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EL
IMPROBALE HÉROE-NAPOLEÓN
DE INGLATERRA |
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Buonaparte,
la bestia monstruosa
Caricatura de propaganda apocalíptica
inglesa de James Girtin, que
asimila a Napoleón
al anticristo (detalle). |
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|
Por
el Señor |
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John
Tarttelin
Representante
del Instituto Napoleónico México-Francia
en Inglaterra |
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| Sr.
John Tarttelin |
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Traducción del Instituto Napoleónico
México-Francia ©
Esta página está disponible
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la fuente completa y su dirección
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Dedicado a la memoria del
Emperador Napoleón
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« Es un
buen compañero, que no merece su destino
».
(Tripulación del HMS Northumberland)
Cuando
de sus historiadores se trata, la nación
que generó a Shakespeare precisa ser
tratada con precaución. El primer principio
cuando se lee una historia inglesa referente
a la Francia napoleónica debería
ser: « ¿Acaso lo que veo aquí
es un pavoneo? »
Dan por hecho,
casi por definición, que la causa inglesa
siempre era justa y recta y que Napoleón,
un francés, no, ni siquiera eso, un mero
corso, era un belicista inveterado y un perdedor
que patear, indigno de abrocharle los zapatos
al duque de Wellington. Puesto que Wellington
lo derrotó en Waterloo, el tío
debe haber sido de un muy mal tipo desde el
inicio. Muchos de los testimonios siguientes
provienen de historiadores y observadores ingleses
hostiles. No obstante, a menudo dicen mucho
más de lo que ellos mismos se dan cuenta.
En 1900 Lord
Rosebery escribió: « En Inglaterra
su nombre era sinónimo para el autor
de todo lo maligno. Él era, en efecto,
en nuestro juicio nacional, un diablo siete
veces peor que los demás. Pero entonces
no sabíamos nada de él »
[itálicos por el autor de este artículo]
(1) Esta, en pocas palabras,
es la razón por la que hay tantos comentarios
sardónicos sobre Napoleón incluso
hoy en día.
El Apéndice
en la obra de Rosebery « The Last Phase
» es mucho más revelador y comprende
comentarios de gente que de hecho conoció
al Emperador. El capitán Maitland escribió:
« Napoleón Buonaparte, cuando vino
a bordo del Belerofonte el 15 de Julio de 1815...
era un hombre remarcablemente fuerte, bien constituido,
de unos cinco pies y siete pulgadas de altura...
» (2)
¿Cinco
pies con siete pulgadas? ¡Pero todos sabemos
que Napoleón era «pequeño»!
En realidad, no lo era, estaba por encima de
estatura promedio de su tiempo. La razón
por la que obtuvo su apodo de El Pequeño
Cabo era porque solo a los hombres más
altos se les permitía convertirse en
granaderos y hombres de la Guardia. Por otro
lado las medidas francesas no eran las mismas
que las británicas, y un pie francés
era más grande…
Maitland continúa:
« Sus modales eran en extremo agradables
y afables; se unió a toda conversación,
relató numerosas anécdotas, y
procuró en todas las formas, promover
el buen humor: incluso toleraba de parte de
quienes le servían una gran familiaridad;
y entre ellos vi a una o dos instancias contradecirle
en los términos más directos,
aunque de manera general le trataban con mucho
respeto ». (3)
Sin embargo
Rosebery declara: « [Napoleón]
no tomaba en cuenta ni recibía asistencia
en cuestión de consejos, ya que sus ministros
eran números » (4).
Napoleón ciertamente escuchó a
Talleyrand tempranamente, tal vez demasiado
– ya que el caso
del Duque de Enghien fue echado a andar
a instancias de ese cura apóstata que
era (5) Fouché
y Talleyrand le prodigó « consejos
» a todo el mundo.
No solo a Napoleón, sino al zar, a los
borbones y a los británicos. Todos ellos
le dieron vuelo a sus maquinaciones y traiciones
a lo largo de todo el reinado de Napoleón.
De haber sido
el dictador maligno que a menudo se
le acusa de ser, los habría mandado fusilar
a ambos. En Santa
Helena lamentará el no haberlo hecho.
Simples números, esos dos ciertamente
no lo eran. El mismo Rosebery concede que: «
para emplear un vulgarismo común, no
era, creemos, tan negro como se le pinta ».
