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Vida
de S.M.I.
el Emperador y Rey NAPOLEÓN
I |
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| Instituto
Napoleónico México-Francia -
Institut Napoléonien Mexique-France
Eduardo Garzón-Sobrado, fundador.
S.A.I. Jean-Christophe Napoléon, Prince
Impérial. |
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Dio
Me La Diede. Guai A Chi La Tocca
(Dios Me La Dio.
Cuidado a quien la toca): |
LA
ORDEN DE LA CORONA DE HIERRO |
(1805-1814) |
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Por
el Doctor |
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Stewart
Addington Saint-David |
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Caballero
de la Orden Nacional del Mérito de
Francia
Miembro de Honor de los Comités Histórico
y de Colecciones del Instituto Napoleónico
México-Francia |
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| Dr.
Saint-David |
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Traducción
del Instituto Napoleónico México-Francia
©
Esta página está disponible
al público de manera gratuita y puede
ser reproducida con fines no lucrativos,
siempre y cuando no sea mutilada, se cite
la fuente completa y su dirección
electrónica. De otra forma, requiere
permiso previo por escrito de la institución. |
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| El
Instituto Napoleonico
México-Francia
expresa muy calurosamente
su agradecimiento al Museo
Real del Ejército
y de Historia Militar,
en Bruselas, Bélgica,
y al Sr. Guy Deploige,
que muy amablemente ponen
a nuestra disposición
las fotografías
de las medallas y otras
piezas expuestas en este
espacio. Nuestro agradecimento
se dirige igualmente al
Sr. Bruno Couwenberg,
fotógrafo, autor
de las mismas. |
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Habiendo
consolidado su poder entre las fronteras de la
patria francesa, así como en el seno de
los territorios y principados que había
conquistado o anexado durante los años
precedentes, el joven EMPERADOR
NAPOLEÓN I actuaba
bien rápido, a fin de ampliar su poder
monárquico a través de la región
que había sido compuesta con los diversos
estados italianos de la época. Menos de
cuatro meses después de su consagración
como Emperador de los franceses, Napoleón
era proclamado Re
d'Italia, añadiendo pues una dignidad
real italiana a su titulo imperial francés,
y al mismo tiempo reafirmando su identificación
con la tradición carolingia de un imperio
europeo unido.
El 23 de mayo
de 1805, y ante una inmensa multitud reunida en
la Catedral de Milán, Napoleón había
colocado él mismo sobre su cabeza la Corona
de Hierro de Lombardía, que fue creada
en 591 A.C. utilizando un clavo llamado “de
la Cruz de Nuestro Señor”. Esta corona,
que representaba un verdadero enlace con la herencia
suprema del Santo Imperio Romano Germánico,
fue portada por una sucesión de grandes
emperadores europeos, entre los cuales el mismo
Carlomagno, así como Carlos V, y era un
poderoso símbolo de la transferencia de
la autoridad universal a la persona de Napoleón
I. Cuando elevaba la corona hacia su frente, el
nuevo Rey de Italia había pronunciado la
antigua fórmula de la sucesión legítima
a esta dignidad real: ¡DIO
ME LA DIEDE, GUAI A CHI LA TOCCA!
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Napoleón
I, Rey de Italia
Cuadro de Andrea
Appiani (1754-1817) |
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La
Corona de Hierro de Lombardía
es una de las más
antiguas y prestigiosas
insignias reales de Europa,
pero también una
reliquia sin paralelo en
el mundo. En efecto, tiene
su nombre del aro de metal
que contiene, y que según
la tradición habría
sido forjado a partir de
un clavo utilizado para
la crucifixión de
Jesucristo. Este anillo,
confeccionado en hierro
forjado, mide 9,5 mm de
espesor. La leyenda dice
que el clavo en cuestión
habría sido dado
al emperador Constantino
por su madre, Santa Helena,
que durante su peregrinaje
en Palestina y Tierra Santa,
había descubierto
la verdadera cruz en la
cual Cristo fue martirizado.
