
| LA
PROPAGANDA Y LA GUERRA PSICOLÓGICA |
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El
gran amasador francés de pan de
jengibre cociendo una nueva Hornada de
Reyes
Napoleón cuece reyes en el “nuevo
horno francés de pan imperial”,
mientras a sus espaldas el papado amasa
la pasta de las naciones que un águila
se come incluso estando cruda. A la derecha,
una hornada de reyes ya preparada…
Caricatura de James Gillray. |
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« Usted
conoce bien la mentalidad que asiste al Gobierno inglés;
sus escritores no cesan de atacarme y de citarme ante la
opinión de Europa. Están pagados por los ministros
de Londres.» Con estas palabras, al principio
del Consulado, el EMPERADOR NAPOLEÓN
se lamenta ante Barère de los ataques de la prensa
inglesa. Lejos de menospreciar su importancia, el primer
cónsul, buen estratega, preparó su contraofensiva.
A Barère se le confió la redacción
de un Memorial antibritánico y la elaboración
de diversos libelos; el antiguo convencional demostró
ser un polemista mediocre. El 20 de octubre de 1802 se fundó
un nuevo diario, L’Argus ou Londres vu de Paris
(El Argos o Londres visto desde París), redactado
en inglés pero cuya difusión, desprovista
de medios, se limitó a los prisioneros británicos
internados en Francia. Y Kotzebue cuenta que con ocasión
de su estancia en París le llamó la atención
la cantidad de caricaturas antibritánicas que se
publicaban en las revistas: a veces era un ejército
de ranas cuyo general, con uniforme inglés, cabalgaba
un cangrejo; otras veces se veía a los ingleses dándose
a la fuga ante una nube de polvo levantada por una manada
de corderos. Con todo, Kotzebue no habla de la calidad del
dibujo.
En realidad, en esta guerra psicológica Francia fue
superada por Inglaterra. Derrota acaso tan grave como la
de Trafalgar.
En los incontables libelos
antinapoleónicos que los barcos británicos
depositaban sobre las costas bretonas o normandas, por fardos
de ciento la mayoría de los cuales eran en seguida
recogidos por la policía francesa que había
prevenido a los habitantes, aparecen los mismos temas: crueldad
y bribonería del hombre, errores estratégicos
del general (sobre todo después de Bailén),
corrupción del régimen, perjuicios de un dirigismo
económico y político que contrasta con el
pseudo “liberalismo” inglés. Francis
d’Ivernois, ginebrino emigrado a Londres, predijo
la ruina financiera de Francia, aunque sus demostraciones
económicas encontraron menos eco que los rumores
y calumnias que propalaba Goldsmith.
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El
corso y sus sabuesos en la ventana de las
Tullerías examinando París
Grabado en el el balcón se puede
leer: « más horrores, muerte
y destrucción ». Caricatura
de Thomas Rowladson. |
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Thomas
Rowlandson (1756-1827)
Hijo de un obrero, estudia en la Royal
Academy y a los 16 años se
ubica en París. Efectúa
posteriormente varios viajes por Europa
que le servirán para reunir una
gran cantidad de anécdotas, personajes
y motivos, que plasmará en su trabajo
como caricaturista, pero también
como pintor paisajista y costumbrista. |
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De
origen portugués, Goldsmith había asimilado
con entusiasmo las ideas de la Revolución y
había sido empleado por Talleyrand, durante
el Consulado, en la redacción de L'Argus.
Encargado de negociaciones más o menos turbias,
terminó por enemistarse con los medios políticos
franceses. Como tantos otros renegados de la época,
huyó a Londres en 1809, convirtiéndose
en un feroz adversario de Napoleón.
En 1810 publica una Histoire secrete du cabinet
de Buonaparte (Historia secreta del gabinete
de Buonaparte), que tiene un éxito considerable;
el año siguiente funda The Anti Gallican
Monitor (El Monitor Antigalicano) diario furiosamente
hostil a Francia.
La caricatura inglesa
supera el libelo. Gillray, Rowlandson, Woodward se
complacen en presentar la efigie del famélico
Boney (« huesudo ») que posteriormente,
durante el Imperio, se convertirá en el ventripotente
Fleshy (« carnoso »).
« Se pelean para ser los primeros en ver las
caricaturas de Gillray ante el establecimiento de
M. Ackermann », escribe un emigrante francés
a propósito del público londinense.
A través de
Portugal la propaganda inglesa penetra en el continente:
llega a España, después salta a Alemania,
desempeñando un papel decisivo en el alzamiento
de Europa contra Napoleón.
Clandestinamente la flota británica desembarca
en las costas de Italia Il Giornale politico
(El Diario político) cuyo redactor, Barzoni,
denuncia con violencia en sus páginas a Napoleón
como « el tirano de las naciones ».
