Vida de S.M.I. el Emperador y Rey Napoleón I el Grande.
Vida de S.M.I. el Emperador y Rey NAPOLEÓN I
“Los Amigos del INMF” – “Les Amis de l’INMF”
Instituto Napoleónico México Francia.
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Eduardo Garzón-Sobrado, fundador.
S.A.I. & R. Jean-Christophe, Prince Napoléon..
NAPOLEÓN I Y LOS PADRES MEKHITARISTAS ARMENIOS DE VENECIA
La ocupación napoleónica de Venecia y el papel de Bédros Abessov, armenio del Karabakh, en el salvamento del Monasterio de San Lázaro
San Lazzaro degli Armeni
La Isla San Lázaro, cerca de Venecia, en Italia, sede del Monasterio y de la Iglesia de los Melchitaristas armenios. Viñeta popular.

Por el Padre

Minas Nourikhan

Traducción del Instituto Napoleónico México-Francia ©
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Prof. Sir Eduardo Garzón-Sobrado, Presidente-fundador del INMF.
PREÁMBULO
El Emperador Napoléon en atuendo real, por François Garneray (1755-1837)

Por el Profesor
Sir Eduardo Garzón-Sobrado
De la Academia Nacional de Historia y Geografía (UNAM)
Presidente-fundador del Instituto Napoleónico México-Francia.

Es un honor para el Instituto Napoleónico México-Francia presentar en ésta, su primera traducción al castellano, el interesante texto siguiente que consigna extractos selectos, publicados en la revista mensual Pazmaveb de Venecia del 5 de mayo de 1921, de la obra «Napoleón I y los Padres Mekhitaristas armenios de Venecia», del Padre Minas Nourikhan.
Una segunda publicación de dicha compilación fue propuesta más recientemente en el artículo «Une page d’histoire» (Una página de historia), de la revista bimensual Achkar de París, publicada el 31 de Octubre de 1992 (p. 6) y el 7 de noviembre de 1992 (p. 8) por Nil V. Agopoff, investigador del Centro de Investigaciones sobre la Diáspora Armenia, CRDA. Nos parece importante señalar que este trabajo de presentación historiográfica e iconográfica fue originalmente dedicado a la memoria del Señor Boghos Kevorkián, fallecido en 1979, quien fuera Director de Estudios del Colegio Melkonian de Nicosia, en Chipre, así como Director-fundador de su Departamento de Pedagogía.
Por último, el INMF desea extender su personal agradecimiento al Señor Jean-Pierre Kadeyán, director del foro armenio francófono NetArménie, quien muy amablemente puso este valioso título a nuestra disposición para su presentación inédita al público internacional de habla hispana.
Revista Pazmaveb de Venecia
Portada de la edición del 5 de mayo de 1921
PRESENTACIÓN GENERAL
Sacerdote armenio
La Orden religiosa armenia católica (orden benedictina) fue fundada por el Abate Mekhitar de Sebastia* (1676 -1749) en Constantinopla en 1700, estableciéndose ulteriormente en 1703 en Morea, Grecia, que en ese entonces se encontraba bajo dominio veneciano.
Como consecuencia de la conquista turca en 1715, los mekhitaristas se ven forzados a exiliarse y se establecen en Venecia, donde, dos años después, la República Serenísima les concede un lugar de residencia en la isla de San Lázaro. Conforme a la tradición de los hermanos benedictinos, el abate Mekhitar pone un gran esmero en brindar a sus discípulos un excelente nivel de educación, cuidando particularmente el aspecto de la salvaguarda de la memoria y tradiciones culturales armenias, por lo cual desarrolla una intensa actividad en el ámbito de la escritura. De hecho, lejos de ser para ellos una labor artesanal como en es el caso de otras órdenes monásticas, los padres mekhitaristas tienen el deber de llevar a cabo obras intelectuales, por lo que sus ocupaciones principales son la escritura y la investigación; consecuentemente, el desarrollo de la labor editorial se convierte en un campo preeminente del quehacer de la orden. En ese sentido, la rama mekhitarista austriaca de la Orden, reconocida en Trieste en 1773 y enseguida desplazada a Viena por el Emperador Napoleón en 1810, será dotada con una casa de edición propia.
Si bien la Iglesia Armenia Apostólica es identificada a menudo con las iglesias orientales ortodoxas de Europa del Este (Rusia y Georgia), desde un punto de vista jurídico y teológico, la iglesia armenia es independiente desde inicios de la Edad Media. Ha jugado, en tanto que iglesia nacional, un papel esencial en el mantenimiento de la cultura armenia a través de la conservación y la difusión de las tradiciones escritas y en su calidad de centro cultural para la diáspora.
En efecto, a través de los largos periodos durante los cuales los armenios estuvieron sometidos a la tutela extranjera, la Iglesia tenía un rol espiritual y político fundamental, a tal grado que el imperio otomano reconocía a los patriarcas de Constantinopla como jefes de la comunidad armenia y el imperio ruso trataba directamente con el Católicos-Patriarca, primado y jefe nominal de la Iglesia Armenia Apostólica.
Tras indecibles sufrimientos durante el genocidio armenio por los otomanos, y a pesar de los difíciles tiempos atravesados por Armenia durante la era comunista, desde la caída de la Unión Soviética el pueblo armenio vive, hasta hoy, un vigoroso renacimiento espiritual y la Iglesia Apostólica Armenia ha recuperado su papel tradicional e histórico de «fe nacional» de los armenios.
En el año 2000, 300º aniversario de la Orden, Venecia y Viena fusionaron en una fecha de muy especial significado onomástico y espiritual, al coincidir esta celebración con el 2000º aniversario del Cristianismo y el 1700º aniversario de la adopción del mismo por Armenia en calidad de religión de Estado.
Hoy en día, Etchmiadzin es la sede espiritual de 7 millones de armenios residentes en Armenia o que viven en la diáspora. La Iglesia Armenia Apostólica es dirigida por Karekín II, Católicos y Patriarca supremo de todos los armenios.
* Hoy Sivas.

