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NAPOLEÓN
I Y LOS PADRES MEKHITARISTAS ARMENIOS
DE VENECIA |
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La
ocupación napoleónica
de Venecia y el papel de Bédros
Abessov, armenio del Karabakh, en
el salvamento del Monasterio de San
Lázaro |
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San Lazzaro degli Armeni
La Isla San Lázaro, cerca
de Venecia, en Italia, sede
del Monasterio y de la Iglesia
de los Melchitaristas armenios.
Viñeta popular. |
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|
Por
el Padre |
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Minas
Nourikhán |
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Traducción
del
Instituto
Napoleónico México-Francia |
| PREÁMBULO |
Por
Eduardo Garzón-Sobrado
Presidente-fundador del Instituto
Napoleónico México-Francia |
Es
un honor para el Instituto
Napoleónico México-Francia
presentar, por primera traducido
al castellano, el interesante
texto siguiente que consigna
extractos selectos, publicados
en la revista mensual Pazmaveb
de Venecia del 5 de mayo de
1921, de la obra «Napoleón
I y los Padres Mekhitaristas
armenios de Venecia»,
del Padre Minas
Nourikhán.
Una segunda publicación
de dicha compilación
fue propuesta más recientemente
en el artículo «Une
page d’histoire»
(Una página de
historia), de la revista
bimensual Achkar
de París, publicada
el 31 de Octubre de 1992 (p.
6) y el 7 de noviembre de
1992 (p. 8) por Nil
V. Agopoff, investigador
del Centro
de Investigaciones sobre la
Diáspora Armenia,
CRDA. Nos parece importante
señalar que este trabajo
de presentación historiográfica
e iconográfica fue
originalmente dedicado a la
memoria del Señor Boghos
Kevorkián, fallecido
en 1979, quien fuera Director
de Estudios del Colegio
Melkonian de Nicosia,
en Chipre, así como
Director-fundador de su Departamento
de Pedagogía.
Por último, el INMF
desea extender su personal
agradecimiento al Señor
Jean-Pierre Kadeyán,
director del foro armenio
francófono NetArménie,
quien muy amablemente puso
este valioso título
a nuestra disposición
para su presentación
inédita al público
internacional de habla hispana.
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Revista
Pazmaveb
de Venecia
Portada
de la edición
del 5 de mayo de
1921 |
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| PRESENTACIÓN
GENERAL |
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Sacerdote
armenio
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La
Orden religiosa armenia católica
(orden benedictina) fue fundada
por el Abate
Mekhitar de Sebastia*
(1676 -1749) en Constantinopla
en 1700, estableciéndose
ulteriormente en 1703 en Morea,
Grecia, que en ese entonces
se encontraba bajo dominio
veneciano.
Como consecuencia de la conquista
turca en 1715, los mekhitaristas
se ven forzados a exiliarse
y se establecen en Venecia,
donde, dos años después,
la República Serenísima
les concede un lugar de residencia
en la isla de San Lázaro.
Conforme a la tradición
de los hermanos benedictinos,
el abate Mekhitar pone un
gran esmero en brindar a sus
discípulos un excelente
nivel de educación,
cuidando particularmente el
aspecto de la salvaguarda
de la memoria y tradiciones
culturales armenias, por lo
cual desarrolla una intensa
actividad en el ámbito
de la escritura. De hecho,
lejos de ser para ellos una
labor artesanal como en es
el caso de otras órdenes
monásticas, los padres
mekhitaristas tienen el deber
de llevar a cabo obras intelectuales,
por lo que sus ocupaciones
principales son la escritura
y la investigación;
consecuentemente, el desarrollo
de la labor editorial se convierte
en un campo preeminente del
quehacer de la orden. En ese
sentido, la rama mekhitarista
austriaca de la Orden, reconocida
en Trieste en 1773 y enseguida
desplazada a Viena por el
Emperador Napoleón
en 1810, será dotada
con una casa de edición
propia.
