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Vida
de S.M.I.
el Emperador y Rey NAPOLEÓN
I |
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Instituto
Napoleónico México-Francia -
Institut Napoléonien Mexique-France
Eduardo Garzón-Sobrado, fundador.
S.A.I. Jean-Christophe Napoléon, Prince
Impérial. |
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UNA
HISTORIA EN LA HISTORIA: |
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LA
BOCA DE NAPOLEÓN |
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Por
el doctor |
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Xavier Riaud
Doctor en cirugía dental y en epistemología
Miembro del Comité científico
del Instituto Napoleónico México-Francia
Caballero
de la Orden de las Palmas Académicas
de Francia
Laureado de la Academia Nacional
de Cirugía Dental de Francia
Director de « Collection »
en las Ediciones L’Harmattan
Miembro de la Asociación de los
Escritores Combatientes |
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| Dr.
Xavier Riaud |
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| Traducción
al castellano por el Instituto Napoleónico
México-Francia ©
Esta página está disponible
al público de manera gratuita y
puede ser reproducida con fines no lucrativos,
siempre y cuando no sea mutilada, se cite
la fuente completa y su dirección
electrónica. De otra forma, requiere
permiso previo por escrito de la institución.
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¿Es
útil recordar la historia de aquel hombre
de extraordinario destino? Pienso que no. Y
además, otros lo han hecho mejor de lo
que yo podría hacerlo jamás.
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Neceser
de aseo dental del Emperador
Napoleón
El Emperador cuidaba
mucho sus dientes. Los pocos
testigos que evocaban la mala
dentadura del Emperador fueron
engañados por el efecto
del regaliz, que Napoleón
consumía en grandes cantidades. |
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El 7
de agosto de 1815, el Emperador (1)
y sus fieles se embarcan a bordo del
Northumberland, con destinación
de Santa Helena, donde éste acosta
el 14 de octubre. En 1821, en la noche
del 4 al 5 de mayo, Napoleón
muere hacia las 4 horas.
El 15
de diciembre de 1840, los restos mortales
del Emperador entran en la iglesia de
Los Inválidos.
¿Qué
sabemos de la boca y de los dientes
de Napoleón? (2)
Habría nacido con dientes. (3)
Testigos
afirman que Bonaparte habría
conocido a una dama de Tolón
que se había prendado de él,
« tan solo a causa de sus dientes
». Constant (4),
el doméstico de Bonaparte, tiene
en cuenta los hermosos dientes de su
señor a su regreso de Egipto.
¿No
piensa así Alejandro Dumas (5)
al hablar de Bonaparte el día
siguiente del 18 Brumario?: «Tenía
la misma pretensión para sus
dientes; los dientes en efecto eran
hermosos, pero no tenían el esplendor
de las manos.»
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La higiene corporal
de Napoleón es muy metódica y
meticulosa. El cepillado de los dientes es en
ella una etapa particularmente apreciada. El
Emperador dispone para este efecto de un «
Necesario para dientes ». Además,
dispone en la persona de Jean-Joseph Dubois-Foucou
(6) (1747-1830) de un
operador para los dientes que ha oficiado en
su persona de 1806 a 1813. Según Frédéric
Masson (7), uno de los
más grandes historiógrafos de
Napoleón, el mantenimiento que éste
último aportó a sus dientes era
tal que tenía « todos sus dientes
hermosos, fuertes y bien alineados. »
Añade: «… limpiaba esmeradamente
sus dientes con un mondadientes de boje, enseguida
los cepillaba largamente con un cepillo empapado
en opiata, volvía con coral fino, y se
enjuagaba la boca con una mezcla de aguardiente
y agua fresca. Se frotaba finalmente la lengua
con un rascador de plata, de corladura o de
concha ». En 1806, Chardin, « perfumador
de Sus Majestades Imperiales y Reales »,
hace entrega de 52 cajas de opiata dentífrica
por un monto de 306 francos, 15 docenas de palillos
de boje y marfil. En octubre de 1808, entrega
24 docenas de palillos de boje, 6 cajas de coral
fino para dientes al precio de 36 francos y
28 cajas de opiata súper fina facturadas
en 168 francos.
