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Vida
de S.M.I.
el Emperador y Rey NAPOLEÓN
I |
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Instituto
Napoleónico México-Francia -
Institut Napoléonien Mexique-France
Eduardo Garzón-Sobrado, fundador.
S.A.I. Jean-Christophe Napoléon, Prince
Impérial. |
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UN
PINCEL CON GENIO |
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NAPOLEÓN
Y EL ARTE DE LA GUERRA |
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Oficiales
de un regimiento de coraceros
Óleo de Édouard
Detaille. |
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Por
el Señor |
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John
Tarttelin
Representante
del Instituto Napoleónico México-Francia
en Inglaterra |
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| Sr.
John Tarttelin |
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Traducción del Instituto Napoleónico
México-Francia ©
Esta página está disponible
al público de manera gratuita y
puede ser reproducida con fines no lucrativos,
siempre y cuando no sea mutilada, se cite
la fuente completa y su dirección
electrónica. De otra forma, requiere
permiso previo por escrito de la institución.
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Alis
volat propriis – «
Se vuela con sus propias alas
» *
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Retrato
ecuestre de Napoleón
Pintura de Carle Vernet (1758-1836) |
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Napoleón
cruzando los Alpes
Óleo de Hippolyte-Paul
Delaroche (1797 – 1859)
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La
vida de Napoleón fue una mezcla
de novela, mito y realidad y a veces
estos aspectos de su increíble
carrera se tornan borrosos y se mezclan
uno dentro del otro, no más que
en la abundante riqueza de pinturas
que retratan su temprana ascensión
y postrer ascendente en la escena europea.
El retrato ecuestre de Vernet (arriba)
epitomiza su dominio militar sobre los
demás gobernantes del continente
y son acordes a la imagen usual del
hombre de poder militar. Pero había
mucho más para Napoleón
que los meros objetivos y ambición
de un soldado.
En la
pintura de Delaroche (a la izquierda)
vemos la fría realidad de la
conquista mientras la cansada mula de
Napoleón sube pesadamente la
ladera de una montaña. El animal
mal lleva puestas anteojeras, como para
expresar la impresión de que
un futuro repleto de victorias no es
de ninguna manera seguro. En efecto,
Napoleón pasó muy cerca
de la desgracia en este peligroso ascenso
y solo las rápidas reacciones
de su guía campesino evitaron
que cayera de la orilla hacia el olvido.
Aquí está la realidad,
Napoleón mirándonos como
si contemplase los obstáculos
que deben ser encarados incluso después
de que los Alpes hayan sido atravesados.
El Águila bien puede haber emprendido
el vuelo, pero de ningún modo
está segura de su destinación.
En el
cuadro famoso de David (abajo), tal
vez la más conocida de todas
las imágenes de Napoleón,
no puede haber dudas en cuanto a su
destino último como líder
de los hombres y árbitro de su
destino. Su brazo mismo está
alzado, apuntando a un futuro de colosales
logros como si el propio destino diera
señas. David idolatró
a su héroe en una forma similar
a como éste era adorado por los
hombres de su Guardia. Si ellos eran
sus campeones en el campo de batalla,
David estaba determinado a conquistar
en su nombre con lienzos heroicos. Como
el dueño de un diario dijera,
si la leyenda
no es acorde a los hechos – ¡imprimid
la leyenda! Para David, Napoleón
era un Nuevo Aquiles, o un Nuevo Alejandro.
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Napoleón
atravezando los Alpes
Óleo de Jacques-Louis
David (1748–1825). Primera versión;
Versalles. |
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Con
Verashagin, vemos nuevamente a un Napoleón
pensativo, contemplativo, incluso tal
vez preocupado. Aquí está
en Moscú, esperando una respuesta
de su mensajero de paz que ha despachado
al zar Alejandro – una respuesta
que nunca llegaría. El silencio
parece clamar: «¿Dónde
está tu destino ahora?».
Días después, lo sabría
mientras un frío y amargo invierno
destruía su Gran Armada. El hielo
y la nieve presagiaron su elevación
en Marengo en 1800, así predijeron
su desenlace después de 1812.