NAPOLEÓN I Y LOS PADRES MEKHITARISTAS ARMENIOS DE VENECIA

Plano de Venecia en el siglo XVIII
Establecido por Henri Chatelain en 1719

Desde hacía seis años, la República de Venecia no existía más, el soberano Pontífice estaba en exilio. La pequeña Congregación no tenía siquiera lo necesario para vivir, porque sus ahorros mal colocados en la Moneda de la República, ya no producían, como en el tiempo de la Serenísima. El reino de Italia, bajo la hegemonía de Francia, no mostraba la misma simpatía que la República veneciana.

En una circunstancia tan crítica y desoladora, el abate Akonz, espíritu tranquilo e ilustrado, llamó a Venecia a los Padres antiguos y reunió consejo. Se decidió llevar a cabo trámites, con las autoridades Francesas en Roma, en París, en Milán e incluso en Constantinopla, donde era embajador el Sr. Ruddin. El Padre Mesrob Agachrakián, químico muy conocido, nombrado caballero por el Sultán, Meritísimus por el emperador de Austria, y más tarde miembro del Instituto minero de París, fue enviado a París. El padre Mesrob debía actuar en la Corte de Napoleón por medio de sabios por él conocidos.

El Padre Gabriel Avedikián, vicario general de la Congregación fue enviado a Roma; debía ver al Cardenal Fesch, tío del Emperador, que vivía en Civitavecchia, «representante, indica nuestro cronista, del más grande monarca del universo».

El Cardenal Fesch ya conocía al abate Akonz. Éste último le había sido presentado en 1804, y el Cardenal se había vivamente interesado en las publicaciones de la Imprenta mekhitariana, sobre todo en lo referente a las obras de Eusebio de Cesarea, de Filón el judío y de diversos Santos Padres. Había entonces prometido su protección eficaz para la Congregación armenia. Y he aquí que la ocasión se presentaba.

El P. Avedikián hizo entrega de un Memorándum, semejante a los que debían presentar los demás enviados. Éste memorándum contenía las tres propuestas siguientes:

El Abate Akonz
El Padre Gabriel Avedikian
Vicario general de la Congregación

I. La Congregación mekhitarista está establecida en Venecia, para desarrollar en su nación, en Oriente, la religión católica y las ciencias.

II. La Congregación no es mendicante, y no se procura recursos en Venecia. Vive apoyada por sus connacionales en Oriente, y del producto de la venta de los libros que son enviados por doquier hasta las Indias. Su capital estaba emplazado en la Moneda de Venecia, a cambio de un interés de 26,420 libras.
Tras la destrucción de la República de Venecia, Austria ya no dio más que 12,670 libres, y luego redujo la renta a 800 libras al mes. Es imposible vivir así. Suplicamos que las 26,420 libras, nos sean sufragadas de nuevo.