Si bien la Iglesia Armenia
Apostólica es identificada
a menudo con las iglesias
orientales ortodoxas de Europa
del Este (Rusia y Georgia),
desde un punto de vista jurídico
y teológico, la iglesia
armenia es independiente desde
inicios de la Edad Media.
Ha jugado, en tanto que iglesia
nacional, un papel esencial
en el mantenimiento de la
cultura armenia a través
de la conservación
y la difusión de las
tradiciones escritas y en
su calidad de centro cultural
para la diáspora. |
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En
efecto, a través de
los largos periodos durante
los cuales los armenios estuvieron
sometidos a la tutela extranjera,
la Iglesia tenía un
rol espiritual y político
fundamental, a tal grado que
el imperio otomano reconocía
a los patriarcas de Constantinopla
como jefes de la comunidad
armenia y el imperio ruso
trataba directamente con el
Católicos-Patriarca,
primado y jefe nominal de
la Iglesia Armenia Apostólica.
Tras indecibles sufrimientos
durante el genocidio armenio
por los otomanos, y a pesar
de los difíciles tiempos
atravesados por Armenia durante
la era comunista, desde la
caída de la Unión
Soviética el pueblo
armenio vive, hasta hoy, un
vigoroso renacimiento espiritual
y la Iglesia Apostólica
Armenia ha recuperado su papel
tradicional e histórico
de «fe nacional»
de los armenios.
En el año 2000, 300º
aniversario de la Orden, Venecia
y Viena fusionaron en una
fecha de muy especial significado
onomástico y espiritual,
al coincidir esta celebración
con el 2000º aniversario
del Cristianismo y el 1700º
aniversario de la adopción
del mismo por Armenia en calidad
de religión de Estado.
Hoy en día, Etchmiadzin
es la sede espiritual de 7
millones de armenios residentes
en Armenia o que viven en
la diáspora. La Iglesia
Armenia Apostólica
es dirigida por Karekín
II, Católicos
y Patriarca supremo de todos
los armenios. |
*
Hoy Sivas. |
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NAPOLEÓN I Y LOS
PADRES MEKHITARISTAS ARMENIOS DE VENECIA
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Plano
de Venecia en el siglo XVIII
Establecido por Henri Chatelain
en 1719 |
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Desde
hacía seis años, la República
de Venecia no existía más, el soberano
Pontífice estaba en exilio. La pequeña
Congregación no tenía siquiera lo
necesario para vivir, porque sus ahorros mal colocados
en la Moneda de la República, ya no producían,
como en el tiempo de la Serenísima. El
reino de Italia, bajo la hegemonía de Francia,
no mostraba la misma simpatía que la República
veneciana.
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En
una circunstancia tan crítica y desoladora,
el abate Akonz, espíritu tranquilo
e ilustrado, llamó a Venecia a los
Padres antiguos y reunió consejo.
Se decidió llevar a cabo trámites,
con las autoridades Francesas en Roma, en
París, en Milán e incluso
en Constantinopla, donde era embajador el
Sr. Ruddin. El Padre Mesrob Agachrakián,
químico muy conocido, nombrado caballero
por el Sultán, Meritísimus
por el emperador de Austria, y más
tarde miembro del Instituto minero de París,
fue enviado a París. El padre Mesrob
debía actuar en la Corte de Napoleón
por medio de sabios por él conocidos.
El Padre
Gabriel Avedikián, vicario general
de la Congregación fue enviado a
Roma; debía ver al Cardenal Fesch,
tío del Emperador, que vivía
en Civitavecchia, « representante,
indica nuestro cronista, del más
grande monarca del universo».
El Cardenal
Fesch ya conocía al abate Akonz.
Éste último le había
sido presentado en 1804, y el Cardenal se
había vivamente interesado en las
publicaciones de la Imprenta mekhitariana,
sobre todo en lo referente a las obras de
Eusebio de Cesarea, de Filón el judío
y de diversos Santos Padres. Había
entonces prometido su protección
eficaz para la Congregación armenia.
