Vida de S.M.I. el Emperador y Rey Napoleón I el Grande.
Vida de S.M.I. el Emperador y Rey NAPOLEÓN I
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Eduardo Garzón-Sobrado, fundador.
S.A.I. Jean-Christophe Napoléon, Prince Impérial.
EL ATENTADO DE LA RUE SAINT NICAISE
La máquina infernal de la calle Saint Nicaise, 3 de nivoso del año IX
Autor anónimo, estampa popular la época.

Por

Isis Wirth Armenteros
Delegada en Cuba
Consejera Especial del INMF para los Países Hispánicos

La Sra. Isis Wirth Armenteros, Consejera Especial para los Países Hispánicos y Representante Oficial en Alemania y Suiza del Instituto Napoleónico México-Francia.
Isis Wirth
Instituto Napoleónico México-Francia ©
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El atentado de la rue Saint-Nicaise (1) contra el Primer Cónsul Bonaparte, el 24 de diciembre de 1800, fue la invención de lo que luego se conocería como « coche-bomba ». Una « máquina infernal » se dispuso en un cabriolé estacionado en esa calle en París, por donde pasaría el carruaje del Primer Cónsul, que se dirigía a la Ópera para escuchar « La Creación del mundo » de Haydn.

Luego, la investigación que condujo a los autores del atentado (contrariamente a lo que creía Bonaparte, fueron royalistes (2) y no jacobinos), la cual hizo la reputación de Joseph Fouché, el ministro de policía, puede considerarse además como el nacimiento de los métodos deductivos siguiendo los indicios, que habría hecho célebre Arthur Conan Doyle con Sherlock Holmes.
Ciertamente, a Fouché se le acredita como el creador de la policía moderna. Más aún, de la policía política (que entonces llamaban « haute pólice »). Fouché ya lo había comprendido, desde su rol preponderante en la caída de Robespierre, pues azuzó las rivalidades existentes entre las policías del Comité de Salut Public y el Comité de Sûreté Générale (securidad general), otra curiosa prefiguración de las pugnas entre ellos de los sistemas de vigilancia en los regímenes totalitarios, que a su vez han llevado a purgas.
En el caso de este posible primer Sherlock Holmes, no fue Fouché par lui même (3), sino su subordinado Henry, el especialista del mundo del crimen en el ministerio, cuyos métodos hicieron que bajara mucho la criminalidad en París.
Afortunadamente, el carruaje del Primer Cónsul pasó un minuto antes de que el « coche-bomba » explotara. Falló la maquinaria en sólo un minuto.
Dos personas murieron, seis fueron gravemente heridas, y una muchacha fue mutilada y desfigurada.
El Monitor, Le Moniteur, dijo, sin embargo, que fueron diez los muertos y treinta los heridos. « Aussi menteur que le Moniteur » (4), pero en fin...

Bonaparte se contuvo tras la explosión, y se mostró impertérrito en la Ópera. Pero al día siguiente, fue la tormenta en las Tullerías. « Es la obra de esos revolucionarios, los asesinos de 1792 y el 93, que todavía viven en París, incluso bajo la protección de la policía ». Alusión a su propio ministro, Fouché, por su pasado jacobino y terrorista. Éste, presintiendo que no habían sido los jacobinos, le insinúa que pudieron haber sido los royalistes. « ¡No me haga una Carmagnole! », le respondió furioso Bonaparte. Bajo el Terror, se llamaba « Carmagnole » a los complots que la policía orquestaba. Bonaparte no cedía, aduciendo que vivían aún en Francia 500 « revolucionarios » terroristas, que debían ser expulsados del país.

Las sesiones de discusión, haciendo uso de los informes de previas conspiraciones, apuntaban a los jacobinos. Fue ahora el turno de Fouché de mostrarse imperturbable, si bien apoyó expulsar de París a los terroristas. Dijo que la policía tenía el hilo del complot, que continuaba investigando, y llegado el momento aportaría las pruebas que permitirían que la justicia no se equivocase.
En efecto, el atentado parecía ostentar la firma de los « exclusivos », o sea, los jacobinos del « partido exagerado », los « ultras », los « anarquistas », los « extremistas ».
Pero ningún agente secreto, y habían pas mal (5) infiltrados en el medio « exclusivo », había alertado del complot.
Y fue entonces donde « Sherlock Holmes », Henry, tuvo la idea de partir de los indicios que podían proporcionar el caballo y la carreta donde habían puesto la bomba, para llegar a los verdaderos autores del atentado.
Fue Henry a buscar los restos de la carreta y el cadáver del caballo, que era una yegua. Se arribó al vendedor de ésta, quien también había vendido la carreta. Y a quien había herrado a la yegua. A partir de aquí, a las tres personas que vinieron a recoger al animal y a la carreta, quienes se presentaron como mercaderes, con un cargamento de dos barriles de azúcar. Se llegó pues a los vendedores de la mercancía, quienes identificaron a los «mercaderes», en realidad, antiguos combatientes de la guerra de la Vendée, es decir, royalistes. Ya no podía permitirse ninguna duda.
Tras la identificación de estos royalistes, se arribó a toda la red, pagada, desde luego, por Inglaterra.
Sherlock-Henry-Holmes, con esta encuesta irrefutable, le había permitido triunfar a Fouché en su previa idea de que no fueron los jacobinos.

NOTAS:

1) Rue: calle, rúa.
2) Realistas, partidarios de la restauración de los Borbones.
3) Por sí solo.
4) « Tan mentiroso como el Monitor ». Frase satírica popular de la época.
5) « No pocos ».

Ver también en este sitio:

El atentado de la rue Saint-Nicaise, una joven inocente, víctima de las luchas políticas, por Gustave Lenôtre.