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WAGRAM,
5 Y 6 DE JULIO DE 1809 |
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Napoleón
en Wagram
Por Horace Vernet (1789-1863). |
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Por
el Señor |
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Christophe Bourachot
Editor, fundador de la
Librairie des Deux Empires
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| El
Sr. Bourachot |
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Traducción del Instituto Napoleónico
México-Francia ©
Esta página está disponible
al público de manera gratuita y
puede ser reproducida con fines no lucrativos,
siempre y cuando no sea mutilada, se cite
la fuente completa y su dirección
electrónica. De otra forma, requiere
permiso previo por escrito de la institución.
|
| A
través de los testimonios
que siguen, hemos querido
volver a trazar esa jornada
histórica del 6 de
julio de 1809. ¿Quién
puede hablar mejor del cañoneo
ensordecedor, de los heridos,
de los campos incendiados,
de la retirada de los austriacos,
que Coignet, Desboeufs, Lacorde,
Jacquin, Putigny, Chevalier
o aun Dupuy? Todos ellos actores
que vieron con sus propios
ojos la victoria del Emperador. |
Christophe
Bourachot. |
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Nota: los escritos que presentamos
a continuación son obra de militares,
muchos de ellos soldados de la tropa, por lo
que tratamos de mantener el estilo lo más
fiel posible a su espíritu sin recurrir
a arreglos o mejoras en la redacción
de sus cartas y relatos. Las referencias de
cada fragmento figuran al calce.

WAGRAM,
UNA VICTORIA EN LA CAMPAÑA DE AUSTRIA
Según
Alain Pigeard:
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| Dr.
Alain Pigeard |
|
«
A principios de julio de 1809, el ejército
francés se concentró en
la isla de Lobau y el día 4, a
las nueve de la noche, Napoleón
hizo comenzar el paso de sus tropas hacia
Enzdorf, mientras las baterías
francesas barrían la orilla izquierda
del Danubio. El 5, el ejército
francés ocupó una parte
de la planicie y se posicionó frente
al ejército austriaco. Napoleón
trató entonces de hacer arrebatar
los pueblos de Aderklaa, de Baumersdorf
y de Wagram, pero dichos ataques fracasaron
y los dos ejércitos retomaron sus
posiciones. El 6 de julio tiene lugar
la principal batalla; fue Davout quien
resistió el primer violento ataque
del cuerpo de Rosenberg. Bernadotte, el
en centro, tuvo en cuanto a él
las peores dificultades para mantenerse;
así fue igualmente para Masséna
quien luchó a uno contra tres en
Essling. Napoleón volvió
a tomar las riendas de la situación
haciendo intervenir la artillería
de la Guardia bajo las órdenes
de Drouot, mientras el ejército
de Italia, bajo Macdonald, avanzó
al centro. Davout arrebató la posición
de Niesiedl, y Oudinot se apoderó
de Wagram. Los austriacos batieron en
retirada abandonando el campo de batalla
que hizo pensar en las jornadas de Eylau
y de Essling. Las pérdidas fueron
importantes en ambos ejércitos.
Carlos se retiró en dirección
de Bohemia donde su retaguardia fue aplastada
en Znaim el 11 de julio de 1809. El príncipe
Juan de Liechtenstein pidió entonces
un armisticio ». |
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El
paso del Danubio antes de Wagram
Obra de Jacques François
Swebach-Desfontaines (1769 - 1823).
Abajo, al centro, el Emperador Napoleón
supervisa las operaciones. Museo Wellington,
Aspley House. |
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EN EL
FUEGO DE LA ACCIÓN…
Vincent
Bertrand, soldado en el 7° regimiento de
infantería ligera, cuenta:
« El regimiento,
colocado en frente de una batería, tuvo
que sufrir, durante una hora, la metralla. A
la mitad del día, el Emperador pasa frente
a nuestras líneas, nos sentíamos
felices, y doblemente más fuertes, al
verle.
