| EL
ATENTADO DE LA RUE SAINT NICAISE |
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La
máquina infernal
de la calle Saint Nicaise,
3 de nivoso del año
IX
Autor anónimo, estampa
popular la época. |
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Por |
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Isis
Wirth Armenteros
Consejera Especial del INMF para los
Países Hispánicos
Representante oficial en Alemania y
Suiza
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| Isis
Wirth |
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Instituto Napoleónico México-Francia
© |
El
atentado de la rue
Saint-Nicaise (1)
contra el Primer Cónsul Bonaparte,
el 24 de diciembre de 1800, fue la invención
de lo que luego se conocería como «
coche-bomba ». Una « máquina
infernal » se dispuso en un cabriolé
estacionado en esa calle en París,
por donde pasaría el carruaje del Primer
Cónsul, que se dirigía a la
Ópera para escuchar « La Creación
del mundo » de Haydn.
Luego, la
investigación que condujo a los autores
del atentado (contrariamente a lo que creía
Bonaparte, fueron royalistes (2)
y no jacobinos), la cual hizo la reputación
de Joseph Fouché, el ministro de policía,
puede considerarse además como el nacimiento
de los métodos deductivos siguiendo
los indicios, que habría hecho célebre
Arthur Conan Doyle con Sherlock Holmes.
Ciertamente, a Fouché se le acredita
como el creador de la policía moderna.
Más aún, de la policía
política (que entonces llamaban «
haute pólice »). Fouché
ya lo había comprendido, desde su rol
preponderante en la caída de Robespierre,
pues azuzó las rivalidades existentes
entre las policías del Comité
de Salut Public y el Comité de Sûreté
Générale (securidad general),
otra curiosa prefiguración de las pugnas
entre ellos de los sistemas de vigilancia
en los regímenes totalitarios, que
a su vez han llevado a purgas.
En el caso de este posible primer Sherlock
Holmes, no fue Fouché par lui même
(3), sino su subordinado
Henry, el especialista del mundo del crimen
en el ministerio, cuyos métodos hicieron
que bajara mucho la criminalidad en París.
Afortunadamente, el carruaje del Primer Cónsul
pasó un minuto antes de que el «
coche-bomba » explotara. Falló
la maquinaria en sólo un minuto.
Dos personas murieron, seis fueron gravemente
heridas, y una muchacha fue mutilada y desfigurada.
El Monitor, Le Moniteur, dijo, sin
embargo, que fueron diez los muertos y treinta
los heridos. « Aussi menteur que le
Moniteur » (4),
pero en fin...
Bonaparte
se contuvo tras la explosión, y se
mostró impertérrito en la Ópera.
Pero al día siguiente, fue la tormenta
en las Tullerías. « Es la obra
de esos revolucionarios, los asesinos de 1792
y el 93, que todavía viven en París,
incluso bajo la protección de la policía
». Alusión a su propio ministro,
Fouché, por su pasado jacobino y terrorista.
Éste, presintiendo que no habían
sido los jacobinos, le insinúa que
pudieron haber sido los royalistes.
« ¡No me haga una Carmagnole!
», le respondió furioso Bonaparte.
Bajo el Terror, se llamaba « Carmagnole
» a los complots que la policía
orquestaba. Bonaparte no cedía, aduciendo
que vivían aún en Francia 500
« revolucionarios » terroristas,
que debían ser expulsados del país.
Las sesiones
de discusión, haciendo uso de los informes
de previas conspiraciones, apuntaban a los
jacobinos. Fue ahora el turno de Fouché
de mostrarse imperturbable, si bien apoyó
expulsar de París a los terroristas.
Dijo que la policía tenía el
hilo del complot, que continuaba investigando,
y llegado el momento aportaría las
pruebas que permitirían que la justicia
no se equivocase.
En efecto, el atentado parecía ostentar
la firma de los « exclusivos »,
o sea, los jacobinos del « partido exagerado
», los « ultras », los «
anarquistas », los « extremistas
».
Pero ningún agente secreto, y habían
pas mal (5)
infiltrados en el medio « exclusivo
», había alertado del complot.
Y fue entonces donde « Sherlock Holmes
», Henry, tuvo la idea de partir de
los indicios que podían proporcionar
el caballo y la carreta donde habían
puesto la bomba, para llegar a los verdaderos
autores del atentado.
Fue Henry a buscar los restos de la carreta
y el cadáver del caballo, que era una
yegua. Se arribó al vendedor de ésta,
quien también había vendido
la carreta. Y a quien había herrado
a la yegua. A partir de aquí, a las
tres personas que vinieron a recoger al animal
y a la carreta, quienes se presentaron como
mercaderes, con un cargamento de dos barriles
de azúcar. Se llegó pues a los
vendedores de la mercancía, quienes
identificaron a los «mercaderes»,
en realidad, antiguos combatientes de la guerra
de la Vendée, es decir, royalistes.
Ya no podía permitirse ninguna duda.
Tras la identificación de estos royalistes,
se arribó a toda la red, pagada, desde
luego, por Inglaterra.
Sherlock-Henry-Holmes, con esta encuesta irrefutable,
le había permitido triunfar a Fouché
en su previa idea de que no fueron los jacobinos.
NOTAS:
1) Rue:
calle, rúa.
2) Realistas, partidarios de la restauración
de los Borbones.
3) Por sí solo.
4) « Tan mentiroso como el Monitor ».
Frase satírica popular de la época.
5) « No pocos ».
Ver también
en este sitio:
El
atentado de la rue Saint-Nicaise, una joven
inocente, víctima de las luchas políticas,
por Gustave Lenôtre.