(6)
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Charles-Maurice
de Talleyrand-Périgord
(1754-1838)
Retratado en 1815 por Alexi
Nicolas Noël. |
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Joseph
Fouché, duque de Otranto (1763-1820)
Ministro de la policía
general, retrato tardío por
un autor anónimo. |
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El
duque de Enghien (1772-1804)
Príncipe de
la Casa de Borbón.
Retrato al pastel de la
época; escuela francesa. |
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Maitland ilumina
a Napoleón aún más cuando
dice: « poseyó en un grado maravilloso,
una facultad de dar una impresión favorable
a aquellos con quienes entablaba una conversación:
me pareció que esto se lograba canalizando
el tema hacia asuntos que él suponía
eran bien conocidos por la persona a la que
se dirigía, y de los cuales él
mismo podía sacar ventaja ».
(7)
Rosebery dice:
« era, puede alegarse con justicia, indulgente
y afectuoso con su familia, particularmente
en sus primeros, sus mejores años; obediente
con su madre; generoso con sus amigos de juventud
». (8)
En « Swords
Around a Throne » (« Espadas
en torno a un trono », 1988), John
Elting escribió que Napoleón nunca
olvidó a alguien que hubiera sido amable
o con él o que le hubiera ayudado. Ese
es el porqué Talleyrand vivió
hasta llegar a Viejo. A pesar de sus múltiples
traiciones, y que el Emperador le vejara llamándole
«… mierda
en una media de seda » (9)
– Napoleón nunca olvidó
su temprana amistad (10).
Incluso Rosebery
tiene que admitir que: « Napoleón
era con toda certeza grande. Además de
esa chispa imposible de definir que llamamos
genio, representa una combinación de
intelecto y energía que nunca habían
sido igualadas, nunca, ciertamente, rebasadas
» (11).
Y el noble Lord va más allá y
cita a otro de su clase, Lord Dudley: «
Ha echado la duda sobre toda gloria pasada;
ha vuelto todo futuro renombre imposible »
(12). Alabanza en efecto
de la tierra de sus supuestos enemigos inveterados.
El Apéndice
también muestra la cruenta realidad del
aprisionamiento de Napoleón en Santa
Helena y su rápido decaimiento físico
subsecuente. El 31 de Julio de 1815, Bunbury
lo describe: « Napoleón parece
medir unos cinco pies con seis pulgadas de altura...
El carácter general de su aspecto era
grave y casi melancólico; pero ninguna
huella de severidad o de pasión violenta
podía permear. Rara vez he visto un hombre
de una hechura más fuerte, o más
propia a soportar la fatiga » (13).
El 25 de junio
de 1816, Lady Malcolm declara que estaba: «
sorprendida por la generosidad de su expresión
tan contraria a la ferocidad a la que se había
esperado. No vio huella alguna de gran habilidad;
su apariencia parecía indicar más
bien gentileza... » (14).
Una interesante observación. Sin duda,
habiendo oído tanto sobre el «
Ogro corso », estaba sorprendida de hallar
que éste era humano después de
todo.
El 1º de
septiembre de 1817, Henry pinta una triste imagen
del declive del Emperador caído: «
Los rasgos me recordaron instantáneamente
las imágenes impresas que había
visto de él. Globalmente, su apariencia
general era más la de un obeso fraile
español o portugués, que la
del héroe de los tiempos modernos...
Un prestigio fascinado, que habíamos
abrigado toda nuestra vida, se desvaneció
entonces como una telaraña al sol. El
gran Napoleón se había fundido
en un antiestético y obeso individuo;
y en vano buscamos esos abrumadores poder de
la mirada y fuerza de expresión, que
los que habíamos aprendido a esperarnos
en virtud de una engañosa imaginación
» (15) [itálicos
del autor].
| Ahora
sabemos, gracias a los trabajos de Ben
Weider y de Sten
Forshufvud, que Napoleón estaba
siendo envenenado
con arsénico por Montholon.
Tal vez su insidioso progreso es ya evidente
aquí, puesto que la obesidad es
uno de los síntomas de este tipo
de envenenamiento (16).
John Bowle
(1973) (17), que
dice que Napoleón fue el primero
de los dictadores modernos, cita a Nelson
en 1805: « Nunca la probabilidad
de una monarquía universal estuvo
más cerca de realizarse que en
la persona del corso » (18).
Para Nelson, responsable de la masacre
de los republicanos de Nápoles,
sólo la monarquía universal
británica era la apropiada
(19).