Y he aquí que la ocasión se
presentaba.
El P. Avedikián
hizo entrega de un Memorándum, semejante
a los que debían presentar los demás
enviados. Éste memorándum
contenía las tres propuestas siguientes:
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El
Abate Akonz |
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El
Padre Gabriel Avedikian
Vicario general de
la Congregación |
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I. La
Congregación mekhitarista está
establecida en Venecia, para desarrollar
en su nación, en Oriente, la
religión católica y las
ciencias.
II.
La Congregación no es mendicante,
y no se procura recursos en Venecia.
Vive apoyada por sus connacionales en
Oriente, y del producto de la venta
de los libros que son enviados por doquier
hasta las Indias. Su capital estaba
emplazado en la Moneda de Venecia, a
cambio de un interés de 26,420
libras.
Tras la destrucción de la República
de Venecia, Austria ya no dio más
que 12,670 libres, y luego redujo la
renta a 800 libras al mes. Es imposible
vivir así. Suplicamos que las
26,420 libras, nos sean sufragadas de
nuevo.
III.
La Congregación, siendo de nacionalidad
extranjera, debería estar descargada
de todas las gabelas que son para los
religiosos del país, y gozar
de todas las exenciones obtenidas en
oriente por los franceses e italianos.
En París y en Milán, los
que temblaban por la vida de la Congregación,
aconsejaban no mencionar en la súplica
la calidad de «religiosos»,
y acentuar más bien el papel
de Academia científica, o de
Instituto de Estudios para el Oriente;
así, se tenía la esperanza
de ser dispensados, como en Francia
lo habían sido los Padres Lazaristas,
los Hermanos de las Escuelas cristianas,
los Misioneros de Oriente, las Hermanas
de la Caridad, en tanto que obras de
Beneficencia, humanitarias.
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Sin embargo la
Congregación mekhitariana, en aquel terrible
momento de vida y de muerte, no quiso renegar
de su carácter monástico y religioso,
que trabaja por la FE y por la ciencia. Es en
ese sentido que el Cardenal Fesch escribió
al virrey de Italia, el príncipe Eugenio
de Beauharnais, hijo de Josefina, la mujer de
Napoleón. Éste último tenía
una tierna afección por el príncipe,
alma noble, buena, muy instruido, benévolo
para todo el mundo, influyente por su padrastro.
El príncipe, como virrey de Italia, residía
en Milán. Así la súplica
de los Padres mekhitaristas tenía que llegar
a sus manos.
La Congregación
había delegado a la capital de la Lombardía
al padre Jean Zohrabián, persona muy instruida,
bien conocida en Europa por su publicación
de la Biblia en armenio, con las variantes de
los manuscritos, que, con su erudición,
era un hombre de gran tacto. Pero todas sus cualidades
apreciables no hubiesen obtenido ningún
resultado favorable, si no hubiese hallado fuertes
apoyos con el príncipe.
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| La
isla de San Lázaro,
hoy llamada San Lazzaro
degli Armeni. Fotografía
contemporánea. |
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El primer apoyo
fu su alumno en materia de lengua armenia, el
abate Bréme, hijo de ministro del Interior
Italia, quien recibió al Padre Zohrabián
con los brazos abiertos y lo presentó a
su padre, el cual se encargó de transmitir
al ministro del Culto la petición de la
Congregación armenia.
El segundo apoyo del padre Zohrabián fue
un armenio: Bédros (Pedro) Abessov de Karabakh,
provincia oriental de Armenia. A éste hijo
de nuestra patria, debemos la benevolencia y la
simpatía del príncipe Eugenio para
con la Congregación. Mencionando con un
profundo reconocimiento al noble príncipe,
colocamos también sobre la tumba de Bédros
Abessov, en guisa de corona de flores, la descripción
que de él hace el padre Elías Tomadjián,
el célebre traductor armenio de Homero,
de Plutarco, de San Juan Crisóstomo y de
Massillon.