Con esta
pintura no puede haber duda – la
fortuna ha abandonado al Emperador. Napoleón
mira fuera de la imagen con un cansado
aire meditabundo, ya no es más
el amo de las circunstancias sino su prisionero.
Aunque esta es una Mirada rusa de los
grandes eventos de 1812, igual captura
la esencia del dilema de Napoleón.
¿Qué puede uno hacer cuando
su adversario no quiere hacer las paces?
¿Y cuanto más difícil
es cuando su ejército está
a 2 500 kilómetros de distancia
de Francia? |
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Napoleón
en traje de invierno
Vasily Vasilyevich
Vereshchagin (1842–1904) |
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Napoleón
en el palacio Petrovski
en Moscú
Vasily Vasilyevich
Vereshchagin (1842–1904) |
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Verashagin prosigue
su acercamiento con una pintura de Napoleón
casi perdido en un funesto y lóbrego
paisaje de nieve y hielo. El Emperador de Francia,
el antiguo árbitro de la mitad de Europa,
está caminando a pie. Detrás de
él andan trabajosamente los más
grandes de sus capitanes, Murat un rey, duques
y barones, sin un caballo entre ellos. La nieve
casi oculta los mojones del camino y solo su
frío abrazo esconde los cuerpos de los
muertos. Nada podría estar más
lejos de la versión de David de la historia.
Aquí, la esperanza y la ambición
parecen estremecerse, e incluso el silencio
puede sentirse. Esta es la visión de
Tolstoi – el « megalómano
» puesto en su lugar por el capricho del
tiempo, como si Dios favoreciera a los modestos
campesinos rusos contra quien supuestamente
debía ser su conquistador.
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Desviación
Vasily Vasilyevich Vereshchagin
(1842–1904) |
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La historia
rusa, como es contada por los rusos,
trata la invasión de 1812 como una parábola
moral, como si el zar Alejandro fuera una versión
glorificada del Hijo Pródigo. Anteriormente
caído en desgracia ante su corte y sus
sujetos por haber firmado el Tratado de Tilsit
con el « Anticristo », retoma su
virtual representación divina rechazando
ratificar otro arreglo con el « Ogro corso
». El hecho de que el aspecto rubio y
bonito de Alejandro estuviera velado por su
aquiescencia en el asesinato de su padre, el
zar Pablo, no figura en la ecuación.
Tampoco el hecho de que Stalin asesinara a seis
millones de kulaks y a varios millones más,
contó en su contra cuando asumió
el papel de destructor de Hitler en 1945. Stalin
asesinó a tantos individuos pertenecientes
a su propia gente que los nazis.
Los crasos escarceos
de Alejandro en la política europea,
a instancias del Gabinete inglés y pagados
con el oro de la Banca de Inglaterra,
desgarraron el corazón de Europa en 1805-1807.
Después de Eylau y Friedland, Napoleón
podía haberse apoderado de Lituania e
incluso haber amenazado San Petersburgo, sin
embargo se tomó un momento para agradar
al zar y le trató como a un hermano.
Fue un gran error.
Obtenemos una imagen completamente diferente,
muy literalmente, cuando vemos las representaciones
del tiempo que Napoleón pasó en
Egipto.
Abajo, un joven guerrero arregla cuentas con
la Esfinge, todavía sepultada hasta sus
hombros en la arena. Este es un tiempo antes
de la piedra Roseta, y antes de que Champollion
descifrara los jeroglíficos grabados
en ella. Napoleón mira resueltamente
4 000 años de historia en forma de un
hombre-león de piedra erosionada, como
si especulase acerca de su propio lugar en la
Historia.
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Bonaparte
en Egipto
Óleo de Jean-Léon
Gérome (1824-1904) |
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Esta imagen
(arriba) encapsula su propia fascinación
por el Oriente, la tierra de las Mil y una noches.
¿Ve el imperio de Alejandro haciéndole
señas? ¿Juzga que puede marchar
hacia India y vengar al sultán Tippoo
derrotando a los británicos? (1)
Tal vez sueña con la conquista
pero su supuesto amigo y aliado Talleyrand no
se molesta en ir a Constantinopla y hacer la
paz con los turcos otomanos. (2)
Así, el imperio
potencial se reduce a un Acre, y las arenas
de Siria se engullen la mitad de su ejército,
mientras sus enemigos inveterados, los ingleses,
hunden su flota en la bahía de Abukír.
