario de la República Francesa. Por la noche, la sociedad milanesa se mezclaba con las más altas capas de los cuerpos militares y diplomáticos franceses. El joven Henri, sin duda un poco intimidado por todo eso, tenía la oportunidad de juntarse con una capa social del primerísimo nivel. (13)

Stendhal también podía gozar de la vida durante el día. Su trabajo, aunque importante, de ninguna manera consumía su jornada entera. Podía visitar sitios históricos, monumentos, y otros deleitosos aspectos de la vida en Milán. Sus esfuerzos en materia de romance son bien conocidos para sus biógrafos y estudiantes, como lo son sus esfuerzos en lo que toca a sus lecturas. En efecto, parece que debe haber pasado una enorme cantidad de tiempo leyendo, y sus descripciones de lo que leyó ocupan un gran espacio en sus escritos. Por ejemplo, su anotación del 18 de abril de 1801 en su diario indica que «Desde que dejé de pensar en la Signora Martin, ahora Saladini, he leído mucho de La Harpe. He leído los volúmenes I, II, III, IV, V, VI, VII, y VIII de su Lycée». (14)

En cuanto a su vida amorosa, parece que más allá de lo que ésta le haya aportado, le trajo ese mal que es el más notorio de las «enfermedades sociales», la sífilis. Este padecimiento perseguiría a Stendhal hasta su muerte, y podría ser la razón de sus numerosas y largas licencias.

A la larga se empleó a Stendhal en deberes más asociados con los de un lugarteniente. Fue asignado al 6º de Dragones y enviado al pueblecillo de Bagnolo. Como sería el caso de muchos jóvenes, en un inicio estaba encantado con su nuevo estatuto. Sin duda se vio a sí mismo como un joven y gallardo dandi, atildado con uniforme y espada. Pronto descubrió que mucho de la vida militar podía ser tedioso, especialmente de no ser uno asignado a un centro cultural como Milán. Una escasés de libros, de cultura, y mujeres disponibles lo desanimó rápidamente. Afortunadamente, pudo recurrir a su conexión con Daru para obtener un puesto como ayuda de campo del General Claude Michaud, cuyo cuartel general se encontraba en Milán. Por supuesto, hubo algunos problemillas con su transferencia. Stendhal no tenía la antigüedad o el rango necesarios, el mismo Daru no sabía nada del puesto y, al ser informado, lo desaprobó. Por ocho meses Stendhal disfrutó su puesto, pero siempre estaba bajo la presión del enfurecido Daru para que retomase su posición en el 6º de Dragones. Finalmente, en septiembre de 1801, accedió a las demandas de Daru (15). Fue demasiado para él. Descontento con la vida militar, cansado de Italia, lejos de su mejor estado de salud, Stendhal regresó a Grenoble con una licencia por enfermedad. Después de una ausencia de tres meses, renunció a su comisión y volvió a París. En ningún momento discutió sus planes con sus benefactores Daru. (16)

Los años que siguieron para Stendhal no fueron muy satisfactorios. Sus esfuerzos en los ámbitos de la escritura y de los negocios fracasaron, y se cayó en la agitación y la pobreza. Primero descontento con los designios imperiales de Napoleón, pronto Stendhal quedó impresionado por el torbellino que se extendía por Europa. Más tarde escribiría «… el ejército francés dejó el campo de Boloña para emprender una guerra continental que conferiría un brillo fresco a la reputación militar del Emperador, y le elevaría a una cumbre de grandeza como Europa no la había visto ser acordada a ningún soberano desde tiempos de Carlomagno». (17)
Stendhal se determinó a convencer a los Daru de que era digno de su apoyo. Se tradujo en una intensa campaña epistolar, acompañada por visitas repetidas. Su amistosa, si bien ambigua, relación con la esposa de Pierre, Alexandrine, abrió un nuevo acceso hacia el escéptico Daru. Éste, ahora conde e Intendente General de los Ejércitos Imperiales, podía hacer o quebrantar cualquier cantidad de carreras. Una vez más, acudiría en ayuda de su primo.