Nunca durante
su reinado, parece haber recurrido el monarca
a los servicios de Dubois-Foucou, excepto para
limpiezas.
En 1815,
en ocasión de su embarque hacia
la isla de Santa Helena, un oficial
británico llamado Maitland (8),
observa: « los ojos son gris claro,
los dientes son buenos. » Otro,
Senhouse, presente en ese momento, dice:
«ojos azul claro y dientes feos».
Lady Malcolm vio a Napoleón,
en cuanto a ella, con « ojos claros
o grises, buenos dientes blancos e iguales,
pero pequeños. » Bunbury,
por su parte, afirma: « Tiene
ojos grises, sus dientes son feos y
sucios. » Lord Rosebery declara
que: «Los dientes del Emperador
son malos y sucios, pero los muestra
muy poco». Finalmente, Augustin
Cabanès (1928) relata que: «
Napoleón come zumo de regaliz,
que habría, a la larga, ennegrecido
sus dientes ». Añade que:
« Esta aserción merecería
confirmación. » (9)
Durante
su exilio, el Emperador (10)
sufrió abscesos dentarios que
parecen venir de su muela del juicio
superior derecha extremamente móvil.
En el Memorial de Santa Helena, Las
Cases (11) sitúa
el primer episodio de fluxión
dental en sábado 26 de octubre
de 1816. « Le encontré,
con la cabeza empaquetada con un pañuelo…
“¿Cuál es el mal
más vivo, el dolor más
agudo?” preguntaba. Le respondí
que era siempre el del momento. “¡Pues
bien! Entonces es el dolor de dientes”,
me dijo. En efecto, tenía una
violenta fluxión; su mejilla
derecha estaba inflada y muy roja…
Me puse a calentarle alternativamente
una franela y una toalla que él
aplicaba por turno en la parte que sufría,
y decía sentir mucho alivio.
» El domingo 27, «…
Sus dolores de cabeza y de dientes eran
extremamente vivos. La fluxión
no había disminuido en nada…
» El 30, « El Emperador
hoy no ha estado mejor… En la
velada, el doctor llegó; hacía
múltiples gargarismos inocentes,
decía, pero no tuvo menos dificultad
en encontrar su empleo. El Emperador
tenía muchos granos sobre los
labios, en la boca y hasta en la garganta;
tenía mucha dificultad para tragar,
incluso para hablar, decía ».
El jueves 31, «… Sufría
mucho, sobre todo por los granos que
cubrían sus labios…»
El 2 de noviembre de 1816, «…
tenía una fluxión decidida…».
El martes 5, «… El restablecimiento
de su boca avanzaba; pero sus dientes
seguían todavía muy sensibles…»
El sábado 9, «… El
Emperador, durante la cena, estaba muy
bien, muy contento me incluso alegre;
Se felicitaba de haber pasado su última
crisis sin haberse sometido a la medicina,
sin haberle pagado tributo al doctor…»
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| Un
cepillo de dientes del Emperador
Napoleón |
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| Higiene
del Emperador Napoleón |
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Cada
mañana, el Emperador
se levantaba hacia las siete
horas y bebía una taza
de té o una infusión
de flor de naranjo; enseguida,
por ser friolento, se sentaba
junto a la chimenea y comenzaba
la lectura de los diarios
y de su correo en presencia
de su secretario, tras lo
cual llamaba a su personal
de servicio. Su aseo duraba
casi dos horas pues, contrariamente
a la mayoría de sus
contemporáneos, Napoleón
guardaba una higiene metódica
e irreprochable. Mientras
su valet de cámara
sostenía el espejo,
– vemos
al mameluco Constant en nuestra
imagen –, Napoleón
se rasuraba él mismo.
Durante las campañas
militares, llevaba con él
un necesario que reunía
todos los utensilios necesarios
para su aseo personal: peine,
navajas de rasurar, tijeras
y limas de uñas, cepillos
y pasta de dientes, frascos
de agua de Colonia, etc.
Napoleón adoraba tomar
baños, siempre muy
calientes, casi hirviendo.