Bowle,
otro critico hostil, comenta a propósito
de la afabilidad personal de Napoleón
que: « Su encanto, cuando lo ponía
en práctica, era aparentemente
irresistible; puesto que cuando estuvo
en manos de sus captores insulares británicos
en el HMS Belerofonte, y de la oligarquía
británica, éstos tuvieron
que cuidar que no conociera e hipnotizara
al príncipe regente. Esta fascinación
pronto cautivó al neurótico
zar Alejandro... » (20).
Elizabeth
Longford, (21) que
escribió la introducción
para el libro de Bowle expone: «
No puede haber nada sino agradecimiento
por Waterloo » (22).
Una observación ligeramente despreocupada
por decir lo menos. Si los Aliados hubiesen
aceptado la paz en los términos
propuestos por Napoleón a su regreso
de Elba, frente a las frenéticas
aclamaciones populares en Francia, no
habría habido necesidad de guerra.
Posteriormente, el Terror Blanco desencadenado
por órdenes directas de Lord Liverpool,
el primer ministro inglés, ocasionó
los asesinatos por mandato judicial de
decenas de soldados franceses y seguidores
de Napoleón. Eso no es nada de
lo que podamos alardear. (23)
|
 |
Alejandro
I, Zar de todas las Rusias (1777-1825)
Retrato anónimo
anterior a 1825. |
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|
Tampoco lo es
el efecto que produjo en el país Luis
XVIII, llevado de vuelta a Francia por su héroe,
el mismísimo e ilustre duque de Wellington,
sin mencionar el suscitado por su aterrador
hermano d’Artois, el futuro Carlos X.
Cientos de personas fueron asesinadas en Francia
después de Waterloo, y Wellington, quien
como comandante en jefe de los ejércitos
aliados hubiera podido hacer algo para evitarlo,
no hizo absolutamente nada. (24)
La gran dama
continúa – después de la
degradación de la Francia napoleónica
puede darse el lujo de ser « generosa
»:
« No obstante,
el magnetismo del Emperador era tan cautivador
que los Whigs ingleses consideraron a Europa
afortunada de estar en manos tan rapaces y bajo
tan pesadas botas. Lloraron cuando abdicó,
le enviaron obsequios y embellecieron sus casas
con su busto » (25).
Longford no dice nada acerca de los ciudadanos
británicos echados de su propio país
por botas aristocráticas y enviados a
Australia, meramente por cuestionar el mandato
de sus ignorantes, egoístas señores
(26).
Cuando fue primer
ministro, Wellington se opuso a toda reforma
y era indiferente al apremio de los que estaban
abismados en la depresión económica.
Como resultado, el pueblo se sublevó
frente a Apsley House, su residencia en Londres,
y reventaron las ventanas. El público
quería darle a Welllington – un
botazo.
El sitio Internet
de Downing Street dice: « Defendió
el mandato de la élite y se negó
a expandir la franquicia » (27).
Wellington consideró al hombre común
con desprecio durante toda su vida.
 |
Carlos Felipe de Francia (1757-1836)
Conde de Artois, futuro
rey Carlos X de Francia. Retrato
por Danloux. |
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|
Christopher
Lee le clava los colmillos a Napoleón
en « Nelson and Napoleon »
(2005). La sobrecubierta de su libro
habla de « la megalomanía
de Napoleón para invadir Inglaterra
», lo cual da bastante bien el
tono de la obra (28).
No hay mención alguna de los
múltiples atentados de contra
su vida financiados por Londres ni de
la ayuda dada por el gabinete inglés
a d’Artois para fomentar los complots
de éste. Napoleón tenía
el derecho de considerar el gabinete
poco más que Brittunculi
– despreciables britaniquillos
en una frase romana – porque incluso
durante el Tratado de Amiens, estas
conspiraciones continuaron. (29)
Lee
afirma que: « Nelson era un héroe
perfecto: brillante, anti-establecimiento,
romántico y – sobre todo
– victorioso, especialmente en
la muerte... » (30).
En términos de hechos históricos,
Nelson era un hombre de una arrogancia
consumada – incluso para los británicos
de aquel tiempo. A pesar de tener en
sus brazos a una mujer de otro hombre
– Emma Hamilton – se enfurecía
cuando la pareja no era aceptada por
la sociedad educada. Más que
interesado en la persecución
de botines provenientes de navíos
capturados, Nelson tenía una
ficha en ambos hombres – podría
haber jugado toda la noche en Las Vegas
sin problema alguno (31).