Le habla al mariscal Davout. Algunos instantes
después, la carga se deja oír,
la batería que había fulminado
a nuestras filas es arrebatada, casi todos los
artilleros son muertos o heridos mortalmente
por nuestras baterías. Nos colocábamos
en Nieusiedel, en la planicie de Wagram donde
la batalla causa estragos. Ahí otra vez
el Emperador aparece frente a nosotros en el
momento en que llovían las balas y la
metralla, y temblábamos que le pudiera
pasar una desgracia. Nunca hasta entonces, había
yo quemado tantos cartuchos, mi fusil estaba
tan quemante que ya no podía utilizarlo.
Hacia las 4 horas, empujábamos una columna
húngara cuando recibí una bala
que entró en la parte ancha del muslo
derecho. Mi herida no era peligrosa, y me quejé
tanto menos cuanto que los húngaros bajaban
las armas. Antes de la noche la batalla estaba
ganada, mi cuerpo de ejército se reincorporaba
y hacíamos el llamado. El regimiento,
decíase, había perdido de 800
a 1000 hombres, la mayoría de ellos muertos
».
Marbot,
el célebre memorialista no podía
fallar esta batalla:
« El 6
de julio, al despuntar el día, la acción
recomenzó más vivamente que la
víspera; pero para la gran sorpresa de
Napoleón, el príncipe Carlos,
quien, en la jornada del 5, se había
limitado a defenderse, ¡acababa de tomar
la ofensiva y de arrebatarnos Aderklaa!…
Pronto el cañoneo se prolongó
en toda la línea: ¡de memoria de
hombre nunca se había visto tan numerosa
artillería en un campo de batalla, pues
el total de las bocas de fuego puestas en acción
por los dos ejércitos se elevaba a más
de doce cientos! ».
Lacorde,
entonces sargento mayor en el 84º regimiento
de infantería de línea dejó
un diario muy interesante. Estaba presente el
6 de julio en Wagram:
|
«
Pasamos el Danubio. Se nos reunió
a todo el ejército de Italia bajo
las órdenes de Su Alteza el príncipe
Eugenio, virrey de Italia y de Su Excelencia
el general Macdonald. |
 |
El Archiduque Carlos-Luis de
Habsburgo (1771-1847)
« El Príncipe
Carlos es un hombre sabio, amado
por sus tropas… Aunque
haya cometido un millar de faltas,
es el mejor general austriaco
». Napoleón. |
|
|
Pasamos
ese río sobre dos puentes; entramos
en la bella vasta llanura donde ya nos
habíamos batido el día anterior
y desde el amanecer. Se nos dirigió
hacia el centro del ejército (Gran
Armada) y entramos [con] todo el ejército
de Italia en línea hacia las siete
horas de la mañana en una soberbia
planicie llena de hermosos trigos (listos
a ser cortados por así decirlo).
Las ciudades y los pueblos que están
en esta bella planicie en gran número
estaban en parte quemados de la víspera.
Se combatía a cuatro leguas (dícese).
Era un asunto terrible, de los más
ardorosos que se hayan visto jamás.
El ejército francés estaba
comandado en jefe por el Emperador Napoleón.
Llegamos al campo de batalla pero perdimos
a mucho mundo. Nuestro cuerpo de ejército
(el ejército de Italia) tenía
el centro de la Gran Armada y fuimos nosotros
quienes desbaratamos al ejército
enemigo y lo dividimos en dos partes.
Este gran golpe que era terrible llegó
hacia las tres de la tarde. En el lugar
en el que estábamos (nuestro cuerpo
de ejército) en batalla y particularmente
en los lugares donde nos hicieron formarnos
en cuadro, los hombres se quedaron en
montones, era verdaderamente un espectáculo
espantoso. Los granos en los que estábamos
(los trigos) estaban casi maduros, el
fuego de cañón les puso
fuego de manera que una gran parte de
esa bella planicie se abrasó. Los
muertos y los pobres desdichados heridos,
que eran un gran número, que no
pudieron evacuar o que estaba prohibido
llevar en ambulancias, tuvieron el dolor
de verse heridos y quemados antes de morir.