(3) Nada, sin embargo, puede destruir su legado
de la egiptología.
Le dio ese país al mundo.
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Bonaparte
perdona a los insurrectos del Cairo,
23 de octubre de 1798
Óleo de Pierre-Narcisse
Guérin (1774-1835) |
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En el cuadro
de Guérin (arriba) con sus suntuosos
tonos vemos no solo la riqueza de Egipto tal
como es representado en exóticos ropajes
y vívidos colores sino la magnanimidad
de Napoleón. Una y otra vez, a lo largo
de sus épocas siguientes como Cónsul
y luego Emperador de Francia, perdonó
a quienes se le oponían. Incluso, invitándole,
trató de incorporar Cadoudal a su ejército
– un hombre que organizaría el
infame complot de asesinato contra su vida (4).
Fue tolerante perdido con Fouché y Talleyrand,
con Bernadotte
y Moreau, y más tarde, con Murat, Ney
e incluso con su hermana Carolina, que conspiraron
contra él. De haber emulado al pashá
al Jezzar, « el carnicero », quien
comandaba al ejército otomano y descabezaba
a todos sus más grandes enemigos, se
la hubiera pasado mejor a fin de cuentas (5).
La marina británica apoyó a aquel
ilustre decapitador, pero se oye un poco
menos acerca de este hecho de lo que se oye
sobre Trafalgar o la bahía de Abukír.
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Bonaparte
visitando a los apestados de Jaffa
Óleo de Antoine-Jean
Gros (1771-1835) |
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Napoleón
frecuentó los hospitales para plagas
para ver si se les daba atención a sus
soldados enfermos. Como Coignet lo escribiría
posteriormente, también hizo siempre
su mayor esfuerzo para ver que los heridos fueran
atendidos después de las batallas. No
era el hombre despiadado que tantos historiadores
británicos nos pintan. Hasta Philip Dwyer,
cuya reciente biografía está lejos
de ser lo imparcial que muchos críticos
ingleses pretenden que es, declara:
« En El Cairo, tres hospitales militares
fueron establecidos: uno en la ciudadela, y
dos más en la entrada de los cuarteles
europeos cerca del Nilo. Bonaparte se preocupaba
particularmente de que los enfermos fueran atendidos
adecuadamente; cualquier funcionario que fuera
cogido malversando o descuidando sus deberes
era severamente castigado ». (6)
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Jean-François
Champollion (1790-1832)
Retrato al óleo
por Léon Cogniet
(1794-1880) |
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La
piedra de Rosetta
(hoy Rashid)
The British Museum |
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La
piedra de Rosetta
y, a la izquerda, el inmortal genio
Jean-François Champollion,
quien la descifrara. |
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Dwyer dice luego que:
« De hecho, parece probable que
la campaña egipcia nunca estuvo
destinada a ser más que una fugaz
campaña relámpago que
durara solo unos cuantos meses ».
(7) ¿De
ser así, porqué se llevó
Napoleón a decenas de académicos
y científicos? Y como quiera
que sea, ¿cómo puede algo
ser « de hecho » y solo
« probablemente » al mismo
tiempo?
Dice
«probablemente» tan a menudo
que mina por completo su libro.
Castiga a « Bonaparte
» en Egipto diciendo: «
En cuanto a Bonaparte, es imposible
decir si su falta de humanidad
era inherente, rasgo latente que ahora
había pasado a primer plano –
¿acaso el hecho de que se diera
cuenta de que Josefina le era infiel
le había vuelto incluso más
inclemente e insensible hacia su entorno?
– o si simplemente se había
vuelto inmune al sufrimiento. Había
ahora una implacabilidad a su respecto
que estaba tomando dimensiones alarmantes
» (8)
¡Y se supone que
esto es « imparcial » según
el Sunday Times de Londres!