Si leía los diarios
y permanecía en su
tina por una hora, todos los
domésticos se afanaban
para añadir agua caliente
y mantener la temperatura
estable. Tras el baño
y el afeitado, el Emperador
se hacía friccionar
con abundante agua de Colonia
antes de ser vestido por su
valet de cámara. «
Yo ignoraba que el general
Bonaparte tuviera necesidad
de cocerse durante tan gran
número de horas en
agua caliente y repetir varias
veces la misma operación
», se asombraba el infame
gobernador de Santa Helena,
Hudson Lowe, durante la deportación.
Memorial, 1º
de febrero de 1817. |
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En aquella
época, el Barón Sturmer,
enviado de Austria a Santa Helena, escribe
a Metternich: « Está en
buena salud y amenaza con vivir mucho
tiempo. » Más lejos, añade:
« Tiene una fluxión de
las encías ».
Barry O’Meara (12),
su médico irlandés, señala
en aquella ocasión síntomas
de escorbuto. En 1817, ora el Emperado
tiene las piernas infladas, ora el escorbuto
invade sus encías. En julio,
presenta una nueva fluxión del
rostro consecutiva a sus malos dientes.
El médico quiere arrancarle una
« que se bambolea ». Napoleón
rechaza la operación. En noviembre,
O’Meara anota: « Se quejó
de un dolor en la mejilla derecha, que
provenía de su diente enfermo.
Sus encías estaban esponjosas
y sangraban al más ligero tocamiento.
» Algunos días más
tarde, escribe: « El Emperador
sufre de las encías; las suyas
están esponjosas », luego
« la parte derecha de las mandíbulas
está considerablemente tumefacta.
» A pesar de todo, Napoleón
acaba por aceptar. El médico
efectúa la extracción
después de haber hecho sentarse
al Emperador en el suelo. El teniente-coronel
Gorrequer (13),
secretario de Sir Hudson Lowe (14)
en Santa Helena, relata: « Él
(el “general Bonaparte”)
perdió recientemente un diente
(la muela del juicio). Fue la primera
operación quirúrgica que
haya sido jamás ejecutada en
su persona en esta circunstancia, su
conducta estuvo lejos de ser valiente.
Para poder proceder a la extracción
del diente enfermo, el doctor O’Meara
estuvo obligado a hacerlo mantener en
el suelo. Desde entonces, se queja mucho
y permanece en la recámara donde,
a pesar del calor de la estación,
exige que se prenda fuego. Así
se queda cociéndose durante horas…
». Es el primer diente quitado
a Napoleón. Hasta allí,
nunca había sufrido de ellos.
Para los franceses, « este diente
estaba apenas estropeado y hubiera podido
ser emplomado » (esto proviene
de un reporte del Barón Sturmer).
En ocasión de esta intervención,
Betsy Balcombe (15)
habría exclamado: « ¿¡Cómo!?
¿¡Os quejáis del
dolor causado por una operación
con tan poca importancia! vos que habéis
asistido a innumerables batallas y pasado
a través de una lluvia de balas,
vos que habéis sido herido más
de una vez!? Me da pena por vos. Pero,
poco importa, ¡dadme ese diente!...
» Montholon (16)
data esta intervención el 16
de noviembre de 1817. Para luchar contra
el escorbuto, O’Meara (17)
recurre a las plantas antiescorbúticas
(fumaria, coclearia, etc.…) y
a una opiata dentífrica que contiene
las mismas plantas, trituradas con conserva
de rosa.
En un
reporte con fecha del 9 de julio de
1818, O’Meara refiere que: «
…las encías (del Emperador)
han tomado una apariencia esponjosa,
escorbútica;… Tres molares
estaban afectados. Juzgué en
función de esta circunstancia
que debían en parte estarlo a
causa de las afecciones inflamatorias
de los músculos y de las membranas
de la mandíbula. Pensé
además que habían producido
el catarro. Las arranqué a intervalos
convenientes… Aconsejé,
para que se destruyese la apariencia
escorbútica que habían
tomado las encías, el uso de
legumbres, de ácidos. Tuve éxito.
Desapareció, reapareció
nuevamente y fue disipada por el mismo
medio… Lengua casi constantemente
blanca… » Según el
mariscal Bertrand, Napoleón conoce
otros problemas dentales después
de enero de 1818, pero es muy vago en
cuanto a las fechas.