La mayoría de ellos murieron enrabiados,
echaban gritos horribles. Era verdaderamente
un cruel espectáculo de ver. El
fuego acabó por la noche y la batalla
era nuestra. Pernoctamos en el campo de
batalla donde se reunió al ejército
de Italia que estaba bien reducido y que
no formaba en todo el valor de una división,
arriba del pequeño pueblo de Wagram.
Nuestro regimiento, el 84º de línea,
que era de tres batallones en la mañana,
al entrar en línea ya no formaba
más que un batallón, lo
mismo pasaba con el ejército de
Italia. La 4ª compañía
del 2º batallón del cual yo
era el sargento-mayor era al entrar en
línea, en la mañana, de
ochenta y siete hombres, dos oficiales
fueron muertos y el otro herido. Quedé
como jefe de la compañía
con un sargento, el señor Bouzerand
y nueve soldados entre los cuales el llamado
Thievaut, que es de Stenay, figuraba.
Sufrimos mucho todo el día batiéndonos.
Hacía extremadamente calor. No
encontrábamos agua para beber ». |
El sargento
Desboeufs, del 81º de infantería
interviene, él también, en esta
hoguera:
« Al no
estar más que en la segunda línea,
nos fue permitido abrir las filas para dejar
pasar las bolas de cañón, la mayoría
de las cuales no nos llegaban más que
de rebote; perdimos sin embargo algunos hombres
por el fuego de una batería muy cercana.
Un soldado, colocado en la tercera fila, se
sentó sobre su mochila y se durmió;
me acerqué a él para hacerlo levantarse,
cuando una bola, golpeando contra su fusil,
que tenía entre los brazos, lo extendió
muerto en redondo sin que tuviera la menor herida
aparente. A las nueve, el Emperador pasa frente
a nosotros pecho a tierra, yendo de derecha
a izquierda; el mayor general lo acompañaba
y la escolta galopaba bastante lejos detrás
de sus huellas… Pronto un cañoneo
de los más intensos se oyó entre
el ala izquierda, que comandaba Masséna,
y el centro. El ejército de Italia se
dirigió hacia adelante y nuestras divisiones
dirigidas en dirección de Wagram se detuvieron
en un lugar barrido por el cañón
enemigo, que, a cada instante, se llevaba filas
enteras. Yo estaba tan agobiado de sueño
que, a pesar del terrible estrépito de
la artillería, me acosté en el
suelo y me dormí. No se tardaron en despertarme,
para indicarme que habían desbaratado
el centro del ejército enemigo y que
la batalla estaba ganada ».
Putigny,
teniente en el 33º de línea, está
presente también:
« Recibimos
a los enemigos con firmeza; algunos desertan
para refugiarse en nuestras filas. Les acogemos
gustosos, pero sus oficiales atrapan a uno por
la espalda y, frente a nosotros, frente a su
regimiento, lo hacen fusilar. Nuestra artillería
los quebranta. Pasamos un pequeño riachuelo
muy encajonado; no puedo evitar beber su agua
lodosa en el hueco de mi mano antes de subir
al asalto de la planicie de Wagram... ».
La batalla
causa estragos y Philippe-René Girault,
músico de estado-mayor escribe:
« Ya no
se distinguían los cañonazos,
era un redoble continuo producido por las detonaciones
de un millar de piezas. El suelo temblaba a
causa de ello y era para volverse sordo ».
El
célebre Lejeune, escribe que:
« Sin
exageración, veía las bolas de
cañón atravesar el aire y rebotar
en el suelo, como se ve el granizo caer y rebotar
durante las tormentas fuertes ».