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Una
tienda de caricaturas en Londres
En boticas como esta se exponían
y vendían las obras de los caricaturistas
en boga. Entre los más célebres,
mencionemos a Rowlandson o sobre todo
a Gillray, cuyas láminas se exponían
en la vitrina del establecimiento «
Humphrey’s », ante la mirada
exultante de una ávida muchedumbre.
En nuestra imagen, escena frente a la
casa del editor P. Roberts. |
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James
Gillray, (1757-1815)
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| James
Gillray, acuarela según
un autorretrato |
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Nacido
en Chelsea de un padre militar que había
perdido un brazo en Fontenoy, Gillray comienza
su oficio como grabador tipógrafo. Admirador
de la obra de William Hogarth, ingresa a la
Royal Academy financiando sus estudios dibujando
caricaturas, actividad que irónicamente
hará su fortuna y reputación internacional.
Muchas de sus sátiras más acerbas
atacaban al rey Jorge III de Inglaterra, cuya
arrogancia, ignorancia y suficiencia repelían
al artista; sin embargo, horrorizado por los
excesos de la revolución francesa, Gillray
- aunque hasta donde se sabe totalmente ajeno
a cualquier partido político -, se convertirá
en un nacionalista fervoroso; desde entonces,
y ante la grave amenaza de una invasión
francesa en Inglaterra, se consagrará
con gran energía a glorificar a John
Bull, y a ridiculizar a los franceses, en especial
a Napoleón.
Gracias a sus dibujos antinapoleónicos
llenos de picardía y de sarcasmo mordaces,
que Inglaterra difundía a granel en toda
Europa, Gillray gozará de una enorme
popularidad continental, así como de
una gran reputación en su país.
Para su desgracia, su intemperancia y sobre
todo su atroz sufrimiento a causa de su padecimiento
de la gota irán minando su salud. En
efecto, empieza a perder la razón, trabajando
ya solo por intervalos durante sus periodos
de lucidez. Su última obra data de 1811.
Tratará de suicidarse tirándose
por la ventana de una buhardilla, pero sobrevivirá
y a la larga terminará por hundirse por
completo en la locura, siendo internado hasta
su muerte. Gillray fallece pocos días
antes de la batalla de Waterloo, el 1º
de junio de 1815, y es enterrado en el cementerio
de St. James, en Piccadilly. |
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Gracias a la eficacia de
la policía de Fouché, el acceso a Francia
es más difícil. Por lo que respecta a los
libelistas de origen francés, aún numerosos
durante el Consulado (citemos el Napoleone de Charles
Nodier), su acción es insignificante durante el Imperio.
Hay que esperar a 1814 para que estalle esta explosión
de odio antinapoleónico de que el libelo De Buonaparte
et des Bourbons (De Buonaparte y de los Borbones) del
ultra realista René de Chateaubriand fue presagio.
Es interesante notar el hecho de que contrariamente a los
apodos y motes satíricos ingleses, en Francia esta
clase de publicaciones difundidas incansablemente por los
realistas borbónicos hacían uso sistemáticamente
de los nombres italianos del Emperador, Napoleone
y Buonaparte, con la intención premeditada
de subrayar el origen extranjero de aquel a quien llamaban
« el corso usurpador ». En efecto,
humillado y henchido de resentimiento después de
que el Primer Cónsul se negara a restaurar el trono
de los Borbones, el partido realista entra en una oposición
a Napoleón que irá hasta el terrorismo. Respaldados
por Inglaterra, cómplices indefectibles de las Coaliciones
bélicas urdidas contra Francia,
los realistas lanzan una campaña llena de odio, imagen
de propaganda falaz, en añadidura manchada de delito
de facies.
En el libelo arriba citado, escrito en 1814, Chateaubriand
no vaciló en falsificar la fecha de nacimiento del
Emperador, con tal de probar que éste no era francés.
Escribe: « Buonaparte nada tiene de francés,
ni en las costumbres ni en el carácter. Incluso los
rasgos de su rostro muestran su origen. La lengua que aprendió
en la cuna no era la nuestra; su acento y su nombre revelan
su patria. Se ha descubierto que Napoleón hizo ver
que tenía un año menos. Nació el 5
de febrero de 1868, y la anexión de Córcega
a Francia es del 15 de mayo de dicho año, de manera
que, con todo el rigor de la expresión, Buonaparte
es un extranjero para los franceses ». Por supuesto,
esta alegación es gratuita y no se basa en ningún
documento; por lo demás, como es bien sabido, Napoleón
nació el 15
de agosto de 1769,
como es perfectamente comprobable en diversas fuentes.
Ulteriormente, más
de mil libelos forjaron la Leyenda negra del emperador,
que a lo largo de 2 siglos, cuidadosamente mantenida por
los detractores del Emperador, ha subsistido insidiosamente
aunque con altas y bajas según las épocas.
En cuanto a su impacto real en la leyenda sin embargo, inútilmente:
«¿Los folicularios?
- decía Napoleón -; mi
destino es ser pasto de sus plumas, pero no temo ser víctima...
Morderán en el granito».
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