La manera como los reyes
lombardos obtuvieron la
propiedad de esta pieza
permanece obscura. El círculo
está ricamente decorado
con seis rectángulos
de oro y esmaltes unidos
por bisagras, ornamentadas
con piedras preciosas y
brillantes en forma de cruz
y de flores. La Corona de
Hierro es conservada hoy
en día en la catedral
de Monza, en Lombardía.
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En
conjunción con su nuevo rol
como soberano de Italia, Napoleón
emprendió la fundación
de una orden de caballería
nueva, con el objetivo de conmemorar
este evento, y a fin de recompensar
de una manera digna a quienes habían
facilitado la creación de su
nuevo reino italiano. Menos de dos
semanas después de su consagración
en Milán, el Emperador había
erigido las bases de esta nueva orden
promulgando un decreto que creaba
la Orden de la Corona de Hierro, un
gesto por medio del cual esperaba
volver más sólidas las
lealtades de aquellos a quienes había
confiado el gobierno de su estado
real italiano. El nuevo Re d'Italia
se había proclamado Gran Maestre
de la Orden, que debía estar
compuesta por 500 Caballeros, 100
Comendadores y 20 Grandes-Cruces,
y nombraba a su ministro de Asuntos
extranjeros italiano, Marescalchi,
como su Canciller.
Con el fin de reconocer
las contribuciones de algunos de sus
fieles no italianos, y en particular
los del establecimiento militar, Napoleón
creaba una provisión especial
que permitía la condecoración
de 200 Caballeros, 50 Comendadores y
5 Grandes-Cruces de nacionalidad francesa,
fuera de los límites establecidos
por la Orden toda entera.
La primera
ceremonia de investidura de los miembros
de la Orden tuvo lugar en la Iglesia
Metropolitana de San Ambrosio el 15
de mayo de 1806, y fue presidida por
el hijo adoptivo del Emperador, el Príncipe
Eugenio de Beauharnais, en su calidad
de Virrey de Italia. Los miembros de
esta nueva orden prestigiosa se habían
jurado, entre otras cosas, consagrarse
a la
Defensa
del Rey, de la Corona y a la integridad
del Reino de Italia, y a la gloria de
su Fundador.
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Orden
de la Corona de Hierro
Insignia de dignatario,
1810
Colgante de oro, rubís,
diamantes, safiros, esmalte. |
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Dieciocho meses
después, el 19 de diciembre de 1807,
un nuevo decreto aumentaba aún más
el número de miembros de la Orden de
la Corona de Hierro añadiendo 300 Caballeros,
50 Comendadores y 5 Grandes-Cruces. Las insignias
de la nueva Orden estaban compuestas por un
águila napoleónica emanando de
una representación de la Corona de Hierro
de Lombardía. Su listón era amarillo,
con ribetes verdes, y entre los miembros de
la nueva orden, todos orgullosos de enarbolar
sus insignias, figuraban múltiples mariscales
napoleónicos: Augereau, Bernadotte, Berthier
y Massená, así como varios súbditos
italianos, como Prima, Ministro de Finanzas
del Reino de Italia, el General Pino, Ministro
de Guerra y el Conde Paradisi, Presidente del
Senado italiano.
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Orden
de la
Corona
de Hierro
1er tipo, Insignia
de Caballero, cara. Plata
esmaltada, modelo italiano. |
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Orden
de la
Corona
de Hierro
1er tipo, Insignia
de Comendador en oro esmaltado,
cara. Modelo italiano. |
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Orden
de la
Corona
de Hierro
1er tipo, Insignia
de Comendador en oro esmaltado,
dorso. Modelo italiano. |
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ORDEN
DE LA CORONA DE HIERRO
Diferentes
piezas del Primer Tipo.