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El
Príncipe Eugenio de Beauharnais,
virrey de Italia (1781-1824),
por Andrea Appiani
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La carta
estaba dirigida al padre Baptiste Aucher,
el teólogo muy conocido, el 7 de
noviembre de 1806, y contenía una
carta de Bédros a sus padres en
Karabakh. La carta tendría que
ser entregada por medio de nuestros misionarios
en el Cáucaso. El padre Elías
dice que el padre de Bédros se
llama Abbés, que ha muerto. La
madre, hija de sacerdote casado, se llama
Hripsimé; el hermano: Boghos, las
hermanas Thoumar, Sali, Soria. Su nombre
es Hadem, de la provincia de Karabakh;
su ciudad Choucha o Chou Kala, el pueblo
Vraghne.
Pero dejemos
al padre Elías la descripción
de la persona de Bédros: «Hay
un joven de Karabakh, jefe de la guardia
del virrey, el príncipe Eugenio,
hijo del Emperador de Francia, muy amado
y muy estimado por él. Tiene veintidós
años, de la misma talla que su
soberano, esbelto, de hombros anchos,
fuerte, de alta estatura más grande
por algunos dedos que nuestro Arzobispo
Abate. Activo, despierto, hermoso, de
carácter dulce, amable con todos,
como lo ensalzan las cartas llegadas de
París. Promete un gran provenir,
muy apreciado por su soberano, el virrey,
que le obsequió un uniforme del
valor de seis mil francos milaneses. Vino
a vernos muchas veces, acompañado
por sus compañeros del Palacio,
y se ligó con nosotros con una
afección particular. Llamaba nuestro
convento: «mi convento», y
hacía elogios de nuestra Congregación
ante el virrey. Éste último
había venido a Venecia para inspeccionar
las costas del mar y ver las fortalezas
contra Inglaterra.
Un día
(según nos lo contó el mismo
Bédros) le habría dicho
al virrey: “Ve a visitar nuestro
convento. Los Padres estarán contentos”.
Tiene tanta libertad de hablar así
a su soberano. Y el virrey le habría
respondido: “¿Qué
hay en ese convento?”. Y Bédros
nuevamente: “¿Qué
queréis? Es un bonito convento,
limpio, las personas son muy buenas”.
El virrey habría respondido: “Iré,
iré”».
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Por su intercesión
nuestro abate fue recibido en audiencia el día
de Todos los Santos, y aunque no pudo ver al virrey,
impedido por otros asuntos urgentes en el Palacio,
recibió un mensaje honorífico: Que
mañana el virrey vendría a verle
al convento. Nuestro abate, a su regreso del palacio,
trajo al convento al Sr. Bédros, que cenó
con nosotros.
El día
siguiente todos esperábamos al virrey en
la mañana, y he aquí que a las diez
horas francesas, llegó a la puerta del
convento una góndola decorada. Creímos
que el príncipe estaba en la góndola,
salió de ella en efecto con dos guardias
en magnífico atuendo, pero el Sr. Bédros
no estaba, porque el virrey quería ser
tratado como desconocido. Llevaba puesto un traje
de noble civil, y no se dio a conocer; había
ordenado a los gondoleros y a los guardias no
decir nada, como después lo supimos. Y
aunque desconocido, sin embargo en sus modales,
en sus palabras mostraba una autoridad, una estampa
magnífica y toda real. Al mismo tiempo
mostraba para con nosotros dulzura y familiaridad.
Así estuvimos convencidos de que era el
virrey mismo. El Arzobispo Abate fue repentinamente
avisado, y todos, pequeños y grandes rodearon
al virrey desconocido. Lo vio todo, y de todo
tuvo placer. Preguntó varias informaciones,
pero siempre en cuanto a cosas referentes al convento.