En Octubre de 1806, Stendhal alcanzó a Martial Daru, quien había recibido el puesto de Intendente de Finanzas en el ducado de Brunswick. Por un breve periodo Stendhal fungió como adjunto provisional en las comisarías de guerra de Brunswick. No tardaría enseguida en ser ascendido plenamente a comisario de guerra, y en 1808 remplazó a Martial como Intendente de los Dominios Imperiales. Era esta una posición que conllevaba poder y prestigio considerables, un hecho que Stendhal anotó en una carta a su hermana Pauline en mayo de 1808: «Hace cuatro años estaba en París con un único par de zapatos agujerados, sin un fuego en pleno invierno, y a menudo sin una candela. Heme aquí un personaje: recibo una gran cantidad de cartas de alemanes que se dirigen a mí como Monseñor; miembros de la nobleza francesa me llaman Monsieur l’intendant; generales en visita vienen a verme; recibo peticiones, escribo cartas, reprendo a mis secretarios, asisto a cenas ceremoniales, monto a caballo y leo a Shakespeare. Pero era más feliz en París». (18)

Stendhal en 1807
Fisionotrazo de Quenedey.

En 1809, Stendhal fue mandado primero a Estrasburgo y luego a Viena. Durante este viaje pasó por el pueblo alemán de Stendhal, del cual tomó su pseudónimo (19). El viaje a Viena brindó a Stendhal su primera probada real de los horrores de la guerra. Siguiendo de cerca los pasos de Napoleón y la línea frontal del ejército, Stendhal vio de primera mano pueblos destruidos, cuerpos sin enterrar, la destrucción aleatoria. Stendhal estaba claramente conmovido por lo que vio. El 5 de mayo escribió en su Diario:
«Cuando empezamos a cruzar el Puente, hallamos cuerpos de hombres y caballos, aún había como treinta sobre el puente; nos vimos obligados a echarlos al río, que era excesivamente ancho; a la mitad, a cuatrocientos pasos río abajo del puente, un caballo estaba de pie erguido y e inerte; extraño efecto. Todo el pueblo de Ebersberg seguía en llamas, la calle por la cual pasamos estaba sembrada de cadáveres, la mayoría de ellos franceses y casi todos carbonizados. Algunos estaban tan malamente quemados que la forma humana del esqueleto difícilmente podía ser reconocida. En muchas partes, los cadáveres estaban apilados; examiné sus rostros. En el puente había un alemán respetable que yacía muerto, sus ojos abiertos; el coraje alemán, fidelidad y amabilidad estaban representados en su cara, que tenía una ligera expresión de melancolía». (20)

Alexandrine condesa Daru
Esposa de Pierre Daru, Stendhal mantuvo con ella una numerosa correspondencia. Retrato de Louis David.

El tiempo pasado por Stendhal en Viena estuvo bien aprovechado. Su trabajo trascendió lo suficiente para convencer a Pierre Daru de que era finalmente digno del apoyo que le era brindado por el poderoso conde. Más aún, cultivaba su relación con la bella esposa de Pierre, la condesa Alexandrine. No obstante, suspiraba por París. Pierre y Alexandrine salieron de esta ciudad en noviembre, y dos meses después el mismo Stendhal volvía a la capital. Ahí recibió las noticias de que su conexión con Daru había nuevamente redituado. Alentado, sin duda, por Alexandrine, Pierre Daru arregló la nominación de Stendhal como auditor del Consejo de Estado. Esto proporcionó a Stendhal una posición impresionante, en tanto que uno de los más altos oficiales gubernamentales del Imperio. Con la posición llegó un ingreso considerable; como si ésta no fuera suficiente, pronto se le dio el puesto adicional de Inspector de la contabilidad del mobiliario y las construcciones de la Corona. Estas responsabilidades incluían la gestión de Versalles, Fontainebleau y el Museo Napoleón (el Louvre). (21)