El lo
que concierne a los síntomas
bucodentales desarrollados por Napoleón
durante su exilio, Derobert y Hadengue
(18) aportan esta
precisión: « La estomatitis
ulcerosa de intensidad variable, toma
a menudo, en la intoxicación
arsenical crónica, el aspecto
de una piorrea alveolo-dental…
» El tratamiento prescrito por
O’Meara a base de mercurio y de
calomel, ciertamente no contribuyó
a mejorar las cosas.
Un comentario
para terminar con Jean-Joseph Dubois-Foucou
(19) (1747-1830).
Fue, sucesivamente, cirujano dentista
de Luis XVI (1754-1793), Napoleón
I (1769-1821), Luis XVIII (1755-1824)
y Carlos X (1757-1836). Su nombre era,
de hecho, muy simplemente Dubois, pero
se le adjuntó el de Foucou, uno
de sus parientes, que era un artista.
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| Dubois-Foucou
era maestro en cirugía de París.
Obtuvo su tesis en 1775 intitulada: «
De dentis vitiose positorum curatione
» y se hizo miembro de la Academia
Real de Cirugía. Sucede a Étienne
Bourdet en el cargo de dentista del rey
Luis XVI a partir de 1790. Aparece en
el « Tableau Chronologique des Dentistes
à la Cour de France » (Cuadro
Cronológico de los Dentistas en
la Corte de Francia). En 1808, publica
« Exposé de nouveaux procédés
pour la confection des dents, dites de
composition» (Exposición
de nuevos procedimientos para la confección
de los dientes, llamadas de composición).
Desde
su entrada al Temple (en agosto de 1792),
Luis XVI le había hecho pedir una
esponja para los dientes. Luego, en diciembre
de 1792, « Luis Capeto »,
como se le designa entonces, reclama el
socorro del ciudadano Dubois-Foucou «
en razón de una fluxión
dental de la que estaba afectado desde
hace unos días ». No le es
acordado, tras una deliberación
del Consejo del 22 de diciembre de 1792,
que se niega a decidir sobre la solicitud.
Durante el periodo que pasa junto al Emperador,
recibe un salario de 6 000 francos de
sueldo anuales.
No cesa
su ejercicio hasta su muerte en 1830.
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Molar
de Napoleón
Extraído por
O’Meara |
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NOTAS:
(1) Cf. Roy-Henry
Bruno, Napoléon repose-t-il aux Invalides?,
in Historia, 2000 ; 638 : 42-48
(2) Cf. Riaud Xavier, Les dentistes détectives
de l’histoire, L’Harmattan
(ed.), Colección « Médecine
à travers les siècles »,
París, 2007, p. 53-57.
(3) Cf. Lamendin Henri, Petites histoires
de l’art dentaire d’hier et d’aujourd’hui
(Anecdodontes), L’Harmattan (ed.), Colección
« Ethique médicale », París,
2006, p. 11-12.
(4) Cf. Lamendin Henri, Napoléon,
des dentistes et l’Histoire..., in
Le Chirurgien-Dentiste de France, 6-13/01/2000
; 966/967 :66-71.
(5) Cf. Dumas Alexandre, Les compagnons
de Jéhu, Phoebus (ed.), París,
2006, p. 426.
(6) Cf. Sociedad Odontológica de París,
Les daviers de Napoléon, http://www.sop.asso.fr,
2006, p. 4.
(7) Cf. Lamendin Henri, 6-13/01/2000, pp. 66-71.
(8) Cf. Lamendin Henri, Anecdotes,
Aventis (ed.), 2002, p. 49-50 .
(9) Existen varias versiones al respecto; en
realidad, los ojos de Napoleón eran azules.
(10) Cf. Balcombe Betsy, Napoléon
à Sainte-Hélène, Plon
(ed.), París, 1898, p. 22-23.
(11) Cf. De Las Cases Emmanuel, Mémorial
de Sainte-Hélène, Le Grand
Livre du Mois (ed.), Tomo IV, París,
1999, p. 64-119 (reedición de la primera
versión de 1822).