El
subteniente Gervais, del 13º regimiento
de infantería ligera, está él
también impresionado, por la acción
de la artillería:
« Nunca
habíamos visto tanta artillería
en un campo de batalla. El cañoneo era
ensordecedor. Creo que si cada cañonazo
hubiera matado dos hombres, no hubiera quedado
uno vivo en los dos ejércitos ».
Jean-Michel
Chevalier, oficial en el 9º de cazadores
a caballo de la Guardia Imperial, se halla igualmente
en el corazón de la acción:
« En cuanto el Emperador
hubo dicho a la artillería y a los cazadores
a caballo dónde quería que se
le hiciera una brecha, nos lanzamos a galope
y con la cabeza baja. Una espantosa artillería
nos fulminaba, estábamos en el fuego
y la metralla, nuestra brava artillería
ligera estaba casi destruida. Hombres, caballos,
cañones, cajas [de municiones], todo
estaba en desorden… Más de una
pieza no estaba servida más que por un
solo cañonero… vi, a un sargento
de artillería solo junto a su pieza,
en el momento en que tomaba un saquete [de pólvora]
en la caja, caerle encima un obús, y
el desdichado cañonero volar con su caja…
»
El célebre
capitán Coignet también estaba
presente durante la jornada del 6 de julio de
1809:
« El mariscal
Davout, con sesenta mil hombres, tenía
la derecha del ejército con el príncipe
Eugenio, y marchaba hacia un pueblo que está
a orillas del brazo del Danubio. Detrás
de ese pueblo, se encontraba un domo cubierto
de pizarra y, ahí, se hallaban masas
de caballería y de infantería.
El mariscal hace lanzar obuses que caen en las
masas, forzándolas a dejar su posición
y a ponerse en descubierto frente al cuerpo
del mariscal, quien carga contra ellos a la
bayoneta, se apodera de las alturas y les corta
la ruta de Hungría… El príncipe
de Beauharnais llega a galope hacia el Emperador
para hacerle saber que todos los caminos estaban
en nuestro poder, y que la victoria era segura.
El Emperador besa a su hijo y le dice: “Parte,
di al mariscal que hago hacer un cambio de frente
de inmediato a todo mi ejército para
volcar al de ellos en Bohemia.”
Este cambio de frente – el ala derecha
hacia adelante – fue un movimiento extraordinario,
nuestra ala izquierda atrás, como una
retirada. Este cambio hecho, todas las columnas
avanzaron, y el Emperador pidió su piel
de oso para reposarse. La victoria era completa
en todas partes ».
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Regreso
de Napoleón a la isla de Lobau
después de la batalla de Essling
Cuadro de Charles Meynier (1768-1832). |
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Victor
Dupuy, ayuda de campo del coronel Jacquinot
en el 11º de cazadores a caballo asiste
también a la batalla:
« La batalla
estaba entablada; marchábamos en columna
por pelotones, la brigada Jacquinot a la cabeza,
cuando, de repente, una línea formidable
de caballería enemiga, que una sinuosidad
de terreno había impedido apercibir antes,
se mostró a un poco de distancia de nuestros
exploradores y de la cabeza de la columna, que
se detuvo. Un frente atrás en línea,
en uno de los regimientos del centro, de inmediato
comandado por el general Montbrun, fue ejecutado
con calma y precisión; los 7º de
húsares, 1º y 2º de cazadores,
fueron escalonados en el frente de batalla.