No bastante,
incluso Lee tiene que admitir que: «
la pelea empezó porque el resto
de Europa, Inglaterra incluida, creyó
que Bonaparte podía – y
probablemente hubiera – exportado
la Revolución ». Y habla
de « la arrogancia propia del
siglo dieciocho y de los británicos
de aquel tiempo, quienes creían
por sobre todo en el « don divino
» del protestantismo. Todos aquellos
que no fueran protestantes eran, por
simple definición, de segunda
clase. Las ideas de Napoleón
de una sociedad laica encajaban fácilmente
en esta presunción británica
» (32).
|
En lo que toca
a la élite inglesa, aquí está
la evaluación del propio Lee: «
la clase gobernante era una pequeña sociedad
de parientes sacados principalmente de la aristocracia
en un tiempo en que los escaños parlamentarios
eran comprados, vendidos y poseídos
por la misma aristocracia » [itálicos
del autor] (33). En esto,
está sin duda en lo correcto.
También
comenta acerca del ofrecimiento de paz de Napoleón
a los ingleses: « algunos han visto la
carta que escribió el 2 de enero de 1805
como una oferta de paz. ¿Pero lo era
realmente? » (34).
Napoleón escribió:
« Si Vuestra Majestad
misma quiere pensar en ello, verá que
la guerra es sin objetivo, sin ningún
resultado presumible para Ella. ¡Qué
triste perspectiva hacerse batir a los pueblos
tan solo por que se batan! El mundo es lo bastante
grande para que nuestras dos naciones puedan
vivir en él » (35).
¿No suficientemente justo en partes iguales?
He aquí fuerte apoyo para la tesis de
Franceschi y Weider en « Napoleón,
defensor inmolado de la paz »
(2008) en el sentido de que no importa cuánto
lo intentara, los ingleses no aceptarían
la paz (36). Fue la negativa
inglesa de dejar Malta, a pesar de que así
se había acordado en el Tratado de Amiens,
lo que llevó a la guerra renovada. ¿Por
qué tendríamos que ser tan cínicos
acerca del ofrecimiento de Napoleón?
(37)
El tratado de
Amiens fue bienvenido tanto por los británicos
como por el pueblo de Francia. Los turistas
fluyeron por bandadas a través del Canal
en ambas direcciones. Frank McLynn nos dice:
« la opinión pública inglesa
demandaba paz » (38).
Esto a pesar de la campaña oficial en
los medios de comunicación británicos
en contra de Napoleón. McLynn añade:
Napoleón también levantó
la cuestión de las viles caricaturas
de propaganda contra su persona que se imprimían
en los periódicos ingleses, retratándolo
como un tirano y un ogro. The Morning Post
acababa de describirlo como “un ser imposible
de clasificar, medio africano, medio europeo,
un mulato mediterráneo”. En las
caricaturas se le representaba usualmente como
un pigmeo con una enorme nariz » (39).
Solo se trataba de la así llamada élite
británica que quería seguir con
la guerra contra Napoleón, y se esforzaba
por acarrear al público por medio de
semejantes diatribas tan patéticas y
racistas.
 |
Tratado
de paz firmado en Amiens
el 24 de marzo del año
X
Gracias
a este tratado, el Primer
Cónsul logra restablecer
la paz en el continente
después de más
de una década de
guerras. Por
desgracia, Inglaterra
reiniciaría las
hostilidades. Grabado
de Le Beau según
Nodet.
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|
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El
coronel Lauriston es llevado
en triunfo por el pueblo
de Londres en octubre
de 1801
Ayuda de campo de Napoleón
en Marengo, Lauriston
fue el encargado de llevar
a Inglaterra la ratificación
de los preliminares de
paz. Dibujo de F. Phillipoteaux.
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El libro de
John Strawson « The Duke and the Emperor
» (1994) es una proeza en cuanto a la
destrucción del personaje se refiere:
Wellington camina sobre el agua, mientras Napoleón
es una criatura del abismo (40).
Strawson opina: « El hecho es que, como
Wellington supuestamente dijo del Emperador,
“el tipo no era realmente un caballero”.
Wellington lo era con toda certeza. Este contraste
en los personajes era absoluto. Napoleón
era traicionero, desleal, amoral, un tramposo,
un mentiroso y un pendenciero – propio
para estratagemas de traición y expoliaciones.
Sus únicos límites eran sus propios
poder de voluntad, egocentrismo y ambición
» (41).
Considerando,
después de semejante objetividad, que
el escritor “no es realmente un historiador”,
uno puede comparar el regreso de Napoleón
de Elba, bajo una abrumadora aclamación
popular, a Wellington escondiéndose en
Apsley House mientras sus ventanas estaban siendo
quebradas por las masas furiosas.