III. La Congregación, siendo de nacionalidad extranjera, debería estar descargada de todas las gabelas que son para los religiosos del país, y gozar de todas las exenciones obtenidas en oriente por los franceses e italianos.
En París y en Milán, los que temblaban por la vida de la Congregación, aconsejaban no mencionar en la súplica la calidad de «religiosos», y acentuar más bien el papel de Academia científica, o de Instituto de Estudios para el Oriente; así, se tenía la esperanza de ser dispensados, como en Francia lo habían sido los Padres Lazaristas, los Hermanos de las Escuelas cristianas, los Misioneros de Oriente, las Hermanas de la Caridad, en tanto que obras de Beneficencia, humanitarias.

 

Sin embargo la Congregación mekhitariana, en aquel terrible momento de vida y de muerte, no quiso renegar de su carácter monástico y religioso, que trabaja por la FE y por la ciencia. Es en ese sentido que el Cardenal Fesch escribió al virrey de Italia, el príncipe Eugenio de Beauharnais, hijo de Josefina, la mujer de Napoleón. Éste último tenía una tierna afección por el príncipe, alma noble, buena, muy instruido, benévolo para todo el mundo, influyente por su padrastro. El príncipe, como virrey de Italia, residía en Milán. Así la súplica de los Padres mekhitaristas tenía que llegar a sus manos.

La Congregación había delegado a la capital de la Lombardía al padre Jean Zohrabián, persona muy instruida, bien conocida en Europa por su publicación de la Biblia en armenio, con las variantes de los manuscritos, que, con su erudición, era un hombre de gran tacto. Pero todas sus cualidades apreciables no hubiesen obtenido ningún resultado favorable, si no hubiese hallado fuertes apoyos con el príncipe.

La isla de San Lázaro, hoy llamada San Lazzaro degli Armeni. Fotografía contemporánea.

El primer apoyo fu su alumno en materia de lengua armenia, el abate Bréme, hijo de ministro del Interior Italia, quien recibió al Padre Zohrabián con los brazos abiertos y lo presentó a su padre, el cual se encargó de transmitir al ministro del Culto la petición de la Congregación armenia.
El segundo apoyo del padre Zohrabián fue un armenio: Bédros (Pedro) Abessov de Karabakh, provincia oriental de Armenia. A éste hijo de nuestra patria, debemos la benevolencia y la simpatía del príncipe Eugenio para con la Congregación. Mencionando con un profundo reconocimiento al noble príncipe, colocamos también sobre la tumba de Bédros Abessov, en guisa de corona de flores, la descripción que de él hace el padre Elías Tomadjián, el célebre traductor armenio de Homero, de Plutarco, de San Juan Crisóstomo y de Massillon.

El Príncipe Eugenio de Beauharnais, virrey de Italia (1781-1824), por Andrea Appiani.

La carta estaba dirigida al padre Baptiste Aucher, el teólogo muy conocido, el 7 de noviembre de 1806, y contenía una carta de Bédros a sus padres en Karabakh. La carta tendría que ser entregada por medio de nuestros misionarios en el Cáucaso. El padre Elías dice que el padre de Bédros se llama Abbés, que ha muerto. La madre, hija de sacerdote casado, se llama Hripsimé; el hermano: Boghos, las hermanas Thoumar, Sali, Soria. Su nombre es Hadem, de la provincia de Karabakh; su ciudad Choucha o Chou Kala, el pueblo Vraghne.

Pero dejemos al padre Elías la descripción de la persona de Bédros: «Hay un joven de Karabakh, jefe de la guardia del virrey, el príncipe Eugenio, hijo del Emperador de Francia, muy amado y muy estimado por él. Tiene veintidós años, de la misma talla que su soberano, esbelto, de hombros anchos, fuerte, de alta estatura más grande por algunos dedos que nuestro Arzobispo Abate. Activo, despierto, hermoso, de carácter dulce, amable con todos, como lo ensalzan las cartas llegadas de París. Promete un gran provenir, muy apreciado por su soberano, el virrey, que le obsequió un uniforme del valor de seis mil francos milaneses. Vino a vernos muchas veces, acompañado por sus compañeros del Palacio, y se ligó con nosotros con una afección particular. Llamaba nuestro convento: «mi convento», y hacía elogios de nuestra Congregación ante el virrey. Éste último había venido a Venecia para inspeccionar las costas del mar y ver las fortalezas contra Inglaterra.