Apenas estos movimientos preparatorios (que
los austriacos no buscaron contrariar) fueron
acabados, el 7º de húsares recibió
la orden de cargar. Este bravo regimiento, lanzándose
como un solo hombre, abordó al enemigo
con su intrepidez, su franqueza ordinarios;
éste aguantó. Por medio de un
a la derecha y a la izquierda, dos regimientos
de dragones rodearon a los húsares que
se abrieron camino y volvieron a integrarse
en su línea (de un destacamento de un
oficial y de cincuenta reclutas de la víspera,
no se salvaron más que dos hombres, el
oficial mismo, recientemente salido de la escuela
militar, quedó muerto en ese círculo
de hierro). Toda la línea enemiga se
puso en movimiento y se lanzó en su persecución;
el 1º de cazadores quiso detenerlo por
medio de un fuego de primera línea que
no produjo sino desorden; obligado a abandonar,
arrastró al 2º de cazadores y sucesivamente
a los demás regimientos de la división,
que no pudieron mantenerse, salvo no obstante
el 11º de cazadores que se encontraba en
la extrema izquierda, fuera del camino de los
regimientos en retirada, [que] conservó
la libertad de sus movimientos. Al aproximarse
el enemigo, el coronel Désirat, su bravo
jefe, mandó: “¡Escuadrones
adelante, guía a la derecha!”.
El buen regimiento se puso en movimiento al
paso; este movimiento hizo detenerse, sorprendidos,
a los austriacos que llegaban sobre él.
Aprovechando este momento de vacilaciones, la
carga fue entonces ordenada y provista con intrepidez;
los dragones del regimiento de Oreilly, sobre
los cuales se ejecutó, no pudieron soportar
el choque; huyeron. Los cazadores acuchillaron
a sablazos a un gran número e hicieron
prisionero al jefe de ese cuerpo así
como a múltiples oficiales. En ese mismo
momento, el resto de la división incorporado
a los dragones del general Grouchy, quienes,
soberbios de compostura y de aplomo, avanzaban
en línea, a intervalos tanto plenos como
vacíos, orden de batalla en el cual el
intervalo entre cada escuadrón es igual
al frente de un escuadrón, volvió
a la carga y tomó una larga y vigorosa
revancha. Cuando recobramos la instancia, tuvimos
con la caballería enemiga un momento
de desorden, durante el cual recibí en
el hombro derecho un fuerte golpe con la parte
plana del sable. Felizmente para mí,
el sable del húngaro había girado
en su mano; eso sucede a menudo, al ser las
hojas muy anchas y los mangos muy delgados.
¡Este combate de caballería a caballería
fue magnífico! Éramos más
o menos siete mil hombres, con los dragones
del general Grouchy; los austriacos eran ocho
mil. No teníamos, tanto unos como otros,
infantería ni artillería, pues
no podíamos contar con un batallón
del 30º de línea comandado por el
valiente jefe de batallón Plaige, quien
se adosó a un bosque a nuestra derecha,
y, no pudiendo hacer uso de sus armas porque,
confundidos como estábamos, hubieran
sido tan mortíferas para nosotros como
para el enemigo, permaneció apacible
espectador del combate… »
Parquin,
subteniente en el 20º regimiento de cazadores
a caballo remarca que:
« El 7º
de cazadores cargó, teniendo al general
Colbert a su cabeza; pero, a cien pasos, un
tiroteo terrible del cuadro enemigo produjo
un desorden espantoso en las filas de ese regimiento.
El general Colbert recibió una bala en
la cabeza; muchos oficiales fueron muertos o
heridos, y cincuenta a sesenta cazadores fueron
puestos fuera de combate: el 7º de cazadores
tuvo que dar media vuelta; viéndolo,
el coronel Castex, en vez de cargar sobre el
cuadro que estaba frente a él, como había
recibido la orden de hacerlo, prefirió
dirigir el regimiento que estaba en trote hacia
el cuadro que acababa de hacer fuego contra
el 7º de cazadores. Comandó debidamente:
- Escuadrones, media vuelta a la derecha,
al trote y cargad.
El cuadro no pudo resistir a esta nueva carga
y fue desbaratado ».