Este periodo de la vida de Stendhal bien pudo haber sido su más dichoso. Ciertamente fue la época en la que fue capaz de cumplir su sueño de involucrarse con los más altos grados de la sociedad. Cumplió muchas funciones sociales, y se codeó con luminarias como las hermanas de Napoleón, Carolina Murat y Paulina Borghese, así como con el Príncipe Metternich, Sophie Gay, Madama Récamier, Madama Tallien y Madama de Staël (22). Tuvo la oportunidad de ver pintar al gran artista Jacques-Louis David, y no tardó en encontrarle defectos: «Acabo de ver a David pintar. Es una colección de mezquindades… Más aún, David no es lo suficientemente inteligente para esconder su mezquina vanidad y no exponer constantemente la vasta importancia que ésta tiene en su propia opinión». (23)
¡Por supuesto, uno puede argüir que ésta crítica de uno de los más grandes artistas del periodo Imperio es en sí misma el reflejo de una cierta cantidad de vanidad mezquina y de ego!

Con todo y el éxito de Stendhal en París, echaba de menos la acción que había conocido en Italia y en Europa central. Una vez más, la estrella de Napoleón le daría una nueva oportunidad, aunque esta vez difícilmente sería la estrella «naciente» de Napoleón. El Emperador había decidido invadir Rusia, y Pierre Daru estaba intensamente involucrado en los preparativos. Stendhal, como el Emperador, creía que ésta sería una nueva serie de rápidas victorias, y quería estar ahí. Se le dio permiso para integrarse a la Grande Armée y salió hacia Rusia en el otoño. Antes de partir, recibió una audiencia con la emperatriz María Luisa, y recibió la oportunidad de ver al Rey de Roma, el infante imperial. Esta es una clara indicación de la alta posición de Stendhal, y éste habla de ello a su hermana Pauline en una carta escrita en el palacio de Saint-Cloud el 23 de julio de 1812:
«Querida, la fortuna me ha brindado una excelente oportunidad de escribirte. Me iré esta noche, a las siete, hacia las orillas del Dvina. He venido aquí a recibir órdenes de Su Majestad la emperatriz. Me ha honrado con una conversación de muchos minutos acerca de la ruta que debería seguir, la duración de la jornada, etc. Al dejar a Su Majestad fui a visitar a Su Majestad el Príncipe de Roma; pero dormía, y la señora condesa de Montesquiou me dijo que era imposible verle antes de las tres; así pues tenía que esperar dos horas. Esperar no es confortable en uniforme complete y encaje. Afortunadamente recordé que mi puesto de inspector tal vez podía darme derecho a cierta consideración en el palacio. Me presenté, y fui introducido a un cuarto hasta entonces vacío. (24)

El viaje de ida y vuelta a Rusia plasmaría en Stendhal imágenes de Guerra y vida que nunca le dejarían. Más que nunca antes estaría involucrado en el sucio negocio de la guerra, y más que nunca antes se vería amenazado por ello. Cuando llegó a Smolensk, halló la ciudad en llamas. Cuando el fuego amenazó sus carruajes, Stendhal fue capaz de organizar medidas defensivas. A lo largo de la campaña rusa, se hizo conocido por estar bien alerta en lo que le concernía, y conservar su «sangre fría y mente clara» (26). Sus cartas a menudo parecían ser alegres y animadas, pero también reflejaban su desilusión.
«Mi felicidad de estar aquí no es grande. ¡Cómo cambia un hombre! Mi Antigua sed de nuevas vistas se ha agotado por completo. Desde que vi Milán e Italia, todo lo que veo me repele con su crudeza. ¿Creerías que, sin ninguna vejación que me afecte más que cualquier otro, y sin ningún pesar personal, a veces estoy a punto de estallar en lágrimas? En este océano de barbaridad no hay un sonido que halle un eco en mi alma. Todo es burdo, sucio, a la vez física y moralmente pestilente».

Stendhal fue testigo del incendio de Moscú desde los suburbios. Asqueado con toda la situación, no cabe duda de que sintió alivio cuando Napoleón ordenó una retirada de Moscú. Hubo un tiempo en que había esperado conciertos en el Kremlin: «parece que pasaré el invierno aquí; espero que haya algunos conciertos. Seguramente haya funciones teatrales en la Corte, ¿pero qué clase de actores habrá en ellas?» (27)

Stendhal fue nombrado Comisionado de suministros de guerra y enviado a Smolensk a preparar provisiones para el ejército que volvía. Siempre manteniendo su ánimo en alto, escribió a la condesa Daru el 16 de octubre.