Un día (según nos lo contó el mismo Bédros) le habría dicho al virrey: “Ve a visitar nuestro convento. Los Padres estarán contentos”. Tiene tanta libertad de hablar así a su soberano. Y el virrey le habría respondido: “¿Qué hay en ese convento?”. Y Bédros nuevamente: “¿Qué queréis? Es un bonito convento, limpio, las personas son muy buenas”. El virrey habría respondido: “Iré, iré”».

Por su intercesión nuestro abate fue recibido en audiencia el día de Todos los Santos, y aunque no pudo ver al virrey, impedido por otros asuntos urgentes en el Palacio, recibió un mensaje honorífico: Que mañana el virrey vendría a verle al convento. Nuestro abate, a su regreso del palacio, trajo al convento al Sr. Bédros, que cenó con nosotros.

El día siguiente todos esperábamos al virrey en la mañana, y he aquí que a las diez horas francesas, llegó a la puerta del convento una góndola decorada. Creímos que el príncipe estaba en la góndola, salió de ella en efecto con dos guardias en magnífico atuendo, pero el Sr. Bédros no estaba, porque el virrey quería ser tratado como desconocido. Llevaba puesto un traje de noble civil, y no se dio a conocer; había ordenado a los gondoleros y a los guardias no decir nada, como después lo supimos. Y aunque desconocido, sin embargo en sus modales, en sus palabras mostraba una autoridad, una estampa magnífica y toda real. Al mismo tiempo mostraba para con nosotros dulzura y familiaridad. Así estuvimos convencidos de que era el virrey mismo. El Arzobispo Abate fue repentinamente avisado, y todos, pequeños y grandes rodearon al virrey desconocido. Lo vio todo, y de todo tuvo placer. Preguntó varias informaciones, pero siempre en cuanto a cosas referentes al convento. No habló de las materias interesantes, que él ya conocía. Deseó espontáneamente ver la Imprenta, la vio y estuvo contento. Se paseó en el convento durante una hora sin sentarse. Tenía a su lado a nuestro Arzobispo, y partió agradeciendo y saludando a todos los padres, muy contento de todos, como o expresó posteriormente al Sr. Bédros. Éste se apresuró a venir el día siguiente, sin preocuparse por el viento horroroso y la lluvia. Saludó al Arzobispo y a nosotros todos, porque debía partir con el virrey. El príncipe no había prevenido al Sr. Bédros de su visita al convento, antes de venir. Pero después del regreso al Palacio le había dicho que regresaba al convento. Agradecimos al Sr. Bédros, porque fue la causa de la visita del virrey.
El Sr. Bédros besó dos, tres veces la mano de Su Grandeza nuestro Abate, saludó a todos en el convento, y partió dejando su corazón en el monasterio”.

Dos vistas actuales del Monasterio San Lázaro de los Armenios en Venecia: el patio con sus arcos y jardines y, a la derecha, el interior de la iglesia
Las colecciones históricas de obras literarias y artísticas conservadas en el Monasterio San Lázaro es única y preciada mundialmente. Además de algunas de las primeras biblias impresas que han llegado hasta nosotros, se conservan en este precioso archivo infinidad de cuadros, pinturas, litografías, grabados y dibujos de gran valor. Por otro lado, encontramos en ellas diversos manuscritos antiguos que solo subsisten en lengua armenia, tras haberse perdido o destruido a través de los siglos los originales en latín o griego.

(…) Era imposible que esta gran simpatía del príncipe no produjera su efecto. Era evidente que obtendría del Emperador, su padrastro, una excepción a la común supresión a favor de los Padres Mekhitaristas. El padre Zohrabián, llegando a Milán, había tenido noticia de esta esperanza y aun del arreglo de la cuestión financiera.

En París, el padre Mesrob había presentado una súplica al Emperador el 22 de abril; había visitado a múltiples personajes sabios, que actuaban ante altos funcionarios de la Corte. El padre Mesrob, en una de sus cartas, da las informaciones siguientes sobre los armenios de Paris: «se encuentran en parís personas de nuestra nación: El Sr. Abro, el Sr. Tcherpet, que es intérprete en la biblioteca, veintitrés mamelucos armenios, militares venidos de Egipto, un oficial llamado Chahine, que se señaló en la batalla de Austerlitz y obtuvo promociones. Otro armenio se llama Rustem (Rustám), es el valet de cámara del Emperador y muy bien visto por él, aun cuando de una capacidad intelectual limitada. Hay otro joven, de nombre Bédros, chambelán del hijo del Emperador, que es rey de Italia. Se dice en cuanto a Bédros que es muy inteligente, y con el tiempo, hará carrera. Aleko Seghpossián es buen muchacho, pero aun muy joven. El Sr. Joseph Yelkendjián que vino de Viena conmigo, es inteligente.»