No habló de las materias interesantes,
que él ya conocía. Deseó
espontáneamente ver la Imprenta, la vio
y estuvo contento. Se paseó en el convento
durante una hora sin sentarse. Tenía a
su lado a nuestro Arzobispo, y partió agradeciendo
y saludando a todos los padres, muy contento de
todos, como o expresó posteriormente al
Sr. Bédros. Éste se apresuró
a venir el día siguiente, sin preocuparse
por el viento horroroso y la lluvia. Saludó
al Arzobispo y a nosotros todos, porque debía
partir con el virrey. El príncipe no había
prevenido al Sr. Bédros de su visita al
convento, antes de venir. Pero después
del regreso al Palacio le había dicho que
regresaba al convento. Agradecimos al Sr. Bédros,
porque fue la causa de la visita del virrey.
El Sr. Bédros besó dos, tres veces
la mano de Su Grandeza nuestro Abate, saludó
a todos en el convento, y partió dejando
su corazón en el monasterio”.
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Dos
vistas actuales del Monasterio San Lázaro
de los Armenios en Venecia: el patio
con sus arcos y jardines y, a la derecha,
el interior de la iglesia.
Las colecciones históricas
de obras literarias y artísticas
conservadas en el Monasterio San Lázaro
es única y preciada mundialmente.
Además de algunas de las primeras
biblias impresas que han llegado hasta
nosotros, se conservan en este precioso
archivo infinidad de cuadros, pinturas,
litografías, grabados y dibujos
de gran valor. Por otro lado, encontramos
en ellas diversos manuscritos antiguos
que solo subsisten en lengua armenia,
tras haberse perdido o destruido a través
de los siglos los originales en latín
o griego. |
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(…) Era
imposible que esta gran simpatía del príncipe
no produjera su efecto. Era evidente que obtendría
del Emperador, su padrastro, una excepción
a la común supresión a favor de
los Padres Mekhitaristas. El padre Zohrabián,
llegando a Milán, había tenido noticia
de esta esperanza y aun del arreglo de la cuestión
financiera.
En París,
el padre Mesrob había presentado una súplica
al Emperador el 22 de abril; había visitado
a múltiples personajes sabios, que actuaban
ante altos funcionarios de la Corte. El padre
Mesrob, en una de sus cartas, da las informaciones
siguientes sobre los armenios de Paris: «se
encuentran en parís personas de nuestra
nación: El Sr. Abro, el Sr. Tcherpet, que
es intérprete en la biblioteca, veintitrés
mamelucos armenios, militares venidos de Egipto,
un oficial llamado Chahine, que se señaló
en la batalla
de Austerlitz y obtuvo promociones. Otro armenio
se llama Rustem (Rustám), es el valet de
cámara del Emperador y muy bien visto por
él, aun cuando de una capacidad intelectual
limitada. Hay otro joven, de nombre Bédros,
chambelán del hijo del Emperador, que es
rey de Italia. Se dice en cuanto a Bédros
que es muy inteligente, y con el tiempo, hará
carrera. Aleko Seghpossián es buen muchacho,
pero aun muy joven. El Sr. Joseph Yelkendjián
que vino de Viena conmigo, es inteligente. »
(…) El
Emperador Napoleón vino a Venecia el 27
de noviembre de 1807. El Abate Akonz pidió
una audiencia «para presentarle sus respetos».
El 5 de diciembre, Rustem, el mameluco del Emperador,
armenio, vino a San Lázaro y entregó
al abate el billete de audiencia, escrito por
Monseñor Codronchi, Arzobispo de Ravena,
gran vicario de Su Majestad Imperial y Real, en
el que se le anunciaba que sería recibido
el día siguiente a las 8h 30 por el Emperador,
y le recomendó no ser impuntual.
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Tres
vistas del Monasterio de San Lázaro
de Venecia
Grabados de la época
publicados en el artículo «Une
page d’histoire»
(Una página de historia),
de la revista bimensual Achkar
de París, del 31 de Octubre de
1992. Se trata de documentos selectos,
históricos y de archivo, propuestos
por el investigador Nil V. Agopoff.