Strawson prosigue
con una presuntuosa parcialidad: « esta
diferencia en la educación se reflejaba
en cierta medida en los ejércitos que
los dos hombres comandaban. La Gran Armada estaba
llena de soldados de primera clase, pero no
muchos de ellos eran caballeros... El ejército
británico por el otro lado estaba dirigido
por caballeros y muchos de ellos eran excelentes
soldados » (42).
¿Entonces
por qué los ingleses abandonaron a sus
mujeres y niños durante la retirada de
Moore hacia la Coruña? (43).
Para Strawson, ser un « caballero »
es la piedra de toque de todo. Parece no solo
estar escribiendo sobre siglo XIX, sino viviendo
en él.
 |
Arthur
Wellesley, primer duque de Wellington
(1769-1852)
Cuadro de Sir Thomas
Lawrence. |
|
|
Luego
Strawson mina su propio caso completamente.
¿Cómo ven al usurpador
corso sus captores británicos?:
« el Capitán Maitland,
bajo cuya escolta Napoleón zarpó
de Rochefort hacia Inglaterra en
Julio de 1815, registró su sentimiento
de que “si la gente de Inglaterra
le conociera tan bien como nosotros,
no tocarían un cabello de su
cabeza”. Estos sentimientos encontraron
eco nuevamente en los hombres del Northumberland
quienes, durante el viaje a Santa
Helena, tuvieron todas las oportunidades
de estudiar a su célebre pasajero:
“es un buen compañero,
que no merece su destino” ».
(44)
Esos
hombres conocieron a Napoleón
y hablaron con él, por ello,
el propio despotrique de Strawson al
inicio de su libro es aún más
inexcusable. De hecho, cuando Napoleón
llegó a Torbay y luego, a Plymouth,
el público británico se
dirigió en hordas para llevarse
un vistazo de él. Muchos lo ovacionaron.
McLynn dice que fue « la sensación
del momento... su única carta
era la opinión pública
y la habilidad legal de sus partidarios
británicos » (45).
Pero el corrupto Establecimiento dio
instrucciones al almirantazgo para que
ordenase al Northumberland izar velas
antes de que Napoleón tuviera
la más mínima oportunidad
de poner un pie fuera. Su destino estaba
sellado (46).
Entre
tanto, Byron cantaba sus loores y castigaba
al duque: « Wellington es el cachorro
de la fortuna pero ésta nunca
lo lamerá lo suficiente para
darle buena forma... la victoria nunca
antes fue echada a perder en un suelo
tan imposible de aprovechar, como esta
colina de estiércol de tiranía...
» (47).
La manera de ver de Strawson, de que
Wellington era un mejor hombre que Napoleón,
es completamente destruida en su propio
libro, en cuyo final mismo declara:
« Para Napoleón, el gran
jugador, el apostador gigantesco, el
águila voladora, hay un tributo
menor. Fue un César moderno,
y dominó al mundo como un coloso.
Cuando leemos o escribimos sobre él
hoy en día, todavía lo
hace ». (48)
|
En Inglaterra,
cuando Napoleón murió, Sir James
Mackintosh señaló: « Qué
sensación hubiera tenido este evento
hace nueve años y qué sensación
hará en novecientos años ».
Y añadió: « De todos los
grandes conquistadores Napoleón es el
más remarcable » (49).
Sir Robert Wilson,
previamente uno de los más acérrimos
enemigos del Emperador, se puso de luto cuando
vio un letrero en los muros de Londres apelando
a todos los que admiran el talento y el valor
en la adversidad para que honrasen « esta
muerte prematura » (50).
¿Quién
entonces, como ahora, es la medida de todas
las cosas? Napoleón. Incluso sus detractores,
Bowle, Lee, Longford, Strawson y todos, pitch
a Wellington y a Nelson contra él como
si, a semejanza de los indios americanos del
siglo XIX, creyesen que entre más grande
es el enemigo más lo son sus propios
héroes también. Napoleón
fue el hombre del siglo. No solo era un soldado,
fue el soberano de un imperio, un legislador,
un escritor, un visionario, un aventurero y
un romántico que instituyó personalmente
todo el campo de la egiptología.
No volveremos a ver a alguien como él
nunca jamás.