(…) El Emperador Napoleón vino a Venecia el 27 de noviembre de 1807. El Abate Akonz pidió una audiencia «para presentarle sus respetos». El 5 de diciembre, Rustem, el mameluco del Emperador, armenio, vino a San Lázaro y entregó al abate el billete de audiencia, escrito por Monseñor Codronchi, Arzobispo de Ravena, gran vicario de Su Majestad Imperial y Real, en el que se le anunciaba que sería recibido el día siguiente a las 8:30 horas por el Emperador, y le recomendó no ser impuntual.

Tres vistas del Monasterio de San Lázaro de Venecia
Grabados de la época publicados en el artículo «Une page d’histoire» (Una página de historia), de la revista bimensual Achkar de París, del 31 de Octubre de 1992. Se trata de documentos selectos, históricos y de archivo, propuestos por el investigador Nil V. Agopoff.

Quien conoce la vida y el carácter de Napoleón, debe saber que sus audiencias eran cortas, tajantes. Así debe haber sido con el Abate Akonz, cuando se presentó con su vicario general. El Abate presentó durante la audiencia una súplica, relativamente a las cuestiones ya indicadas. No obstante, no habrá recibido una respuesta decisiva o consolante, de otra forma lo habría mencionado en sus cartas a los padres en Oriente. Solamente en una carta al padre B. Aucher, anota que la súplica habría podido ser redactada con más eficacia.

Los meses que pasaron de 1808 hasta agosto de 1810 fueron todos inquietantes para la Congregación, aunque palabras de aliento confidenciales no faltaron de parte de amigos en altos puestos y del Sr. Bédros de Karabakh.

Sin embargo la Congregación asistía todos los días a la dispersión de las demás Comunidades de Venecia, o a su trasplantación en países lejanos. La Congregación de los Benedictinos Olivetanos de la isla de Santa Helena, enfrente de San Lázaro, había desaparecido definitivamente. Estas dos islas se llamaban «los dos ojos, las dos perlas de la laguna». Esta desaparición entristeció mucho a nuestros padres. Pero lo que los turbó fuertemente, fue el decreto del 12 de mayo, que suprimía todos los conventos. La impresión general y dolorosa fue de las más desconsoladoras, no solamente para los religiosos, sino también para las almas pías. Debíanse desposeer los monasterios seglares, las ricas bibliotecas, llevar los manuscritos preciosos, los oros y las telas de las iglesias, los muebles artísticos. Todo debía ser registrado y transportado a la disposición del gobierno. Todos estaban aseglarizados, hombres y mujeres. (Gr N°15)

El Puerto de Venecia
Pintura de Giovanni Antonio Canaletto (1726-1728)
Sacerdote Mekhitarista
Estudioso de la Congregación

Una gran agitación y un terrible espanto se apoderó de los Padres de San Lázaro. Hallo anotado en el diario privado de un padre, que toda la Comunidad se cambió de traje y adoptó hábitos orientales, con el turbante en la cabeza, para acentuar su carácter extranjero. Ya en los diarios llegados de Austria, se señalaban entre los monasterios suprimidos, también el de los «Padres Mekhitaristas de Venecia», y se os puede imaginar la gran desesperación y la desolación. Se hacían todos los días plegarias públicas. Los padres pasaban el día en la iglesia, en ruegos al Santo Salvador o a la Santa Virgen, teniendo el Santo Sacramento siempre expuesto. Se quiso tratar un último trámite en Milán, y se envió de nuevo al padre Zohrabián con el príncipe Eugenio, con una nueva instancia. El susodicho padre hizo todos los trámites posibles, pero en su carta del 5 de agosto no daba ninguna esperanza de éxito. Solamente, había sabido de su amigo Opizzoni que la súplica de la Congregación presentada al príncipe Eugenio había sido entregada al Emperador, «Humanamente ya nada queda que hacer, añadía, así he terminado lo que mi Congregación me había ordenado, no queda ninguna razón de entretenerse aquí, sabremos tarde o temprano el resultado de nuestros trámites, que Dios nos bendiga». Así pues ya no había más que hacer sino esperar, con la ansiedad en el corazón. En tales condiciones, se empezaron los ayunos preparatorios para la fiesta de la Natividad de la Santa Virgen, día aniversario para la Congregación; aquel era el día en que la Congregación había sido fundada por el Abate Mekhitar. Y en esas, el 4 de septiembre, el príncipe Eugenio llega a Venecia, y el Sr. Bédros de Karabakh se presenta en el convento, portador de dos copias de un decreto de Napoleón, firmado el 17 de agosto, declarando que la Congregación de los Padres Mekhitaristas era mantenida.