Pauline Beyle (1786-1857)
Hermana favorita de Stendhal; cuadro anónimo.

«La gente con la que tengo el honor de vivir es de otra especie. Con la excepción de una persona, nuestras conversaciones son las más tediosas del mundo; nunca hablamos más que de asuntos serios, y a esos asuntos serios mezclamos una enorme dosis de importancia propia, y pasamos una hora eterna explicando lo que podía haber sido dicho en diez minutos. Fuera de esto, todo va bien; no hemos visto una mujer desde la responsable de correos de Polonia, pero a manera de compensación somos grandes conocedores en materia de incendios. (28)

En un momento dado él y sus compañeros pensaron que iban a ser matados por cosacos, pero escaparon en una niebla espesa. (29)

Stendhal se las arregló mucho mejor que muchos miembros de la ya no tan Grande Armée. Cruzó el río Beresina al haber hallado un vado aprovechable en vez de pasar por el puente atiborrado de los pontoneros. Es probable que esta decisión haya salvado su vida y la de sus compañeros. David Chandler estima que durante el paso del puente, que duró tres días, unos 20 a 30,000 combatientes y tal vez 30 000 no combatientes se convirtieron en bajas (30). Continuó su viaje a través de Europa, y llegó a París en 1813. Había experimentado de la manera más personal posible uno de los grandes eventos de la historia. Tras la aventura rusa, la vida en París debe haber parecido más bien mundana. Dos veces más, sin embargo, Stendhal seguiría la estrella de Napoleón. Fue enviado a Alemania, donde pudo observar la batalla de Bautzen. Quedó sorprendido con la confusión general y la dificultad de determinar con exactitud lo que estaba pasando. Es posible que esto le proporcionara el material empleado en su elogiada descripción de la batalla de Waterloo en La cartuja de Parma.

También es factible que esta campaña le brindara la ocasión de su única entrevista directa con el Emperador. Había estado con un destacamento de soldados que, al ser atacados por cosacos, habían caído en pánico. A Napoleón no le agradó esto y ordenó una investigación en profundidad. Stendhal afirma que fue personalmente interpelado en lo referente al evento. (31)

De cara a la caída inminente del Imperio, Stendhal serviría a Napoleón una última vez. Se le asignó asistir en la defensa de la región de Grenoble y del Dauphiné. Era enérgico en la ejecución de sus deberes, a pesar de que los residentes de Grenoble no fueron demasiado cooperativos con un hombre que a su parecer los había abandonado hacía tantos años (32). Sin embargo, fue bien señalado por quienes observaron sus ardientes esfuerzos. A la larga regresaría a parís y sería testigo de la partida de la emperatriz María Luisa y el joven Rey de Roma.

Con la caída final de Napoleón llegó el momento de decidir por su propio futuro. Si bien Stendhal tuvo grandes oportunidades de aceptar un alto puesto bajo el Nuevo gobierno, se negó a vivir en una Francia en la que se pretendía regresar a la vida anterior a la revolución y a Napoleón. En 1814 se mudó a Milán, donde permanecería hasta 1821. Muy pronto empezaría a desarrollar lo se convertiría en la base de su amor por Napoleón, a saber que si Napoleón ciertamente tenía sus defectos era por mucho mejor que lo que llegó después de él. La Restauración dejó a Stendhal, y sus personajes, suspirando por el Emperador y sus glorias pasadas. Efectivamente, la obra de Stendhal está llena de ejemplos de personajes que admiran a Napoleón desde una perspectiva que se centra en el futuro antes que en la de los contemporáneos.

Henri Beyle «Stendhal» (1783-1842)
Retratado en 1840 por Johan Olaf Södermark
(1790-1848).

Stendhal realmente maduró durante sus aventuras napoleónicas. Partiendo de la juventud descarada, egocéntrica, irresponsable que los Daru tomaron bajo su ala, se transformó en un personaje mucho más sombrío y responsable capaz de entender el significado de todo lo vivido. Stendhal experimentó y observó mucho de lo que era tanto bueno como malo durante la era napoleónica. Vio el funcionamiento del Imperio desde un punto muy aventajado, y estuvo impresionado por el deseo de nombrar gente sobre en virtud del mérito (aun cuando él recibió sus propias nominaciones con una base de alguna manera diferente). Conoció la gloria del ejército, así como los horrores de la guerra. Por medio de todo ello, desarrolló una comprensión del total dominio de Napoleón sobre su era, y entendió tanto los defectos como las ventajas de dicho señorío.