Según
Paulin, oficial de ingenieros y ayuda de campo
del general Bertrand:
« Al medio
día, nada parecía decidirse aún;
grandes movimientos se operaban por una y otra
parte. Veíamos al mariscal Masséna,
recordando al soberano Maurice de Saxe en Fontenoy,
recorrer las filas de sus divisiones e imprimirles
su bullicioso ardor, llevado por una calesa
que sus caballos conducían por doquiera
que el peligro reclamaba la presencia de un
jefe ».
El cazador
a caballo Chevalier hace las cuentas:
« En una
hora, perdimos cerca de trescientos caballos,
a nuestros dos mayores, a dos jefes de escuadrones,
varios capitanes, un gran número de oficiales,
a ciento cincuenta hombres heridos y veinte
muertos. Los que estaban desmontados o heridos,
el gran número de proyectiles que hacían
surcos en la planicie en todos sentidos mataban
al herido y a los que le llevaban. Vi a un apuesto
joven oficial de infantería preguntarme
dónde estaba la ambulancia. Tenía
un brazo arrancado del hombro, se veía
el interior de su cuerpo y el valiente joven
marchaba solo a la ambulancia. Para aumentar
todo el horror de este terrible campo de batalla,
los granos, que estaban en el momento de ser
cortados, estaban abrasados, la planicie estaba
en llamas y los desdichados ardían en
sufrimientos horribles… Esta vasta llanura
no ofrecía más que una inmensa
hoguera ardiente. Nosotros, en medio de los
obuses y de las bolas de cañón,
bajábamos al suelo y, con nuestros sables,
tratábamos de cortar los granos alrededor
de los desgraciados heridos… »
El capitán
de artillería en segundo Noël, del
ejército de Italia, hace una observación
interesante:
| «En
una batalla, a menos que se pertenezca
al estado mayor, no se ve más que
lo que se tiene inmediatamente frente
a sí. El humo ciega y la lucha
absorbe». |
LA
MUERTE DE LASALLE…
Parquin,
rinde homenaje al más célebre
de las víctimas de la batalla:
«
El ejército perdió en la
batalla de Wagram al intrépido
general Lasalle. La bala de un soldado
de infantería austriaco había
derribado a uno de nuestros mejores oficiales
de caballería, quien, en Egipto,
en Italia et en Alemania,
siempre se había hecho notar por
una energía extraordinaria. Él
también, en la mañana de
esta jornada, había pronosticado
esta fatal circunstancia. Su caballo de
batalla, que su húsar había
llevado imprudentemente a beber, a partir
de las cuatro de la mañana, a un
riachuelo más allá de los
puestos avanzados, había sido atrapado,
así como el húsar, por una
patrulla enemiga. Fue el primer disgusto
que le sucedió en la mañana.
Un poco más tarde, husmeando en
la funda de la silla del caballo que montaba,
para alcanzar una pequeña botella
de excelente aguardiente de Francia que
su doméstico nunca fallaba en poner
en ahí, estuvo decepcionado de
no encontrar en ella más que pedazos
de vidrio: la botella estaba quebrada.
-¡Diablo
de jornada! Dijo el general Lasalle;
seré muerto en ella.
Dos horas
después de haber pronunciado estas
palabras, era herido mortalmente durante
una carga brillante que ejecutaba contra
los cuadros enemigos, a la cabeza de numerosos
escuadrones acostumbrados a seguirle a
la victoria ».
LA
BATALLA SE ACABA, LOS AUSTRIACOS HUYEN…
Victor
Dupuy recalca que:
«
Les austriacos habiendo cedido al fin,
los llevamos vigorosamente hasta la extremidad
de la planicie; el llamado de concentración
fue tocado entonces en todos los puntos,
nuestros regimientos se volvieron a formar
y retomaron su fila de batalla; nuestra
pérdida no fue considerable. Al
haber la victoria coronado nuestros esfuerzos
en todas las partes del campo de batalla,
el enemigo se puso en retirada ».
|
 |
Antoine
Charles Louis, conde de Lasalle
(1775-1809)
En una época
caracterizada por héroes
de leyenda, el conde de Lasalle
destacaba como el más
bravo entre los oficiales
de caballería, sólo
equiparado con jinetes míticos
como el rey Joaquín
Murat. El Emperador dirá
de él que «era
un oficial del mayor mérito
y uno de nuestros mejores
generales de caballería
ligera». Lasalle decía
que «¡Todo húsar
que no esté muerto
a los treinta años
es un “Juan Lanas”!