(9)
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Es obvio que
Dwyer no ha leído las memorias de Coignet
– pues si lo ha hecho, ha ignorado totalmente
los relatos de de Coignet, testigo presencial,
acerca del comportamiento del Emperador. Asimismo,
ha ignorado el hecho de que Napoleón
abdicó en 1815 específicamente
para evitar más derramamiento
de sangre en Francia. E ignora por complete
toda la traición de los individuos arriba
mencionados y cómo Napoleón aplacó
deliberadamente su propia mano mientras otros
trataban de asesinarlo. Tampoco hayamos mención
alguna de Pitt y el Gabinete inglés que
sufragaban muchos de estos atentados contra
la vida de Napoleón. El libro de Dwyer
está tan equilibrado como un taburete
de una sola pata.
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Napoleón
con los Sabios contempla las antigüedades
de Egipto
Pintura de Maurice Orange
(1867-1916) |
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El oro británico
causó la Guerra de 1805 al ser Rusia
y Austria sobornadas para atacar a Francia.
Napoleón hizo lo imposible para evitar
al Guerra contra Prusia en 1806 y se mostró
extremamente indulgente en relación con
la duplicidad de Federico-Guillermo en lo referente
a España (10).
Pudo haber anexado todo el país entero
de haberlo deseado. Los prusianos se impusieron
luego al zar Alejandro y le convencieron de
ayudarles a prolongar la guerra hasta 1807.
La guerra era lo último que Napoleón
deseaba, particularmente en los desechos desolados
de una Polonia invernal. En el cuadro de Gros
aquí abajo, vemos las horrendas condiciones
que los ejércitos de ambos bandos debieron
afrontar. Esta era una Guerra innecesaria promovida
por la reina Luisa de Prusia y el partido beligerante.
Su endeble marido siguió dócilmente
su comportamiento bélico. En este caso,
la bella era una bestia, y cientos de hombres
fueron obligados a morir en Eylau y en Friedland.
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Napoleón
visitando el campo de batalla de Eylau
Óleo (1807) del Barón
Antoine-Jean Gros (1771–1835).
París, Museo del Louvre. |
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Napoleón
fue también increíblemente indulgente
con el zar Alejandro a pesar de que éste
respaldó a Prusia. Le trató como
a un igual, no como a un enemigo vencido. En
la pintura de Boilly « La partida de los
conscriptos » vemos el resultado directo
de todas las maquinaciones prusianas. Si los
prusianos no le hubiesen declarado la guerra
a Francia, aquellos jóvenes no habrían
sido necesitados en el campo – y muchos
de ellos no habrían sido dejados atrás
en tumbas improvisadas en el helado suelo polaco.
No obstante, todavía hoy, es a Napoleón
a quien se culpa por todas las guerras de este
periodo.
El sitio de
Internet Der Befreiungskriege (11)
habla de la « tiranía
napoleónica » y dice que «
el espíritu de la reina Luisa era poderoso
en aquellos días ». Luego cita
al poeta Korner quien escribió:
« Como
cuando un ejército, juntando sus fuerzas
Avanza con coraje en una guerra justa…
» (12)
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Partida
de los conscriptos en 1807
Óleo de Louis-Léopold
Boilly (1761-1845) |
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Busto
de Napoleón
(1806)
Jean-Antoine Houdon
(1741-1828) |
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Prusia
sembró el viento y merecidamente
cosechó los remolinos. Dicho
sitio no tendrá ninguno de ellos.
Cuando la reina Luisa murió a
la edad de 34 se añadió:
« un examen porst-mortem reveló
una extraña excrecencia en su
corazón parecida a la letra inicial
del gran conquistador corso »
(13). Junto a
ella, probablemente, como Dwyer
podría haber dicho, se hallaba
sin duda inscrito « Hecho en Prusia
» como en una barra de caramelo
de Blackpool rock (14).
Uno no tiene que defender a Napoleón
de semejantes inepcias, pues cuando
los locos le aúllan a la luna,
justamente son llamados lunáticos.
En el
busto esculpido por Houdon (a laizquierda)
vemos a un Napoleón muy diferente.
He aquí un hombre de inteligencia,
de reflexión, calma y dignidad
– el hombre detrás del
Código
Napoleónico, la Legión
de Honor, y el patrocinador de la industria
francesa y el comercio.
