Año
2008, 200º aniversario del natalicio
de quien fuera a la vez el primer
presidente de la república
francesa en ser electo por sufragio
universal pero también el último
soberano de dicho país, hablamos
por supuesto de Luis Napoleón
Bonaparte, Napoleón III.
Desde
la capitulación de Sedan y
la caída del Imperio el 4 de
septiembre de 1870, se hubiese podido
creer que la « propaganda »
de la Tercera República, que
la « leyenda negra » del
Segundo Imperio enterrarían
para siempre a Napoleón III,
su Imperio y sus realizaciones hasta
lo más profundo de la memoria
nacional. Pero numerosas obras han
contribuido a devolver poco a poco
el lugar que le es debido al último
emperador de Francia.
Una obra de justicia
ha comenzado, bien real gracias a
autores como Octave Aubry (Le
Second Empire), André
Castelot (Napoléon III),
Georges Bordenoves (Napoléon
III), J. B Barbier (Outrances
sur le Second Empire, Mensonges
sur le Second Empire y Silences
sur le Second Empire) o aún
por libros más recientes: «
Napoléon III, empereur
social » de Edouard Bornecque,
« Louis Napoléon
le Grand » de Philippe
Séguin, « Napoléon
III ou le catholicisme social »
de Rénée
Casin y muy recientemente «
Napoléon III »
de Pierre Milza, pero también
al trabajo de especialistas de renombre
como el de Jean Tulard, Francis Choisel,
Jacques Marseille o Thierry Choffat.
Este reconocimiento
conoció una primera marca oficial
en 1987, cuando una plaza de París
tomaba el nombre de Napoleón
III, honor
todavía negado al EMPERADOR
NAPOLEÓN I.
Algunos espíritus afligidos
dirán que esta plaza, situada
en la Xª jurisdicción
(antigua plaza de Roubaix) en las
cercanías de la estación
del Norte, es una muy pobre elección,
pero ese gesto es ya una prueba en
sí.
¿Pero porqué
querer tanto rehabilitar a Napoleón
III y al Segundo Imperio?
Muy simplemente
porque en 20 años,
Francia, bajo el impulso de
Luis Napoleón hizo
un salto de gigante en los
sectores económicos,
sociales, agrícolas
pero también en los
ámbitos escolares,
del patrimonio y de la ordenación
del territorio. Esta huella
también es visible
a nivel internacional, diplomático
y arquitectónico. Francia
y los franceses no pueden
olvidar que le deben a Napoleón
III: a economía próspera
por la revolución industrial
y el desarrollo de los ferrocarriles,
la participación de
los empleados en los beneficios
de la empresa, las primicias
de la seguridad social, todos
aportes incontestables (e
incontestados) del Segundo
Imperio, sin olvidar la urbanización
moderna de París que
tantos censuraron entonces
pero que todos saludan hoy,
la perforación del
canal de Suez y la enseñanza
superior abierta a las jovencitas.
De este modo,
después de décadas
en las que habrá sido
tratado por turno de “impostor”,
de “dictador”
y de “cobarde”,
la obra política, social
y económica de Napoleón
III, el último soberano
francés, es por fin
reconocida. Así, ¿qué
hay más lógico,
qué hay más
digno para su memoria y la
de los suyos que un reconocimiento
oficial del pueblo francés?
¿Qué mejor reconocimiento
que el regreso al suelo natal
de los restos mortales del
último Emperador, de
la Emperatriz Eugenia y del
Príncipe Imperial?
Es por ello
que Francia Bonapartista y
el Centro de Estudios e Investigaciones
sobre el Bonapartismo (CERB)
hacen un llamado a las autoridades
francesas y una campaña
internacional de peticiones
para solicitar el regreso
al territorio francés
de las cenizas de la Familia
Imperial. Los representantes
políticos deben mostrarse
tan dignos como lo fue el
Rey Luis Felipe I en 1840,
al efectuar todos los trámites
necesarios para la realización
de este evento histórico
que será el punto culminante
de la rehabilitación
de Napoleón III.
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| El
Príncipe Imperial,
la Emperatriz Eugenia
y el Emperador Napoleón
III |
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¡Hagamos juntos,
del 2008, el punto culminante del
reconocimiento de Napoleón
III y de la obra del Segundo Imperio!
David Saforcada
Secretario General de Francia
Bonapartista
contactbonapartiste@yahoo.fr
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