». Sus restos fueron
enterrados con honores en
el Hotel de Los Inválidos
y su nombre figura en el Arco
de Triunfo de París. |
|
|
Y Paulin
observa que hacia el final de la batalla:
« El Emperador
se acostó cuan largo era, en un surco
de esa planicie quemada por el sol, con la cara
contra la tierra, apoyado sobre sus dos manos,
y en medio de todos nosotros permaneció
sin movimiento y como dormido hasta el momento
en que el mayor general, habiendo reunido todos
los reportes que esperaba de los diversos puntos
del campo de batalla, le indicó que las
posiciones de Nieusiedel y de Wagram, defendidas
lo más resueltamente por el enemigo,
habían sido arrebatadas ».
El músico
Girault observa:
« Los
austriacos huían en toda la línea,
y pronto se ponían en plena retirada.
Nuestros soldados los persiguieron con la bayoneta
en los riñones por tres leguas, haciendo
cantidad de prisioneros. Pero la fatiga detuvo
la persecución y todo el ejército,
que había combatido casi sin interrupción
durante más de cuarenta horas, recibió
la orden de pernoctar en el campo de batalla
de Wagram ».
Jacquin,
granadero en el 37º de línea, escribe
que:
« 27
mil hombres fueron obligados a bajar las armas
y entregarse como prisioneros. Más de
60 piezas de cañón se quedaron
en nuestro poder y 12 banderas. Su ejército
se decidió finalmente a la retirada.
La planicie de Wagram que tiene cerca de seis
leguas de extensión, estaba cubierta
de muertos y de heridos cuyo nombre se evaluó
en 80 mil hombres, tanto austriacos como franceses;
hubo mil trescientas piezas de cañón
que hicieron fuego en la jornada; nunca se había
visto una batalla tan sangrienta ».
Chevalier,
escribe que el Emperador:
« …
encargó al [gran] mariscal Duroc recorrer
el inmenso campo de batalla, hacer recoger a
todos los heridos indistintamente y hacerlos
conducir a Viena, a los vastos hospitales que
él había preparado ».
WAGRAM
EN ALGUNAS CIFRAS
Según
Alain Pigeard:
Fuerzas
francesas: 180 490 hombres.
Fuerzas
austriacas: 161 467 hombres.
Pérdidas
francesas: se elevan en total a 33
854 muertos y heridos. El número de muertos
es de 3 235 en cuanto a los 3º, 4º
cuerpos, división Dupas, Sajones, Guardia,
reserva de caballería pesada, división
bávara, ejército de Dalmacia.
Es conveniente añadir los del ejército
de Italia y del 2º cuerpo. En resumen,
aproximadamente 5 000 muertos, 28 000 heridos,
3 000 a 4 000 prisioneros. Martinien indica
453 oficiales muertos y 1 409 heridos.
Pérdidas
austriacas: Los reportes austriacos
citados por Gachot y Buat indican como pérdidas
entre el 4 y el 12 de julio: 5 631 muertos (entre
los cuales los generales Nordmann, Aspre, Wukassowitch
y Weczay, y 120 oficiales), 18 1143 heridos
(13 generales, 616 oficiales y 17 490 hombres),
7 585 prisioneros, 10 banderas, 40 piezas, el
número de caballos muertos en el mismo
periodo es de 1 935, el de los heridos es de
1912.