El
Primer modelo se caracteriza por
insignias de doble cara representando
la corona lombarda. Presentan una
corona de diez puntas esmaltadas
de azul cielo que aparecen detrás
de florones. Un pequeño medallón
de oro, colocado sobre las dos puntas
centrales, representaban la efigie
laureada de Napoleón I; sobre
la base de la corona, dando la vuelta
de la condecoración, una
bandita esmaltada de azul portaba
la leyenda: DIEU ME
L’A DONNÉE, GARE A
QUI Y TOUCHERA (Dios
me la dio, cuidado a quien la toque).
De la corona lombarda emergía
el águila imperial, con las
alas desplegadas y la cabeza volteada
hacia la izquierda. La insignia
de los caballeros era de plata,
la de los Comendadores y de los
Dignatarios de oro. Fotos: Museo
Real del Ejército, Bruselas,
Bélgica. |
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Placa
en forma de estrella bordada
Centro esmaltado en plata y
oro; divisa sobre fondo de esmalte
verde claro, rayos de semalte
azul claro. Cabeza del Emperador
Napoleón en oro, corona
de esmalte verde. Divisa en
francés. |
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La creación de
la Orden de la Corona de Hierro, y las
nominaciones sucesivas a sus rangos eran
etapas importantes en muchos niveles,
políticos e históricos.
La visión del Emperador, y su deseo
de establecer una hegemonía paneuropea
tienen sus primeros ecos en la fundación
de esta entidad caballeresca, y la simbólica
de la Corona de Hierro, así como
sus enlaces directos con la herencia carolingia
del Santo Imperio Romano Germánico
tendrían implicaciones enormes
durante los años venideros.
Más tarde, ese
mismo año, las victorias deslumbrantes
que había obtenido Napoleón
sobre las fuerzas del monarca austriaco
Francisco II en Ulm y Austerlitz
conducían directamente al Tratado
de Presburgo del 26 de diciembre, entre
cuyos elementos estaba la disolución
completa del Santo Imperio Romano Germánico,
dirigido desde 1792 por Francisco, su
último emperador electo. En medio
del vacío suscitado por este evento
fundamental de la historia de la Europa
moderna se había introducido el
joven Re d'Italia, que se había
erigido con fuerza y certeza en tanto
heredero incontestable de la tradición
imperial y de la autoridad del gran CAROLUS
MAGNUS. Al
mismo tiempo, emprendía la creación
de un nuevo imperio que era aún
más glorioso, compuesto por los
vestigios aplastados del coloso caído
y más que milenario. La fundación
de la Orden de la Corona de Hierro era
pues un evento de un simbolismo enorme
en la progresión de la propaganda
napoleónica de victoria y de consolidación,
y esta fundación había establecido
en el espíritu público a
través de Europa la noción
de la legitimidad fundamental de la sucesión
francesa imperial a la dignidad de la
soberanía paneuropea.
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Según
el historiador Frédéric
Bluche, Napoleón no tenía
ningún deseo de acceder así
nada más al trono degenerado del
Santo Imperio Romano Germánico.
« De ninguna manera será
cuestión para ese soldado advenedizo
el pretender a la corona del Santo Imperio
Romano Germánico, escribe;
Creará un nuevo imperio de
occidente, que provocará la ruina
del precedente y lo remplazará
en el espíritu de los observadores
del equilibrio europeo. »
Además, quería restaurar
la idea en su forma más amplia,
ligada al imperialismo geográfico
del « Imperio Universal ».
Incluso el establecimiento de los reinos
y principados dependientes bajo los cetros
de sus hermanos y hermanas eran una manifestación
moderna de la noción carolingia
del Emperador como « soberano de
Europa », y recordaba el antiguo
sistema feudal, con su tejido sólido
de dominación, dependencia y obligaciones
de vasallaje.
En 1813,
sin embargo, y durante la serie de debacles
que seguían a la invasión
desastrosa de Rusia, el Imperio francés
había perdido el reino de Italia,
y Austria reafirmaba su hegemonía
sobre Milán y Lombardía.