NOMBRES
IMPORTANTES
En orden de aparición en este artículo
|
1)
NAPOLEÓN (1769-1821)
Nacido en Córcega,
educado en Francia. Exitoso
general y luego emperador
en 1804. Se enfrentó
a una implacable oposición
de parte del gobierno inglés
y los monarcas de Europa,
que defendían su Derecho
Divino, dado por Dios, para
reinar. Fue forzado a abdicar
en 1814 y exiliado a la isla
de Elba. Su regreso a Francia
en 1815 fue muy popular, pero
después de que sus
aperturas de paz fueran rechazadas,
fue vencido en Waterloo en
1815. Fue deportado a Santa
Helena, donde fue envenenado.
2)
WELLINGTON (1769-1852)
combatió a los franceses
en la guerra peninsular española.
Junto con los prusianos comandados
por Blücher, derrotó
a Napoleón en Waterloo.
Primer Ministro de 1828 a 30.
Se opuso al proyecto de ley
de reforma 183 1-32. Fue un
aristócrata que creyó
en el poder en manos de una
élite.
3)
CAPITÁN FREDERICK MAITLAND
(1777-1839) Comandó
el navío británico
EMS Belerofonte — “Billy
el rufián” —
a bordo del cual Napoleón
zarpó de Rochefort a
Inglaterra en julio de 1815.
4) TALLEYRAND (1754-1838) Partidario
temprano de Napoleón,
convirtiéndose en su
primer ministro pero traicionándolo
enseguida. Entregó París
a los Aliados en 1814, lo cual
llevó a Napoleón
a la abdicación. Ayudó
a los Aliados en el Congreso
de Viena en 1815 contra Napoleón
en Francia.
5)
DUQUE DE ENGHIEN (1772-1804)
Príncipe Borbón
a sueldo de de los ingleses.
Sospechoso de complotar para
asesinar a Napoleón,
Talleyrand y Fouché arguyeron
en favor de su arresto. Fue
ejecutado por fusilamiento en
1804 por subordinados que rebasaron
sus facultades antes de que
Napoleón tuviera la oportunidad
de perdonarlo — como hizo
con tantos otros. Desde entonces,
Napoleón ha sido culpado
personalmente de esta debacle.
6) FOUCHÉ (1759-1820)
Cómplice de Talleyrand
y traidor notorio. Como jefe
de policía de Napoleón,
tenía agentes dobles
– e incluso triples –
a su entera disposición.
Traicionó a Napoleón
después de Waterloo en
1815. Maestro de la duplicidad
y la mentira, su única
lealtad era la que tenía
para sí mismo.
7) ZAR ALEJANDRO (1777-1825)
Indeciso, místico líder
ruso que probablemente estuvo
implicado en la muerte de su
padre el zar Pablo — un
aliado de Napoleón. Cayó
bajo el encanto de Napoleón
en Tilsit, en 1807, pero pronto
se volteó contra él.
La Guerra de 1812 llevó
a Napoleón a la desastrosa
retirada de Moscú.
8)
LORD LIVERPOOL (1770-1828) Primer
ministro británico de
1812 a 27. Tras Waterloo, insistió
en la realización de
una retaliación punitiva
contra los partidarios de Napoleón
en lo que se conoce como “el
Terror Blanco”. Muchas
ejecuciones fueron perpetradas.
9) LUIS XVIII (1755-1824)
Hermano menor de Luis XVI de
Francia, este Borbón
de 155 kilos volvió a
París en los furgones
de los Aliados — dos veces,
en 1814 y en 1815. Gobernante
ineficaz que probó que
los borbones no habían
entendido nada, ni olvidado
nada.
10) D’ARTOIS (1757-1836)
Uno de los más odiosos
personajes de la historia de
Francia. Hermano menor de Luis
XVIII, conocido como “Monsieur”,
futuro Carlos X. Su grupo terrorista
“Chevaliers de la Foi”
(“Caballeros de la Fe”)
conspiró y organizó
innumerables atentados contra
la vida de Napoleón.
Se presume que él comanditó
y patrocinó el envenenamiento
con arsénico de Napoleón
en Santa Helena.
11)
NELSON (1758 -1805)
La gran Victoria en Trafalgar,
en 1805, y su gloriosa muerte,
hicieron de él un héroe
inglés, aunque en su
vida privada era un hombre de
una gran arrogancia. También
ordenó con sangre fría
la ejecución de los rebeldes
republicanos de Nápoles
en 1799.
12)
SIR JOHN MOORE (1761-1809) General
británico que combatió
en la Península española.
Fue echado de España
por Napoleón y murió
en La Coruña en 1809.
Sus hombres escaparon, después
de dejar a sus mujeres y niños
detrás de ellos…
Por orden del Emperador, los
soldados franceses los enviaron
de vuelta a Inglaterra ilesos
y alimentados.