Así
es como Napoleón se vio a sí
mismo, no como un guerrero, sino como
un hombre de letras, de ciencia y de
las artes. De joven, Napoleón
escribió historias de amor y
artículos políticos. No
nació con una espada de plata
en la boca.
En contraste,
podemos ver una caricatura británica
(abajo) del Emperador que data del tiempo
en que fue a Elba después de
su abdicación. La diferencia
del Napoleón real es absoluta.
El establishment británico
adoraba verlo satirizado de tal forma.
De hecho, fue el primer
ministro inglés William Pitt
quien se comportó como un loco,
conservando su propio hígado
con vino de Oporto, a tal grado que
tuvo una muerte prematura; Charles James
Fox, quien derrochó cientos de
libras en apuestas; y Canning y Castlereagh
que hicieron el ridículo enfrentándose
en un duelo. Entretanto, Jorge III estaba
espumeando por la boca y hablándole
a los árboles, mientras sus dos
gordinflones hijos, derrochadores y
fodongos, lo ponían en ridículo
en sus clubs en Londres…
(15)
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Napoleón
amaba a sus parientes, cuidó mucho
de sus hermanos, recompense a sus amigos
de la infancia, y solo comía y
bebía con extrema moderación
– sus almuerzos difícilmente
duraban quince minutos. Se ganó
su alta posición y el respeto con
trabajo duro y enfrentándose a
múltiples peligros. Los demás
monarcas de Europa no hicieron nada para
dejar de ser los locos torpes, débiles,
ineficaces, pasados de peso y amantes
de los placeres que sin duda eran. Enseguida
(abajo) está el resultado –
su peor pesadilla – Napoleón
en gloria.
El retrato
de Ingres exuda competencia y autoridad,
es el Hombre del Destino entronizado.
Después del caos, la anarquía
y el derramamiento de sangre de la revolución,
Napoleón supo que la estabilidad
debía ser restaurada en Francia.
Se permitió a los campesinos, los
mercaderes y los comerciantes conservar
la tierra y los beneficios que les habían
llegado a causa de los transtornos sociales,
mientras que al mismo tiempo, la antigua
jerarquía fue reemplazada con nuevos
honores y títulos ganados por medio
del mérito. Cada soldado llevaba
un bastón [de mariscal] en su mochila
y alguien como Coignet, desesperadamente
pobre cuando era un niño campesino,
era capaz de alcanzar a la larga una posición
en el personal del Emperador. Tal posibilidad
de ascenso social no tenía precedentes
en ninguna parte de Europa en aquel tiempo.
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La
jornada de un héroe moderno
a la isla de Elba
Caricatura inglesa
de la época por J. Philipps. |
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Napoleón
I en el Trono Imperial
Jean-Auguste-Dominique
Ingres, 1806 (Museo de
Los
Inválidos)
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No es de sorprender
que los campesinos de la pintura de Boilly (abajo)
estén siguiendo ansiosamente las hazañas
de la Gran Armada. Dicho en una frase del primer
ministro británico Macmillan, en 1959,
la cosa nunca « se les presentó
mejor ».
Napoleón fue su protector. Cuando cayó
del poder muchos emigrados regresaron como una
horda de langostas, esperando recuperar todo
el poder y los privilegios que habían
perdido durante el tumulto de la Revolución.
Y los soldados sufrieron la miseria del Terror
Blanco y una vida de medio-sueldo si tenían
suerte. (16) Francia perdió
su gloria al sur del Loira, después de
Waterloo en 1815, cuando Davout falló
no dejando que el restaurado ejército
francés se encargase de las fuerzas dispersadas
de Blücher y Wellington. (17)
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La
lectura del 10º y 11º boletines
de la Gran Armada (1806)
Acuarela de Louis-Léopold
Boilly (1761-1845) |
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Luis
XVIII (detalle)
Óleo de Robert Lefèbvre
(1755-1824) |
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En lugar de Napoleón,
el pueblo francés vio el regreso
de Luis XVIII, con todos sus 145 kilos.
Cual luchador retirado de sumo traído
para un último combate, fue llevado
en el tren de bagajes del ejército
de Wellington a las puertas de París.
Hasta el Duque de Hierro dijo que tenía
un cierto olor personal muy suyo. ¿Era
eso lo que el pueblo francés
quería tras veinticinco años
de contienda civil, guerras y amenazas
externas?