En un trabajo más antiguo, el general
Descoins escribe: « En resumen lo que
determinó el gane de la batalla, es el
movimiento del mariscal Davout. Pero es una
victoria muy caramente comprada, a precio de
pérdidas enormes ».

BIBLIOGRAFÍA
DE LAS OBRAS CITADAS
- Capitán
Vincent BERTRAND: «
Mémoires. Grande-Armée, 1805-1815
» (« Memorias. Gran Armada,
1805-1815 »). A la Librairie des
Deux Empires, 1998.
- Teniente CHEVALIER:
« Souvenirs des guerres napoléoniennes
» (« Recuerdos de las guerras
napoleónicas »). Publicadas
según el manuscrito original por Jean
Mistler y Hélène Michaud. Hachette,
1970.
- Capitán
COIGNET: « Cahiers
» (« Cuadernos »).
Presentados por Jean Mistler. Preámbulo
de Christophe Bourachot. Arléa, 2002.
- Capitán
DESBOEUFS: « Les
étapes d’un soldat de l’Empire.
Souvenirs (1801-1815) » (« Las
etapas de un soldado del Imperio. Recuerdos
(1801-1815) »). A la Librairie des
Deux Empires, 2000.
- General DESCOINS:
« Etude synthétique des principales
campagnes modernes, 1674-1914 » («
Estudio sintético de las principales
campañas modernas, 1674-1914 »).
Charles-Lavauzelle et Cie, 1935, 2 volúmenes.
- Victor DUPUY:
« Souvenirs militaires, 1794-1816 »
(« Recuerdos militares, 1794-1816
»). Publicados con un prefacio por
el general Thoumas. A la Librairie des Deux
Empires, 2001.
- Capitán
GERVAIS [de verdadero
nombre Etienne Béniton]: « A la
conquête de l’Europe. Souvenirs
d’un soldat de l’Empire »
(« A la conquista de Europa. Recuerdos
de un soldado del Imperio »). Editions
du Grenadier, 2002.
- Philippe-René
GIRAULT: « Mes campagnes
sous la Révolution et l’Empire
» (« Mis campañas durante
la Revolución y el Imperio »).
Le Sycomore, 1983.
- François-Joseph
JACQUIN: « Carnet
de route d’un grognard de la Révolution
et de l’Empire » (« Carnet
de ruta de un gruñón de la Revolución
y del Imperio »). Texto inédito
presentado por Antoine Dufournet. Publicado
por Paul Dufournet. Clavreuil, 1960.
- Teniente
LACORDE: « Journal
historique, 1er janvier 1803-17 mars 1813 »
(« Diario histórico, 1º
de enero de 1803-17 de marzo de 1813 »).
Publicado por Paul Dufournet. Clavreuil, 1992.
- General LEJEUNE:
« Mémoires, 1792-1813 » («
Memorias, 1792-1813 »). Editions
du Grenadier, 2001.
- General Barón
de MARBOT: « Mémoires
» (« Memorias »),
Plon, 1891, 3 volúmenes.
- Colonel NOEL
: « Souvenirs militaires d’un officier
du Premier Empire (1795-1832) » («
Recuerdos de un oficial del Primer Imperio
(1795-1832) »). A la Librairie des
Deux Empires, 1999.
- Comandante
PARQUIN: « Souvenirs
et campagnes d’un vieux soldat de l’Empire
(1803-1814) » (« Recuerdos y
campañas de un viejo soldado del Imperio
(1803-1814) »). Con una introducción
por el capitán A. Aubier. Berger-Levrault
et Cie, 1892.
- General PAULIN:
« Souvenirs » (« Recuerdos
»). A la Librairie des Deux Empires, 2002.
- Alain PIGEARD:
« Dictionnaire de la Grande-Armée
» (« Diccionario de la Gran
Armada »).Tallandier, 2002.
- Bob PUTIGNY:
« Le grognard Putigny, baron d’Empire
» (« El gruñón
Putigny, barón de Imperio ».
Copernic, 1980.