13)
BYRON (1788-1824) Famoso
poeta inglés. Napoleón
era su héroe. Detestaba
a Wellington y ridiculizó
a Castleragh, el primer ministro
británico. Murió
luchando por la independencia
de Grecia en 1824.
14)
SIR JAMES MACKINTOSH (1765-1832)
Historiador, filósofo,
doctor en medicina, y autor
británico autor de “Vindiciae
Gallica”, reflexiones
sobre la revolución francesa.
15)
SIR ROBERT WILSON (1777-1849)
General británico que
peleó junto con los rusos
contra Napoleón en 1812.
No obstante, durante el Terror
Blanco, se expresó en
contra del asesinato de bonapartistas,
siendo por ello encarcelado
durante tres meses por Luis
XVIII. |
|
BIBLIOGRAFÍA
BERNARD, J.F.: TALLEYRAND:
A BIOGRAPHY (1973)
BOWLE, JOHN: NAPOLEON (1973)
COIGNET, JEAN-ROCH: CAPTAIN COIGNET
(2007)
ELTING, JOHN R.: SWORDS AROUND A THRONE
(1988)
FRANCESCHI, MICHEL & WEIDER, BEN: THE
WARS AGAINST NAPOLEON (2008)
HAMILTON-WILLIAMS, D.: THE FALL OF NAPOLEON
(1994)
HAPGOOD, D. & WEIDER, B.: THE MURDER
OF NAPOLEON (1982)
LEE, CHRISTOPHER: NELSON AND NAPOLEON
(2005)
MARTINEAU, GILBERT: NAPOLEON’S LAST
JOURNEY (1976)
McLYNN, FRANK: NAPOLEON (1997)
ROSEBERY, LORD: NAPOLEON THE LAST PHASE
(1900)
STRAWSON, JOHN: THE DUKE AND THE EMPEROR
(1994)
NOTAS:
(1) Lord Rosebery
“Napoleon The Last Phase”
(1900) p.247.
(2) Ibid, p.253. La talla exacta del
Emperador Napoleón era de 1m 69cm.
(3) Ibid, p.253.
(4) Ibid, p. 241.
(5) El General Michel Franceschi: “El
caso del duque de Enghien: una maquinación
contra Napoleón” (2005) cita
al secretario de Napoleón, Menevál,
en la página 28:
“Estoy convencido – escribió
– de que Napoleón, suficientemente
confortado por la humillación que le
había infligido a sus enemigos frustrando
su plan, se hubiera inclinado hacia la piedad
y habría perdonado la vida al príncipe”.
(6) Lord Rosebery op.cit. p 248. .
(7) Ibid, p.253.
(8) Ibid, p.249.
(9) J.F. Bernard: “Talleyrand: A Biography”
(1973) p 13.
(10) Lord Rosebery op.cit. p. 249 dice:
“El Sr. de Rémusat fue testigo
en 1806 de una escena de una emoción
casi histérica e insostenible cuando
Napoleón abrazó a Talleyrand y
a Josefina, declarando que era duro separarse
de las dos personas que uno más amaba;
y, totalmente incapaz de controlarse, cayó
en fuertes convulsiones”.
(11) Ibid, p.252.
(12) Ibid, p.252.
(13) Ibid, pp. 254-255.
(14) Ibid, p.255.
(15) Ibid, p.256.
(16) Ver de Ben Weider y David Hapgood “The
Murder of Napoleon” (1982).
(17) John Bowle: “Napoleon”
(1973)
(18) Ibid, p. 12.
(19) Ver la reseña de Roger Knight sobre
“An Admiral with a Star Quality”
por Matthew Nicholls (2005) en la página
www.oxonianreview.org/issues/5-1/5-lnicholls.html
: “su en extremo apresurada ejecución
de rebeldes napolitanos en 1799, y especialmente
el ahorcamiento del italiano Caracciolo, echaron
una gran sombra sobre su carrera, “paralizando”,
como lo expresó un contemporáneo,
“toda la energía y celo que lo
distinguían en toda otra ocasión”.
(20) John Bowle op.cit. p. 17.
(21) Ibid, p.7.
(22) Ibid, p 7 Longford también
critica aquí la “aversión
de las multitudes” de Napoleón,
un rasgo que Wellington por supuesto compartía.
Aún así, Napoleón tenía
el “toque común” con sus
soldados mientras que Wellington era altivo
y distante con sus hombres.