Él y su execrable
hermano d’Artois no daban un bledo
por « su pueblo ».
Mientras el derecho
divino fue ayudado por el poderío
inglés, holgazanearon del otro
lado del canal de la Mancha, huéspedes
privilegiados de una clase dirigente
privilegiada, hasta que pudieron deslizarse
a través de las aguas grises
y volver a Francia como si nada hubiera
pasado durante su ausencia.
Es una maravilla que
la memoria de Napoleón subsistiera
en los corazones y en las mentes de
la nación francesa. El hombre
del pueblo, para el pueblo, y que luchó
por el pueblo, fue y sería por
siempre, su Emperador.
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Bonaparte
en el puente de Árcole
Óleo del Barón Antoine-Jean
Gros (1771–1835) |
NOTAS
* Cita latina
tomada de The pioneers, Time-Life Books
(1974) p.147
1. El sultán
Tippoo-Sahib era el gobernante de Misora. Fue
asesinado en 1799 defendiendo su capital de la
Compañía de las Indias Orientales
Británicas y sus aliados.
2. Philip Dwyer: Napoleon p. 402
3. El sitio de Acre por Napoleón en 1799
fracasó porque los ingleses, bajo el mando
del comodoro Sidney Smith, controlaban el mar.
Smith capture la artillería de sitio francesa
y le dio a los defensores suministros y artilleros.
4. El complot de la « máquina infernal
» de Cadoudal de 1800 causó la muerte
de muchos transeúntes inocentes. Fue organizado
por el hermano menor y heredero de Luis XVIII,
el conde de Artois, cuya sociedad secreta Chevaliers
de la Foi (« Caballeros de la Fe »)
arreglaron éste acto de terrorismo. Artois
fue pagado en secreto con oro británico
suministrado por una camarilla en el Gabinete.
Nunca se le informó al Parlamento. Ver
de David Hamilton-Williams: The fall of Napoleon
(1994) pp.302-308.
5. Michel Franceschi y Ben Weider: The wars
against Napoleon (« Napoleón,
defensor inmolado de la paz » (2008)
p.13
6. Dwyer op.cit., p.391
7. Ibid., p.400
8. Ibid., p.422 (itálicos del autor).
9. El Sunday Times es citado en el dorso
de este libro: « Remarkable… Even-handed
and authoritative, this fascinating and highly
enjoyable book will be an eye opener even to those
who think they know the subject well. »
Por partes es un despotrique altamente soslayado
contra Napoleón.
10. Ver el excelente artículo de Jean-Claude
Damamme « La
campaña de Prusia, 1806 – La guerra
que Napoleón no quiso »
en este sitio.
11. Der
Befreiungskriege 1806 – 1813 en
el enlace.
12. Ibid., supra en la sección: The
Mobilization and Tales of Self-sacrifice.
13. Ibid., supra arriba en la sección:
The Story and Tragic Loss of Prussia’s
Queen Louise.
14. En Gran Bretaña, roca costera (una
barra de caramelo) tiene el nombre del pueblo
específico a todo lo largo.
15. Ver J. B. Priestley: The prince of pleasure
and his Regency 1811-20 (1969) para conocer
las hazañas del Príncipe Regente.
Su padre Jorge III perdió las colonias
americanas a causa de su arrogancia y de su negativa
de ser conciliador. Podría decirse que
la existencia de una nueva nación bajo
« libertad » condujo directamente
a la revolución francesa – y subsiguientemente
a Napoleón.
16. Ibid., supra.
17. Jean-Roch Coignet: Captain Coignet
(1850) Leonaur (2007) p. 279.
BIBLIOGRAFÍA
1. Jean-Roch Coignet: Captain Coignet
(1850) Leonaur (2007)
2. Philip Dwyer: Napoleon (2007)
3. Michel Franceschi y Ben Weider: The wars
against Napoleon (« Napoleón,
defensor inmolado de la paz » (2008)
4. David Hamilton-Williams: The fall of Napoleon
(1994)
5. J. B. Priestley: The prince of pleasure
(1969)
6. The pioneers, Time-Life Books (1974)
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