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Quien conoce la
vida y el carácter de Napoleón,
debe saber que sus audiencias eran cortas, tajantes.
Así debe haber sido con el Abate Akonz,
cuando se presentó con su vicario general.
El Abate presentó durante la audiencia
una súplica, relativamente a las cuestiones
ya indicadas. No obstante, no habrá recibido
una respuesta decisiva o consolante, de otra forma
lo habría mencionado en sus cartas a los
padres en Oriente. Solamente en una carta al padre
B. Aucher, anota que la súplica habría
podido ser redactada con más eficacia.
Los meses que
pasaron de 1808 hasta agosto de 1810 fueron todos
inquietantes para la Congregación, aunque
palabras de aliento confidenciales no faltaron
de parte de amigos en altos puestos y del Sr.
Bédros de Karabakh.
Sin embargo la
Congregación asistía todos los días
a la dispersión de las demás Comunidades
de Venecia, o a su trasplantación en países
lejanos. La Congregación de los Benedictinos
Olivetanos de la isla de Santa Helena, enfrente
de San Lázaro, había desaparecido
definitivamente. Estas dos islas se llamaban «los
dos ojos, las dos perlas de la laguna».
Esta desaparición entristeció mucho
a nuestros padres. Pero lo que los turbó
fuertemente, fue el decreto del 12 de mayo, que
suprimía todos los conventos. La impresión
general y dolorosa fue de las más desconsoladoras,
no solamente para los religiosos, sino también
para las almas pías. Debíanse desposeer
los monasterios seglares, las ricas bibliotecas,
llevar los manuscritos preciosos, los oros y las
telas de las iglesias, los muebles artísticos.
Todo debía ser registrado y transportado
a la disposición del gobierno. Todos estaban
aseglarizados, hombres y mujeres. (Gr N°15)
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El Puerto de Venecia
Pintura de Giovanni Antonio
Canaletto (1726-1728) |
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Sacerdote
Mekhitarista
Estudioso de la Congregación |
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Una gran agitación
y un terrible espanto se apoderó de los
Padres de San Lázaro. Hallo anotado en
el diario privado de un padre, que toda la Comunidad
se cambió de traje y adoptó hábitos
orientales, con el turbante en la cabeza, para
acentuar su carácter extranjero. Ya en
los diarios llegados de Austria, se señalaban
entre los monasterios suprimidos, también
el de los «Padres Mekhitaristas de Venecia»,
y se os puede imaginar la gran desesperación
y la desolación. Se hacían todos
los días plegarias públicas. Los
padres pasaban el día en la iglesia, en
ruegos al Santo Salvador o a la Santa Virgen,
teniendo el Santo Sacramento siempre expuesto.
Se quiso tratar un último trámite
en Milán, y se envió de nuevo al
padre Zohrabián con el príncipe
Eugenio, con una nueva instancia. El susodicho
padre hizo todos los trámites posibles,
pero en su carta del 5 de agosto no daba ninguna
esperanza de éxito. Solamente, había
sabido de su amigo Opizzoni que la súplica
de la Congregación presentada al príncipe
Eugenio había sido entregada al Emperador,
«Humanamente ya nada queda que hacer, añadía,
así he terminado lo que mi Congregación
me había ordenado, no queda ninguna razón
de entretenerse aquí, sabremos tarde o
temprano el resultado de nuestros trámites,
que Dios nos bendiga». Así pues ya
no había más que hacer sino esperar,
con la ansiedad en el corazón. En tales
condiciones, se empezaron los ayunos preparatorios
para la fiesta de la Natividad de la Santa Virgen,
día aniversario para la Congregación;
aquel era el día en que la Congregación
había sido fundada por el Abate Mekhitar.
Y en esas, el 4 de septiembre, el príncipe
Eugenio llega a Venecia, y el Sr. Bédros
de Karabakh se presenta en el convento, portador
de dos copias de un decreto de Napoleón,
firmado el 17 de agosto, declarando que la Congregación
de los Padres Mekhitaristas era mantenida.