(23) En su libro “The Fall of Napoleon”
(1994) pp. 261-262, David Hamilton-Williams
cita una carta de Lord Liverpool a Luis XVIII:
“La abstención manifestada en el
momento presente no puede ser considerada de
otra forma que de debilidad, y NO de piedad…
¡qué peligros no pueden ser temidos
de parte de cuarenta mil oficiales desempleados
— hombres de fortunas desesperadas, y
que poseen una amplia proporción del
talento y energía del país! Un
severo ejemplo hecho de los conspiradores que
trajeron de vuelta a Buonaparte podría
por sí solo tener un efecto contrarrestando
esos peligros.”
Hamilton-Williams añade en la p. 262:
“Se verá claramente por estas cartas
que en opinión de Liverpool, solo un
torrente de terror, ejecuciones y encarcelamientos
subyugaría a los republicanos y a los
imperialistas.”
(24) John Strawson, en “The Duke and
the Emperor” (1994), en la página
241, declara, por ejemplo: “Durante el
proceso de Ney muchos llamados fueron hechos
al duque de Wellington para que interviniese.
Pero no lo hizo”. Y añade en la
página 242: “a pesar de ello sabemos
que si hubiese intervenido, Ney no hubiera sido
ejecutado”.
(25) John Bowle op.cit. p. 8.
(26) David Hamilton-Williams op. cit.
p.330: “Durante los nueve años
de 1816 a 1825, 78 400 hombres y mujeres fueron
transportados”.
(27) www.numberl0.gov.ukloutput!Pagel53
(28) Christopher Lee “Nelson and Napoleon”
(2005).
(29) David Hamilton-Williams, op. cit.,
p 304: “On 27 March Napoleon had concluded
the Peace of Amiens with Britain, but the British
Cabinet, unknown to Parliament, had neither
asked the Bourbons to quit England nor closed
down d’Artois underground activities in
Jersey.”
(30) Christopher Lee op.cit. pp. 3-4.
(32) http://www.historyofwar.org/articles/people_nelson_mid.html
- Nelson, Horatio, Almirante (1759-1805): 1798-1803
declara en la página 3: “Nelson
no había estado impresionado durante
sus tratos previos con Nápoles, describiéndolo
como “un país de violinistas y
poetas, putas y canallas”.
(32) Christopher Lee, op.cit. p. 21
y pp. 40-41.
(33) Ibid, p. 113.
(34) Ibid, p. 160.
(35) Ibid, p. 161.
(36) General Michel Franceschi y Ben Weider
“The Wars Against Napoleon”
(“Napoleón, defensor inmolado
de la paz”, 2008)
(37) David Hamilton-Williams, op.cit.
p. 287 dice: “Debe ser recordado que en
casi ninguna de las guerras del periodo Napoleón
fue el agresor o el primero en declarar la guerra”.
(38) Frank McLynn “Napoleon”
(1997) p. 235.
(39) Ibid, p. 265.
(40) John Strawson op.cit. Este libro está
basado en una falsa primicia. Esta es difícilmente
una comparación entre iguales. Napoleón
rigió un imperio y estaba en una liga
propia.
(41) Ibid, p. 17.
(42) Ibid, p. 18.
(43) General Michel Franceschi y Ben Weider
op.cit. p. 134: “Moore escapa
apenas al aniquilamiento. En su fuga frenética,
incluso abandona, dejándolos en manos
de este « satélite del diablo »
que es Napoleón, a un millar de mujeres
y de niños ingleses, hallados el 2 de
enero de 1809 en un hangar de Astorga, hambrientos,
tiritando de frío y temblando de miedo.
Las madres se echan a los pies del Emperador
y le suplican preservar la vida de sus hijos.
Napoleón hace que se tomen todas las
disposiciones para tranquilizar, alojar, calentar
y alimentar a esos desgraciados, antes de enviarlos
de regreso en excelente estado de salud al ejército
británico.”
(44) John Strawson op.cit. pp. 232-233.
También dice en la página 232
“la compañía del barco HMS
Undaunted, que llevó al Emperador a la
isla de Elba, le había deseado “larga
vida y prosperidad” y “mejor suerte
en otra ocasión”...
(45) Frank McLynn op.cit. p. 635.
(46) Ibid, p. 636. Después de
tres días Napoleón fue transferido
al Northumberland, capitaneado por el almirante
Cockburn, quien de hecho fue a Santa Helena.
(47) John Strawson, op.cit. pp. 287-288.
(48) Ibid, pp. 303-304.
(49) Gilbert Martineau: “Napoleon’s
Last Journey” (1976) p. 2.
(50) Ibid, p. 3.