La nueva se esparció en el convento como el relámpago. Repentinamente repican todas las campanas de la torre de la iglesia. Todos los religiosos se vuelcan a los corredores para pedir las noticias. La alegría de todo el mundo es indescriptible. Todos corren a la iglesia, para besar el altar de la Santa Virgen. Se canta el «Te Deum» interrumpido por los sollozos de los ancianos.
Tuve la dicha de conocer a algunos padres de la era napoleónica, y después de tantos años, siempre estaban conmovidos cuando recordaban este episodio, y el comportamiento soberbio, en toda esta crisis, del Abate general Etienne, de los condes Akonz Kôver.

Quiero citar aquí un extracto de su carta, dando la gran noticia al Padre Superior de Constantinopla: el célebre historiador P. Michel Tchiamtchián. «Por fin he aquí el momento, pedido a Dios por las plegarias y las lágrimas, he aquí otro milagro de la Augusta Soberana (la Santa Virgen) para la Congregación mekhitariana de San lázaro. Pues, en la supresión de todos los conventos de Italia, sólo nuestro convento, dirigido por la Gran Reina, está salvado, para el gran asombro de todo el mundo. Como nuestra comunidad fue fundada el 8 de septiembre, y ha sido salvada en Morea de la persecución turca, así en la preparación de la fiesta de la Natividad de la Virgen, el Decreto del Gran Napoleón, anunciando la gran dicha para nuestra Institución, ha llegado por medio del virrey. Éste, apenas hubo recibido el Decreto, antes de dar comunicación de él al Prefecto, como de costumbre, impulsado por la gran alegría, se enviaron inmediatamente dos copias impresas, por medio de su fiel guardia, nuestro connacional Sr. Bédros. No puedo expresar la felicidad que sentimos al recibirlo, nuestros corazones estuvieron en el colmo del regocijo. El gobierno hizo colocar muchas copias, en múltiples lugares destacados de la ciudad, así como en numerosas puertas de nuestro convento.»

Michel Tchiamtchián (1738-1823)
Padre Superior de Constantinopla
 
Decreto Imperial para la protección de la Congregación Mekhitarista

El abate Akonz se presentó inmediatamente al noble Benefactor, el príncipe Eugenio [de] Beauharnais, al que declaró el profundo reconocimiento de la Congregación.

El día siguiente, escribió cartas de agradecimiento a los amigos de Milán, que tanto habían ayudado ante el virrey y en primer lugar a Monseñor Don Ludovico Arborio de Brema.

La noticia de la liberación de la supresión se esparció de repente por doquier, en Oriente y en Occidente, y he aquí que las cartas afluyeron de todas partes. Los Padres misionarios de Transilvania dijeron que el clero en Hungría juzgaba increíble semejante favor, y se había unido a ellos para cantar el «Te Deum». Mismas impresiones con otros misionarios, otros amigos. Los Padres de Constantinopla se desplazaron personalmente a la embajada francesa para expresar su profunda gratitud.

Pero los favores de Napoleón no se limitaron al Decreto. El Cónsul de Francia estaba encargado de parte del gobierno Imperial de informar al Abate Arzobispo Akonz, que el convento de San Lázaro, considerado como una academia de sabios, gozaría siempre de toda la benevolencia del Emperador.

Así, la Congregación, segura de su vida material, pudo ejecutar tranquilamente sus ocupaciones religiosas y literarias, y pudo dar al mundo cultural tantos trabajos en diversas ramas, que están expuestos en la obra del padre Basile Sarkissián: «La actividad literaria bicentenaria de la Congregación armenia mekhitarista de Venecia.»