La nueva se esparció
en el convento como el relámpago.
Repentinamente repican todas las campanas
de la torre de la iglesia. Todos los religiosos
se vuelcan a los corredores para pedir
las noticias. La alegría de todo
el mundo es indescriptible. Todos corren
a la iglesia, para besar el altar de la
Santa Virgen. Se canta el «Te Deum»
interrumpido por los sollozos de los ancianos.
Tuve la dicha de conocer a algunos padres
de la era napoleónica, y después
de tantos años, siempre estaban
conmovidos cuando recordaban este episodio,
y el comportamiento soberbio, en toda
esta crisis, del Abate general Etienne,
de los condes Akonz Kôver.
Quiero citar aquí
un extracto de su carta, dando la gran
noticia al Padre Superior de Constantinopla:
el célebre historiador P. Michel
Tchiamtchián. «Por fin he
aquí el momento, pedido a Dios
por las plegarias y las lágrimas,
he aquí otro milagro de la Augusta
Soberana (la Santa Virgen) para la Congregación
mekhitariana de San lázaro. Pues,
en la supresión de todos los conventos
de Italia, sólo nuestro convento,
dirigido por la Gran Reina, está
salvado, para el gran asombro de todo
el mundo. Como nuestra comunidad fue fundada
el 8 de septiembre, y ha sido salvada
en Morea de la persecución turca,
así en la preparación de
la fiesta de la Natividad de la Virgen,
el Decreto del Gran Napoleón, anunciando
la gran dicha para nuestra Institución,
ha llegado por medio del virrey. Éste,
apenas hubo recibido el Decreto, antes
de dar comunicación de él
al Prefecto, como de costumbre, impulsado
por la gran alegría, se enviaron
inmediatamente dos copias impresas, por
medio de su fiel guardia, nuestro connacional
Sr. Bédros. No puedo expresar la
felicidad que sentimos al recibirlo, nuestros
corazones estuvieron en el colmo de la
regocijo. El gobierno hizo colocar muchas
copias, en múltiples lugares destacados
de la ciudad, así como en numerosas
puertas de nuestro convento.»
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Michel
Tchiamtchián (1738-1823)
Padre Superior de Constantinopla |
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| Decreto
Imperial para la protección
de la Congregación Mekhitarista |
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El abate Akonz se presentó
inmediatamente al noble Benefactor, el
príncipe Eugenio [de] Beauharnais,
al que declaró el profundo reconocimiento
de la Congregación.
El día siguiente,
escribió cartas de agradecimiento
a los amigos de Milán, que tanto
habían ayudado ante el virrey y
en primer lugar a Monseñor Don
Ludovico Arborio de Brema.
La noticia
de la liberación de la supresión
se esparció de repente por doquier,
en Oriente y en Occidente, y he aquí
que las cartas afluyeron de todas partes.
Los Padres misionarios de Transilvania
dijeron que el clero en Hungría
juzgaba increíble semejante favor,
y se había unido a ellos para cantar
el «Te Deum». Mismas impresiones
con otros misionarios, otros amigos. Los
Padres de Constantinopla se desplazaron
personalmente a la embajada francesa para
expresar su profunda gratitud.
Pero
los favores de Napoleón no se limitaron
al Decreto. El Cónsul de Francia
estaba encargado de parte del gobierno
Imperial de informar al Abate Arzobispo
Akonz, que el convento de San Lázaro,
considerado como una academia de sabios,
gozaría siempre de toda la benevolencia
del Emperador.
Así,
la Congregación, segura de su vida
material, pudo ejecutar tranquilamente
sus ocupaciones religiosas y literarias,
y pudo dar al mundo cultural tantos trabajos
en diversas ramas, que están expuestos
en la obra del padre Basile Sarkissián:
«La actividad literaria bicentenaria
de la Congregación armenia mekhitarista
de Venecia.»
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