Las Cases describe los detalles minuciosos del
aseo de Napoleón. Después de la
barba y la limpieza del rostro, en la última
parte, « …Viene enseguida la historia
de los dientes… »
Las Cases es desterrado de Santa Helena en diciembre
de 1816. También hace alusión
a los « síntomas escorbúticos
» de los que Napoleón sufrió
durante su exilio en Santa Helena.
(12) Cf. Lamendin Henri, 6-13/01/2000, pp. 66-71.
En el museo Tussaud, en Londres, un diente de
Napoleón, extraído por O’Meara,
está expuesto. La reliquia sería
un tercer molar superior.
(13) Cf. Société Odontologique
de Paris, Les daviers de Napoléon, http://www.sop.asso.fr,
2006, p. 4.
(14) Cf. Rousseau Claude, Histoire de l’aménagement
opératoire du cabinet dentaire –
Le coffret d’instruments de chirurgie
dentaire de Napoléon, l’énigme
de son testament, Actes de la SFHAD, http://www.bium.univ-paris5.fr,
pp. 1-8.
(15) Cf. Société Odontologique
de Paris, Les daviers de Napoléon,
http://www.sop.asso.fr,
2006, p. 4.
(16) Cf. Bastien Jacques & Jean del Roland,
Napoléon à Sainte Hélène
– Etude critique de ses pathologies et
des causes de son décès,
Le Publieur (ed.), 2005, p. 26-29, 48, 53.
(17) Cf. Lamendin Henri, 6-13/01/2000, pp. 66-71
Más tarde, O’Meara comercializa
un « dentífrico del doctor O’Meara,
ex-primer médico de Napoleón en
Santa Helena. »
(18) Cf. Derobert L. & Hadengue A., Intoxications
et maladies professionnelles, Flammarion
(éd.), París, 1984.
Una estomatitis es una inflamación de
todos los tejidos mucosos de la boca y una piorrea
es una destrucción tisular infecciosa.
(19) Cf. Lamendin Henri, Praticiens de l’Art
dentaire du XIVème au XXème siècle,
L’Harmattan (ed.), Colección «
Médecine à travers les siècles
», París, 2006, p. 51.
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Referencias
bibliográficas
- Balcombe Betsy, Napoléon
à Sainte-Hélène,
Plon (ed.), París, 1898
- Bastien Jacques & Jeandel
Roland, Napoléon à
Sainte Hélène –
Étude critique de ses pathologies
et des causes de son décès,
Le Publieur (ed.), 2005
- De Las Cases Emmanuel, Mémorial
de Sainte-Hélène,
Le Grand Livre du Mois (ed.), Tome
IV, París, 1999.
- Derobert L. & Hadengue A.,
Intoxications et maladies professionnelles,
Flammarion (ed.), París,
1984.
- Dumas Alexandre, Les compagnons
de Jéhu, Phoebus (ed.),
París, 2006.
- Lamendin Henri, Napoléon,
des dentistes et l’Histoire...,
in Le Chirurgien-Dentiste de France,
6-13/01/2000; 966/967 :66-71.
- Lamendin Henri, Anecdodontes,
Aventis (ed.), 2002.
- Lamendin Henri, Petites histoires
de l’art dentaire d’hier
et d’aujourd’hui (Anecdotes),
L’Harmattan (éd.),
Colección « Ethique
médicale », París,
2006.
- Lamendin Henri, Praticiens de
l’Art dentaire du XIVème
au XXème siècle, L’Harmattan
(éd.), Colección «
Médecine à travers
les siècles », París,
2006.
- Riaud Xavier, Les dentistes
détectives de l’histoire,
L’Harmattan (éd.),
Colección « Médecine
à travers les siècles
», París, 2007.
- Rousseau Claude, Histoire
de l’aménagement opératoire
du cabinet dentaire – Le coffret
d’instruments de chirurgie
dentaire de Napoléon, l’énigme
de son testament, Actas de
la SFHAD, pp. 1-8.
- Roy-Henry Bruno, Napoléon
repose-t-il aux Invalides?,
in Historia, 2000; 638: 42-48.
- Sociedad Odontológica de
París, Les daviers de
Napoléon, http://www.sop.asso.fr,
2006, p. 4. |
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