EPITAFIO DE STENDHAL
Escrito por él mismo

Stendhal en 1839
Óleo de Pierre-Joseph Dedreux-Dorcy (1789-1874).

«B... hizo su epitafio en 1821.

“Aquí yace Arrigo Beyle Milanés,
Vivió, escribió, amó
Se fue de aquí hace años…
En 18...

Le gustó Cimarosa, Shakespeare, Mozart, Corregio.
Amó apasionadamente a V... M... A... Ángel, M... C.., y aunque no fue nada menos que apuesto, fue amado mucho por cuatro o cinco de estas iniciales.
Respetó a un sólo hombre: NAPOLEÓN”.
Fin de esta reseña no releída (a fin de no mentir).
Reseña sobre Henry Beyle, a leerse después de su muerte, no antes».
París, 1837; 1ª edición en 1893.

Que los personajes tardíos de Stendhal estén dominados por la memoria de Napoleón es, por consiguiente, difícilmente una sorpresa. Cualesquiera que hayan sido sus faltas, Napoleón condujo a Francia y a Stendhal a través de una grandiosa aventura. Tras la caída de Napoleón, Stendhal fue testigo de cuántos elementos de la sociedad francesa reavivaron la memoria del Emperador. Presenció la triste y repugnante forma en que Napoleón fue deportado a la remota roca llamada Santa Helena (al menos a los ojos de Stendhal), y se horrorizó por ello. El rechazo a la memoria de de Napoleón bien pudo haberle parecido a Stendhal como un rechazo de las experiencias de su propia vida. Este sentido de rechazo, nada fuera de lo común entre los partidarios del Emperador, muy seguramente debe haber fortalecido a la vez sus sentimientos para con Napoleón y su deseo de defender la memoria del Emperador y de su época. La razón de los sentimientos que tuvo hacia Napoleón pueden ser hallados de manera óptima en las líneas de apertura de su «Vida de Napoleón»: «Estoy escribiendo esta Vida de Napoleón para refutar una calumnia» (33).

La calumnia era el rechazo de todo aquello que Napoleón defendió; un rechazo que cuestionaba la vida misma de Stendhal.
La refutación, bajo la forma de la obra de Stendhal, se yergue como una de las mayores creaciones literarias que haya surgido de la experiencia napoleónica.

Instituto Napoleónico México-Francia.

NOTAS:

1. Este artículo se publicó por primera vez en «Selected Papers of the Twenty-Fourth Consortium on Revolutionary Europe» («Escritos selectos del vigesimocuarto Consorcio sobre la Europa Revolucionaria», pp. 415-425). Consortium on Revolutionary Europe, realizado del 3 al 5 de marzo de 1994.
2. Traducción de Jean Stewart y B. C. J. G. Knight (Chicago, 1958), 8.
3. En sus comentarios sobre el texto de Steve Golin «Stendhal: The Novelist as Revolutionary» («Stendhal: el novelista como revolucionario», de Robert Holtman; ed. The Consortium on Revolutionary Europe Proceedings p. 45 (Athens, Ga., 1978), a Elizabeth Eisenstein «se le escapó» el Stendhal bonapartista y funcionario oficinista. Este artículo, dieciséis años después, tratará de abordar ese Stendhal.
4. Ver Matthew Josephson, «Stendhal, or The Pursuit of Happiness» («Stendhal, o la búsqueda de la felicidad»; Garden City, 1946), pp. 46-49, y Gita May, «Stendhal and the Age of Napoleon» (« Stendhal y la era napoleónica»; Nueva York, 1977), pp. 89-93.
5. Josephson, M., 53-54. Para tener otra Buena descripción del trabajo bajo las órdenes de Pierre, ver «A Lion for Love: A Critical Biography of Stendhal», de Robert Alter (en colaboración con Carol Cosman) (« Un león en el amor: una biografía crítica de Stendhal»; Cambridge, 1986) pp. 40-42.
6. 312.
7. Ibid., 313.
8. Ibid., 337.
9. Stendhal a Pauline, Milán, 29 de junio de 1800, «To the Happy Few: Selected Letters of Stendhal», traducido por Norman Cameron («A los pocos afortunados: Cartas selectas de Stendhal»; John Lehmann, 1952. Londres, 1986), 38-39. Las cartas de Stendhal constituyen algunos de sus mejores escritos.
10. Boletín del ejército de reserva, del 4 de Pradial del Año VIII (24 de mayo de 1800) en «Letters & Documents of Napoleon: Volume One, The Rise to Power», («Cartas & documentos de Napoleón: primer volumen, la ascensión al poder», John Howard editor y traductor (Londres, 1961), p. 437. Este boletín fue firmado por Berthier, quien era el comandante en jefe nominal, pero se cree que fue escrito por el mismo Primer Cónsul.
11. Traducción de Margaret R. B. Shaw (Londres, 1958), p. 19.
12. Josephson, p. 62.
13. May, pp. 101-2.
14. «The Private Diaries of Stendhal», edición y traducción de Robert Sage («Los diarios privados de Stendhal», Nueva York, 1954), p. 7. Stendhal empezó a escribir un diario en 1801, y continuó su esfuerzo a lo largo de toda su carrera napoleónica. Nos brindan, por supuesto, algunos de los mejores vistazos a su vida, y las prioridades que estableció durante varias etapas de su carrera. Desafortunadamente, casi no hay en su diario anotaciones referentes al periodo de su experiencia en Moscú. Se cree que se perdieron durante su difícil retirada de Rusia.
15. Josephson, pp. 69-72.
16. Las largas licencias no fueron poco comunes en el ejército francés de la época. El mismo Napoleón tuvo ausencias importantes cuando era teniente. En efecto, estuvo my cerca de recibir serias reprimendas. Como Stendhal, sin embargo, Napoleón tenía amigos influyentes y la habilidad de convencer a gente bien colocada de lo apropiado de sus acciones.
17. «A Life of Napoleon», Roland Grant, trad. («Una vida de Napoleón»; London, 1956), p. 60.
18. «To the Happy Few», pp. 100-101.
19. Josephson, p. 132.
20. Diarios, p. 294.
21. Ver Howard Clewes, «Stendhal: An Introduction to the Novelist» (« Stendhal: una introducción al novelista»; Londres, 1950) pp. 35-38, Josephson pp. 138-140, y May pp. 149-151.
22. Josephson, pp .139-142, y Wallace Fowlie, «Stendhal», (London, 1969), p. 13.
23. Anotación del 14 de marzo de 1810, «Diarios» p. 312.
24. «To the Happy Few», pp. 135-6.
25. May, pp. 161.
26. Carta a Félix Faure, Smolensko, 24 de agosto de 1812, «To the Happy Few», p. 139.
27. Carta a Félix Faure, Moscú, 2 de octubre de 1812, «Diarios», p. 484.
28. «To the Happy Few», p. 148.
29. Una descripción vívida de este evento se figura en una carta de Stendhal a la condesa Daru, firmada en Smolensko el 9 de noviembre de 1812; «To the Happy Few», pp. 150-152.
30. «The Campaigns of Napoleon» («Las campañas de Napoleón»; Nueva York, 1966), p. 846. Para leer una excelente reseña del cruce por un testigo ocular, ver la «Historia de la expedición de Rusia», por el general conde Philippe de Ségur; 2 volúmenes («History of the Expedition to Russia», Londres, 1827, sexta edición), 2: 269-303.
31. Josephson, pp. 181-182.
32. Ver Alter, pp. 123-124, Josephson pp. 188-191.
33. Página 7. Para conocer más acerca de mis discusiones sobre la opinión de Stendhal sobre Napoleón, ver «Stendhal and Napoleon» («Stendhal y Napoleón»), en el Bulletin of the Napoleonic Society of America, p. 38, abril de 1993: pp. 12-13.