Empero, y muy diferentemente de la Legión
de Honor, su gemela del Imperio napoleónico,
la Orden de la Corona de Hierro no volvería
a encontrar una existencia independiente
en el seno del panteón de las órdenes
francesas, pero a cambio se veía
modificada y reforzada por el uso del
victorioso Francisco II, que la asociaba
en 1814 a las órdenes austriacas
imperiales bajo su augusta protección.
Era reorganizada y su águila francesa
imperial se veía remplazar por
el águila bicéfala del Imperio
austriaco.
No obstante, tras la Restauración
del monarca Borbón, Luis XVIII
(r. 1814/1815-1824) en el trono de Francia,
una ordenanza real referente al porte
de insignias de la Orden de la Corona
de Hierro era promulgada el 19 de julio
de 1814.
Aquellos de nuestros
súbditos que hayan obtenido la
condecoración de la Corona de Hierro
continuarán portándola,
a cargo de ellos proveerse ante el nuevo
soberano del país al cual dicha
Orden pertenece para obtener su autorización.
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Orden
de la Corona de Hierro
Primer tipo, cordón
de Dignatario. |
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Orden
de la Corona de Hierro
2º tipo,
Insignia de Caballero,
plata esmaltada, con bolillas,
modelo italiano. |
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Orden
de la Corona de Hierro
2º tipo,
insignia de Comendador;
Oro esmaltado, con bolillas;
modelo italiano. |
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Orden
de la Corona de Hierro
2º tipo,
insignia de Comendador,
en oro esmaltado, con
bolillas, modelo italiano. |
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ORDEN
DE LA CORONA DE HIERRO
Diferentes
piezas del Segundo Tipo.
El
Segundo modelo, a partir de 1809,
presenta insignias que difieren
del modelo precedente en cuanto
que las puntas de la corona lombarda
están adornadas con unas
bolillas y la leyenda figura esta
vez en italiano y en presente:
DIO ME LA DIEDE, GUAI A
CHI LA TOCCA (Dios
me la dio, cuidado a quien la toca).
Museo Real del Ejército,
Bruselas, Bélgica. |
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Siempre muy conciliatorio
en sus esfuerzos por garantizar la unidad nacional
tras su acceso al trono, Luis XVIII adoptaba una
actitud bien moderada en todo lo que concernía
las órdenes creadas por su predecesor imperial,
que era considerado como un usurpador y un advenedizo
por el campo de los Ultras realistas. La famosa
Legión de Napoleón fue pues transformada
en orden real, el porte de las insignias de la
Orden de la Corona de Hierro era tolerada en el
seno de la Francia de los Borbones, y a los poseedores
de la difunta Orden
de la Reunión (1811-1815) se les acordaban
lugares en las filas de la Orden Real de la Legión
de Honor, recientemente reorganizada.
Así se
acababa la existencia de la Orden de la Corona
de Hierro bajo la protección del Reino
napoleónico de Italia, y con su absorción
por el Imperio austriaco dejaba de estar, en cualquier
manera, ligada a la visión imperial de
su fundador real, hijo él mismo de una
familia toscana de noble cepa. Desafortunadamente,
durante los Cien Días del regreso del Emperador
al poder en 1815, no había manera de restablecer
la Orden de la Corona de Hierro, tras haber el
juego de cartas que era la Italia de principios
del Siglo XIX sido reajustado contra él,
y de una manera muy decidida. Sin embargo, su
creación visionaria fungirá algunas
décadas más tarde como uno de los
elementos inspiradores de la Ordine della
Corona di Ferro, que fue fundada en 1868
por Víctor-Emanuel de Saboya, primer rey
en reinar en un reino italiano unido y apacible.
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Cordón
de dignatario de la Orden
de la Corona de Hierro
2º tipo,
cara. |
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Cordón
de dignatario de la Orden
de la Corona de Hierro
2º tipo,
dorso. |
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